Capítulo Quince

Vacaciones


Me desperté porque algo estaba rozando mi cuello. Al abrir los ojos, tenía enfrente esos iris dorados que me encantaban... todavía no podía creer que Shaoran estuviera conmigo.

Cuando me vio despierta bajó su mano izquierda hasta mi cadera, haciendo que se me escapara un suspiro.

—No me habías contado que tienes un tatuaje— dijo, alzando las cejas.

—Era una sorpresa— respondí, haciéndole reír.

—¿Qué significa? Aunque creo que ya lo sé.

Mi tatuaje era una luna creciente negra en el lado derecho de mi cadera.

—Ya sabes que me encanta la astronomía, y en especial la luna. Quería llevarla siempre conmigo, así que el verano pasado me lo hice.

Su mano subió hasta mi colgante.

—Pues ahora llevas dos.

—¿Te gustan los tatuajes?— pregunté con curiosidad.

—Pensaba que no, pero me gusta el tuyo.

Sentí calor en las mejillas.

—Es un tatuaje secreto, solo se ve cuando estoy en ropa interior— dije en voz baja, para ver su reacción.

Shaoran arqueó una ceja y sus ojos se oscurecieron.

—¿Kaito lo vio?

Negué con la cabeza y en su cara apareció una sonrisa traviesa.

—Eres el primero que lo ve.

—Y espero ser el último— respondió, besándome.


Los exámenes terminaron, y empezaron las recuperaciones. Meiling y yo no habíamos suspendido nada, así que oficialmente estábamos de vacaciones. En cambio, Jun tenía que presentarse a recuperar una asignatura.

Una tarde, las dos fuimos a un mirador donde podías tomar algo mientras observabas la ciudad. Decidimos pedir una cerveza y relajarnos un poco.

—Mañana es el examen de mi hermano, estoy nerviosa— dijo Meiling, mirándome de reojo.

—Yo también.

Hacía días que no veía a Shaoran, quería que se dedicase a repasar y quedamos en vernos después de su examen para comer juntos. Él también estaba nervioso, después de un año entero estudiando le daba miedo suspender, y que sus padres le obligaran a volver a China para buscar trabajo allí.

—Seguro que le irá bien, es el chico más listo que conozco— respondí, terminando mi cerveza.

Meiling sonrió.

—Tienes razón.

Seguimos charlando mientras el sol se ponía, Tomoeda se veía preciosa con el atardecer.

Acordamos que al día siguiente, por la tarde, nos llevaríamos a su hermano a tomar una copa para celebrar que había terminado su primer examen.


Por la mañana estuve dando vueltas en mi cuarto mirando el reloj, el examen de Shaoran duraba cuatro horas y terminaba a la una.

A las 12:30 me vestí y salí hacia la facultad de ciencias, que era donde se hacía el examen. Me senté en los escalones de la entrada a esperarlo, bastante inquieta.

En ese momento me apetecía un cigarrillo, aunque hacía mucho que no fumaba. Desde aquella noche que Shaoran me besó, no volví a sentir la necesidad de fumar cada vez que bebía o estaba nerviosa... pero en ese momento estaba demasiado ansiosa.

Me empecé a morder las uñas, pensando en cómo le saldría el examen. Alguien me tapó los ojos desde atrás intentando sorprenderme, pero su aroma inconfundible lo delató.

—Sé quien eres— dije, sonriendo.

Shaoran se sentó a mi lado, también tenía una sonrisa en sus labios.

Pasó su brazo por mi cintura y me susurró al oído —Todo ha ido genial.

Me levanté y di un par de pequeños saltos de alegría que le hicieron reír. De repente, me quedé helada al ver que alguien me miraba con odio desde lejos.

Shaoran siguió mi mirada y me volvió a sujetar.

—No le hagas caso. Creo que a ella no le ha ido bien.

Me cogió de la mano y nos fuimos de allí, seguía sintiendo la mirada de odio de Akiho clavada en la espalda.


Comimos con Meiling y después fuimos a un pub para celebrarlo. Eriol se unió a nosotros junto con otros amigos de Shaoran, que no bebió mucho porque a la mañana siguiente debía retomar el estudio.

—Mañana me dirán la nota y, si he aprobado, el viernes tendré el segundo examen— dijo mientras me acompañaba a casa.

Ese segundo examen me ponía los pelos de punta, tenía que hablar durante una hora delante de un tribunal... Yo jamás podría hacer algo así. Si lo aprobaba, tendría trabajo como profesor para el resto de su vida.

Nos despedimos y entré en casa.


