Capítulo Veinte

Cambios


Parecía que la ciudad había dejado de ser gris y los pájaros volvían a cantar.

Me sentí estúpida al pensar en eso, pero realmente unas semanas atrás lo veía todo oscuro y sin vida, cuando en realidad la que se había vuelto oscura era yo. Shaoran había vuelto a encender una luz en mí, y no la volvería a apagar con mis gilipolleces.

Ya tenía claro que su corazón me pertenecía, al igual que él tenía el mío en su poder. No volvería a dudar de eso, él no era como Kaito.


El fin de semana de su cumpleaños, le esperamos con una gran tarta con el número veinticuatro encima. Eriol también se unió a nuestra reunión, hacía mucho que no veía a su querido amigo.

Después de comer la tarta y reír durante horas por fin nos quedamos a solas, saqué un sobre verde (su color favorito) de mi mochila y se lo di. Prácticamente había empezado a ahorrar para su cumpleaños cuando me dio el colgante, aunque por aquella época no estaba segura de si acabaríamos estando juntos.

Él abrió el sobre con ojos curiosos y palideció al ver el interior.

—Sakura... esto debe haberte costado mucho dinero, no puedo aceptarlo.

—Sí puedes. Todavía queda mucho, pero quiero que vengas conmigo —respondí, sonriendo.

Eran unos billetes de avión a noruega y la reserva de un hotel al norte del país para octubre. Sabía que el gran sueño de Shaoran era ver las auroras boreales, y quería estar presente cuando lo cumpliera.

Una amplia sonrisa se dibujó en su rostro y levantó una ceja, mirándome. Sabía lo que me iba a decir.

—No te preocupes por mis padres, alguna mentira se me ocurrirá o sino me escaparé.

Se acercó más, abrazándome.

—Si te escapas conmigo, no te dejaré volver.

Eso sonaba demasiado tentador.

Le pregunté sobre lo que me iba a contar cuando nos viéramos, pero no me quiso decir nada.

—Tengo que arreglar un par de asuntos y no quiero contarte nada hasta que sea seguro, ten paciencia —fue lo único que dijo sobre el tema.


Los meses siguieron pasando. Lo echaba de menos pero me sentía feliz, siempre que podía venía a Tomoeda a pasar el fin de semana para poder verme.

Desde nuestro reencuentro, dejé de sentir esa ansiedad que me hacía fumar. Aunque a veces, cuando me agobiaba mucho, me apetecía hacerlo. Pero no volví a comprar tabaco, lo cambié por mi vicio favorito... Shaoran Li.


Abril 2014

El día de mi cumpleaños cayó entre semana, por lo que no pude verle. Lo celebramos con los compañeros de la facultad en mi jardín, mis padres no estaban y había que aprovechar. Tomoyo y Chiharu también vinieron con sus parejas.

Ya tenía veintiún años y me sentía muy cambiada.

Este último año habían pasado muchas cosas y me veía más madura, quedaba poco de esa chica insegura y tímida que soñaba con el hermano de su amiga Meiling. Seguía siendo callada con gente desconocida, eso nunca cambiaría, pero ya no dudaba al plantar cara cuando tenía que hacerlo.

La actitud de mis padres también empezaba a ser algo distinta, me daban un poco más de libertad pero no demasiada. Eso era un gran alivio, la verdad.


El primer semestre de la facultad terminó con buenas notas, y este segundo iba por el mismo camino. Si seguía así para el siguiente curso podría pedir una beca, con eso y un trabajo a media jornada tal vez podría independizarme y ser libre.

Mi madre sospechaba que mi cambio se debía a un chico, me lo había insinuado alguna vez. Yo me limitaba a encogerme de hombros, aún no estaba dispuesta a contarles nada. Si sabían lo de Shaoran, corría el riesgo de que no me volvieran a dejar dormir fuera de casa.


El sábado estaba con él, tomando un helado en ese bosque a las afueras de la ciudad que era nuestro pequeño escondite. Prácticamente nunca había nadie allí y podíamos estar a solas.

