Capítulo Dieciocho

Magia


Syaoran no tardó mucho en descubrir que lo que olía era un ciervo. El animal vio al lobo ir hacia él y salió huyendo despavorido, pero él era mucho más rápido. En pocos segundos estaba corriendo justo detrás de él, a menos de un metro de distancia.

Justo cuando estaba a punto de clavar sus garras en el lomo del ciervo, un golpe lo desvió y se lo impidió. Clavó las uñas en el suelo, se giró furioso y gruñó al lobo caoba que le había empujado, mostrándole los colmillos.

¡Toma el control, Syaoran!

El lobo castaño pestañeó varias veces con confusión al escuchar la voz de Sakura, echando las orejas hacia atrás al darse cuenta de lo que había estado a punto de hacer.

¡Joder! Casi mato a un ciervo, maldita sea. Y encima te he gruñido.

Los otros dos lobos se acercaron a ellos, deteniéndose junto a Sakura.

No te preocupes, es tu instinto - respondió Tomoyo.

Él miró a Sakura con ojos suplicantes.

Sakura, no dejes que haga daño a ningún animal. No me lo perdonaría nunca.

La loba asintió.

Tranquilo, no me separaré de ti hasta que sepas controlarte perfectamente.

¿Qué tal si echamos una carrera hasta la cima? - propuso Eriol, intentando que Syaoran pensara en otra cosa.

Los cuatro lobos aullaron y volvieron a correr a toda velocidad por el bosque.


Ya estaba amaneciendo cuando Sakura y Syaoran volvían a su casa cueva. Habían pasado toda la noche con Eriol y Tomoyo, ayudando al nuevo hombre lobo a entrenar en su autocontrol.

Tras cerrar la puerta, él se acercó a la ventaba, contemplando la salida del sol con la mirada perdida. Sintió los brazos de Sakura rodeando su cintura y sus manos subiendo por su pecho.

—¿En qué piensas?

Syaoran suspiró y se giró para mirarla a los ojos.

—¿Entonces... ya no soy un mago?

Sakura lo observó durante unos segundos, sin saber qué decir.

—No tengo ni idea, nunca he oído hablar de un mago que se volviera licántropo. Prueba a ver —propuso, dando unos pasos atrás.

Syaoran asintió y juntó sus manos, girándolas levemente. Sintió un gran alivio al ver que, cuando las separaba, surgía entre ellas una densa niebla azul donde se estaba formando su espada, como siempre. Cuando la sostuvo en su mano derecha miró a Sakura muy sonriente.

—Mago y licántropo... lo nunca visto —murmuró ella, correspondiendo a su sonrisa.

Él hizo desaparecer la espada y se acercó a ella, mirándola fijamente.

—Me cuesta muchísimo resistirme a ti —gruñó, abrazándola apoyando la cabeza en su cuello, respirando su aroma.

Dejó un beso muy profundo sobre su marca y Sakura gimió. Sintió la sonrisa de Syaoran sobre su piel.

—Ahora puedo vengarme por todas las veces que me torturaste así —susurró él, rozando con la punta de su lengua esa zona tan sensible.

Sakura lo empujó con los brazos y Syaoran vio que sus ojos verdes se habían oscurecido.

—Se te nota demasiado que tú también me deseas... y puedo sentirlo —añadió, levantando una ceja mientras daba un paso hacia ella.

—No dejaré que te vengues.

Antes de que Syaoran pudiera reaccionar, Sakura abrió la puerta y salió corriendo fuera de la casa. Sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa y la siguió.

Al levantar la mirada, la vio escalando la ladera que había detrás de su casa cueva. Dio un gran salto para perseguirla, sorprendiéndose por lo fácil que le resultaba escalar. Apenas tenía que esforzarse, era como si tuviera garras en vez de manos.

Cuando llegó a la cima de la ladera, Sakura lo estaba esperando en posición de pelea, con las rodillas flexionadas.

—No podrás acercarte a mí —dijo, frunciendo el ceño.

Syaoran volvió a sonreír.

—Olvidas que yo sé artes marciales... y que ahora soy más fuerte que tú.

Se lanzó sobre ella de un salto. Sakura trató de defenderse, pero en menos de un minuto él consiguió atraparla, empujándola contra el suelo.

Ella resopló, arrugando la nariz.

—No te acostumbres, en unas semanas ya no serás tan fuerte —gruñó entre dientes.

Syaoran empezó a reírse hasta que ella levantó un poco la cabeza y lo calló con un beso. Sakura lo besó con mucha pasión mientras le acariciaba todo el cuerpo con sus manos. Al alejarse, vio que a él se le habían dilatado tanto las pupilas que parecía tener los ojos de color negro.

—Serás más fuerte, pero todavía no sabes controlar tus impulsos —comentó con una sonrisa, observando sus ojos.

—Cállate —gruñó él, atrapando de nuevo sus labios y empezando a quitarle la ropa.

Ella suspiró y también se dedicó a desnudarlo, dejando un rastro de besos por su mandíbula hasta llegar al cuello, donde saboreó su marca y sintió que Syaoran temblaba.

Él se movió hasta quedar totalmente encima de ella. Atrapó sus manos a ambos lados de su cuerpo y empezó a recorrer toda su piel con los labios.

—Nos van a oír, Syaoran —murmuró Sakura, pensando en que las casas de los demás estaban solo unos treinta metros más abajo.

—Pues no hagas ruido.

