Capítulo Veintidós
Epílogo
4 años después
Sakura y Tomoyo estaban cerrando la puerta de su clínica veterinaria, que se encontraba a las afueras de Tokio.
—Menudo día, tres operaciones —murmuró Tomoyo con cansancio.
Sakura le dio un codazo.
—No te quejes, te encanta tu trabajo.
—Y a ti también —respondió ella, sonriendo.
—Lo que más me gusta es que trabajemos juntas —dijo Sakura, guiñándole un ojo.
Las dos se rieron y caminaron juntas hasta el coche. Estaban deseando volver a casa.
Al bajarse del vehículo, dos figuras pequeñas corrieron hacia ellas.
—¡Mami! —chilló una de ellas, lanzándose sobre Tomoyo.
—¿Qué tal te ha ido en el colegio, Ichiro? —preguntó ella, abrazándolo.
El pequeño la miró con sus grandes ojos violetas, apretando los labios.
—No me gusta. Quiero que Suki venga conmigo.
Sakura se incorporó, llevando a una niña de ojos azules que tenía poco más de un año en sus brazos.
—Sabes que tu hermana todavía es muy pequeña, hasta el año que viene tendrás que ir solo —dijo mientras Suki le tiraba de su collar, donde colgaban dos anillos plateados.
Ichiro suspiró y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—No me regañes, tía.
Sakura se acercó a él, dejando un beso en la frente.
—No te estoy regañando, solo te pido que tengas un poco de paciencia. ¿Lo harás por mí?
El pequeño asintió con una sonrisa.
Las dos chicas se miraron con complicidad y caminaron hasta la entrada de su ciudad de casas cueva. Allí, las esperaban Eriol y Syaoran, sentados en un banco.
Sakura se acercó a él, con Suki en brazos, y lo besó en los labios. La pequeña alzó sus manitas, separándolos.
—¡Mío! —gritó, mirando a Syaoran.
Él se rio y la cogió en brazos, dándole un beso en la mejilla.
—Tengo una sobrinita muy celosa —murmuró, mirando a Sakura.
—Que disfrute, es la única a la que le permito ser así contigo —admitió ella, sonriendo.
Los cuatro se adentraron en la ciudad, caminando juntos hasta la casa cueva donde vivían Eriol y Tomoyo con sus dos hijos.
—Entonces comemos mañana juntos, ¿no? —preguntó Tomoyo.
—Claro, hay que celebrar el cumpleaños de nuestra Alfa —respondió Eriol, levantando las dos cejas.
Sakura puso los ojos en blanco.
—No me llaméis así, vosotros no —pidió con ojos suplicantes.
Eriol y Tomoyo reprimieron una carcajada.
—¿Queréis que nos los quedemos un rato? Así podéis cenar tranquilos... y solos —murmuró Syaoran.
Tomoyo miró de reojo a Eriol, mordiéndose el labio inferior.
—Eres el mejor, Syaoran —susurró mientras soltaba a Ichiro, que corrió a los brazos de Sakura.
—Ya haréis lo mismo algún día por nosotros —contestó él, guiñándoles un ojo.
Los dos se fueron a su casa, dejando a Tomoyo y Eriol solos para que disfrutaran de un poco de intimidad. Ya no tenían tanta como querían desde que eran padres.
Al entrar en su salón, Sakura se tumbó en el suelo con Ichiro para dibujar algo juntos. Sonrió al ver que el pequeño estaba pintando dos lobos, uno negro y otro azul.
Levantó la vista y observó a Syaoran, que estaba sentado en el sofá haciéndole muecas a Suki mientras ella se reía a carcajadas en su regazo.
Se puso de pie, dejando a Ichiro con su dibujo, y se sentó al lado de ellos. Acarició el pelo negro de Suki, que todavía lo tenía muy corto, y miró a Syaoran a los ojos.
—Quiero una.
Él frunció el ceño y la miró, sorprendido.
—¿Lo dices en serio?
Sakura sonrió y volvió a mirar a Suki, que estaba abrazando a Syaoran.
—Siempre que veo lo tierno que eres con ella... me entran muchas ganas.
—Yo tengo ganas desde que te vi por primera vez con Ichiro en brazos.
Sakura se ruborizó, arqueando las cejas.
—Pero si ya hace más de tres años que nació... ¿Por qué no me lo dijiste?
Syaoran se encogió de hombros.
—No quería presionarte.
El corazón de Sakura se aceleró, descontrolado, y se inclinó hacia él para besarlo, ignorando un gruñido de protesta de Suki.
—Eres demasiado perfecto —susurró sobre sus labios antes de alejarse de él.
—Entonces... ¿Ya te ves lo suficiente mayor? —preguntó Syaoran.