Al día siguiente había quedado con Tomoyo y Chiharu, pero antes pensé en pasarme por el piso de Shaoran para saber qué nota había sacado. El sitio donde iba a desayunar con mis amigas no estaba muy lejos de su edificio, aunque no podía entretenerme mucho.

Eriol me abrió el portal y la puerta de su piso. Cuando entré a su cuarto lo vi sentado en su cama, con el ordenador sobre las piernas. Al verme movió su mano para que me acercara, me senté a su lado y miré la pantalla.

—En cualquier momento publicarán las notas— dijo, nervioso.

Nos quedamos unos minutos en silencio, esperando. Cuando el enlace estuvo disponible, entró y empezó a buscar su nombre con ansiedad. Yo leía más rápido que él, así que lo encontré primero.

Solté un resoplido.

—Empollón.

Shaoran me miró, muy sorprendido.

—¿Me has encontrado?

Me acerqué para besarlo.

—Tienes un ocho y medio.

Casi tira el ordenador al suelo al oírme. Me abrazó y empezó a besarme sin parar, yo me reía al verlo tan feliz. Cuando se calmó volvió a buscarse en la lista, comprobó que el viernes por la mañana tendría el segundo examen.

—¿Quieres saber lo que ha sacado Akiho?— preguntó, levantando una ceja.

Asentí y buscamos su nombre. Un seis, también había aprobado pero necesitaría sacar muy buena nota en el segundo para conseguirlo.

Tras eso me despedí, Shaoran debía empezar a preparar su discurso. No nos volveríamos a ver hasta después de su segundo examen, me pidió que fuera a recogerlo como hice con el primero.


Al llegar a la cafetería Tomoyo ya estaba allí, nos sentamos para esperar a la tardona de Chiharu. Cuando estábamos las tres pedimos nuestro desayuno preferido, tortitas.

—¿Qué vais a hacer este verano?— preguntó Tomoyo mientras comíamos.

—Yo me iré unos días con mis padres al norte, y después Yamazaki quiere que nos vayamos juntos a Australia— dijo Chiharu con una sonrisa.

Las dos la miramos con la boca abierta.

—Menudo plan, Chiharu. Me das envidia— admití.

Tomoyo comentó —Pues yo creo que iré con Hiro a la costa unos días, y después mi familia ha alquilado una casa en la montaña.

—¿Y tú, Sakura?

—Lo de siempre, iré con mis padres unos días a su apartamento de la playa— contesté, encogiéndome de hombros.

—Espera, ¿no vas a hacer nada con Shaoran?— preguntó Tomoyo, arqueando una ceja.

—Me ha dicho que quiere que vaya a visitarlo a China por lo menos una semana, y tienen pensado venir al sur con sus amigos del pueblo, a pasar unos días en las playas de Okinawa... si vienen yo también iré.

Ellas se miraron con complicidad.

—Va a ser divertido ver la historia que le cuentas a tus padres para poder hacer eso— dijo Chiharu, entre risas.

Puse los ojos en blanco.

—Para ir a China es fácil, voy a visitar a Meiling. Como ya lo he hecho antes no habrá problema... pero para cuando vengan a Japón tengo que pensar en algo— respondí, mirando al infinito.

Con suerte a partir de septiembre Shaoran tendría trabajo fijo en Japón, pero en verano iba a volver a su pueblo. No me gustaba la idea de estar casi mes y medio separados, aunque si iba a visitarlo y luego ellos venían aquí no estaríamos tanto tiempo sin vernos.

Estaba pensando en decir a mis padres que lo de Okinawa era con mis amigos de la facultad, para celebrar lo bien que nos había ido este año. Como ellos estaban muy contentos con mis buenas notas y conocían a varios de mis amigos... tal vez así me permitirían ir.

Meiling podría ayudarme a convencerlos si hiciera falta, confiaban mucho en ella.


El viernes llegó mientras pensaba en cómo perfeccionar mi mentira... y cuándo decirla.

Me desperté temprano por los nervios, y vi que tenía un mensaje.

Shaoran: "Me toca a las diez, así que a las once habré terminado. ¿Nos vemos en la entrada como el otro día? Apenas he dormido... te quiero"

No le contesté porque quedaba poco para las diez, y quería que estuviera tranquilo. Después de desayunar, me vestí y llegué de nuevo a las escaleras de la facultad de ciencias.

Me senté en el mismo sitio de la otra vez, y me puse los auriculares para escuchar algo de música mientras esperaba. Estaba distraída tarareando cuando sentí unos brazos agarrarme por los hombros, obligándome a levantarme. Al girarme muy sorprendida vi que se trataba de Akiho, que me miraba fijamente con odio.

Me alejé unos pasos de ella, asustada.

