Capítulo Veintiuno

Planes


3 meses después

Syaoran caminaba por los pasillos de la universidad con su carpeta bajo el brazo.

—¡Feliz verano, profesor! —gritó una chica, saludándolo con la mano.

El respondió el gesto y siguió andando hacia la salida. En la puerta lo estaba esperando una chica de ojos verdes.

Solo con verla, su ritmo cardíaco se aceleró. Ella se acercó a él y lo abrazó, poniéndose de puntillas para tener el rostro a su altura.

—¿Cómo ha ido tu último examen? —preguntó, deslizando las manos por su cuello.

—Lo veremos cuando los corrija... ¿Y el tuyo? —respondió él, levantando una ceja.

—Ha ido bien. Se puede decir que ya estoy graduada —contestó Sakura, sonriendo.

—Por fin dejarás de ser una alumna y yo dejaré de sentirme como un profesor pervertido —murmuró Syaoran entre dientes.

Ella se rio y se acercó más hasta que sus labios se juntaron, pero se separaron al escuchar un par de silbidos en su dirección.

—Volvamos a casa. Tengo que contarte lo que he planeado para este verano.

—¿Ya tienes planes? —preguntó él con voz burlona.

—Pues claro —respondió Sakura, levantando las dos cejas de forma sugerente.

Agarró la mano de Syaoran y salieron juntos al aparcamiento.


Después de comer, los cuatro fueron corriendo hasta el lago secreto de Sakura.

Syaoran había insistido mucho y al final había logrado convencerla para que les enseñara ese sitio a sus dos mejores amigos.

En su forma humana corrían más lentos que cuando eran lobos, por lo que tardaron un poco más de quince minutos en llegar. Al entrar en el claro, Tomoyo se llevó las dos manos a la boca.

—¡Esto es precioso! —chilló, acercándose a la orilla del lago.

—No me puedo creer que nos hayas ocultado este lugar todos estos años —comentó Eriol, chasqueando la lengua.

Sakura se encogió de hombros.

—No quería compartirlo con nadie.

—Pues con Syaoran sí que lo compartiste —contestó Tomoyo, apretando los labios y lanzándole una mirada de odio.

—Eso no cuenta. Con él lo comparto todo —dijo ella, saltando para colgarse de la espalda de Syaoran.

Él sonrió, sujetando sus piernas con los brazos.

—Lo único que os pido si vais a venir por aquí es que tenéis que aseguraros de que no estamos nosotros —pidió Sakura, mirando a sus dos amigos.

—Tranquila, no me gustaría llegar y encontraros haciendo guarradas —murmuró Eriol, haciendo una mueca de asco.

Los cuatro se rieron.

Sakura soltó los hombros de Syaoran, volviendo al suelo, y dio unos pasos hacia el lago, sentándose al lado de Tomoyo. Las dos metieron los pies en el agua, disfrutando de lo fría que estaba.

—Estas seis semanas tú serás la Alfa de la manada, Tomoyo.

Ella abrió mucho los ojos, sorprendida.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Syaoran y yo vamos a marcharnos, y no regresaremos hasta octubre, justo antes de que él tenga que volver al trabajo.

—¿Y dónde vais a ir? —preguntó Tomoyo con voz curiosa.

Sakura sonrió.

—Donde nos lleven nuestras patas.

Las dos soltaron una risita mientras observaban a los dos chicos, que estaban charlando no muy lejos de allí.

—Sabes, Sakura... creo que en el próximo celo le voy a dar una sorpresa a Eriol.

Sakura se quedó con la boca abierta.

—¿Ya quieres ser madre? —preguntó, incrédula.

—Creo que sí. Ahora que hemos terminado la carrera, no lo veo tan mala idea... y Eriol se muere de ganas desde hace años —respondió Tomoyo con una sonrisa.

—Voy a ser tía —murmuró ella, haciendo reír a su amiga.

—A ti te va a pillar el celo por ahí con Syaoran —susurró Tomoyo, intentando que los dos chicos no la oyeran.

—Sí. Destrozaremos el bosque por el que estemos pasando esa semana.

Las dos se rieron a carcajadas.

—Pobre Syaoran —dijo Tomoyo, entre lágrimas de risa.

—Desde que es lobo no lo pasa tan mal con mis celos, ahora los disfruta tanto o más que yo.

—Pobre bosque, entonces —respondió Tomoyo, aguantando la risa.

Eriol corrió hacia ellas, sujetó a Tomoyo con sus brazos y la lanzó al centro del lago. Syaoran hizo lo mismo con Sakura. Ambas sacaron la cabeza del agua, fingiendo estar enfadadas.

