Capítulo Dieciocho

Una pesadilla


Al día siguiente, cuando me levanté metí el paquete de tabaco en la mochila. Guardé el teléfono en un cajón, seguía apagado y no quería volver a encenderlo.

Salí de casa y me fui a la universidad.


En cada descanso entre clases, me iba a la puerta de la facultad para fumar. Nada más llegar a primera hora y sentarme, Jun se dio cuenta de que me pasaba algo. Intentó hablar conmigo, pero le pedí que me dejara sola.

Lo veía observarme preocupado pero me daba igual, sentía que ya nada volvería a importarme como antes.

Me salté la última clase porque empecé a encontrarme mal, cada vez notaba más angustia. Volví a la puerta para encender otro cigarrillo y las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas.

Vi a Jun salir por la puerta, acercándose en silencio hasta que se sentó a mi lado. Sin decir nada me abrazó, y nuevas lágrimas cayeron por mi rostro. Al cabo de unos minutos, me habló.

—Sakura, cuéntame lo que ha pasado. Odio verte así y quiero ayudarte.

Tomé una última calada del cigarro y lo apagué.

—Me ha vuelto a pasar... Shaoran está con otra.

Tanto él como Meiling sabían toda la historia de Kaito, y de cómo descubrí que había estado con otra chica mientras todavía estaba conmigo. La cara de sorpresa que puso Jun fue increíble.

—No me lo creo —murmuró en voz baja.

Suspiré y lo miré a los ojos.

—Ayer me llamó Akiho y me enseñó que estaba en su cama. ¿Te lo crees ahora?

Jun se quedó unos segundos con la boca abierta, después estuvo pensativo un rato mientras yo observaba el paisaje en silencio, pensando en cómo podía estar siendo engañada otra vez.

—Pero... ¿y si lo ha hecho para confundirte y que pensaras eso?

Noté un pinchazo en el corazón al pensar en esa posibilidad, pero no podía creer que eso fuera cierto.

—Ya... y entonces, ¿cómo estaba en su cuarto? ¿Cómo pudo entrar en su casa?— pregunté, notando que el dolor se reflejaba en mi voz.

Jun negó con la cabeza.

—No lo sé... pero me cuesta creer que Shaoran haya hecho algo así. Tú mejor que nadie sabes que te quiere, si hasta yo lo sé.

Ese pinchazo me empezó a doler más. ¿Y si de verdad lo que yo pensaba era mentira? Entonces Shaoran debía estar furioso conmigo por no confiar en él.

Jun volvió a hablar.

—Me contaste que trabajan juntos ¿no?

Asentí sin mirarlo.

—¿Y si fue a su casa a pedirle algo, pero en un descuido se metió en su cuarto y te llamó?

Sentí terror al oírlo, era una locura pero podía ser posible. Sabía bien que Akiho había estado obsesionada con él... tal vez lo seguía estando, y había estado esperando la oportunidad perfecta para hacerme dudar de Shaoran y estropear nuestra relación.

Jun notó mi cara de pánico y me volvió a abrazar.

—¿Has hablado de esto con él?

Negué con la cabeza.

—No contesté a sus llamadas, y apagué el teléfono antes de que pudiera responderme.

Más lágrimas escapaban de mis ojos.

—Tienes que hablar con él, a lo mejor no ha pasado nada y todo ha sido una mentira de Akiho... es una posibilidad.

Tenía razón, necesitaba hablar con él cuanto antes. Me despedí de Jun y corrí a subirme en el autobús.


El camino hasta casa se me hizo más largo que nunca. Cuando entré mis padres aún no habían llegado, me alegré de que no me vieran en ese estado. Mis ojos estaban un poco hinchados, y tenía marcas negras de maquillaje por la cara de haber llorado.

Saqué el teléfono del cajón y, mientras se encendía, me lavé la cara en el baño. Tenía un mensaje nuevo de Shaoran, me lo había enviado poco después de que lo apagara.

Shaoran: "No sé de dónde has sacado eso. Ella ha venido algunas veces a mi piso a traerme material de los alumnos, pero no ha estado en mi cuarto. Hoy le dejé las llaves y vino a recoger unas carpetas que se me habían olvidado, no te lo dije porque no le di importancia. Bonita forma de descubrir que no confías en mí"

Se me revolvió el estómago al leer todo eso. Cuando ella me llamó Shaoran no estaba allí... me había engañado del todo.

Empecé a llorar, maldiciéndome a mí misma por haber dudado de él. Siempre me había demostrado que era de fiar y yo se lo pagaba así... diciéndole cosas horribles, y sin darle la oportunidad de explicarse.