—¿Qué haces aquí?— preguntó.

Si las miradas mataran, yo ya estaría muerta.

—Esperar a Shaoran— respondí sin apartar la vista, no iba a dejar que me intimidara con su odio.

—Él es mío, me lo has quitado.

Levanté las cejas al escuchar eso.

—Nadie te lo ha quitado. Él decide con quién quiere estar— contesté intentando aparentar tranquilidad, aunque sentía que mis piernas temblaban.

Se acercó más a mí y me agarró del brazo.

—Aléjate de Shaoran— murmuró, apretando con sus dedos.

No quería pelear con ella, intenté que soltara mi brazo mientras escuchaba los pasos de alguien que corría hacia nosotras. Enseguida Shaoran estaba delante de mí.

—Suéltala ahora mismo— gruñó, con una voz que yo no había escuchado antes. Estaba muy enfadado.

Akiho me soltó, mirando a Shaoran con ojos suplicantes.

Él pasó su brazo por mis hombros y habló, sin mirarla y empujándome suavemente para alejarme de allí.

—No te atrevas a volver a acercarte a ella.


Caminamos en silencio hasta su piso, cuando entramos en su cuarto todavía seguía impresionada por lo que había pasado. Me senté en el borde de la cama y observé a Shaoran, estaba muy serio mientras sacaba las cosas de su mochila. Se sentó a mi lado y me miró por fin, entonces recordé su examen.

—¿Qué tal te ha ido?

Podía sentir que seguía enfadado.

Su rostro se suavizó para decirme —Bien, pero ahora eso no me importa.

Nos quedamos en silencio y me acerqué más para rodearlo con mis brazos.

—Estoy bien— murmuré, intentando tranquilizarlo.

—Como vuelva a tocarte...— gruñó, entrecerrando los ojos con odio.

No me gustaba nada verlo así. Me levanté para sentarme sobre sus piernas y con mi mano le obligué a mirarme, levantando su mentón.

—No lo hará, además yo puedo defenderme— dije, empujándolo y atrapándolo por completo.

Estaba tumbado conmigo encima y no lo dejaba moverse.

—¿Lo ves? Si hasta puedo contigo— añadí con una sonrisa burlona.

Shaoran empezó a reírse.

—Eso ya lo veremos— murmuró, haciéndome girar hasta quedar encima de mí.

Empezó a hacerme cosquillas, intenté escapar pero me tenía bien sujeta.

—¡De acuerdo, me rindo!— grité, sin poder parar de reír.

Bajó su rostro hasta rozar mis labios y varios escalofríos me bajaron por la espalda.

—Como ya he terminado de estudiar... tenemos todo el tiempo del mundo— susurró en mi oído con voz grave.

Me estremecí cuando me mordió la oreja y todo empezó a volverse oscuro. Olvidamos lo que había pasado y nos dejamos llevar, sus compañeros de piso no estaban.

Cuando me quise dar cuenta, ya no teníamos ropa. Shaoran me besaba todo el cuerpo mientras yo me esforzaba por seguir respirando. Estaba besando mi tatuaje, y sus labios siguieron bajando por mi cuerpo.

Se me escaparon varios jadeos y perdí la noción del tiempo. Sus besos volvieron a subir hasta mi cuello y me levantó, poniéndome de pie y acorralándome contra la pared. Mi corazón estaba a punto de estallar, levantó una de mis piernas con su brazo y nos fundimos de nuevo.


Cuando todo terminó estábamos de nuevo en su cama, no recordaba ni cómo habíamos llegado hasta allí.

Con sus brazos a mi alrededor, le escuché decir muy bajito —¿Te ha gustado?

Sin dejar de acariciar su espalda, respondí —Me encanta todo lo que haces.

Shaoran sonrió y me abrazó más fuerte.

Alargó el brazo y cogió su teléfono para ver la hora y sus ojos se abieron mucho, asustado. Casi la una y media, a esa hora Meiling vendría a comer con nosotros.

Nos levantamos rápido para vestirnos, al mirarme en el espejo tenía el pelo revuelto y los labios algo hinchados. Shaoran se asomó por detrás, me miró y empezó a reírse entre dientes. Le di un codazo y escuchamos el timbre.

Me dio su peine y se fue para abrir, conseguí arreglarme el pelo en cinco segundos y salí hacia el salón. Vi a Meiling entrar, al verme ella alzó una ceja. Me encogí de hombros y las dos nos reímos, nos había pillado.

Su hermano salió de la cocina con la comida y nos sentamos juntos. Nos contó que, al terminar su examen oral, el tribunal se había acercado a felicitarlo, y que la nota final saldría en una semana.