Capítulo Once
El día después
Cuando entré al salón las tres estaban ansiosas, esperándome para que les contara lo que había pasado.
—¡Sakura! Por fin, llevamos media hora esperando— chilló Aname.
—¿Qué haces despierta, Meiling?
Ella tenía una sonrisa maliciosa en el rostro.
—Cuando Aname y Naoko llegaron, vinieron a despertarme para contarme lo que habían visto... y después de oír eso me quedé con ellas para esperarte.
Tragué saliva.
—¿Qué te han contado?— pregunté al sentarme a su lado.
Ella enarcó una ceja.
—Me han dicho que fuiste a avisar a mi hermano de que te ibas, pero que tardabas mucho en volver. Entraron a ver qué pasaba y te vieron besándote con él... como estabas bien acompañada, se fueron sin ti— respondió con voz divertida.
No sabía dónde meterme.
—Venga, cuenta— me apremió Naoko.
—De acuerdo.
Suspiré y les conté todo, sin dar muchos detalles.
—Me pidió que no me fuera, y entonces me besó... después salimos a la puerta porque estaba agobiado del calor que hacía ahí dentro, me volvió a besar y al poco rato me preguntó si me quería marchar. Hemos venido andando juntos, al llegar a su piso me ha dado un beso de despedida y aquí estoy.
Meiling se quedó con la boca abierta y sus dos amigas dieron un gritito de emoción.
—Madre mía, Sakura. ¡Qué fuerte todo— contestó Aname.
—La verdad es que todavía me cuesta creerlo.
—Bueno vamos a dormir y mañana seguimos hablando, que son las cinco de la mañana— dijo Naoko.
Nos lavamos los dientes y me fui al cuarto con Meiling. Tardé bastante en conseguir dormirme, no podía dejar de pensar en Shaoran. ¿Y él... estaría pensando en mí?
A las pocas horas nos despertamos, seguía sin creerme lo que había pasado. Meiling estaba muy contenta, igual que yo.
—¿Y ahora... qué?— me preguntó.
—Pues... no lo sé. Al menos ya sé que su objetivo no era acostarse conmigo, porque no me dijo nada de que entrara en su piso.
Ella hizo un gesto pensativo.
—Sabes... creo que mi hermano está enamorado de ti. No lo sé seguro, pero me da esa sensación.
Ojalá tuviera razón, Shaoran seguía siendo un misterio para mí. No estaba segura de nada, pero estas últimas semanas había sido tan dulce conmigo que me costaba pensar que hubiera hecho todo eso para conseguir una nueva "amiga con derecho a roce". Con todas las cosas que me había dicho, su regalo... no podía ser.
Cuando nos levantamos, miré el móvil y tenía un mensaje. Sentí un nudo en la garganta.
—¿Qué pasa, Sakura? Te has puesto blanca— comentó Meiling, mirándome.
Le enseñé la pantalla de mi teléfono.
Shaoran: "Apenas he dormido pensando en ti"
Meiling ahogó un grito y me abrazó.
—¡Ahhhh, esto es muy emocionante!
Sonreí y fuimos a desayunar con Aname y Naoko. ¿Qué podía responderle?
Ese miércoles no teníamos clase pero mis padres no lo sabían, me vestí y volví a casa como si volviera de la facultad.
Después de comer, me encerré en mi cuarto y me tumbé en la cama. Tenía que responder, pero no sabía qué decirle. Escribí y me quedé un buen rato pensando si mandarlo o no. Al final le di a enviar.
Sakura: "¿Me crees si te digo que a mí me ha pasado igual?"
Esa tarde no me veía capaz de estudiar así que me dediqué a leer uno de mis libros favoritos, Harry Potter en inglés. Así practicaba la lectura para mi examen de nivel avanzado.
Mi móvil se iluminó.
Shaoran: "Pues no lo sé... ¿Cuándo voy a verte?"
Me quedé pensando... No quería distraerlo de sus estudios, si suspendía algo por mi culpa no me lo perdonaría nunca.
Sakura: "No quiero que dejes de estudiar por verme, cuando tengas tiempo libre avísame".
Al momento respondió.
Shaoran: "No te preocupes por eso, yo me organizo bien. Los sábados suelo ir al parque, me relaja estudiar en el césped. ¿Te vienes conmigo?"
Sakura: "Vale, me llevaré mis apuntes y estudio contigo. ¿A qué hora vas?"
