Capítulo Diez

Entre luces y música


Tomoyo y Chiharu chillaron cuando les conté lo del colgante.

—Creo que cuando Eriol apareció él iba a besarte, Sakura— dijo Chiharu.

Me sonrojé al pensarlo. ¿Habría sido capaz de reaccionar si hubiera pasado eso?

—¿Tú crees? Pues menos mal que no, porque me habría dado un infarto ahí mismo.

Las tres nos reímos.

—¿Cuándo lo vas a ver otra vez? —preguntó Tomoyo.

—Ni idea, pero seguro que pronto. Está un poco raro desde ese día.

Chiharu puso los ojos en blanco.

—Está así porque os interrumpieron justo cuando iba a decirte que le gustas, el pobre tendrá que volver a intentarlo otro día.

Al oír eso me costó tragar saliva.


Un par de días después, por la tarde volví a ir al piso de Meiling para estudiar juntas. Estaba muy nerviosa por si veía a Shaoran, por mensajes le había contado que pasaría allí la tarde.

Cuando llegué Meiling me estaba esperando en su cuarto, sacamos nuestros apuntes de Macroeconomía y empezamos a hacer algunos ejercicios. Era una asignatura difícil y el examen final sería en un mes, por eso queríamos empezar a estudiarlo ya.

Cuando llevábamos hechos tres ejercicios, alguien llamó a la puerta. Meiling fue a abrirla y entró su hermano en el cuarto. El corazón se me subió a la garganta y mi cerebro pidió socorro con desesperación.

—Voy a merendar algo, ahora vuelvo— dijo ella, saliendo del cuarto.

Nos quería dejar a solas. Shaoran se sentó en una silla y me enseñó algo morado.

—El lunes te fuiste tan rápido que se te olvidó tu paraguas en mi cuarto.

Ni me había dado cuenta.

—Gracias por traerlo, no hacía falta.

Vi que sus ojos estaban fijos en mi colgante. Eso era lo que hacía falta para que me pusiera completamente colorada, bajé la vista intentando que él no se diera cuenta. Me regañé a mí misma porque siempre me sonrojaba delante suya, era una vergonzosa sin remedio.

Shaoran miró mis apuntes y preguntó —¿Cómo llevas los estudios? ¿Vas a poder salir la semana que viene?

El martes de la semana siguiente, mis compañeros de clase habían quedado para ir a una discoteca nueva llamada g10. Entre semana a mí no me dejaban salir, y Meiling me había dicho que ella no iría por lo que yo tampoco.

—Los llevo bastante bien, pero no creo que salga. Meiling no va y yo no me puedo quedar a dormir aquí, no quiero molestarla.

—Bueno pero van sus compañeras de piso, puedes dormir con ellas. Eriol y yo también iremos con unos amigos, tienes que venir— respondió con una mirada intensa.

No pude mantener más el contacto visual.

—Me da cosa ir sin Meiling, estaría un poco sola —dije, mirando mis apuntes.

Shaoran sonrió.

—Prometo que no estarás sola, yo estaré contigo toda la noche.

Al escuchar eso volví a mirarlo.

—Vale, me lo pensaré.

—Anímate y ven, verás como te lo pasas bien. Me voy que sigáis estudiando, nos vemos ese día —murmuró, levantándose y saliendo de la habitación.

Me quedé mirando por dónde se había marchado hasta que lo escuché salir del piso. Un minuto más tarde, Meiling estaba de vuelta.

—¿Qué te ha dicho?— preguntó, sentándose a mi lado. Le conté nuestra conversación y ella se quedó muy pensativa.

—Creo que, si vas... pasará algo entre vosotros.

—Gracias por ponerme histérica.

Las dos nos reímos bajito, no queríamos molestar a sus compañeras que también estaban estudiando.

—Puedo preguntarle a Naoko si puedes dormir con ella esa noche, aunque a mí no me importa que cuando vuelvas entres a dormir aquí. No pasa nada si me despiertas— dijo Meiling.

La miré a los ojos.

—No sé si voy a ser capaz de ir, me muero de la vergüenza. Soy demasiado tímida y no voy a ser capaz de hablarle en toda la noche... va a pensar que soy tonta.

Meiling volvió a reír.

—Sí podrás hablarle, además ha dicho que va a estar contigo toda la noche. Tienes que ir o te vas a arrepentir. Quién sabe, a lo mejor al final de la noche no necesitas dormir en mi piso —murmuró, levantando las cejas y riendo.

Le di un codazo.

—¡No digas eso! Sabes que ni loca me iría a dormir con él.

Ella me abrazó y dijo —Era broma, ya lo sé. Pero vas a ir, ve haciéndote a la idea. Ese día saldremos de dudas y cuando llegues aquí quiero que me despiertes para contármelo todo.

