Capítulo Diecisiete
La transformación
Sakura abrió los ojos y vio un brillo ámbar fijo en ella. Volvió a cerrarlos y siguió besando a Syaoran, apretándose más contra él hasta que los dos jadearon a la vez. Entonces rompió el beso, acariciando su rostro con las dos manos.
—Ya llevamos casi un día entero aquí metidos. Va siendo hora de que salgamos... ¿no crees?
Él la miró a los ojos, notando cómo su corazón volvía a acelerar el ritmo y sus músculos se tensaban de nuevo. Nunca la había deseado tanto, y veía imposible cansarse de ella.
—No sé si alguna vez tendré suficiente de ti —admitió en un susurro.
—Tienes que acostumbrarte a todas estas nuevas sensaciones, aunque no me importaría que siguiéramos así un día más —respondió ella, riendo suavemente.
—Entonces sigamos —gruñó Syaoran, lanzándose sobre ella para atacar la zona del cuello donde tenía su nueva marca.
Sakura se estremeció y utilizó sus brazos para alejarlo unos centímetros de ella.
—Si quieres volver a tu vida normal pronto... tenemos que empezar con tu adiestramiento cuanto antes, y es mejor ahora que es de noche —dijo, levantando una ceja.
Él resopló con fastidio.
—Está bien, pero no he terminado contigo —gruñó entre dientes.
—Ya sabes que yo también quiero que sigamos destrozando la casa juntos, pero necesitas aprender a transformarte.
Syaoran pestañeó varias veces, confundido, y observó a su alrededor.
Ambos estaban tumbados en el suelo, rodeados de trozos de madera. La cama estaba completamente rota, había un par de sillas destrozadas y a su derecha vio que la mesa estaba hecha añicos. Incluso había algunos agujeros en una de las paredes.
Él jadeó, palideciendo.
—Sakura, yo... no me he dado cuenta, lo siento —murmuró, volviendo a mirarla.
Ella estaba sonriendo.
—No te preocupes. Eriol y Tomoyo casi echaron abajo su casa la primera vez que se acostaron. Además... a mí también me ha gustado.
—Eso es lo peor, sentir todo lo que te gustaba me ha vuelto loco... y puedo sentir que todavía tienes ganas de más —gruñó él, mirándola fijamente con las pupilas dilatadas.
—¿No querías hacerme la marca y saber lo que yo siento? Pues ya lo sabes —contestó ella, dedicándole una sonrisa burlona.
—¿Te ha dolido?
Sakura negó con la cabeza.
—Ha sido algo raro, pero no he sentido dolor... y que los dos tengamos la marca tiene otras ventajas.
—¿Como cuáles? —preguntó él con curiosidad.
Syaoran se tensó al escuchar la voz de Sakura en su mente.
Como esta.
Él abrió mucho los ojos, sorprendido.
¿Puedes oír mis pensamientos?
No, pero puedo oír lo que tú quieras que oiga. Ahora podemos comunicarnos así aunque estemos a varios kilómetros de distancia.
¿Podemos hacer esto con el resto de la manada? - preguntó él telepáticamente.
Todos podemos comunicarnos así cuando somos lobos, pero en nuestra forma humana solo podemos hacerlo con nuestro compañero, siempre que los dos tengamos la marca.
—Es increíble —admitió Syaoran en voz baja.
Ella sonrió.
—Y todavía te queda lo mejor... saber lo que se siente cuando eres un lobo.
Él levantó una ceja.
—Por cierto, sí que te contenías cada vez que estábamos juntos y yo era humano- murmuró él, levantando una ceja.
Recordaba perfectamente todo lo que ella había hecho con él en las últimas horas. La sonrisa de Sakura se amplió.
—Tenía que hacerlo o habrías terminado como esos muebles —respondió, señalando las sillas destrozadas.
Los dos caminaron por las calles pedregosas llenas de nieve de su pequeña ciudad, en dirección al bosque.
Syaoran se quedó maravillado al darse cuenta de que, aunque fuera de noche, podía verlo todo perfectamente. También le impresionó descubrir el abanico de olores que ahora podía captar, incluso podía oler el agua del río que se encontraba en el centro del bosque, a un par de kilómetros de allí.
Otra cosa que notó es que no sentía frío, a pesar de que llevaba solo una camiseta, era invierno y todo estaba cubierto de nieve.
Se detuvo sin darse cuenta y Sakura dio unos pasos hacia él.
—Me han dicho que al principio todo puede ser un poco abrumador, tómatelo con calma —dijo, cogiendo su mano para que siguiera caminando junto a ella.
—¿Quién te ha dicho eso?.
—Los humanos de la manada que se transformaron en licántropos siempre están contando lo que se siente —respondió ella, encogiéndose de hombros.
—¿Para ti no fue así?
Ella negó con la cabeza.
—Yo nací así, mis sentidos estaban totalmente desarrollados desde el principio. Lo único que cambió cuando cumplí los dieciocho es que a partir de ahí pude transformarme y detectar el aroma de mi compañero.