Me temblaba todo el cuerpo. Shaoran me había dicho decenas de veces que para él lo más importante en una relación era la confianza, en su opinión sin eso no había ningún futuro. Desde el principio él confiaba totalmente en mí y quería que yo hiciera lo mismo, estaría muy decepcionado al saber que no era así.

Teníamos que hablar y aclararlo todo, yo tenía que arreglar este desastre. Le escribí.

Sakura: "Cuando estés libre y puedas hablar, avísame"


Llegó la noche y no me había contestado. Me invadió un miedo terrible a que me dejara, tal vez ya no quería seguir conmigo al saber que no confiaba en él. Antes de intentar dormir, le volví a escribir.

Sakura: "Ayer Akiho me llamó y me enseñó que estaba en tu cama. Yo pensé lo peor... lo siento mucho, Shaoran. Perdóname"

Eran las tres de la mañana cuando me dormí y seguía sin contestar. Me esperaba una noche llena de pesadillas.


Los dos días siguientes se me hicieron eternos, entre clase y clase seguía saliendo a fumar hasta que terminé el paquete entero.

Shaoran no daba señales de vida. El jueves por la noche volví a escribirle, pero tampoco obtuve respuesta. Probé también a llamarlo y no contestó, me estaba ignorando y me lo merecía.

El miedo a perderle seguía creciendo, Jun intentaba animarme pero no había consuelo posible.

Al menos ese viernes por la tarde Shaoran vendría a Tomoeda antes de coger su vuelo a China, aprovecharía esa oportunidad para hablar con él cara a cara y decirle lo mucho que sentía haber tenido dudas.


El viernes, después de comer pasé la tarde en mi cuarto, esperando su mensaje de "estoy aquí" para vernos, pero... nada. Ya eran las cinco de la tarde, sabía que tenía que irse al aeropuerto a las ocho por lo que le escribí de nuevo.

Sakura: "¿A qué hora vas a llegar a Tomoeda? Avísame que quiero verte"

El reloj seguía sonando en mi habitación. Las cinco y media... las seis. No me respondía. Marqué su número, no podía ser que aún no hubiera llegado. Días antes quedamos en que llegaría sobre las cuatro. Un tono, dos tonos, tres... y así hasta ocho. Nada, sin respuesta.

Me empezó a doler el pecho, abracé la almohada y lloré durante mucho rato. No podía ser, Shaoran no me contestaba. Llevaba días esperando para verle y poder abrazarle otra vez. Estaba tan arrepentida de no haber confiado en él... y esperaba poder demostrárselo en persona.

Volví a mirar el reloj, ya eran más de las ocho y quedaba poco para que saliera su avión. Intenté tranquilizarme, mis padres no podían verme tan agobiada o me pedirían explicaciones. Me maquillé un poco, intentando disimular mi mala cara, y salí de mi cuarto para cenar con ellos. Por suerte no se dieron cuenta de nada.

Ya era noche cerrada, estaba intentando dormir en mi cuarto cuando me llegó un mensaje. Mi corazón empezó a latir más rápido al ver que era de Meiling.

Meiling: "Mi hermano me ha pedido que te avise de que ya ha llegado. ¿Qué ha pasado, Sakura? Está muy raro y no quiere hablar con nadie"

Algo punzante se clavó en mi pecho, se había ido del país sin venir a despedirse... no quería verme. Todo se estaba desmoronando por momentos y era por mi culpa.

Sakura: "La he cagado, Mei... no quiere hablar conmigo, no sé qué hacer"


Al día siguiente volví a visitar el parque pingüino, se estaba convirtiendo en mi refugio para dar rienda suelta a mi nuevo vicio sin ser descubierta. Por allí nunca pasaba nadie de mi familia, era un lugar seguro para calmar mis nervios con el tabaco... aunque ya ni todo el tabaco del mundo podía ayudarme.

Abrí mi nuevo paquete y disfruté del sabor que dejaba el humo en mi boca, fumar era lo único que aliviaba un poco el dolor que sentía en mi corazón. Pensé en que si seguía así me acabaría enganchando al tabaco de verdad. Lo de meses atrás era fumar alguna vez cuando salía por la noche, pero ahora estaba empezando a hacerlo a diario.

Ya en casa, por la tarde recibí un nuevo mensaje de Meiling.

Meiling: "He hablado con él y me ha contado lo que ha pasado. Dice que por ahora no quiere hablar contigo, está muy enfadado porque hayas pensado que él es como Kaito y que sería capaz de engañarte. No voy a meterme en vuestra relación, esto tenéis que solucionarlo vosotros"

Estaba bien jodida. Si no quería contestar al teléfono, ni a los mensajes de Facebook... no tenía otra forma de contactar con él.

Pensé en escapar, subirme a un avión y aparecer en su casa, pero eso seguramente lo haría enfadarse más. Además, mis padres me matarían si me iba sin decirles nada.