—¡Nuestra venganza será terrible! —gritó Tomoyo, levantando el puño.

Los dos se miraron, sin poder parar de reír, y se tiraron de cabeza al lago.

—Tendrás que vigilar tu espalda a partir de ahora, mago —murmuró Sakura cuando Syaoran llegó hasta ella nadando.

—Hace mucho tiempo que tus amenazas no me asustan, loba —contestó él con una sonrisa burlona.

Ella le dedicó una mueca malvada y se lanzó a por él, intentando hundirlo. Tomoyo y Eriol se unieron a la pelea entre risas.


—¿Lo llevas todo? ¿Incluido el pasaporte?

Syaoran asintió.

—¿Dónde vamos a ir? —preguntó, levantando una ceja.

—Donde queramos —respondió Sakura, sonriendo.

Él cerró la enorme mochila donde estaban todas sus cosas, que estaba adaptada para poder llevarla siendo un lobo. Ella levantó la suya y la dejó justo al lado.

—He pensado que primero podemos ir al norte de Japón, que tú no lo conoces. Luego nadaremos hasta la isla de Hokkaido, nos quedamos allí unos días... y después nos subiremos a un avión para ir a donde nos apetezca.

Syaoran resopló.

—¿Nadar hasta la isla? Estás loca, son muchos kilómetros.

—¿Qué pasa? ¿No te ves capaz?

—Por supuesto que sí, pero quien nos vea pensará que acabamos de escapar de un manicomio.

—¿Y qué importa eso? —dijo ella, riéndose suavemente

Él se unió a su risa.

—Tienes razón.

Sakura dio unos pasos hacia él y colocó una mano sobre su pecho, mientras con el dedo índice de la otra acariciaba el labio inferior de Syaoran.

—¿Qué estás tramando, señorita? —preguntó él, arqueando las cejas.

—Hoy empieza mi celo, ¿Lo sabes, verdad?

El cuerpo de Syaoran se tensó de golpe.

—Ya decía yo que hoy hueles algo diferente.

Sakura lo empujó con fuerza, haciéndolo chocar contra la pared. Ambos jadearon al sentir el golpe. Ella se colgó de su cuello, acercándose a su oreja.

—Creo que tendremos que posponer el viaje para mañana, porque hoy no te voy a dejar salir de aquí —susurró en su oído.

Toda la piel de Syaoran se erizó.

—Si nos quedamos aquí, destrozaremos la casa y lo sabes —contestó, rodeándola con sus brazos y alzándola un poco.

Ella colocó las piernas alrededor de su cintura.

—Pues vámonos lejos... y rápido.

Syaoran le dedicó una sonrisa torcida, dio unos pasos hasta donde estaban sus mochilas y la soltó. Los dos se las pusieron y cruzaron una mirada. Ella se estaba mordiendo el labio inferior y sus ojos estaban cada vez más oscuros.

—Corre —gruñó justo antes de abrir la puerta.

Los dos salieron corriendo a toda velocidad en dirección al bosque. Normalmente tardaban en llegar hasta el lago secreto casi veinte minutos en su forma humana, pero aquel día solo tardaron doce.

Sakura fue la primera en llegar. Soltó la mochila bajo un árbol pequeño y apoyó las manos en el tronco, clavando sus uñas en él y arrancando parte de la corteza. Syaoran se acercó lentamente a ella, dejando la mochila junto a la suya.

—¿Ya ha empezado?

Ella levantó la cabeza, mirándolo fijamente con sus ojos verdes. Estaban brillando.

—Vale, ya veo que sí —añadió Syaoran, tragando saliva.

Sakura le dedicó una sonrisa llena de maldad y se lanzó sobre él, haciendo que los dos cayeran encima de la hierba.

—Eres mío —gruñó, arrancándole la camiseta a arañazos.

Syaoran la besó, haciéndola girar hasta que quedó encima de ella. Metió las manos por debajo de su blusa, acariciando su piel mientras besaba su cuello y rozaba su marca con la punta de la lengua.

Sakura se retorcía con desesperación, intentando volver a girar para tener ella el control. Él subió de nuevo hasta sus labios, dejando un rastro de besos por encima de su sujetador, y agarró sus brazos para que dejara de moverse.

—Sakura, hoy déjame a mí.

—No.

—Venga, mañana dejaré que me hagas todo lo que quieras.

—He dicho que no —contestó Sakura, mordiéndole el labio con fuerza.

Syaoran se rio.

—Puedes controlarte un poco, por mucho celo que tengas. Anda, hazlo por mí.

