Capítulo Nueve
Un regalo
Mis amigos explotaron riendo a carcajadas al ver lo que había pasado. Unos segundos después, me dijeron que Kaito ya se había ido.
—No entiendo para que se acerca a saludarme, ni que fuésemos amigos si llevamos siete meses sin hablar y además me engañó con otra... menudo falso.
—Después de esto no creo que se vuelva a acercar —dijo Hiro.
—¿Te ha dado igual verlo? ¿No has sentido nada? —preguntó Tomoyo.
—Como si viera a cualquiera, hace mucho que ese chico me da igual.
—¿Entonces a quién estás esperando? Llevas todo el rato mirando a la puerta cada vez que entra alguien, no creas que no me he dado cuenta —murmuró Hiro, levantando una ceja.
Me había pillado.
—Bueno... yo... Shaoran me dijo que a lo mejor vendría— respondí, evitando su mirada.
—Uuuuuuuuhh —hicieron él y Tomoyo a la vez.
Chiharu y los demás se reían.
—Dejadme en paz, me alegro de que no haya venido porque os pondríais muy pesados.
—Tendrás que decirle que venga otro día, tengo que darle el visto bueno o no podrá estar contigo —replicó Hiro, poniéndose serio.
—A sus órdenes, mi coronel —contesté, poniendo los ojos en blanco.
Todos nos reímos y seguimos pasando el rato, fue un buen cumpleaños.
Después de medianoche Chiharu y yo volvimos juntas a casa, vivíamos cerca.
—¿Te ha gustado tu cumpleaños? ¿Y nuestros regalos?
—Muchísimo, estoy muy contenta. Tenía ganas de cumplir veinte años.
—Una década nueva, espero que nos traiga muchas sorpresas— dijo ella, sonriendo.
—Yo también.
Nos abrazamos y nos despedimos.
Al llegar a casa mis padres ya estaban durmiendo, entré en su cuarto para avisarles de que ya había llegado y me fui a mi habitación.
No quise reconocerlo con mis amigos pero estaba un poco triste porque Shaoran no había venido, sabía que tenía otros planes pero aún así estuve esperando a que apareciera de repente.
Cuando miré el móvil, tenía un mensaje suyo.
Shaoran: "¡Hola! ¿Lo has pasado bien? Al final no he podido ir a verte, pero tengo algo para compensarte. La próxima vez que nos veamos te lo doy".
Leer eso me hizo sonreír. ¿Me había comprado algo? Un regalo de Shaoran... ¿Qué sería? Fuera lo que fuera me iba a encantar si venía de él.
Empecé a escribir.
Sakura: "¿Sigues despierto? Lo he pasado genial, te lo has perdido. Gracias pero ¡no hacía falta que me compraras nada! Me dejas con la intriga de qué será."
Estaba a punto de dormirme cuando vi mi teléfono iluminarse.
Shaoran: "Sí pero voy a dormir ya, mañana hablamos. ¿Cuándo nos vemos? Tu regalo te espera"
Dejé el móvil en la mesita de noche y me abracé a la almohada, sonriendo. Mañana le contestaría, tenía que hacerme un poco la dura y no responder siempre al momento.
¡Quería verme!
Me dormí solo para soñar con él toda la noche. Todavía no me había dado cuenta, pero me estaba enamorando de Shaoran.
Al día siguiente volví a escribirle, le conté que el lunes por la tarde iría al piso de Meiling a estudiar. A los pocos minutos me contestó.
Shaoran: "Pues antes de subir al cuarto pasa por el segundo, te estaré esperando"
Sentí una corriente eléctrica bajar desde la cabeza a los pies. ¿Su piso? Nunca había llegado a entrar.
¿Íbamos a estar a solas otra vez? Seguramente me enseñaría su habitación, tenía ganas de verla desde hacía tiempo.
Sakura: "Vale, me pasaré por allí un poco antes, pero luego tengo que irme a estudiar con tu hermana que tenemos un trabajo pendiente"
Ahora me tocaba estar nerviosa hasta el lunes, y pensar qué me iba a poner ese día. Quería que me viera guapa, pero sin que se notara que me había arreglado porque iba a verlo.
El resto del fin de semana pasó muy rápido y el lunes llegó. Las clases fueron tan aburridas como siempre, pero al menos tener a Meiling al lado ayudaba.
Quedamos en que a las cinco estaría en su piso, aunque iría un poco antes para pasarme por el de Shaoran. Pensar en eso me dejó inquieta.
