Capítulo Diecinueve

Otra vez


Shaoran: "Hola"

Nada más, solamente me saludaba. Me apresuré a contestar.

Sakura: "Hola, Shaoran"

Shaoran: "¿Cómo estás?"

No estaba acostumbrada a que me hablara de esa forma tan seca, sentí ganas de llorar.

Sakura: "Bastante mal"

Shaoran: "Yo tampoco estoy bien"

Sakura: "De verdad que lo siento"

La culpa me invadió y los ojos se me llenaron de lágrimas.

Shaoran: "Hablaremos cuando vuelva"

Me estremecí. Él no era un cobarde como Kaito, si no quería seguir conmigo me lo diría a la cara.

El corazón se me resquebrajó al pensar en lo que me esperaba, en unos días perdería a lo mejor que me había pasado en la vida... y todo por culpa de mi inmadurez y mis inseguridades. El pánico se apoderó de mí, pero disimulé al contestar.

Sakura: "Vale, como prefieras"

Shaoran: "Te avisaré cuando esté allí. Feliz navidad"

Se desconectó y me quedé hecha pedazos, esa despedida significaba que no iba a volver a hablar conmigo. Me esperaba otra semana de angustia hasta que pudiera verlo.

Cada vez veía más difícil convencer a Shaoran para que me diera otra oportunidad, su frialdad me daba a entender que ya había tomado su decisión.

Dos días después hablé con Meiling, ella estuvo intentando animarme aunque seguía sin querer contarme nada de lo que le había dicho su hermano. Yo la comprendía, pero estaba angustiada sin saber lo que iba a pasar.


Enero 2014

Cuando se acercaba la fecha en la que Shaoran volvería, mis dos amigas intentaron darme fuerzas.

—Pase lo que pase nosotras estamos contigo —dijo Chiharu, sujetando mi hombro.

—Si le pierdo por esto... no me lo voy a perdonar nunca —respondí con tristeza.

Tomoyo me pidió que les informara en cuanto supiera cuándo íbamos a vernos, no sabía exactamente qué día volvía Shaoran a Japón pero tenía que ser pronto.

Esa tarde, salí de casa para dar un paseo y calmar mi ansiedad con el tabaco, como hacía desde que recibí la llamada de Akiho. Cuando llevaba un rato caminando sentí la vibración de mi teléfono, al mirarlo me quedé paralizada. Un mensaje nuevo.

Shaoran: "Voy de camino al parque. Nos vemos allí en quince minutos"

Su forma de escribir era igual de fría que hacía unos días. No podía creer que otra vez se estuviera repitiendo la misma historia, aunque no era exactamente igual porque Kaito no había tenido razones para alejarse de mí... pero Shaoran sí las tenía.

Se refería a mi parque "refugio", y me encontraba bastante cerca.


Cuando llegué él todavía no estaba, me senté en mi banco de los últimos días y aproveché para encender otro cigarrillo, intentando no darle vueltas a lo que iba a pasar en unos minutos.

Contuve el aliento al escuchar un crujido y me giré bruscamente. Ahí estaba Shaoran, se acababa de sentar a mi lado pero no demasiado cerca. Volví a respirar con normalidad, me había asustado.

Vi como sus ojos observaban el cigarro que seguía en mi mano izquierda. Me apresuré a darle una última calada, intentando reunir algo de valor, y lo apagué. Él seguía en silencio, observando cómo salía el humo de mis pulmones.

Saqué un chicle de menta y lo empecé a masticar sin saber qué decir, estaba petrificada y muy asustada. Si hablaba, sabía que empezaría a llorar y no quería que eso pasara. No dije nada y le estuve observando, estaba tan guapo como siempre aunque tenía unas pequeñas ojeras debajo de sus ojos. Pensé que por culpa del vuelo no habría dormido lo suficiente.

Finalmente me saludó.

—Hola, Sakura.

El corazón se me iba a salir por la boca y me sudaban las manos, llevaba dos semanas temiendo ese momento y ya no había marcha atrás.

—Hola —respondí con un hilo de voz.

—No sabía que ahora fumas —añadió, frunciendo el ceño.

—Sí, desde hace unas semanas.

Había casi un metro de distancia entre nosotros y no parecía que él fuera a acercarse más, eso no lo vi buena señal. Las lágrimas amenazaban con aparecer en mis ojos en cualquier momento, intenté aguantar la tristeza y hablar.

—¿Vas a poder perdonarme? —pregunté con miedo.

—No lo sé. No puedo estar con alguien que no confía en mí —respondió, apartando la vista y suspirando.

Sentí que ya todo estaba perdido, y no pude reprimir más las ganas de llorar. Noté que se acercó un poco a mí.

—Por favor, no llores.

—No puedo evitarlo —murmuré, sintiendo el sabor salado de mis lágrimas.

