Capítulo Dieciséis

El mejor verano


Julio 2013

Esa semana fue increíble, por fin los dos teníamos tiempo libre y podíamos estar juntos todo lo que queríamos.

Aparte de sus besos, hacer el amor con él también resultaba adictivo. Me estaba enseñando a sentir cosas que no había sentido antes.

No podía evitar pensar en que, cuando supiera si había aprobado, tanto él como Meiling volverían a China... no quería tenerlo tan lejos.


Llegó el día en que salía su nota, habíamos quedado en el piso de mi amiga para desayunar y verla juntos.

Shaoran encendió su ordenador, y se quedó en silencio un par de minutos moviendo el ratón mientras su hermana, sus compañeras y yo esperábamos expectantes. Cerró su ordenador lentamente y nos miró una a una, muy serio, y me temí lo peor.

Suspiró y habló.

—He quedado en el puesto veinte... ¡Lo he conseguido!

Todas nos lanzamos a abrazarlo y Meiling le pellizcó el brazo por habernos asustado. Lo celebramos con unas cervezas, mientras nos contaba que el uno de septiembre empezaría a ser profesor en el Instituto de Yaita.

Eso estaba a dos horas en coche de Tomoeda, así que no podría seguir viviendo aquí pero no me importó, estaría muy cerca y nos veríamos los fines de semana.


A la hora de comer bajé con él a su piso, al entrar en su cuarto me levantó con sus brazos y dio varias vueltas hasta marearnos.

—Tanto esfuerzo ha merecido la pena, podré quedarme a vivir en Japón contigo— dijo, sonriendo.

Yo también me sentía muy feliz, ya no imaginaba mi vida sin él.

—Ah y por cierto... Akiho no lo ha conseguido— reveló mientras comíamos con Eriol.

Me encogí de hombros y su amigo soltó una risita.


Pasamos la noche juntos, y al día siguiente lo ayudé a preparar la maleta. Después fuimos con Meiling, y estuvimos hablando de que iría a visitarlos a China en tres semanas.

Unos días antes, Meiling había venido conmigo a casa para despedirse de mis padres. Les pidió que me permitieran ir a China a visitarla, a lo que ellos accedieron. También aprovechó para comentarles que los compañeros de facultad estábamos organizando una salida juntos al sur, para visitar la zona de Okinawa.

Yo sonreía mientras Meiling se lo contaba. No podía ser mejor cómplice, gracias a ella podría ir de vacaciones con Shaoran, ella y sus amigos chinos. ¡El verano se presentaba muy emocionante!

Les acompañé al aeropuerto y me puse algo triste cuando tuve que despedirme de los dos hermanos. Shaoran prometió escribirme en cuanto el avión aterrizara.


El tiempo pasó, las semanas antes de mi viaje a China apenas salí de casa porque hacía mucho calor.

Las mañanas las pasaba en casa, leyendo o viendo series que tenía pendientes.

Mis amigas también iban a pasar parte del verano lejos de Tomoeda, por lo que algunas tardes Tomoyo y yo fuimos a casa de Chiharu, para refrescarnos en su piscina y compartir risas antes de separarnos. Su casa tenía un gran jardín y en el centro había una piscina con forma de rectángulo. Nos gustaba sentarnos en las escaleras, con la mitad del cuerpo sumergido, mientras disfrutábamos de las bebidas que Chiharu nos preparaba.


Unos días antes de mi viaje, las dos se marcharon.

Shaoran me escribía a diario, contándome las ganas que tenía de verme y las cosas que haríamos cuando yo estuviera allí. Intenté aprender algunas expresiones en chino para sorprenderle, aunque no hacía falta porque allí casi todos dominaban el japonés.

Finalmente el día de irme llegó, el vuelo se me hizo corto porque estaba de los nervios... esa vez los padres de Shaoran sabían que estábamos juntos. La otra vez que los visité fueron amables pero muy serios, se trataba de una familia china bastante tradicional, y no sabía cómo les iba a sentar enterarse de que una extranjera estaba saliendo con su hijo mayor.

Al salir del aeropuerto, lo primero que vi fue a Shaoran apoyado en un coche, esperándome. Llevaba una chaqueta marrón y unos vaqueros (allí no hacía tanto calor en verano como en Japón) y al verme me dedicó una sonrisa que me dejó sin aliento. Sentí mariposas revoloteando en mi estómago mientras me acercaba a él.

—¿Me has echado de menos?— preguntó, rodeándome con sus brazos y juntando nuestras frentes.

—Solo un poquito— contesté, bromeando.

Sin soltarme, me besó antes de guardar mi maleta en el coche y montarnos. Por el camino fui recordando la otra vez que me llevó al aeropuerto... que diferente era todo.

—¿Estás nerviosa?— dijo, faltaba poco para llegar a casa de su madre.

—Pues sí.

Émpezó a reírse y lo miré con odio, a mí no me hacía gracia.