Si no quería hablar conmigo no podía obligarlo, tendría que esperar hasta que quisiera responderme. Menudas vacaciones de navidad más divertidas me esperaban.


Los días pasaron, solo salía de casa para ir a mi refugio a fumar en soledad.

Mis amigas intentaron quedar conmigo para verme, estaban preocupadas y querían saber lo que me pasaba. No se lo había contado, no quería hablar del tema con nadie. Eso significaría admitir que mi relación con Shaoran se estaba rompiendo, tal vez para siempre... y no podía permitirme pensar en eso ni un segundo o me derrumbaría del todo.


Una tarde, estando en mi cuarto escuché sonar el timbre de la puerta. No me levanté, mis padres estaban en casa y ellos abrirían.

Estaba con el ordenador, escribiendo un mensaje a Shaoran como todos los días. Ya hacía más de una semana que no sabía nada de él, seguía sin responder pero yo no dejaba de escribirle.

Prefería hacerlo por Facebook porque así veía el aviso de que había visto mi mensaje, por eso sabía que los leía todos aunque no contestaba a ninguno.

De repente, se abrió la puerta de mi cuarto y entró Tomoyo seguida de Chiharu. Las miré sorprendida, pulsé el botón de "enviar" y cerré el ordenador.

—¿Qué hacéis aquí?

—Si tú no vas con tus amigas, tus amigas vienen a por ti. Vístete que nos vamos —dijo Tomoyo, muy seria.

Solté un bufido y me cambié de ropa. Escuché que decían a mis padres que íbamos a merendar juntas, y me sacaron de casa.

—No tengo ganas de comer nada —dije mientras andábamos.

—¿Entonces dónde quieres ir? —preguntó Chiharu.

—Por aquí —respondí, y me siguieron.

Caminamos durante unos minutos, notaba sus miradas fijas en mí. Llegamos al parque donde iba casi todos los días, y nos sentamos en el banco que me sentaba siempre.

Se pusieron una a cada lado y me observaron en silencio. Saqué un cigarrillo y lo encendí, observando a un grupo de niños que jugaban en los columpios con forma de pingüino.

—Sakura, ¿desde cuándo fumas? Que yo sepa llevabas casi un año sin hacerlo —preguntó Tomoyo.

—Desde hace un par de semanas, me hace sentir un poco mejor.

Chiharu negó con la cabeza, resoplando.

—Ya basta, estás tardando en explicarnos lo que te pasa. Llevamos días preocupadas por ti —dijo con tono enfadado.

Volví a observar los columpios y empecé a explicarles mis últimos días.

—No quería contároslo, porque aún no quiero aceptar lo que ha pasado.

Sentí una lágrima que empezaba a caer por mi mejilla, la limpié y seguí hablando.

—He metido la pata hasta el fondo con Shaoran. Desconfié de él, le acusé de haberme engañado con otra y ahora llevo casi dos semanas sin saber nada de él, no me habla. Creo que ya no quiere estar conmigo y que va a dejarme.

No pude continuar. Mis amigas estaban con la boca abierta, sin saber qué decir.

Les mostré los mensajes en los que acusaba a Shaoran, y los suyos que no respondí junto con las llamadas perdidas que no contesté. Después, ellas siguieron leyendo el resto de mensajes que yo le había mandado sin obtener respuesta.

Me preguntaron por qué pensé que estuvo con Akiho en su cuarto, les expliqué la videollamada que me hizo y lo que ella me había dicho ese día. Tomoyo se llevó las manos a la boca y Chiharu se enfadó más todavía.

—Esa chica es una arpía, la odio —gruñó, cerrando sus puños.

—Tienes razón, pero la culpa es mía. Debería haber sospechado de ella y no haberme creído nada hasta hablar con Shaoran. Esto me pasa por ser tan insegura, todos estos meses me he sentido regular, pensando en que los dos estaban juntos todos los días... y con esa videollamada se confirmaron mis peores temores, me lo creí a la primera.

Las dos me abrazaron y Tomoyo dijo —Te entiendo, creo que yo también habría pensado lo peor si me pasara algo así... y más después de lo de Kaito.

Nos quedamos un rato abrazadas, en silencio.

—No te rindas, esto todavía tiene solución. Sigue intentando hablar con él —me animó Chiharu.

—Sí, no voy a rendirme —respondí, sonriendo.

Nos despedimos y volví a casa.


Encendí el ordenador para ver si Shaoran había leído mi último mensaje. Cuando abrí nuestra conversación, vi que estaba en línea y a los pocos segundos escuché el pitido de un mensaje nuevo.

No lo podía creer, al verme conectada él acababa de escribirme.