No iba a tener otra oportunidad, aunque fuera llorando necesitaba decirle todo lo que pensaba.

—De verdad que siento haber dudado de ti. Estos meses han sido difíciles sabiendo que ella estaba contigo todos los días. No debería sentirme insegura, pero Akiho es más guapa y más madura que yo y eso me asusta. Tal vez al estar tanto con ella podías cambiar de opinión respecto a mí... por eso, cuando me llamó y la vi en tu cuarto yo... me volví loca y dejé de pensar.

No fui capaz de seguir hablando. Shaoran acortó la distancia que aún nos separaba y rodeó mi cintura con un brazo.

—Nunca entenderé por qué piensas que todas las chicas son mejores que tú. Deberías darte cuenta de una vez de que eres hermosa, inteligente y que quién esté contigo es muy afortunado. Ese idiota que te engañó con otra sí que está loco.

Sonreí al escucharlo, aunque un escalofrío me heló la espalda. Estaba hablando como si ya no estuviéramos juntos.

—Debes saber que he mandado a Akiho a la mierda, no quiero volver a verla nunca. Lo que te hizo es imperdonable —añadió con furia.

Me estremecí y levanté la mirada para observar mis ojos favoritos por última vez, estaban llenos de ira.

—Me duele que tengas tantas dudas cuando yo jamás te engañaría con nadie. Sabes que solo tengo ojos para ti- dijo con voz grave.

Estaba hablando en presente, un pequeño rayo de esperanza se encendió dentro de mi corazón.

—Por favor, perdóname. No quiero vivir sin ti —supliqué entre lágrimas.

Escuché un suspiro lleno de dolor salir de su garganta. No pude aguantar más, entrelacé mis brazos alrededor de su cuello y lo besé, con miedo a que me rechazara. Pude sentir que él también estaba un poco tembloroso.

Tardó unos segundos, pero respondió a mi beso abrazándome más fuerte. El dolor de mi corazón se alivió un poco, aunque sabía que ese podía ser nuestro último beso. Puede que fuera su forma de despedirse.

Shaoran me besaba con agonía, como si lo necesitara... y yo llevaba dos semanas soñando con estar así con él.


Tras lo que pareció una eternidad, se separó de mí. Yo había dejado de llorar, por suerte después de tantos días malos ya no me quedaban muchas lágrimas. Seguíamos abrazados y continué con los ojos cerrados, no quería saber si todo había terminado.

—Mírame, Sakura.

No quería hacerlo, pero no me quedó más remedio que abrirlos. Su mirada ya no reflejaba enfado.

—Lo he pasado fatal estos días... yo tampoco quiero vivir sin ti. Aunque necesito que seas sincera, y me digas si serás capaz de confiar en mí.

Una sensación cálida se extendió por mi cuerpo.

—Te lo prometo, se acabaron mis estúpidas dudas —respondí, haciéndole sonreír.

Dioses, cómo había echado de menos esa sonrisa. La presión que sentía en mi pecho desde hacía semanas estaba desapareciendo. Volvimos a abrazarnos y disfruté de su aroma, realmente no merecía a un chico tan bueno como Shaoran.

—Mejor vamos al piso de Meiling y seguimos hablando allí. Ella vuelve en un par de días, pero me ha dejado sus llaves —dijo, y se levantó.

Le seguí, uno de sus brazos me rodeó y me apoyé en su hombro. Shaoran soltó un bufido.

—Me cuesta creer que pensaras que iba a dejarte.

Giré la cabeza para mirarlo, muy sorprendida.


Ya habíamos llegado al portal, entramos y nos subimos al ascensor.

—Siempre me has dicho que no soportarías una relación sin confianza —respondí, con miedo de su respuesta.

Abrió la puerta y entramos al piso de su hermana, al cerrar me aprisionó con sus brazos entre la puerta y él.

—Es cierto, pero después de pensar mucho en lo que te pasó con Kaito... pude entender por qué te sentiste de esa forma —dijo, mirándome a los ojos.

Estábamos muy cerca, mi respiración se volvió irregular y me quedé atrapada en su intensa mirada.

—Aunque me sigue doliendo que pensaras eso de mí. ¿En serio crees que querría estar así de cerca de otra mujer?

No pude evitar estremecerme, su rostro estaba solo a un par de centímetros del mío. Se acercó más, hasta nuestros labios se rozaron.

—¿De verdad crees que tocaría a alguien que no seas tú? —murmuró, sin dejar de mirarme fijamente.

Mis piernas temblaban, muy pronto no soportarían más mi peso. Me estaba derritiendo con lo que me decía.

—¿Crees que soñaría todos los días con alguien más?

Mis entrañas se retorcían de placer al escucharlo. Negué con la cabeza sin poder articular ni una palabra. Él acercó sus labios a mi oreja.