Puse los ojos en blanco y me reí.

Decidimos seguir con los ejercicios un rato más antes de irme. Me quedaban cinco días para mentalizarme y prepararme hasta el martes por la noche.


El resto de la semana pasó rápido.

El sábado había quedado con Tomoyo y Chiharu para comer juntas, ellas estuvieron contando anécdotas graciosas hasta que pedimos el postre. Entonces me preguntaron si había vuelto a ver a Shaoran.

Suspiré.

—Lo vi el miércoles en el piso de Mei. Me ha convencido para salir este martes por la noche, Meiling no va a ir pero me ha dicho que él va a estar pendiente de mí para que no me sienta sola.

Tomoyo abrió mucho los ojos y Chiharu ahogó un grito.

—¿Entonces es una cita? —preguntó Chiharu.

Negué con la cabeza.

—También van sus amigos y algunos de mi clase, como Jun.

Ellas se miraron y Tomoyo enarcó una ceja.

—Bueno, pero si te ha dicho eso es porque piensa estar contigo toda la noche... esa va a ser "La noche", Sakura. Estoy segura —dijo, y las dos se rieron.

—Por favor, no me pongáis más nerviosa de lo que ya estoy.

Después de eso, estuvimos pensando en la ropa que me iba a poner ese día. Tomoyo me convenció para ponerme un vestido corto negro que le encantaba, según ella cuando lo llevaba puesto me resaltaba mucho la piel y mis ojos se veían más verdes.

—Cuando te vea así no se va a poder resistir— comentó, sonriendo.

Me alteré al pensarlo, no me sentía preparada para esa noche.

—El miércoles en cuanto te despiertes tienes que llamarnos para contárnoslo todo o dejaremos de ser tus amigas para siempre— me advirtió Chiharu, muy seria.

Prometí llamarlas y nos despedimos.


Cuando me quise dar cuenta, era lunes y estaba en clase con Meiling.

Ya le había dicho a ella y a Jun que el martes saldría. Mi amiga estaba emocionada, Jun y yo estábamos nerviosos.

—Ya sabes que yo también estaré contigo, te dejaré a solas con él pero estaré pendiente. Si necesitas cualquier cosa, dímelo —dijo él.

Sonreí y lo abracé.

—Gracias, Jun. Eres un buen amigo.

—Lo sé, soy el mejor. Deberías estar suspirando por mí en vez de por Shaoran— añadió con voz burlona.

Le di un codazo y nos reímos.


Martes. Las clases pasaron volando, como siempre que estaba nerviosa.

Había quedado con Meiling en ir a su piso a las siete. A mis padres les dije que teníamos que entregar un trabajo el jueves, y que íbamos a pasar la noche despiertas hasta acabarlo.

En realidad ese trabajo ya estaba terminado desde hacía varios días. Meiling era mi mejor cómplice de mentiras, aunque Tomoyo y Chiharu también habían sido mis compinches en muchas ocasiones. Llevaba tantos años mintiéndoles que ya me salía natural.

Al llegar al piso de Meiling, sus compañeras estaban eligiendo qué ponerse mientras ella preparaba la cena, para ayudar puse la mesa.

Ellas siempre estaban invitándome a comer, se merecían un detalle por mi parte. Por eso, antes de ir al piso había pasado por una tienda de bisutería. Cuando estábamos cenando, le regalé a cada una un par de pendientes de su color favorito.

Las tres me lo agradecieron y Naoko me dijo que los estrenaría esa misma noche.

Después de cenar fuimos a vestirnos, habíamos quedado con los demás en la plaza de al lado del edificio a las once.

Meiling me ayudó a maquillarme y me dejó unos de sus zapatos. Ella tenía un don para maquillar los ojos, me los había delineado con negro y me había puesto un poco de sombra plateada.

—Estás guapísima, Sakura —comentó al terminar.

Me miré en el espejo.

—Todo gracias a ti, Mei.

—Para eso están las amigas —dijo, y nos abrazamos.

Ella me miró con una sonrisa pícara.

—A mi hermano se le va a caer la baba.

Otra vez sentí calor en las mejillas, escuché su risa al verme así. Ya casi eran las once y me estaba mareando, Meiling me llevó a su cama y nos sentamos.

—Tienes que intentar relajarte que te va a dar algo. Respira despacio y profundo, intenta dejar la mente en blanco —murmuró mientras me acariciaba el pelo.

—Eso es muy fácil de decir —respondí, respirando lentamente.

Ella sonrió y se quedó conmigo hasta que estuve más tranquila.

—¿Seguro que no quieres venir?

—Sí, esta semana me apetece descansar sin salir. Todo irá bien, aquí te espero —contestó, y nos acompañó a las tres a la puerta.