Shaoran: "Nos vemos en la puerta del parque a las diez"
Solté el teléfono y resoplé fuerte. Iba a estar a solas con él... Recordé que aún no había llamado a mis amigas para contárselo. Les dije a mis padres que salía un rato a tomar el aire, y aproveché para hacer una llamada doble. Las dos descolgaron casi al mismo tiempo.
—¡Has tardado mucho en llamar! Queremos saber todos los detalles— exigió Chiharu.
Les conté todo con pelos y señales, incluyendo las sensaciones que tuve cuando me besaba. Eso de sentir que todo a mi alrededor desaparecía y olvidar dónde estaba no me había pasado antes con nadie, tampoco lo de quedarme sin aliento.
Ambas escucharon en silencio, hasta que les dije que el sábado había quedado con él.
—Sakura, estoy muy nerviosa— dijo Tomoyo cuando terminé de hablar.
—Pues imagina cómo estoy yo.
Las tres nos reímos.
—Apuesto todo el dinero del mundo a que no vas a ser capaz de estudiar nada ese día— respondió Chiharu, riendo.
—Te aseguro que ganarías esa apuesta.
—Podríamos vernos el sábado por la tarde y nos cuentas qué tal ha ido— propuso Tomoyo.
—Vale.
—Yo también puedo— dijo Chiharu.
Acordamos una hora y colgué, tocaba volver a casa.
La mañana siguiente, en clase Jun se dedicó a meterse conmigo como imaginaba que haría. Él me había visto con Shaoran, y podía contar detalles que me avergonzaban.
—Lo siento, Sakura. La tregua ya terminó— dijo, riéndose con Meiling.
Mi mirada asesina le advirtió de que era el momento de parar. Ya se habían burlado suficiente de mí, y si seguía yo también iba a contar cosas sobre él y esa chica con la que le vi. Jun entendió mi mirada y, tras una última sonrisa burlona, me dejó tranquila.
—Por ahora— me susurró al oído.
Resoplé con fastidio.
—Estoy de broma, sabes que me alegro mucho por ti y me gusta verte tan feliz— añadió, dándome un codazo.
Respondí a su sonrisa y entramos a la siguiente clase.
Ya era sábado. Para mis padres iba a casa de Meiling a estudiar, la había avisado por si se les ocurría llamarla.
Llegué al parque a las diez en punto, Shaoran ya estaba allí. Me acerqué a él muerta de vergüenza, tenía pensado darle un beso cuando lo viera... pero no pude, y él tampoco se atrevió. Caminamos juntos hasta sentarnos en una zona de césped donde daba el sol.
Ahora entendía por qué estudiaba allí. No había casi gente, solo se escuchaban pájaros cantando y el ruido de las hojas de los árboles mecidas por el viento. Era una sensación muy agradable.
Shaoran parecía concentrado mirando sus apuntes, aunque de vez en cuando tiraba un poco de hierba encima de los míos y se reía. Yo le hacía una mueca y fingía estar estudiando, pero no conseguí leer más de un párrafo. Hablamos un poco de lo que estábamos estudiando, pero nada sobre nosotros.
Cuando me dijo que deberíamos irnos, miré el reloj... Casi la una. Se me había pasado la mañana muy rápido.
Nos levantamos y fuimos hacia la salida, mi casa estaba hacia la derecha y su piso hacia la izquierda.
Me tocaba despedirme... debería darle un beso, ¿no?
Al salir del parque, Shaoran se detuvo y me miró de reojo. Me quedé unos segundos mirándolo, intentando ser valiente y besarlo. Haciendo de tripas corazón, me acerqué y le di un beso en la mejilla. No fui capaz de dárselo en los labios.
—Adiós, Shaoran— murmuré antes de marcharme.
Me sentía estúpida, la maldita vergüenza me tenía dominada. Cobarde. Si seguía así, iba a pensar que en realidad no me gustaba.
Vi un poco raro que él no hubiera intentado besarme en toda la mañana, pero mi conciencia me gritó que Shaoran ya había dado el paso el otro día, y que ahora estaba esperando a que lo hiciera yo.
Pues eso me iba a costar muchísimo trabajo, pero tendría que volver a intentarlo.
Cuando llegué a casa seguía sintiéndome como una idiota.
Después de comer pensé en escribirle y me conecté a Facebook, allí me estaba esperando un mensaje suyo.
Shaoran: "Hoy quería haber hablado contigo de algo pero no he sido capaz. ¿Tienes planes el lunes por la tarde?"