—No va a pasar nada, a mi madre le caes bien— respondió, ya sin reír.

—Soy más pequeña que tú y aún estoy estudiando, puede que no me vea suficiente para ti— murmuré en voz baja.

Él levantó las cejas al escucharme, pero no respondió.


Después de aparcar subimos a su casa, su madre me recibió y aproveché para saludarla en su idioma. Ella me respondió en japonés, y no pude decir nada más porque Meiling casi me tira al suelo al abrazarme. Me dijo que dormiría en su cuarto con ella, como la otra vez.

Esa tarde, los tres dimos una vuelta por el pueblo con Touya. Me llevaron a cenar a un restaurante típico, la verdad es que la comida allí estaba muy buena.

Volviendo a su piso, Meiling me comentó que esa noche se quedaría a dormir en casa de Touya, así que yo tendría su cama para mí sola.

Cuando nos separamos de ellos, Shaoran pasó su brazo por mi cuello mientras caminábamos. Varias personas se nos quedaron mirando pero él me dijo que no hiciera caso, en su pueblo a la gente le gustaba mucho cotillear.


Al llegar a casa su madre ya estaba dormida, él se fue a su cuarto y yo al de Meiling después de lavarme los dientes. Me tumbé, pero me costaba dormir sabiendo que Shaoran estaba en el cuarto de al lado.

Cuando había pasado media hora escuché como se abría la puerta, él entró a oscuras y se metió bajo las sábanas conmigo.

—¿Qué haces? Como te pille tu madre aquí, tendremos problemas.

—Está dormida y me iré antes de que se despierte, tranquila.

Los pelos se me pusieron de punta al sentir su aliento en la oreja. Empezó a besarme y, aunque me daba miedo, no pude resistirme. Intenté controlarme para no hacer nada de ruido. Cuando sus dedos recorrieron mi cintura le obligué a parar, lo que faltaba es que se me escapara algún gemido y su madre me escuchara.

Nos alejamos un poco. Él me observaba y entrelazaba sus dedos en mi pelo mientras yo intentaba respirar con normalidad.

¿Algún día dejaría de sentirme así cuando estaba cerca? No podía ver bien sus ojos, pero me afectaban igual.

Nos quedamos un par de horas juntos, hablando en voz baja, hasta que Shaoran volvió a su cuarto. Su madre solía madrugar y mejor no tentar a la suerte.


Al día siguiente, después de comer me dijo que pasaríamos la tarde en casa de su padre. Meiling aún no había vuelto cuando nos fuimos en el coche de su madre, al llegar entramos a la casa y me sorprendió que no hubiera nadie allí.

—¿Dónde está tu padre?

—Se ha ido fuera unos días. Estamos solos— dijo, alzando una ceja con ojos traviesos.

Su forma de mirarme me alertó de que empezara a correr. Salí al jardín, intentando escapar, pero no me dio tiempo. Me agarró fuerte, levantándome por los aires, y unos segundos después los dos caímos a la piscina.

Lo miré fijamente mientras él se partía de risa. Nos quedamos dentro del agua, riendo y "peleando" hasta que nos dio frío. Shaoran me dejó una toalla y nos tumbamos en el césped bajo un árbol. Se veía la puesta de sol en el cielo, donde los pájaros volaban y algunas nubes se estaban volviendo rojizas.

Nos quedamos allí abrazados, dejando que los rayos de sol nos calentaran... hasta que empezó a besarme. Todo a mi alrededor desapareció, solo podía pensar en él y nos dejamos llevar hasta el final. Mi bikini acabó tirado a los pies del árbol, junto con su bañador, mientras los dos nos retorcíamos de placer después de tantos días sin estar juntos.


Esa noche, cuando estaba durmiendo con Meiling no podía dejar de pensar en lo que había pasado unas horas antes. Sonreí en la oscuridad hasta quedarme dormida. El resto de los días que estuve allí fueron igual de geniales. Pasábamos tiempo con sus amigos, y cuando podíamos nos escabullíamos para estar solos.

Sin darme cuenta, llegó el día de volver a Japón. Shaoran volvió a llevarme al aeropuerto, al despedirse me dio un beso muy profundo que tardaría varios días en olvidar.

Me prometió que en otras tres semanas nos volveríamos a ver.


Agosto 2013

Las siguientes semanas fueron tranquilas, cada vez que estaba en casa con mis padres no podía evitar reírme por dentro al pensar en todo lo que ellos no sabían.

Tomoyo se había ido fuera con su familia, pero Chiharu y yo decidimos ir a pasar un día a Tokio para conocerlo bien. Solo había ido una vez de visita con mis padres y no había visto mucho. Era una ciudad gigantesca, llena de gente, pero la bahía era diferente... menos caótica.

Me imaginé como habría sido mi vida si estuviera estudiando allí, hasta que pensé que entonces no habría conocido a Shaoran.