Siguió provocándola con la lengua, sin soltar sus manos para que no pudiera moverse. Ella se revolvió y lo empujó, hasta que los dos estuvieron sentados sobre la roca, jadeando.

—Tú decías que te gusta más cuando disfrutamos los dos —susurró, bajando la cabeza y besando su pecho.

Syaoran suspiró. Ahora que podía estar horas sin tener que descansar... Sakura tendría que esconderse para escapar de él.

Volvió a empujarla y utilizó el peso de su cuerpo para pegarla contra el suelo, entrelazando sus piernas con las de ella. Los dos reprimieron un gemido cuando sus partes íntimas se rozaron.

—¿Eso decía? No lo recuerdo.

Volvió a descender por su cuerpo, torturándola con el roce de sus labios mientras sus dedos estaban entretenidos recorriendo la parte interna de sus muslos.

Siguió bajando y la miró con una chispa traviesa en sus ojos, haciendo que ella frunció el ceño.

—¿Qué...?

No pudo terminar la pregunta porque sintió los dientes de Syaoran en su muslo izquierdo. Sakura se cubrió la boca con las manos para que su grito de sorpresa no se oyera por todo el valle.

Él se rio entre dientes y siguió besándola por esa zona.

—Syaoran, para ya. Me van a oír todos.

La mano derecha de Syaoran le tapó la boca.

—Arreglado.

Sakura no pudo evitar reírse, pero cuando notó la lengua de Syaoran acercándose a su entrepierna la risa desapareció. Ella no podía dejar de retorcerse y él no podía estar disfrutando más.

Syaoran volvió a subir, dejando un rastro de besos por su cuerpo hasta que pudo mirarla a los ojos. Le dedicó una sonrisa malvada antes de hablar.

—Voy a portarme bien para que no te vengues más adelante —susurró, besándola en los labios mientras presionaba su cuerpo contra el suyo.

Sakura suspiró y cerró los ojos, intentando concentrarse para no hacer ruido.


Una semana después, los ojos de Syaoran ya habían vuelto a su color ámbar normal y había conseguido transformarse veinte veces más.

Cada vez controlaba mejor sus impulsos cuando era lobo, aunque todavía tenia que esforzarse bastante. Por suerte, estaban en plenas vacaciones navideñas y aún no tenía que volver a la universidad.

Una tarde de domingo, tras una gran carrera con Eriol, los dos amigos iban caminando por su ciudad en busca de sus compañeras para cenar con ellas.

Syaoran sintió con más fuerza el olor de Sakura y se giró. Lo que vio le hizo sentir tanta furia que todo su cuerpo empezó a temblar.

Yukito y Sakura estaban en una calle cercana. Ambos sonreían y acababan de fundirse en un abrazo.

Sin poder evitarlo, Syaoran jadeó y se agachó, transformándose en lobo. Eriol giró la cabeza hacia su amigo, extrañado al oír los crujidos, y se quedó paralizado al ver lo que estaba pasando.

—¡Cuidado! —gritó justo cuando el lobo se lanzaba contra ellos.

Sakura se separó de Yukito y vio a un lobo de pelaje castaño correr hacia ellos con un brillos peligroso en sus ojos ámbar. Empujó a Yukito hasta quedar delante de él y frunció el ceño, mirando fijamente al lobo.

¡Syaoran, reacciona y contrólate o me harás daño!

Al oír eso en su mente, él intentó controlar sus impulsos y consiguió frenar antes de abalanzarse sobre ella. Fijó la mirada en Yukito y gruñó, furioso.

De repente, Touya apareció corriendo a toda velocidad.

—¿Qué pasa, Yuki? He sentido tu miedo.

Al ver a Syaoran y entender lo que pasaba, le lanzó una mirada de odio y se transformó en un lobo de pelaje marrón oscuro al instante, colocándose delante de Sakura.

Si quieres hacerle daño, primero tendrás que pasar por encima de mí - advirtió mentalmente a Syaoran.

Un lobo de pelaje azulado también se puso entre ellos.

Relájate, estoy seguro de que no es lo que estás pensando - dijo Eriol a su amigo, mirándolo a los ojos.

Syaoran volvió a gruñir, pero se sentó y trató de tranquilizarse mientras dejaba escapar un bufido.

—Solo ha venido a preguntarme cómo me va contigo, Syaoran. Y a desearme que seamos muy felices juntos —explicó Sakura, mirando al lobo castaño con mala cara.

El lobo resopló, sacudiendo la cabeza.

—Tienes que evitar ponerte celoso, podrías habernos hecho mucho daño. ¿No confías en mí?

Él se acercó a Sakura dándole un lametón en el rostro.

—Pues ya sabes que no tienes motivos para sentir celos.

Syaoran agachó las orejas, arrepentido. Si le hubiera hecho daño a Sakura o a Yukito, no se lo habría perdonado jamás.

—No te preocupes, lo comprendo. Al principio Touya tampoco soportaba que me acercara a Sakura —dijo Yukito, que también sonreía como si no hubiera pasado nada.

No volverá a pasar - dijo Syaoran a Touya mentalmente.

Eso espero, o te las verás conmigo - respondió el lobo marrón, mostrando los colmillos.

—Lo siento —murmuró Sakura, mirándolos a ambos.

Yukito hizo un gesto con la mano, dando a entender que no tenía que preocuparse por nada. Touya se acercó a él y los dos empezaron a alejarse hacia el bosque. El lobo no dejó de mirar hacia atrás y enseñarle los colmillos a Syaoran hasta que giraron en una esquina.