Capítulo Catorce
Durmiendo juntos
Pues claro que me apetecía quedarme a dormir con él, no imaginaba nada mejor que despertarme entre sus brazos. Pero aún no me sentía preparada para una relación física y quizás Shaoran estaba pensando en eso. Llevábamos poco tiempo juntos y necesitaba sentirme más segura.
Después de pensarlo unos segundos me decidí, seguramente él no intentaría nada.
—Vale, pero tendré que subir al piso de Mei. Allí tengo un pijama.
Él asintió y se quedó mirándome, con gesto pensativo.
—¿En qué piensas?
—Siento curiosidad... si no te molesta, me gustaría saber con cuántos chicos has estado- dijo él con una sonrisa torcida.
Bueno, había llegado el momento de tener esa conversación. En realidad yo también quería saberlo.
—Pues...ya sabes que el año pasado estaba con un chico, se llamaba Kaito. Estuvimos juntos casi dos años y la cosa terminó muy mal. Después de eso, hubo un par de días que besé a Yukito.
Shaoran ladeó la cabeza.
—¿Cuándo fue lo de Yukito?
—Cuando eso pasó tú ya me gustabas, pero estabas con Akiho así que...- murmuré, encogiéndome de hombros y sonrojándome un poco.
—¿Y antes de Kaito?
Suspiré.
—Antes de él no tengo mucho que contar. Mi primer beso fue con un chico que conocí en un campamento, y al año siguiente estuve un par de meses quedando con un amigo... pero me di cuenta de que en realidad no me gustaba y lo dejamos.
Terminé de hablar y parecía que Shaoran quería preguntarme algo más, pero no se atrevía.
—Pregunta lo que quieras, te contestaré.
—Yo... me gustaría saber con cuántos de esos chicos te has acostado— susurró, apartando la mirada.
Era la pregunta que me esperaba, pero no pude evitar sonrojarme de nuevo.
—Solo con Kaito.
Él sonrió y, mientras pasaba su brazo por mi cuello, dijo —¿Quieres que ahora te lo cuente yo?
Lo miré de reojo y asentí. Su historial debía ser largo, seguro que muchas chicas habían caído rendidas ante él.
—Bueno, ya sabes lo de Akiho. El año pasado fue mi novia tres meses, pero no me enamoraba de ella y la dejé. Quedamos como amigos y empezamos a preparar el temario de oposiciones juntos. Ella se me insinuaba todo el rato y yo no me negaba, pero le dejé claro que no quería una relación.
Fruncí el ceño, realmente me molestaba recordar todo eso.
—¿Te acuerdas de cuando viniste de visita a China y nos quedamos los dos solos una noche en mi salón?— preguntó Shaoran.
Relajé la expresión y volví a mirarlo con los ojos muy abiertos, sorprendida por el cambio de tema.
—Sí, me acuerdo de esa noche. Yo estaba leyendo y estuvimos hablando un rato.
—Si te hubieras quedado un rato más... no sé lo que habría pasado.
Me quedé de piedra al oír eso.
—¿A qué te refieres?— pregunté, con la voz un poco entrecortada.
Shaoran sonrió.
—Estaba deseando besarte.
No pude evitar ruborizarme, y bajé la mirada para intentar disimular.
—Me alegro de que no lo hicieras.
Ahora el que frunció el ceño fue él.
—¿Por qué?
—Tú estabas con Akiho todavía, y yo... yo no quería saber nada de ti hasta que dejarais de estar juntos— confesé en voz baja.
La sonrisa de Shaoran reapareció.
—Si hubiera sabido que te gustaba... las cosas habrían sido muy diferentes, Sakura.
Sentí un escalofrío bajo mi piel, y él siguió hablando.
—Antes de ella, hay noches sueltas que me besé con algunas chicas de mi pueblo en la discoteca. Y mi primer beso fue con mi primera novia, estuvimos juntos cuatro años hasta que me dejó para irse con uno de mis mejores amigos.
Al escuchar lo último lo miré con la boca abierta, no me podía creer que alguien le hubiera hecho eso.
Shaoran sonrió.
—Respecto a la otra pregunta, solo me he acostado con mis dos novias... aunque con Akiho también lo hice durante meses, cuando ya no estábamos juntos.
Resoplé, no me gustaba pensar en esos meses en los que él me gustaba y sabía que estaba liado con Akiho. Aunque sí me gustó saber que no se había acostado con tantas chicas como me imaginaba.
—Pensaba que habrías estado con muchas más, todas las chicas de tu pueblo debían estar suspirando por ti— murmuré, levantando una ceja en su dirección.
Se rio al escuchar mi comentario.
—Pues yo pensaba lo mismo de ti. Con tus ojos verdes, tu pelo liso y tu cuerpo te veo irresistible.
Toda mi cabeza empezó a arder.