Syaoran asintió, pensativo, y siguieron andando en silencio.
Se adentraron en el bosque y, cuando vio que la luz de la luna dejaba reflejos plateados en el pelo y la piel de Sakura, una nueva oleada de deseo recorrió todo su cuerpo y no pudo contenerse.
Se lanzó sobre ella y la empujó contra el tronco de un árbol, atacando sus labios y besándola con furia.
Sakura jadeó por la sorpresa y utilizó toda su fuerza para alejarlo un poco.
—No te dejes llevar por el deseo, Syaoran. Tenemos que entrenar, necesitas transformarte y empezar ya.
Syaoran gruñó y ella sonrió.
—Te prometo que, cuando volvamos a casa, seré toda tuya.
Él resopló con pesadez, pero dio unos pasos atrás.
Unos minutos después, llegaron al río y allí se encontraron con Tomoyo y Eriol, que los estaban esperando.
—Les he pedido que vengan para que me ayuden a controlarte —dijo ella ante la mirada curiosa de Syaoran.
Él pestañeó, algo confundido.
—Recuerda que ahora eres más fuerte que yo. Si te descontrolas, yo sola no podré reducirte —murmuró Sakura, sonriendo.
—Me cuesta hacerme a la idea de que ahora no puedas conmigo —respondió Syaoran, suspirando.
—Eso no durará mucho. Dentro de unas semanas, el veneno de Sakura saldrá de tu organismo y serás igual de fuerte que yo —comentó Eriol, levantando las cejas.
—¿Veneno? —repitió él, frunciendo el ceño.
—Te inyecté el veneno de mis colmillos. Es la única forma de convertir a un humano, solo el veneno de su compañero puede hacerlo. El de otros licántropos te habría matado.
Syaoran se estremeció.
—Y cuando el veneno desaparezca... ¿Seguiré siendo más fuerte que tú? —preguntó, mirando a Sakura a los ojos.
—No lo creo. Al ser un hombre, tienes algo de ventaja... pero yo soy una Alfa, así que soy más fuerte de lo normal —contestó ella, dedicándole una sonrisa burlona.
—Supongo que dentro de un mes tendremos que organizar un combate para saber cuál de los dos es el más fuerte —comentó Tomoyo con una risita.
Los ojos de Sakura brillaron.
—Es una gran idea.
—Y tú, Tomoyo... ¿Eres más fuerte que Eriol? —preguntó Syaoran con curiosidad.
Ella ladeó la cabeza, llevándose una mano a la barbilla.
—Podría decirse que tenemos la misma fuerza —respondió, sonriendo y mirando a Eriol de reojo.
—Bueno, ya basta de charla. Empecemos con lo malo —dijo Eriol, poniéndose serio.
—¿Tan horrible va a ser? —preguntó Syaoran, algo asustado.
—Las primeras veces es bastante doloroso, hasta que te acostumbres a transformarte. Recuerda lo que te he dicho, Syaoran. Tu instinto animal te va a invadir, pero tienes que controlarlo con todas tus fuerzas —explicó Sakura, colocándose a su lado y cogiendo una de sus manos.
Syaoran asintió y giró la cabeza, alzando la mirada por encima de las copas de los árboles, donde se veía la luna creciente en mitad del cielo nocturno.
—Deja que te invada, Syaoran —susurró Sakura cerca de su oído.
Él se dejó llevar, sin apartar los ojos de la luna. Podía sentir sus rayos sobre la piel, como si fuera el sol. De repente, una sensación extraña recorrió su cuerpo y algo animal nació dentro de él, como cuando le había hecho la marca a Sakura.
Dejó que ese sentimiento lo envolviera y se encogió al sentir un intenso dolor, cayendo de rodillas sobre la nieve.
Empezaron a oírse crujidos y Syaoran se horrorizó al notar que eran sus propios huesos, partiéndose por la mitad. Se retorció en el suelo y gritó mientras sus huesos volvían a formarse y su piel se cubría con un espeso pelaje.
Sakura, Tomoyo y Eriol lo observaban con gesto serio. Los tres sabían todo lo que estaba sufriendo, y Sakura podía sentirlo.
Un minuto después, Syaoran era un lobo enorme de color castaño con unos ojos ámbar muy brillantes.
Se incorporó y vio que Tomoyo, Eriol y Sakura también se estaban transformando en lobos. Todo su ser le pedía que echara a correr con todas sus fuerzas.
Corre, Syaoran. Disfruta de esta sensación - dijo Sakura telepáticamente.
Sí, pero intenta no volverte loco - añadió Eriol.
Syaoran empezó a correr y los otros tres lobos lo acompañaron. Aceleraron el paso y él aulló al sentir la adrenalina corriendo por sus venas. Era una sensación maravillosa, nunca se había sentido tan poderoso.
En mitad de la carrera, notó un olor delicioso y giró a la derecha sin previo aviso.
¡Syaoran! ¡No lo hagas!
Escuchó la voz de Sakura, pero la ignoró y siguió corriendo a toda velocidad, perdiéndose entre los árboles.
