Capítulo Veinte
El momento
—¿Cómo te va en las clases, Syaoran?
—Bastante bien. Aunque me ponga nervioso o me enfade puedo controlar mi rabia.
Eriol y él caminaban hacia la casa cueva del Alfa, que había convocado una reunión.
—Ya han pasado casi dos meses... ¿Has probado a luchar con Sakura?- preguntó Eriol con una sonrisa burlona.
Syaoran resopló, frunciendo el ceño.
—No ha hecho falta, hace mucho que no soy más fuerte que ella. Pero al menos sigo siendo mago y nadie me supera en eso.
Eriol asintió con gesto pensativo.
—Tal vez tú seas más fuerte de lo normal porque tienes magia. A mí me superas.
Él se encogió de hombros.
—No lo sé, pero me alegro de que ella no sea mucho más poderosa que yo porque se vengaría por todo lo que le he hecho.
—¿Cómo? ¿Qué le has hecho? —preguntó Eriol, entrecerrando los ojos.
—Yo... me refería a... no es nada malo, tranquilo.
Eriol le dedicó una sonrisa torcida, entendiendo a lo que se refería.
—Sois unos pervertidos —murmuró, levantando una ceja.
Las mejillas de Syaoran se enrojecieron.
—Cállate, que tú tampoco te quedas atrás —bufó entre dientes.
Los dos se rieron mientras entraban a la gran sala de reuniones, sentándose entre la gente para esperar. A las diez en punto, Fujitaka y Sonomi subieron a la pequeña plataforma.
—Hoy tengo algo muy importante que anunciaros a todos.
Sakura y Tomoyo acababan de llegar, sentándose al lado de sus compañeros.
—Creo que ha llegado el día de dar un paso atrás y que Sakura tome el mando —añadió Fujitaka.
Sakura se quedó petrificada en su asiento, mirando fijamente a su padre.
—¿Qué? —preguntó en voz alta, confundida.
Fujitaka le hizo un gesto y ella se levantó, subiendo las escaleras hasta estar a su lado.
—Tú también deberías acercarte, Tomoyo —la llamó Sonomi.
Una vez que las dos chicas estuvieron junto a ellos, Fujitaka siguió hablando.
—Sakura dirigió muy bien nuestra respuesta al ataque que tuvimos hace un par de meses, todos lo sabéis. Va a cumplir veintidós años, es valiente, inteligente y está preparada. Por eso, Sonomi y yo hemos decidido retirarnos. A partir de hoy tenemos una nueva Alfa y una nueva Beta.
La sala irrumpió en aplausos, pero Sakura y Tomoyo todavía no habían sido capaces de reaccionar. Tomoyo se acercó a su amiga y sujetó su mano, dándole un apretón.
—Yo siempre te ayudaré, estamos juntas en esto.
Sakura la miró con ojos agradecidos y escuchó la voz de su padre.
—¿Cuál va a ser tu primera decisión?
Ella lo meditó unos segundos. Miró en dirección a Syaoran, que seguía sentado entre la gente. Él frunció el ceño al sentir que la rabia se acumulaba dentro de su cuerpo, como si de repente estuviera furiosa. Imaginando lo que estaba pensando, habló en su mente.
Sakura, no lo hagas.
Ella decidió ignorarlo, aclarándose la garganta antes de hablar.
—Quiero atacar a la manada del sur. Ya nos han jodido bastante y quiero terminar con ellos.
Decidieron que el ataque sería en Marzo, cuando la nieve ya se hubiera derretido en todo el país y les resultara más fácil correr siendo lobos.
Syaoran intentó convencerla para que no lo hiciera, pero no sirvió de nada.
Ya estaban a finales de febrero. Seguía haciendo frío, pero eso a ninguno de ellos les molestaba. Sakura y Tomoyo acababan de terminar los exámenes del primer cuatrimestre de la universidad, ya solo les quedaba un cuatrimestre más y ese mismo verano terminarían sus carreras.
Un sábado, los cuatro amigos descendían por un camino que llevaba a lo alto de la montaña. Todos los fines de semana se dedicaban a entrenar a Syaoran para que aprendiera a luchar siendo un lobo.
—Creo que ya sabes todo lo necesario —comentó Eriol, palmeando su hombro cuando llegaron a la ciudad.
Él asintió con gesto serio.
—Será la semana que viene, ¿verdad? —preguntó Tomoyo.
—Sí, ya no quiero esperar más —respondió Sakura.
Se despidieron y cada pareja se marchó en dirección a su casa cueva.
—De verdad que no tienes que hacerlo, Sakura. No tienes que vengarte por lo que me hicieron.
—Por su culpa estuviste a punto de morir y tuve que transformarte. Quiero que paguen por lo que hicieron, quiero encontrar a ese lobo negro y destrozarlo con mis propias manos —gruñó ella con rabia.