Ese domingo, después de cenar encendí el ordenador en mi cuarto. Un mensaje nuevo.

Shaoran: "Mañana cogemos el vuelo a Okinawa, ¿has hecho ya la maleta? Tengo ganas de verte"

Llevaba días con la maleta preparada. Iban a venir los dos hermanos, con tres amigos más de su pueblo.

A mí me esperaban cuatro horas de diversión en autobús hasta llegar allí. Milagrosamente, entre Meiling y yo habíamos convencido a mis padres para que me dejaran ir, supuestamente era una quedada con gente de la facultad.

Sakura: "Está todo listo, mañana a las nueve sale el autobús. ¡Nos vemos muy pronto!"


Las horas en el autobús no fueron tan pesadas como creía, me distraje escuchando música hasta que llegué. Había quedado con ellos en el paseo marítimo, era donde estaba el apartamento que teníamos alquilado para esos días. Cuando estaba llegando, recibí un mensaje.

Meiling: "Sakura, ya tenemos las llaves del apartamento y estamos dejando las maletas. Es el número treinta, ¿por dónde vas?"

Estaba pasando por el número seis, así que no me quedaba mucho.

Sakura: "Ya estoy en el paseo, llego en un momento"

Vi una figura a lo lejos que me resultó muy conocida. Al verme corrió hacia mí, y me levantó en brazos como a una niña pequeña.

—¡Bájame ya! La gente nos mira— dije, riendo sin poder contenerme.

Shaoran me bajó y entramos al apartamento. Aparte de Meiling, estaban sus dos compañeras de piso y el chico que intentó ligar conmigo en mi primera visita a China.


La semana con ellos fue muy divertida, hicimos submarinismo por el arrecife de coral y pasábamos casi todo el día en la playa jugando a las cartas, bañándonos y tomando el sol.

Por las noches íbamos un rato a los pubs, donde Aname y Naoko triunfaron con un grupo de chicos jóvenes.

Cada vez que nos quedábamos un rato a solas, Shaoran aprovechaba para atacarme y dejarme sin respiración. Una de esas veces, le hice una pregunta que llevaba tiempo dando vueltas en mi cabeza.

—Oye, Shaoran. Tú... ¿cuándo te fijaste en mí?

Lo pensó durante unos segundos.

—Si te digo la verdad... la primera vez que te vi, cuando subiste al coche.

Un estremecimiento me recorrió todo el cuerpo al oír eso.

—Le pregunté a mi hermana por ti, pero me dijo que tenías novio así que me olvidé del tema—añadió, encogiéndose de hombros.

Sonreí y le di un beso en la mejilla antes de responder.

—Pues ese mismo día dejé de tener novio.

Él alzó las cejas.

—Me podías haber avisado.

Nos reímos y me preguntó cuándo me había empezado a gustar él a mí.

—Pues... fue por culpa de Tomoyo. Yo no me había fijado en ti, eras el hermano de mi amiga... pero ella me dijo algo sobre ti y ya te metiste en mis pensamientos— murmuré, ruborizándome.

—Sabes, Sakura... llevo semanas que no puedo dejar de pensar en esa tarde, cuando lo hicimos en el jardín... ¿te acuerdas?— susurró cerca de mi oreja.

Mi cuerpo se estremeció de nuevo al recordar aquello. Yo tampoco podía dejar de pensar en ese día, cuando me tiró a la piscina y después nos tumbamos en el césped, su forma de mirarme, la luz del atardecer...

—Podríamos perdernos un rato por la playa y repetirlo— dijo, con una sonrisa traviesa.

Lo miré y sentí el mismo deseo que él. Tras asegurarnos de que nadie nos veía, nos escondimos en la oscuridad de la playa.


Sin duda, ese verano fue de los mejores de mi vida... tal vez el mejor. Pero me tocaba volver a la realidad.

Al día siguiente comenzaban las clases en la facultad y Shaoran empezaba a trabajar en el instituto de Yaita. Había alquilado un apartamento para vivir allí durante el curso.

Antes de dormir le llamé por teléfono, aprovechando que mis padres estaban viendo la tele y no me escucharían.

—¿Nervioso por empezar mañana?

—Un poco, hoy he llamado por teléfono para informarme de los horarios y preguntar por el resto de profesores. Me han dicho que mañana empezamos dos nuevos, una profesora que va a estar de prácticas unos meses y yo.

Se quedó callado de repente.

—¿Qué te pasa? Te noto raro.

Escuché un resoplido.

—No sé cómo decirte esto. La profesora de prácticas es de matemáticas y va a pasar esos meses conmigo en mis clases— dijo con voz extraña.

—Bueno, no pasa nada. ¿Tan celosa crees que soy?— respondí, riéndome un poco.

—Sakura... me han dicho que esa chica se llama Akiho.

Mi corazón se aceleró al escuchar ese nombre.