—Mañana cumplo veintiséis y en julio tú tendrás veintinueve... creo que ya es un buen momento.
—Pienso igual —dijo él con una sonrisa.
Los dos se miraron un momento a los ojos sin decir nada.
¿Cuándo es tu próximo celo? - escuchó Sakura en su mente.
En dos semanas.
Syaoran alzó una ceja y le dedicó una sonrisa traviesa.
Creo que va a ser un celo muy divertido.
Ella levantó las dos cejas varias veces, haciendo reír a Syaoran.
De pronto se escucharon unos golpes en la puerta y Sakura se levantó para abrir. En la entrada estaba un chico alto, de pelo blanco y largo que tenía unos penetrantes ojos azul cielo.
—¡Yue! ¿Ya te marchas? Sabes que nos gusta tenerte de visita y que puedes quedarte todo lo que quieras —dijo ella, sonriendo.
Él correspondió a su sonrisa.
—Debo volver ya... pero esta vez no me iré solo.
Ella frunció el ceño, extrañada. Yue se apartó y dejó ver a una chica de ojos marrones y cabello marrón oscuro que estaba algo sonrojada.
—¿Nakuru? —preguntó Sakura, sorprendida.
Ella levantó la vista, mirándola fijamente.
—Él es mi mate, Sakura —murmuró, agarrando la mano de Yue.
Él la miró de reojo, sin dejar de sonreír.
—¿En serio? No sabéis como me alegro por vosotros —respondió Sakura, acercándose para abrazar a Nakuru.
Después miró a Yue, suspirando.
—Debes cuidarla y tendréis que venir mucho de visita para que no la echemos de menos.
Yue asintió.
—Tú también debes venir, hace mucho desde la última vez. No entiendo como no había olido a Nakuru las otras veces que vine por aquí- dijo él, frunciendo el ceño.
—Porque venías entre semana y ella siempre estaba en trabajando en Tokio —contestó Sakura, pensativa.
—Pues me alegro mucho de haber venido un fin de semana esta vez —respondió Yue, sonriendo de nuevo.
Ella lo abrazó a él también.
—No sabes como me gusta que nuestras manadas se lleven tan bien. Es un sueño hecho realidad.
Yue la rodeó con sus brazos, asintiendo.
—Por fin todos los licántropos de Japón viven felices y tranquilos.
Syaoran se asomó a la puerta, con Suki todavía en brazos.
—Iremos pronto a veros, Yue —dijo con rostro serio.
No le hacía mucha gracia ver a Sakura tan cariñosa con otro hombre, solo lo toleraba con Eriol.
—Cuando queráis. Ya sabéis que allí hay una cabaña para vosotros.
—Y tú sabes que aquí tienes una casa cueva enorme para ti y los tuyos —contestó Sakura, separándose de él.
Yue asintió de nuevo y tanto él como Nakuru se despidieron, marchándose hasta el aparcamiento donde él había dejado su coche dos días antes.
Cuatro meses después, Sakura entraba en su pequeña ciudad de la mano de Syaoran. Nada más verlos, Tomoyo corrió y se abalanzó sobre ellos.
—¿Os lo han dicho ya? ¿Qué es? ¿Qué es? —preguntó con ansiedad.
Sakura sonrió y se acarició la barriga, donde asomaba un pequeño bultito.
—Es una niña —respondió Syaoran.
El grito de Tomoyo se escuchó por todo el valle.
—¡Una amiga para Suki! —chilló, emocionada.
Sakura y Syaoran se rieron y caminaron con ella hasta su casa, donde estaba Eriol con Ichiro y Suki.
Tomoyo corrió hacia él, abrazándolo y susurrando algo en su oído. Eriol sonrió y se acercó a Sakura.
—¿Cómo se va a llamar?
Ella miró a Syaoran.
—Tú eliges el nombre —dijo, revolviendo con una mano su pelo de forma cariñosa.
Él la sujetó de la cintura, mirando de reojo a su amigo de ojos azules.
—Me gusta Akame —confesó en un susurro.
—Ese es un nombre chino, ¿verdad? —preguntó Eriol, levantando una ceja.
Syaoran asintió, besando la frente de Sakura, y ella sonrió.
—Entonces la futura Alfa se llamará Akame.
—Seguramente también será maga —añadió Tomoyo muy sonriente.
Los cuatro entraron en la casa y se sentaron en la mesa donde ya los estaban esperando Ichiro y Suki, para cenar los seis juntos como todos los viernes.
FIN
Por fin la he terminado, me ha encantado escribirla y prefiero que sea corta e intensa a intentar alargarla y que luego se vuelva pesada.
Espero que os haya gustado tanto como a mí y nos vemos en la siguiente, donde Syaoran será un vampiro y Sakura una cazadora de vampiros
