Capítulo Doce

Sentimientos


—El otro día en el parque no tuve valor para hablar contigo— dijo, evitando mi mirada.

Noté como empezaba a sonrojarme, no estaba preparada para oír lo que me iba a decir.

—Sé que esto te da mucha vergüenza, Sakura. A mí también me cuesta.

Yo me miraba los pies sin saber qué decir. De repente, Shaoran acercó su mano a mi colgante y lo sujetó unos segundos mientras lo observaba, al levantar la vista vi que estaba sonriendo. Soltó el colgante y siguió hablando.

—Quiero que sepas que no dejo de pensar en ti... y que me estoy enamorando de ti. Me gustas mucho y quería preguntarte qué sientes por mí, para seguir enamorándome o parar esto antes de que sea demasiado tarde— murmuró, mirándome a los ojos.

Mi corazón se detuvo. No me salía la voz pero tenía que hacer algo, así que me acerqué lo máximo posible a él y lo besé. Lo pillé desprevenido, no se lo esperaba (ni yo misma me lo esperaba).

Puso sus manos en mis hombros y me devolvió el beso.

Otra vez esa sensación de que solo existíamos nosotros dos... por un momento se me olvidó hasta mi nombre. Mis manos estaban en su pecho y sentía su corazón latiendo muy deprisa. El mío iba a explotar, no podía ser más feliz. Sus labios eran suaves y su aliento me embriagaba. El beso se fue volviendo más intenso y no podía respirar, por lo que nos separamos unos centímetros.

Sus ojos de color ámbar estaban fijos en los míos.

—Odio parar, pero no me has respondido.

Sin dejar de mirarlo, dije —Hace mucho que estoy enamorada de ti, Shaoran.

Al escuchar eso volvió a besarme, agarrándome por la cintura, y me acercó más a su cuerpo. Le mordí un poco el labio y el beso se volvió más apasionado, parecía que Shaoran iba a devorarme. Era demasiado, si seguíamos así me iba a dar un infarto.

Tras muchos minutos nos separamos, Shaoran me rodeó con sus brazos y me dejé caer sobre su pecho, apoyando la cabeza en su hombro.

El sol ya se estaba poniendo.

—No me lo puedo creer— murmuré y los dos reímos.

Esperaba que esto no fuera un sueño.

—Yo tampoco— respondió él, sonriendo.

Vi como miraba la hora en su teléfono.

—Deberíamos volver antes de que se haga de noche— dijo, y nos levantamos.

Salimos de ese pequeño bosque tan bonito y volvimos a la ciudad.

—Después de esto no sé cómo voy a poder estudiar— añadió, pasando su brazo alrededor de mi cuello mientras andábamos.

Lo miré asustada, no quería que no estudiara por mi culpa. Él se rio al ver mi cara.

—Tranquila. Conseguiré concentrarme, pero me va a costar un poco.

—Más te vale, como suspendas por mi culpa Meiling va a matarme— respondí, sonriendo.

Me acompañó hasta la calle de al lado de mi casa, no más cerca por si nos veían mis padres.

—Entonces ya eres capaz de darme un beso... ¿no?— preguntó, levantando una ceja.

—No del todo, ha sido el pánico.

Me dedicó una sonrisa divertida.

—Eres muy linda— susurró, volviendo a besarme.

Daba igual si eran unos segundos o unos minutos, siempre me quedaba sin aliento y todo me daba vueltas.

—Los días que vayas al piso de Meiling avísame para que suba a verte... y de vez en cuando te podrías venir a estudiar conmigo— murmuró, colocando un mechón de mi pelo detrás de mi oreja.

—Vale... pero no quiero distraerte, Shaoran— respondí, sintiendo mis mejillas arder.

—Eso da igual, quiero pasar tiempo contigo.

Me dio un beso en la frente y se fue. Me quedé viendo cómo se marchaba y, cuando giró la esquina, mis piernas consiguieron llevarme a casa.


Al entrar en mi cuarto, tenía ganas de gritar mientras sonreía como una idiota.

¡Él también está enamorado de mí!

Por mensajes, les conté a mis amigas lo que me había dicho Shaoran. Tomoyo y Chiharu me pidieron vernos para que se lo contara en directo con detalles, quedamos en que al día siguiente comeríamos juntas después de clase. Meiling me llamó para decirme que estaba muy feliz por mí, y que iba a bajar a ver a su hermano para que se lo contara todo.