Pues no me había dado la sensación de que quisiera decirme algo, no me di cuenta.
Sakura: "Tengo la tarde libre. Perdona por como he estado hoy, soy muy vergonzosa"
Shaoran: "Lo sé, se te nota mucho. Entonces la tarde del lunes la dejaré libre para descansar. Mañana pensamos a qué hora nos vemos que voy a estudiar"
Sakura: "Vale, hasta mañana"
Apagué el ordenador y me puse a leer, me seguía sintiendo mal. Maldita timidez... no me dejaba ser yo misma con él.
A las seis había quedado con Tomoyo y Chiharu para merendar, fuimos a nuestro sitio preferido y nos pedimos tortitas con chocolate y nata que eran nuestra perdición.
—No he sido capaz de hablar con él sobre lo que pasó en la discoteca, ni de darle un beso ni de nada. Ha sido un desastre— confesé mientras devoraba mis queridas tortitas.
—Ya me imaginaba que te pasaría eso— respondió Tomoyo.
Chiharu levantó una ceja.
—¿A que no has podido estudiar con Shaoran al lado?
Sonreí, moviendo la cabeza de un lado a otro.
—Nuestra Sakurita está enamorada— dijeron las dos, abrazándose y pestañeando varias veces.
Puse los ojos en blanco y las tres nos reímos.
—La próxima vez irá mejor, te tienes que acostumbrar a estar a solas con él— murmuró Tomoyo, suspirando.
Chiharu negó con la cabeza.
—Sakura va a tener que hacer un esfuerzo, Shaoran no va a quedarse semanas esperando a que ella se atreva a decirle algo.
Tras la conversación con ellas, pensé que no podía dejar que me pasara lo mismo otra vez. Después de meses hablando con él, sintiendo algo por él... ahora que por fin estaba pasando algo no podía perder esa oportunidad. Si seguía mucho más tiempo así, Shaoran iba a alejarse de mí.
Mayo 2013
Llegó el temido y esperado lunes. En clase de Microeconomía nos mandaron hacer un trabajo de investigación, con una semana de plazo de entrega. Perfecto, justo lo que necesitaba... más cosas que hacer.
Jun, Meiling y yo formamos un grupo y entregamos nuestro nombre a la profesora, seguramente tras la entrega tendríamos que exponerlo. Odiaba hacer eso, con mis nervios me daba siempre calor y empezaba a sudar al hablar en público.
Meiling sabía que por la tarde había quedado con su hermano, de camino a su piso le estuve contando nuestra "cita" en el parque.
Al terminar de oírme, ella negó con la cabeza.
—No tienes remedio, Sakura. Menos mal que mi hermano sabe que eres así, no te preocupes.
Escuchar eso me relajó bastante. Tenía razón, después de tantos meses hablando Shaoran ya me conocía bastante, así que no debería ver raro que fuera tan tímida con él. De hecho seguro que era lo que se esperaba, pero tenía que intentar dejar de ser así.
Cerca de su edificio nos despedimos, y me fui a casa.
Después de comer me cambié de ropa, poniéndome una blusa color berenjena y unos pantalones negros. No podía arreglarme mucho para que mis padres no sospecharan nada, ellos creían que iba a casa de Mei a empezar un trabajo.
Un poco antes de las cinco salí de casa muy nerviosa, Shaoran me había dicho que me esperaría en el río. Cuando llegué él ya estaba allí, llevaba una camiseta roja y unos vaqueros. Daba igual cómo se vistiera, siempre me parecía que estaba guapísimo.
Me acerqué a él muy decidida pero, cuando lo tuve cerca, mi decisión se fue a pique... imposible que yo le diera un beso.
—Hola— dije sin mirarlo directamente, maldiciéndome a mí misma.
—Vamos— contestó él.
Empezamos a andar por el paseo del río que atravesaba la ciudad. La gente solía usarlo para hacer senderismo o montar en bici.
Fuimos charlando tranquilamente de muchas cosas, y me alegré al ver que sí podía hablarle, eso ya era un paso.
Al salir de la ciudad, el paseo se volvió un sendero con bosque a un lado. Nunca había estado por allí. Nos adentramos un poco en el bosque, había un claro que tenía varios bancos de madera para sentarse a disfrutar de la naturaleza.
—Este es otro de los sitios donde me gusta venir a estudiar.
Nos sentamos en uno y mi timidez volvió a hacer acto de presencia. Shaoran suspiró y empezó a hablar.