Después de comer con mis padres me vestí, cogí mi mochila y salí a la calle, estaba lloviendo. Mi paraguas era morado, mi color favorito.
Iba tan sumida en mis pensamientos que no me di cuenta de que ya había llegado al portal. Un escalofrío me recorrió la espalda, suspiré y llamé al piso de Shaoran. Eriol contestó y me abrió.
Aunque el ascensor estaba libre subí por las escaleras, para tener un poco más de tiempo y prepararme mentalmente.
Al llegar al rellano de la segunda planta vi que Shaoran estaba apoyado en el marco de su puerta, esperándome. Se veía demasiado guapo ahí parado, con los brazos cruzados.
Mi conciencia me avisó de que tenía que reaccionar y me acerqué a él, mi cara debía estar totalmente roja.
Me miró y dijo —Ven conmigo.
Lo seguí y me llevó a su cuarto. Me sentía como si fuera un robot, mi cuerpo no me respondía.
Al entrar en su habitación por fin reaccioné. Su cama era parecida a la de Meiling, tenía una mesa con su ordenador y montones de apuntes. Al lado de la cama vi una estantería de madera. En ella había muchas cosas, pero me fijé en un peluche de su equipo de fútbol favorito, mis libros de inglés y (sonreí al verla) la botella vacía de la cerveza que yo le había dado meses atrás.
A los pies de la cama había un armario bastante grande, y a su lado un espejo enorme que llegaba hasta el suelo.
Shaoran se acercó a la estantería y cogió un paquete pequeñito de color dorado. Volvió a mi lado y me lo dio.
—Feliz cumpleaños —me susurró en el oído, poniéndome la piel de gallina.
Su voz, su olor... que estuviera tan cerca me hacía temblar. Intentando disimular abrí el paquete, con cuidado de no romper el papel. Dentro había una caja negra.
—Vamos, ábrela —dijo con un tono de voz nervioso.
¿Él estaba nervioso? Eso era nuevo.
Cuando la abrí me quedé con la boca abierta, dentro había un colgante con forma de media luna. Estaba hecho de un cristal verde esmeralda precioso.
—Es del mismo color que tus ojos —murmuró, los suyos estaban brillando.
Me había quedado sin habla, no era capaz de decir nada.
—¿Quieres que te lo ponga?
Haciendo un gran esfuerzo fui capaz de responder con un hilo de voz.
—Sí... es precioso, Shaoran.
Se puso a mi espalda y me apartó el pelo. Sus manos rozaron mi cuello, provocando otro escalofrío que fue mucho más grande que el anterior. Tras ponerme el colgante, me sujetó por los hombros y me giró para que me viera en su espejo.
—¿Entonces te gusta? Como me contaste que desde pequeña te encanta la luna... cuando lo vi me acordé de ti.
No me podía creer que se acordara de eso, fue una de las primeras conversaciones que tuvimos.
—Es perfecto, muchas gracias— respondí en voz baja.
Que tuviera ese detalle conmigo me había dejado las defensas al mínimo, no podía ni moverme. Él se acercó más, yo seguía paralizada.
—Oye, yo... —empezó a decir.
De repente escuché otra voz.
—Hola, Sakura. ¿Cómo fue tu cumpleaños?
Era Eriol, que estaba apoyado en la puerta del cuarto de Shaoran y me miraba. Tanto Shaoran como yo dimos un pequeño saltito del susto, estábamos metidos en nuestra burbuja y no lo habíamos escuchado acercarse.
Eriol abrió mucho los ojos al darse cuenta de que a lo mejor había interrumpido algo. Gracias a esa distracción, volví a tener el control de mi cuerpo.
—Fue genial, Eriol. Tendríais que haber venido —dije, sonriendo.
—El próximo no nos lo perderemos — respondió, guiñando un ojo.
Miró a Shaoran y después a mí.
—Veo que ya te ha dado el colgante, ¿te ha gustado?
—Me ha gustado mucho— respondí, sonrojándome.
Miré de reojo a Shaoran, él estaba observando a su amigo de forma extraña y no hablaba. Pensé que lo mejor era irme ya.
—Debería irme ya, Meiling me está esperando.
Shaoran volvió en sí y me miró.
—Te acompaño a la puerta —dijo, me despedí de Eriol y andamos hasta la puerta de entrada.
Al salir me di la vuelta para verle, él seguía teniendo la mirada perdida. ¿Por qué estaba así? Esperaba que no fuera por mi culpa.
