Los personajes no son míos
Una de muchas discusiones fuertes que tuvieron mis padres fue cuando debían decidir mi nombre. Según mi madre, no me nombraron hasta que cumplí los ochos meses de nacida.
En ese entonces, cuando yo comencé a gatear, aún discutían cómo llamarme.
Mi padre quería el nombre de alguna figura de la mitología griega y mi madre el de alguna escritora.
Pero, la idea les vino cuando me encontraron jugando con un tulipán que me había dado mi abuela.
Mi padre siempre tuvo un carácter nervioso , y mi madre era explosiva, eran normal que jamás se pusieran de acuerdo en algo.
No obstante, cuando me vieron con esa flor y que yo la miraba embobada. Por primera vez estuvieron de acuerdo en algo.
Ese mismo día fueron a registrarme.
Ino Yamanaka, tulipán de la montaña para algunos o cerdo de la montaña para otros. Nombre que odiaria toda mi adolescencia.
El tazón de Ramen instantáneo se hallaba en mi mesa de luz, junto a éste una libreta y un bolígrafo. Estos últimos se debían a que si llegaba a tener recuerdos fugaces poder anotarlo o incluso dibujarlo.
Observé esas tres cosas. Mebuki se había ido hace rato, no sin antes recordarme qué día y hora eran.
Miércoles, cinco de la tarde.
Me senté en la cama, todavía faltaba otra hora para el chequeo diario. Miré el Ramen y lo sostuve, según las instrucciones debía hecharle agua caliente y esperar tres minutos.
Lancé un suspiro irritada y me dirigí a la cafetería a pedir agua caliente. Quedarme en cama y pensar no me va a servir de nada.
.
.
.
Subir escaleras no me requería mucho esfuerzo, aunque tuviera el ramen en mis manos, mientras abría la puerta hacia la azotea pensé que antes hacia ejercicio.
Lo primero que vi fue el cielo, unos nubarrones se estaban armando, hoy lloverá.
Me dirigí hacia el barandal, una brisa fresca me envolvió, por suerte llevaba unos pantalones de pijama y una remera manga larga.
Las luces de la ciudad se extendían ante mí. Las personas seguramente volvían a sus casas después de sus días cotidianos.
Deseé ser como ellos.
Pensando en estas trivialidades, vislumbré un movimiento a mi izquierda.
Era el mismo chico de la cafetería, era fácil distinguirlo con ese color de pelo, además llevaba la misma ropa que aquella vez.
Se encontraba de brazos cruzados, recostado contra uno de los tanques que daba calefacción al lugar. Miraba al cielo con una mirada sería, como si hubiera algo que le molestara y meditaba sobre eso.
Lo analicé inconscientemente hasta que se dió cuenta de mi presencia y su mueca de molestia la reemplazo con una mirada de sorpresa.
Deslizó su mirada hasta el ramen que estaba sosteniendo y cuando me di cuenta, levantó ambos brazos exageradamente hacia el cielo.
—¡¿Qué quieres de mí?! —exclamó molesto mirando al cielo y sin moverse de lugar —¡¿Por qué me traes un suculento ramen con una hermosa chica?! Es porque no puedo hacer nada, ¡¿Verdad?!
Su voz era increíblemente ruidosa e hice una mueca.
—No lo aceptes si no quieres —lo interrumpí molesta a quien sea que este recriminado.
Dejé el tazón en el suelo y me dirigí a la salida, ya estaba empezando a hacer frío.
No obstante antes siquiera dar un paso, el chico se posicionó frente a mí con los brazos extendidos.
Me paré y se sorprendió ante eso.
—Yo... yo —se calló inseguro bajando los brazos de nuevo—, ¿Es para mí?
Señaló al tazón. Ladeé la cabeza mirándolo.
—Te escuché pedirlo en la cafetería. —
Me miró extrañado y comencé a ponerme incómoda.
¿Por qué? ¿Por qué traer comida a un extraño?
—¿Cómo te llamas? —preguntó volviendome a la realidad.
—Sakura —respondí con simpleza.
—Sakura, bonito nombre —, enarqué una ceja, pero antes siquiera decir algo, me dirijió una sonrisa resplanciente —. Un gusto, mi nombre es Uzumaki Naruto.
Esa sonrisa me dislocó por un momento.
—Debó ir a unos exámenes —dije rápidamente y rodeandolo me dirigí a la salida.
—¡Espera!—le escuché decir. Miré hacia atrás y se encontraba mirando el suelo y moviendo los pies nerviosamente. ¿Cuántas facetas tenia ese chico? De repente me miró —¿Te... volveré a ver?
Me observa como si fuera a desvanecerme.
Lo miré, ahí parado, en medio de la azotea con una tormenta detrás de él aproximándose.
—A las cinco por lo general no tengo nada y vengo aquí a distraerme.
Sus ojos brillaron como su sonrisa. Como si el sol que taparon las nubes negras, se escondiera dentro de él.
Esa noche me atreví a escribir en mi cuaderno. Unas pocas palabras, pero que tocaron algo en el fondo de mi mente.
"¿Te volveré a ver... aquí?"