—¿Crees que haría el amor con otra? —susurró, poniéndome los pelos de punta.

Suspiré y no pude soportarlo más, me lancé a besarlo y empecé a desabrochar su camisa con agonía. El deseo me estaba quemando por dentro.

Shaoran mordió mi cuello con desesperación, a la vez que me arrancaba la falda con muy poca delicadeza. Dejó de morderme para quitarme el jersey, y aproveché para agarrarlo de la cintura y besar su pecho mientras bajaba sus pantalones.

—Te he echado tanto de menos —murmuré en voz baja, dejando un rastro de besos hasta su cuello.

Sentí como se estremecía, y eso aumentó mi deseo todavía más. Terminamos de desnudarnos y me sujetó, caminando conmigo hasta el cuarto de Meiling sin dejar de besarme ni un segundo. Me tumbó con cuidado en la cama y me observó un momento.

—Eres la chica más bonita que he visto en mi vida —dijo antes de volver a besarme.

Nos envolvimos el uno en el otro liberando todo lo que sentíamos, solo podía pensar en lo feliz que era por estar con él.

—Tú eres el amor de mi vida, Shaoran —susurré, ahogrando un gemido.

Al escucharme todo se volvió más intenso, si es que eso era posible. Nunca había sentido tanto fuego dentro de mí.

Estuvimos más de una hora enredados en esa cama, Syaoran recorrió todo mi cuerpo primero con sus manos y después con sus labios, deteniéndose un buen rato en la zona entre mis piernas... hasta que le supliqué que se detuviera.

Quería sentirlo dentro de mí, todo mi cuerpo lo pedía a gritos y no podía esperar más. Y cuando por fin lo hizo me perdí entre sus labios, sin pensar en nada más que en él y en ese momento.


Cuando todo terminó, seguíamos abrazados y nos mirábamos a los ojos. Sus iris color miel aún ardían.

—Ha sido increíble —susurré, entendiendo a mis amigas cuando hablaban de que las reconciliaciones eran lo mejor que había.

Él asintió.

—¿Me perdonas por no haberte contestado estos días? Necesitaba tranquilizarme para poder comprenderte.

Cubrí su boca con mi mano.

—Eso ya no importa, todo está olvidado.

Me besó la mano, diciendo —Te amo y siempre lo haré.

Otro pequeño fuego se estaba encendiendo en mi interior.

—No me digas esas cosas, Shaoran.

—Es la verdad.

Empecé a temblar y busqué sus labios desesperada, no podría soportar volver a alejarme de él. Dejamos de besarnos poco después, para recuperar el aliento.

—Voy a tener que raptarte y llevarte conmigo a Yaita —dijo, con una sonrisa torcida en el rostro.

—Me parece perfecto.

Los dos nos reímos.


Ese fin de semana me quedé con Shaoran en el piso de su hermana, a mis padres les conté que ella había vuelto y teníamos mucho que estudiar juntas.

Apenas salimos del cuarto en los dos días, nuestros cuerpos estaban necesitados del contacto con el otro y también teníamos mucho de lo que hablar.

—Cuando recibí tu mensaje... pensaba que estabas bromeando. Después, al ver que no respondías me enfurecí. Cuando me dijiste que fuera feliz con Akiho, de la rabia rompí un par de cosas en mi apartamento.

Yo le escuchaba avergonzada. Aunque sabía que me había perdonado, me seguía sintiendo fatal.

—A la mañana siguiente, seguía sin entender lo que había pasado. Cuando esa noche me contaste que Akiho te llamó... me puse furioso. Al volver a verla en el instituto, le grité de todo. No volvió a venir a clase, pero me dio igual. Ese día no te contesté, porque al seguir cabreado sabía que te diría algo de lo que luego me arrepentiría.

Shaoran hizo una pausa para darme besar mi mejilla.

—Necesitaba calmarme antes de hablar contigo, en China seguía furioso. Mi madre pensó que me había vuelto loco.

Me miró de reojo y me arrimé más a él, apretando mi abrazo.

—Lo único que a mí me ayudaba a soportar el paso de los días era fumar, sin eso habría perdido la cabeza. Iba todos los días al parque para estar sola y pensar.

Shaoran suspiró, acercándose a mis labios.

—Esto no nos puede volver a pasar.

Asentí, enterrando mi cabeza en su cuello.


El domingo por la tarde, Meiling ya había regresado y llegó el momento de que Shaoran se marchara, al día siguiente volvían a empezar las clases. Mis miedos habían desaparecido, pero le iba a echar demasiado de menos.

Cuando lo acompañé a su coche, me abrazó y dijo —Tengo un plan, la próxima vez que nos veamos te lo cuento.

Me dedicó una de sus sonrisas traviesas que me embrujaban y se subió al coche. El siguiente fin de semana era su cumpleaños, y vendría a pasarlo con nosotras.