—Este es el regalo más bonito que me han hecho nunca —murmuré, sujetando el colgante.
Shaoran sonrió.
—Me alegro de oír eso.
Me acerqué, le di un beso en la mejilla y tras agradecérselo por segunda vez empecé a subir las escaleras. No escuché su puerta cerrarse hasta que llegué a la cuarta planta.
Entonces recordé que se había quedado a mitad de decirme algo. ¿Qué sería?
Meiling abrió la puerta y se quedó sorprendida al verme.
—Tienes la cara roja. ¿Qué ha pasado?
Sus ojos se pararon en mi colgante.
—Ah vale, ya entiendo —dijo, y se empezó a reír.
Le di un codazo y me reí también.
—¿Tú lo sabías?
—Claro, me contó que lo compró hace unos días pero no te podía decir nada— respondió Meiling muy sonriente.
Entramos al salón, donde estaba Naoko, y nos pusimos a terminar nuestro trabajo el resto de la tarde.
Unas horas más tarde, cuando volví a casa todavía estaba en las nubes. Mi cerebro no era capaz de asimilar el regalo que me había dado Shaoran.
Pasé toda la noche mirando el colgante, hasta que me fui a dormir.
Me sentía regular por cómo se había quedado él, no sabía si yo había hecho o dicho algo que le hubiera molestado. Le escribí un mensaje antes de dormir, para comprobar que todo estaba bien.
Sakura: "Solo quería agradecerte otra vez el regalo que me has hecho. Lo voy a cuidar mucho, soy un poco patosa pero espero que no se me rompa nunca. Buenas noches, Shaoran"
Dejé el móvil en la mesita y esperé un rato. No se iluminó, parecía que no me iba a contestar tan rápido como siempre. Estaría ocupado estudiando, no podía ser egocéntrica. Seguro que cuando me despertara tenía un mensaje suyo.
Al despertarme, lo primero que hice fue mirar el teléfono. Un mensaje nuevo.
Shaoran: "Perdona por contestar tan tarde, ya estarás durmiendo. Si de verdad te gusta entonces ha merecido la pena. Espero verte pronto."
Sonreí al leerlo.
Fui muy feliz a la facultad y las clases me resultaron muy cortas. Meiling y Jun estaban sentados a mi lado, y me estuvieron observando toda la mañana. Cuando terminó la última clase, él me cogió de la mano.
Al mirarlo, dijo —Tengo que hablar contigo un momento.
Salimos de clase los tres y andamos juntos por el campus, mientras volvíamos a la ciudad.
—¿Estás bien, Sakura? Te noto diferente — preguntó Jun.
Fruncí el ceño, sorprendida.
—¿Diferente en qué? Estoy como siempre, no me pasa nada.
Meiling puso los ojos en blanco y dijo —Todavía no te has dado cuenta, ¿eh?
La miré sin entender a qué se refería. Jun volvió a hablar.
—Sakura, estás enamorada... ¿verdad?
Esa pregunta me dejó descolocada, no me la esperaba.
—¿Qué? Yo no... bueno no lo había pensado... no sé... puede que sí.
Meiling tenía razón, no me había dado cuenta. Me había enamorado de Shaoran... ¿Cuándo había pasado?
—Todavía no sabemos qué es lo que quiere Shaoran de ti. Ten cuidado, no quiero que te hagan daño —dijo Jun, con cara de preocupación.
Vaya, llevaba bastante tiempo sin pensar en eso.
—No puede ser que solo quiera liarse conmigo, mirad el regalo tan bonito que me ha hecho —comenté, señalando mi colgante.
—La verdad es que no lo sé, mi hermano es muy reservado para esas cosas y no tengo ni idea de lo que piensa— respondió Meiling.
Con lo feliz que estaba esa mañana... ahora me estaba empezando a sentir mal.
—Habrá que ver cuál es su próximo movimiento, eso nos dirá que es lo que trama —murmuró Jun.
—Mi hermano es un buen chico, Jun. No hables así de él —le contestó Meiling.
—No digo que sea un mal tipo, pero ya ha tenido rollos con chicas antes y a lo mejor eso es lo que a él le gusta.
No quería seguir hablando de eso. Me despedí de ellos y me fui a casa. Tenían razón, me había enamorado de él y si solo me quería para un rato iba a ser muy doloroso. Necesitaba saber lo que Shaoran pensaba de mí... pero ¿cómo?