Syaoran cerró la puerta y se acercó a ella, abrazándola desde atrás.
—Me gusta ser un licántropo, no te arrepientas de haberme transformado.
Ella se giró para mirarlo a los ojos.
—¿En serio? ¿No preferirías seguir siendo humano?
Él negó con la cabeza.
—Ahora estamos más unidos y puedo ir contigo a todas partes. Lo prefiero así.
Ella sonrió y se puso de puntillas, rodeando su cuello con los brazos y dejando un beso en sus labios.
—¿Tú no quieres encontrar a ese lobo negro? —preguntó, levantando una ceja.
—Claro que sí —dijo él, frunciendo el ceño.
Los labios de Sakura se curvaron con una sonrisa malvada.
—No saben lo que les espera.
—No todos serán culpables. Seguro que hay muchos que lo único que hacían era obedecer a su Alfa... No es necesario hacer una masacre.
—Eso ya lo veremos cuando estemos allí —contestó ella, tajante.
Una semana después, la mitad de la manada había viajado hasta Kioto, cerca de la ciudad donde Syaoran había vivido cuando era pequeño. Aquello le trajo recuerdos poco agradables.
—Tranquilo, no vamos a pasar por Okayama —dijo Sakura, sujetando su mano al notar su incomodidad.
Todos estaban en su forma humana. Habían alquilado unos coches que dejaron a las afueras de la ciudad. Caminaron en pequeños grupos para no llamar la atención, hasta que llegaron a donde comenzaba el bosque.
—¿Dónde vive esa manada? —preguntó él en voz baja.
Sakura señaló una pequeña montaña que estaba muy cerca. Se adentraron entre los árboles y empezaron a caminar por la montaña.
—¿Por qué vamos en forma humana? —preguntó Syaoran.
—Porque así hacemos menos ruido —susurró Sakura.
La idea era llegar lo más cerca posible sin ser descubiertos. Tras unas horas caminando, todos se detuvieron y Sakura tomó aire, exhalando lentamente.
—Huele a lobo que apesta.
Eriol y Tomoyo reprimieron una carcajada. Los demás empezaron a quitarse la ropa y a guardarla en las mochilas que habían traído.
—Es mejor que tú empieces como humano, Syaoran. Utiliza tus poderes para asustarlos —murmuró Sakura, guardando sus pantalones.
—¿Y luego tendré que volver a Kioto desnudo?
Si tenía que transformarse en mitad de la batalla, rompería toda su ropa. Sakura levantó una ceja, recorriéndolo de arriba a abajo con la mirada.
—Eso no estaría nada mal... pero no dejaré que nadie más te vea desnudo. He traído ropa para ti —dijo, señalando su mochila.
Poco a poco empezaron a transformarse en lobos. En unos segundos, Syaoran estaba rodeado de decenas de ellos, casi eran cien en total.
Bien, vamos - escuchó a Sakura en su mente.
Todos empezaron a caminar hacia un pequeño claro. Pudieron ver cabañas de madera al fondo, algunas echaban humo por sus chimeneas. Enseguida se escucharon varios gritos y empezaron a aparecer lobos por todas partes, corriendo hacia ellos.
Syaoran se detuvo, con Sakura a su lado y todos los demás a su espalda. Enfrente tenían a decenas de lobos enemigos, mostrando sus afilados colmillos.
—Los que no tuvieron nada que ver con el ataque y no luchen ahora, serán perdonados —gritó Syaoran para que todos lo oyeran.
Varios lobos se miraron entre ellos.
Syaoran se fijó en cuatro lobos negros que estaban juntos. Uno de ellos tenía sus ojos amarillos fijos en él.
La ira recorrió sus venas, pero se esforzó en tranquilizarse para no transformarse todavía. Sakura lo sintió y siguió la mirada de Syaoran, viendo al lobo negro. Su pelaje se erizó y enseñó sus colmillos, gruñendo con rabia.
Él juntó las manos e hizo aparecer su espada entre una niebla azulada. Unos veinte lobos de la manada enemiga empezaron a retroceder.
Los lobos negros gruñeron pero esos veinte lobos los ignoraron, emprendiendo la retirada a toda prisa. Syaoran levantó su espada, apuntando con ella al cielo.
—¡Dios del trueno, ven!
La hoja de su espada empezó a brillar y de ella salió una gran bola de rayos, tan enorme que al principio asustó a Syaoran.
Sabía que desde que era licántropo sus poderes habían aumentado, pero todavía no estaba acostumbrado. La bola se extendió delante de ellos y explotó en miles de rayos, alcanzando a muchos de los lobos enemigos.
Los lobos negros gruñeron y empezaron a correr hacia ellos. Sakura y los demás también se abalanzaron al ataque. Syaoran cerró los ojos y presionó la fría hoja de su espada contra su frente.
—¡Dios del agua, ven!