¿Irresistible, yo? ¿En qué universo?
Se volvió a reír al verme tan tímida y me acercó hacia él para besarme.
Sí, me declaraba totalmente adicta a sus besos. Tras un momento, seguimos andando y me di cuenta de que ya estábamos llegando a su edificio.
—Gracias por contármelo, Sakura. Lo único que me importa es que ahora estás conmigo— dijo mientras abría el portal.
Cuando llegamos a la puerta de su piso, dije —Ahora bajo— y fui a por mi pijama.
Al explicarle a Meiling que iba a dormir con él, ella me dedicó una mirada burlona.
—¿Y qué va a pasar esta noche?— dijo entre risas al ver que me ponía roja.
—No va a pasar nada, no digas eso— respondí antes de salir de su piso con mi pijama puesto. La verdad es que estaba un poco nerviosa.
La puerta del piso de Shaoran estaba abierta, entré y vi que estaba en su cuarto poniéndose el pijama. Solo llevaba el pantalón puesto. Observé su espalda, tenía un cuerpo bastante atlético. Los músculos estaban marcados aunque no mucho, justo como a mí me gustaba. Al oírme llegar, se giró y me pilló escaneando su cuerpo.
—¿Te gusta lo que ves?— preguntó en tono burlón.
Notando que me ruborizaba, entré en su cuarto y me senté en el borde de la cama sin volver a mirarlo.
—Es broma, aunque puedes mirarme todo lo que quieras— dijo, riendo.
Yo seguía con la vista fija en el suelo. Shaoran terminó de vestirse, cerró su puerta, apagó la luz y nos tumbamos.
Las sábanas olían a él, me rodeó con sus brazos y empezó a besarme. Mi respiración se aceleró cuando noté que metía su mano por debajo de mi camiseta, acariciándome la espalda. Yo hice lo mismo, estábamos tan cerca que podía sentir todo su cuerpo.
La temperatura de la habitación empezó a subir muy rápido. Me mordisqueó un poco el labio y el beso se volvió más intenso. Me estaba mareando, Shaoran me volvía totalmente loca y estar tan cerca suya era insoportable.
Seguimos así un buen rato, a mí se me escaparon varios suspiros y él tenía la respiración agitada. Siguió explorando mi cuerpo por debajo de la ropa, sus caricias me estremecían.
De repente, dejó de besarme y se acercó a mi oído.
—Quiero hacerte el amor.
Todo mi cuerpo se tensó de golpe. Shaoran lo notó y se quedó quieto, mirándome a los ojos.
—Yo... yo... no puedo— dije muy bajito.
—Está bien. Perdóname, es que me cuesta resistirme— respondió, y volvió a perderse entre mis labios.
Mis músculos se relajaron y le devolví el beso.
Poco después, nos quedamos dormidos.
Al despertar me seguía abrazando, eso me hizo sonreír. Había dormido genial. Me quedé un rato observándolo dormir... ¿Cómo podía ser tan perfecto?
Se despertó y, tras pestañear varias veces, buscó mi mirada.
—Me encantaría despertarme todos los días así— dijo, sonriendo.
Correspondí a su sonrisa y él se acercó más para besarme.
—Espera aquí.
Se levantó y salió del cuarto. Me quedé observando sus cosas y pensando en lo que pasó la noche anterior, esperaba que no se hubiera sentido rechazado.
Yo también quería estar con él, pero primero tenía que librarme de mis inseguridades. Con Kaito tardé un año y medio y no estaba segura del todo cuando lo hicimos... y después resultó que él me había estado engañando, a saber cuánto tiempo.
Con Shaoran no quería que pasara eso, pero sabía que con él iba a ser diferente. No necesitaría tanto tiempo, ya teníamos mucha confianza y me sentía bien a su lado. Además, sabía que me quería de verdad.
En realidad ahora que lo pensaba fríamente... tal vez ya me sintiera preparada... me atraía demasiado.
Shaoran volvió con unas tostadas y unos vasos de leche, se sentó a mi lado y los compartimos. Al terminar, me enseñó su armario y aproveché para oler una de sus camisetas cuando pensaba que no me veía. Escuché su risa al pillarme haciéndolo.
Con las mejillas ardiendo, susurré —Me gusta mucho tu olor.
Se acercó para abrazarme.
—Si quieres, puedes llevarte una para usarla de pijama. Así será como si estuviera contigo todas las noches.
Lo miré con los ojos muy abiertos y respondí —Prefiero dejarla aquí para cuando me vuelva a quedar a dormir.
—Como te vea llevando solo mi camiseta, no sé si podré aguantar las ganas de arrancártela.
Sus ojos brillaban con intensidad y me puse rojísima. Él se rio de nuevo al ver mi reacción.