Cuando iba a dormir, me llegó un mensaje nuevo.

Shaoran: "Que tengas dulces sueños, Sakura. Hasta mañana"

Sakura: "Hoy seguro que los tengo. Que descanses"

Esa noche me dormí pensando en él.


Al despertar me asustó pensar que todo había sido un sueño, comprobé los mensajes de mi móvil y suspiré con alivio al ver que no.

¡Shaoran quería estar conmigo! Me dieron ganas de gritar de alegría. Si unos meses atrás me hubieran dicho que íbamos a estar juntos, no me lo habría creído.

Pensé en qué haría Akiho cuando se enterara, no le iba a sentar nada bien. Seguramente ella seguía con esperanzas de recuperar a Shaoran.


A la hora de comer, mis amigas y yo estábamos en la cafetería de la facultad. Allí tenían un menú diario para estudiantes que no estaba nada mal.

—Se te ve muy contenta, Sakura— dijo Tomoyo cuando nos sentamos.

—Lo estoy.

—Venga, empieza por el principio— apremió Chiharu.

Les conté todo lo que él me dijo, que le callé con un beso porque no era capaz de hablar, y que después le había dicho que yo también estaba enamorada de él. Mis amigas me observaban emocionadas mientras lo contaba.

Cuando llegué a la parte en que me dijo que no sabía si iba a poder estudiar después de estar conmigo, Chiharu susurró —Que romántico, me das envidia.

Tomoyo se rio, diciendo —El principio de una relación es lo mejor del mundo.

Chiharu y yo asentimos. Me sentía en las nubes y no podía dejar de pensar en Shaoran, sus ojos, su pelo, sus labios... todo me volvía loca.

—¿Cuándo lo vas a ver otra vez?— preguntó Chiharu.

—Mañana, iré a hacer un trabajo al piso de Meiling y antes me pasaré a saludarlo.

Las dos levantaron las cejas y se rieron cuando me sonrojé.


Al día siguiente, después de comer me dirigí al piso de Meiling.

Shaoran sabía que yo iba a pasar allí la tarde y me había dicho que en un rato vendría a visitarnos, pero decidí darle una sorpresa y llamé a su timbre. Escuché unos pasos y él me abrió la puerta, con cara de sorprendido.

Sonreí y me acerqué, dejando un beso rápido en los labios. Bien, por fin había podido.

Él también sonrió y se apartó un poco.

—Pasa.

Fuimos a su cuarto y me senté encima de su mesa. Empecé a mirar sus apuntes mientras él me observaba con ojos divertidos. No entendía casi nada de lo que ponía, era lenguaje matemático muy complicado.

—No me habías dicho que vendrías, pensaba subir yo ahora— dijo, acercándose lentamente a mí.

—Quería venir a saludarte— respondí, dejando sus apuntes en la mesa.

—Podrías hacerlo siempre— contestó, acariciándome el brazo con uno de sus dedos.

Se me pusieron los pelos de punta.

—¿Entiendes algo de mi temario?

—Algo pero poco, los matemáticos estáis locos— murmuré, haciéndole reír.

Estábamos muy cerca, su aroma me envolvió por completo. Su rostro se acercó al mío hasta que me besó, lamiendo mi labio inferior. Mi corazón dejó de latir unos segundos por su culpa.

Al alejarnos, susurré —Me vas a matar.

Él me miró extrañado y añadí —Se me para el corazón cuando me besas.

Empezó a reírse.

—Entonces no volveré a hacerlo.

Lo miré con odio y se siguió riendo, al final me uní a su risa. Ya me sentía más cómoda estando con él, al hacer tanto tiempo que nos conocíamos había bastante confianza entre nosotros.

Me levanté y le dije que me iba, Shaoran prometió subir en un rato y nos despedimos.


Al entrar en el piso de mi amiga, ella y Jun estaban poniéndose de acuerdo en cómo hacer la presentación del trabajo. Ya lo teníamos medio terminado, y tocaba pensar en la exposición.

Empezamos a señalar lo más importante y a elegir en qué orden hablaríamos. Les supliqué no ser la primera y ellos aceptaron. Estábamos terminando el trabajo cuando sonó el timbre.