Ella puso los ojos en blanco y resopló, pero dejó de moverse.

—Lo intentaré, pero mañana serás todo mío.

—Siempre soy tuyo —susurró Syaoran.

Se sentó sobre la hierba y colocó a Sakura encima de sus piernas, quitándole la blusa mientras llenaba de besos todo su cuerpo.

Ella gimió y, dejando una pierna a cada lado de Syaoran, lo rodeó con sus brazos, besándolo profundamente y uniendo sus lenguas.

Los dos jadearon mientras se besaban con mucha pasión. Syaoran recorrió lentamente la piel de sus muslos con la yema de sus dedos y, cuando llegó hasta los botones de su falda, empezó a desabrocharla.

Al terminar, se la quitó y la lanzó a un lado, dándose cuenta de que ella ya había desabrochado su pantalón y le temblaban las manos.

—¿Qué te pasa? —preguntó, mordiendo su hombro y descendiendo por su cuerpo a la vez que le quitaba el sujetador.

—Me cuesta controlarme, no aguantaré mucho más —murmuró ella, suspirando.

Él volvió a reírse y se puso de pie, levantando a Sakura con él.

—Estás tan temblorosa que me recuerdas a cuando yo era humano.

Sakura también se rio. Él dejó caer sus pantalones al suelo, pero antes sacó algo cuadrado y plateado de uno de los bolsillos.

—Sigues sin querer cachorritos, ¿verdad? —preguntó, levantando las dos cejas.

—Aún no, pero Tomoyo sí va a tener uno ya.

—¿Qué?

—Ahora no quiero hablar de eso —gruñó ella, enroscándose alrededor de Syaoran con ansiedad.

Él la siguió besando, rozando sus labios con la lengua mientras se deshacía de la poca ropa que les quedaba puesta.

—Estamos muy calientes, creo que necesitamos refrescarnos —murmuró Syaoran entre los labios de Sakura.

Ella soltó una risita y él caminó hacia el lago con ella en brazos, metiéndose dentro. Antes de que el agua les cubriera, Sakura se soltó e hizo caer a Syaoran sobre las pequeñas rocas que había dentro del lago, sentándose encima de él.

—Ya no aguanto más, te necesito.

Lo abrazó con fuerza, clavando las uñas en su espalda y mordiendo su cuello demasiado fuerte, justo donde Syaoran tenía la marca. Sus ojos de color ámbar empezaron a brillar y sujetó su cintura, atrayéndola más hacia él.

Los dos jadearon cuando sintieron que sus cuerpos se unían por fin.

Syaoran la besó con furia, devorando sus labios mientras una de sus manos bajaba por su costado hasta llegar a su punto más débil. Ella volvió a gemir y empezó a moverse más rápido, agarrando unas piedras con las manos y haciéndolas polvo para intentar controlarse.

Los dos olieron a sangre. Sakura había clavado demasiado las uñas en la espalda de Syaoran, pero a ninguno de ellos le importó.

—Más fuerte, Syaoran.

Él gruñó y la levantó, sumergiéndose hasta que el agua les llegó por el cuello. La sentó en una gran roca que había en el borde del lago, sujetándola y pegando sus cuerpos.

Ella enrolló las piernas alrededor de Syaoran y con sus brazos lo atrajo más, necesitaba sentirlo más cerca. Él dejó de besarla y fue dejando besos por su mandíbula hasta llegar a su cuello, donde la mordió mientras se movía cada vez más deprisa.

Los gemidos de Sakura se escucharon por todo el claro.


Una hora después, los dos seguían metidos en el lago, sentados uno al lado del otro y bastante más tranquilos.

—Sabes que te quiero, ¿verdad? —murmuró Sakura, acariciando el rostro de Syaoran.

—Lo sé, aunque creo que si fuera humano hoy me habrías partido la espalda.

Ella se ruborizó.

—Ha sido sin querer... menos mal que no lo eres —respondió, riendo entre dientes.

Bajó la cabeza hasta la espalda de Syaoran, donde ya no había ni rastro de las heridas que le había hecho cuando el deseo había nublado su mente, y dejó varios besos sobre su piel.

Él la levantó, colocándola en su regazo.

—¿Empezamos el viaje ahora? —preguntó, mirándola a los ojos.

—Vale, pero ya sabes que en unas horas volveré a atacarte.

Syaoran le dedicó una sonrisa torcida.

—Lo estaré esperando.

Los dos salieron del agua y, tras guardar su ropa en las mochilas y colocárselas sobre la espalda, se transformaron en lobos, perdiéndose entre los árboles.