La espada se volvió azul y una gran ola surgió de ella, golpeando a varios de los lobos que corrían hacia ellos.
—¡Dios del hielo, ven!
El agua se transformó en hielo, atrapando a los lobos que había arrastrado.
Syaoran sonrió con satisfacción y miró a su alrededor. Las dos manadas de lobos estaban muy mezcladas. Aunque podía saber a cual pertenecía cada lobo por el olor, ya no podía seguir atacando con su magia o se arriesgaba a herir a alguno de los suyos.
Hizo desaparecer su espada y se transformó en lobo para unirse a la lucha.
Siguió el rastro de Sakura y la encontró siendo acorralada por los cuatro lobos negros. Al estar más cerca, pudo sentir el aroma de ellos y descubrió que el lobo de ojos amarillos era el Alfa de la manada, el más fuerte de todos.
Desvió la mirada al lobo negro que se acababa de lanzar a por Sakura, que parecía ser el Beta. Syaoran se abalanzó sobre él y clavó las garras en su lomo, haciendo que el lobo soltara un aullido de dolor. Al quedar libre, Sakura saltó sobre el Alfa.
A unos metros de allí, los demás también estaban peleando por sus vidas.
Tomoyo corrió hacia donde estaba Sakura, uniéndose a su pelea con los lobos negros. Syaoran destrozó el cuerpo del lobo Beta y se lanzó a por otro de ellos que acababa de herir a Tomoyo. Eriol también apareció, saltando sobre otro de los lobos y pillándolo por sorpresa.
Al final solo quedó el lobo Alfa, acorralado por ellos cuatro. Sakura se transformó en humana para poder hablar con él.
—Ríndete ya —gruñó, agachada en cuclillas.
El lobo negro también se transformó en humano, fijando sus ojos amarillos en Syaoran.
—Debí acabar contigo ese día —dijo con voz grave.
Syaoran le enseñó los colmillos, gruñendo hasta que dejó de mirarlo para clavar sus ojos en Sakura.
—Nunca me rendiré. Al menos me llevaré conmigo a uno de vosotros... espero que sea al mago.
Ella le dedicó una sonrisa malvada.
—Como quieras —contestó, volviendo a transformarse en loba.
Dejádmelo a mí y ayudad a los demás - les dijo a los otros tres mentalmente.
Tomoyo y Eriol le dedicaron una última mirada de odio al lobo negro, que también había vuelto a transformarse, y corrieron a toda velocidad hacia donde estaba el centro de la batalla, pero Syaoran no se movió de allí.
Vete, Syaoran.
No.
Antes de que Sakura pudiera contestar, él se abalanzó sobre el lobo enemigo. Empezaron a pelear pero el lobo negro, al ser Alfa, era mucho más fuerte que Syaoran.
Cuando estaba a punto de morderle en el cuello, un fuerte golpe lo apartó. El lobo negro cayó al suelo, pero volvió a levantarse de un salto, encarando a la loba caoba que le había empujado.
Syaoran también se incorporó. Tenía heridas en el lomo y una pata rota, pero no pensaba rendirse. Compartió una mirada con Sakura y los dos se lanzaron juntos a por el lobo.
¡Parad!
Todos los lobos dejaron de luchar, impresionados. Los de ambas manadas habían oído ese grito en su mente.
Giraron sus cabezas en busca de la dueña de esa voz, hasta que vieron a dos lobos sobre una enorme roca. Uno de ellos tenía los ojos verdes y el otro los tenía de color ámbar. Ambos estaban heridos, pero se mantenían de pie y los observaban a todos con gesto serio.
Se acabó, el Alfa ha muerto. Si podéis oírme es porque ahora yo soy vuestra Alfa.
Todos los lobos pudieron ver que a los pies de la loba caoba se encontraba tirado el cuerpo del lobo negro.
No quiero una guerra, ni me interesa mandar aquí. Debéis elegir un nuevo Alfa, y ese nuevo líder deberá obedecerme y respetar las normas. Se acabó lo de luchar entre nosotros, no quiero que vuelva a pasar.
Los lobos se miraron, confundidos, y uno de ellos de color blanco dio unos pasos hacia la roca donde estaba Sakura.
Yo me ofrezco para ser el nuevo Alfa.
¿Cómo te llamas? - preguntó Sakura.
El lobo clavó sus ojos azules en ella.
Yue.
Bien, Yue. ¿Aceptas gobernar aquí y estás dispuesto a firmar un acuerdo de paz entre nuestras manadas?
Lo estoy.
Y vosotros... ¿aceptáis a Yue como Alfa?
Un coro de aullidos confirmó que Yue contaba con el apoyo de su manada. Sakura miró a Syaoran y no pudo evitar sonreír, mostrando una gran hilera de dientes.
Por fin, Syaoran. Se acabaron nuestros problemas.
La historia ya está terminando. Queda un capítulo más y después el Epílogo.
Gracias por leer!