Un escalofrío me recorrió la espalda, Jun y Meiling me miraron y sonrieron con malicia. Tras un momento entró Shaoran, nos saludó y se acercó a nosotros. Se sentó en la cama de Mei, al lado de mi silla. Pude sentir cómo me ruborizaba mientras mis amigos aguantaban la risa.

Con lo bien que había estado antes con él... delante de otras personas me seguía dando mucha vergüenza. Nos empezó a preguntar por nuestro trabajo y le contamos lo que estábamos haciendo.

Jun le dio un pequeño codazo a Meiling.

—Voy a por bebidas. ¿Me acompañas, Meiling?

—Sí, claro— respondió ella, levantándose.

Cuando se fueron, sentí unos brazos que me abrazaban desde atrás.

—¿Te pongo nerviosa?— preguntó Shaoran en mi oído.

—Muchísimo.

Él soltó una risita.

—Tranquila, delante de tus amigos me portaré bien.

Me liberó y se sentó a mi lado para ver lo que estaba haciendo.

Cuando Jun y Meiling volvieron traían refrescos, nos tomamos uno y Shaoran se despidió para volver a su piso a seguir estudiando. Al salir por la puerta, se volvió para mirarme y me guiñó un ojo. Le dediqué una sonrisa mientras me ruborizaba de nuevo.

Una hora más tarde, terminamos el trabajo y volví a casa. Por suerte, Jun y Meiling no me tomaron mucho el pelo cuando se fue Shaoran, solo se burlaron un poco diciendo que me había puesto muy roja.


Después de cenar encendí mi ordenador. Tenía un mensaje esperándome.

Shaoran: "Me ha gustado mucho verte hoy"

Vi que estaba conectado así que le respondí.

Sakura: "A mí también. ¿Qué tal llevas tu examen?"

Shaoran: "Voy bien, pero son muchos temas y tengo mucho que repasar. Siento no poder pasar más tiempo contigo".

Sakura: "No te preocupes, ya nos veremos más cuando lo hayas hecho"

Shaoran: "¿Te quieres venir el viernes a cenar en mi piso?"

Sakura: "Vale, ¿hace falta que lleve algo?"

Shaoran: "No, tengo pizzas que sé que te gustan. Hasta el viernes"

Apagué el ordenador y me metí en la cama.

Shaoran ya había terminado su máster, aprobado el examen de inglés y sus oposiciones empezaban en cinco semanas. Si quedaba entre los mejores, conseguiría trabajo como profesor... y solo tenía veintitrés años, era todo un empollón.


La semana terminó, entregamos nuestro trabajo y la profesora nos asignó la exposición para la semana siguiente.

Teníamos los exámenes finales a la vuelta de la esquina y estábamos un poco agobiados. Al menos yo estaba aprobando todo, no como el curso anterior en derecho. Veía tan lejano todo aquello... parecía que habían pasado años desde que estuve con Kaito.

Últimamente veía menos a Tomoyo y Chiharu porque ellas también tenían exámenes y presentaciones que preparar, pero hablábamos casi todos los días. Siempre les contaba las novedades de Shaoran y ellas se alegraban mucho por mí, les daba la impresión de que era un buen chico y de que me quería.

Shaoran y yo todavía no nos habíamos dicho eso, pero sabía de sobra que estaba loca por él.


El viernes a las ocho llegué al piso de Shaoran. No había llamado al timbre cuando Eriol abrió la puerta con su chaqueta puesta.

—¡Hola, Sakura! Justo iba a salir, pasa.

Cuando entré, añadió —Shaoran está en su cuarto, nos vemos luego— y salió, cerrando la puerta.

Mientras iba a su cuarto, pensé que aún no había visto a su otro compañero. Según me habían contado, era un chico muy raro que nunca salía de su habitación.

Shaoran tenía su puerta abierta y sonrió al verme, estaba sentado en el escritorio delante de su ordenador. Movió una silla, poniéndola a su lado, y me hizo señas para que me sentara. Cuando lo hice, me dio un beso corto pero tan dulce que me dejó sin aliento.

Suspiró y dijo —No quiero tener secretos contigo, Sakura. Tengo que enseñarte algo.

Me acercó la pantalla de su ordenador. Miré con curiosidad y vi que tenía abierta una conversación con Akiho.

Sentí una puñalada de celos clavándose en mi corazón, y empecé a leer.