Volví a casa para que Shaoran estudiara, yo también tenía mucho que hacer. Ese día seguí dándole vueltas a si me sentía preparada o no, cada vez estaba más segura de que sí.
Al día siguiente volví a dormir con él. Meiling me tenía cubierta, por si mis padres llamaban preguntando por mí. Después de cenar, me puse su camiseta mientras Shaoran estaba en el baño. Cuando regresó, levantó una ceja al verme haciendo que mi sonrojo volviera.
Se acercó muy rápido y buscó mis labios con ansiedad. Nos besamos envueltos en una nube de pasión un buen rato, y después nos quedamos dormidos. Al despertar por la mañana, pensé en que podría acostumbrarme a eso.
La semana siguiente fui todas las tardes a estudiar con Meiling, aunque tres de ellas en realidad me quedé con Shaoran.
A veces notaba que me observaba mientras yo estaba escribiendo, si le devolvía la mirada me levantaba con sus brazos, llevándome a la cama donde me besaba y me mordía el cuello, recorriéndome la piel con su lengua.
El viernes, terminé mi examen antes de tiempo y me dediqué a observar al resto de la clase escribiendo. Shaoran vino a mi mente y empecé a pensar en los últimos días con él, en su olor, sus brazos, sus labios, sus besos... Me estremecí al darme cuenta de lo mucho que lo deseaba.
Ese día iba a cenar con él y volveríamos a dormir juntos por tercera vez. Estaba decidida a que esa noche pasara algo más. Ya no tenía ninguna duda de que quería hacerlo, no aguantaba más.
Mientras cenábamos con Eriol en el salón, no podía dejar de mirar a Shaoran. Sentí calor en las mejillas y dejé de observarlo para que su amigo no se diera cuenta.
Al terminar, ellos fueron a la cocina y yo mientras entré en el baño para lavarme los dientes. Después, en su cuarto me quité la ropa y me puse su camiseta por segunda vez, me quedaba como un vestido corto. Ese día llevaba mi ropa interior preferida, un conjunto negro con encaje que había comprado con Tomoyo.
Me senté en la cama a esperarlo, Shaoran entró en el cuarto y sus ojos centellearon al verme con su camiseta.
—Definitivamente te queda mejor que a mí— dijo, haciéndome reír.
Tras cerrar la puerta se acercó a mí, agachándose para besarme. Nos abrazamos y le respondí con intensidad. Sus manos acariciaban mis piernas mientras devoraba mis labios. Un llamarada empezó a arder dentro de mí, me separé un par de centímetros y miré esos ojos ámbar que eran mi perdición.
—Shaoran, quiero hacerlo.
Sus ojos se abrieron, muy sorprendidos.
—¿De verdad? No tengo prisa, Sakura. Puedo esperar todo lo que quieras.
—Pues yo no puedo más— murmuré en voz baja.
Al oírme decir eso se volvió loco, me sujetó con fuerza y me tumbó en su cama, besándome con ansiedad. Nuestras respiraciones se aceleraron violentamente y la vista se me nubló.
Seguimos besándonos mientras me libraba de su pijama, Shaoran empezó a subir mi camiseta y, al quitármela, se quedó mirándome. Sus ojos brillaban más que nunca y sus pupilas estaban dilatadas, no pude evitar sonrojarme.
—No sabía que me pudiera gustar tanto el color negro— dijo, y vi que su mirada se detenía unos segundos en el pequeño tatuaje de mi cadera.
Lo acarició con un dedo antes de besarme de nuevo. Poco a poco nos fuimos quitando el resto de la ropa. Ya no quedaba una sola célula en mi cuerpo que Shaoran no hubiera tocado, y yo también me dediqué a explorar todo su ser. Me sentía como si estuviera en medio de un incendio, hacía demasiado calor y lo necesitaba más cerca de mí.
—Te quiero— susurré, y tras eso sentí como nos fundíamos.
Ahora entendía a los que decían que el sexo era maravilloso, estas sensaciones no las había tenido antes y era increíble. Tenía a Shaoran más cerca que nunca y me encantaba. Él era todo lo que siempre había soñado.
Se dedicó a succionar y morder suavemente el hueco de mi cuello mientras los dos nos movíamos, hasta que, tras unos minutos demasiado cortos, se quedó quieto.
Entonces escuché un lo siento en mi oído.
—¿Por qué?
—No he podido aguantar más, tenía tantas ganas de estar así contigo...— susurró, con una nota triste en su voz.
No entendía su reacción... pero si todo había sido genial.
—Lo estás estropeando... no te disculpes, ha sido maravilloso.
Él sonrió y volvió a besarme hasta que me dejó sin aliento.
Esa noche me costó dormir, no podía dejar de pensar en lo que acabábamos de hacer y sonreía como una tonta, contemplando a Shaoran que dormía a mi lado. Al final lo abracé y me quedé dormida, escuchando su respiración.