Al llegar a la plaza ya estaban todos ahí. Jun silbó al verme y me guiñó un ojo. Le dediqué una mirada de odio y él vino a abrazarme, entre risas.

—Estás genial.

—Gracias, pero no me chinches hoy. Una tregua —pedí con voz suplicante.

Mi amigo asintió, sonriendo.

—Tranquila, seré bueno. Pero estaré vigilando a Shaoran, más le vale portarse bien contigo— dijo mientras andábamos hacia la discoteca.

Vi que Shaoran estaba hablando con Eriol. Llevaba una camisa gris, unos pantalones oscuros y tenía el pelo perfectamente despeinado. No podía estar más guapo.

A los pocos minutos, se acercó a nosotros.

—Te dije que no te dejaría sola —susurró cerca de mi oído, sonriendo.

Le devolví la sonrisa y empezamos a hablar los tres. Jun nos contó que había quedado con una chica que le gustaba en la discoteca, y al llegar a la entrada desapareció.

Shaoran y yo entramos con Eriol, los tres fuimos a la barra y Eriol nos invitó a un chupito de tequila.

Después de eso, me pedí una cerveza y fuimos a la pista con los demás. Fue muy divertido, estuvimos bailando todos juntos haciendo un círculo.


Las horas pasaron y acompañé a las chicas al baño. Al volver, Naoko me dijo que ellas estaban cansadas y se iban a marchar.

—Me voy con vosotras, esperad un momento que voy a decírselo a Shaoran —pedí antes de entrar en la sala.

Cuando los encontré, me acerqué y le dije al oído —Ellas van a irse ya, me voy yo también.

Por el rabillo del ojo vi que Eriol y los demás se alejaban de nosotros.

Shaoran rodeó mi cintura con sus brazos.

—Quédate conmigo.

En ese momento, sentí como un estallido de electricidad bajaba por mi espalda. Estábamos muy cerca, tanto que nuestros alientos se mezclaban.

Recorrió los pocos centímetros que nos separaban y me besó. Todo mi cuerpo tembló y pensé que me caería al suelo. Haciendo un gran esfuerzo, apoyé mis manos en su pecho y me acerqué más a él.

El beso con Shaoran fue increíble, se me olvidó hasta dónde estaba. Fue dulce y apasionado a la vez. Nos separamos unos minutos después, cuando nos faltó el aire. Al abrir los ojos, vi los suyos fijos en mí. Estaba algo sonrojado y sonriendo.

Yo también sonreí. Mi mente gritaba sin parar, emocionada. Llevaba mucho tiempo esperando ese momento.

—¿Te vienes a la puerta conmigo un momento?— preguntó sin soltarme.

Asentí y salimos fuera. Shaoran se apoyó en la pared, seguía agarrándome por la cintura.

—Necesitaba un poco de aire fresco.

No podía dejar de mirarlo. Con uno de sus brazos, me acercó más a él y volvió a besarme. Todas las células de mi cuerpo gritaban su nombre. Nunca había sentido nada parecido, me estaba volviendo adicta a sus besos demasiado rápido.

Cuando nos volvimos a separar, me dijo en un susurro —Hoy estás muy guapa, Sakura.

Me moría de la vergüenza.

—¿Quieres que nos vayamos ya? —preguntó, mirándome a los ojos.

—Lo que tú quieras —contesté, encogiéndome de hombros.

Volvimos a entrar para recoger los abrigos, Shaoran seguía agarrándome por la cintura. Dentro vimos a Jun muy acaramelado con una chica. Él nos vio y al mirarnos los tres nos reímos.

Nos marchamos los dos solos, andando hacia su edificio. Por el camino me siguió abrazando y estuvo jugando con un mechón de mi pelo.

No recuerdo ni de qué hablamos, estaba concentrada en seguir respirando y no caerme porque todavía estaba un poco temblorosa. Al darse cuenta me abrazó más fuerte, creyendo que tenía frío.

Cuando entramos por su portal, mi estómago se revolvió. Mientras subíamos en el ascensor él me seguía mirando, y me asusté un poco.

¿Y ahora qué? ¿Y si me decía que entrara a dormir con él? ¿Qué iba a decirle? No quería tener que decirle que no.

Al llegar a su puerta, Shaoran se acercó a mí.

—Buenas noches, Sakura.

Cuando me besó, el suelo desapareció bajo mis pies y todo se volvió negro. Otra vez olvidé dónde estaba, sus labios y su lengua me dejaban totalmente atontada.

Al dejar de besarme, su rellano volvió a aparecer ante mí. Sonrió y abrió la puerta de su piso, sin dejar de mirarme. Obligué a mis pies a caminar hacia la escalera y subir a la cuarta planta. Al entrar (Meiling me había dejado sus llaves) estaban las tres despiertas, esperándome.