—¿Quieres tu regalo? —preguntó cuando terminé de comer.

Asentí, sonriendo. Abrió la bolsa que llevaba consigo desde esa mañana y me dio una cajita violeta.

Antes de abrirla, dije —Es difícil que algo me pueda gustar más que tu colgante.

Shaoran arqueó las dos cejas.

—Vamos a comprobarlo.

La abrí con cuidado y me encontré con una llave. La observé extrañada, no me sonaba de nada.

¿Tal vez era una llave que abría otro regalo? Sabía que en su bolsa llevaba más cosas. Él se rio al ver mi desconcierto.

—Si la quieres, es tuya.

—¿Qué abre? —pregunté, intrigada.

—La puerta de mi casa.

¿Había escuchado bien? ¿Su casa? Me pareció un detalle precioso, aunque apenas había ido a visitarlo dos veces desde que vivía en Yaita. Vi que sacaba una carpeta de la bolsa y me la extendió.

—Con esto lo entenderás mejor —dijo con voz misteriosa.

Al abrir la carpeta, estaba llena de papeles con sellos de la universidad de Tomoeda... y de la universidad de Yaita. No le encontraba sentido. Escuché una carcajada y miré a Shaoran, estaba negando con la cabeza y tenía una sonrisa divertida.

—Déjame que te lo explique... solo tienes que firmar esos papeles y entregarlos en tu facultad, trasladarán tu expediente a la universidad de Yaita y a partir de septiembre estudiarás allí.

Un escalofrío gigante me recorrió la espalda al empezar a entender lo que me estaba ofreciendo. Shaoran siguió hablando.

—Vivirás conmigo y podrás terminar tus estudios allí. Sé que vas a conseguir la beca y podrás pagar tu carrera, pero si al final no la tienes no importa. Tengo dinero suficiente para pagarlo yo.

Aquello me dejó sin palabras, Shaoran estaba esperando una respuesta pero no podía dársela.

—Es solo si tú quieres, no tienes por qué hacerlo —añadió, algo nervioso.

—¿Me estás pidiendo... que me vaya a vivir contigo? —pregunté, sorprendida.

Él puso los ojos en blanco.

—Pues claro. ¿Qué otra cosa puede ser?

Una sensación extraña se adueñó de mí. Me lancé a sus brazos y él me sujetó, sonriendo.

—Si lo hago, tendré que buscar un trabajo. No puedes pagarlo tu todo.

Ya tenía pensado hacer algo así para dejar de vivir con mis padres.

—No te preocupes por eso, ya trabajarás cuando acabes de estudiar —añadió Shaoran, rozando su nariz en mi cuello.

Nos quedamos abrazados en silencio, mientras yo intentaba asimilarlo todo.

—Entonces... ¿qué dices? —preguntó, incorporándose para mirarme.

Yo lo imité poniendo los ojos en blanco y Shaoran se rio.

—Es obvio que digo que sí —respondí, uniéndome a su risa.

Rompió los centímetros que nos separaban para besarme.

Unos segundos después, él dijo —En realidad ese no es tu regalo. Toma —y me dio una bolsita de tela cuadrada.

Levanté una ceja, escudriñando su rostro. ¿Otro regalo?

—Venga, ábrela ya.

Dentro de la bolsita encontré una pulsera de plata de donde colgaban pequeñas lunas y estrellas, era preciosa.

—Es muy bonita, Shaoran —contesté, sonriendo mientras él me la ponía.

—Ahora ya llevas seis lunas encima —murmuró, guiñándome un ojo.

No pude evitar sonrojarme, él estaba contando el colgante y mi tatuaje.

Me subí encima de sus piernas y nos quedamos así, hablando durante una hora, planeando cuando entregaría los papeles y cómo llevaríamos mis cosas hasta Yaita.

Cuando nos levantamos para volver a la ciudad, Shaoran dijo —Ya solo falta contárselo a tus padres.

Fue como si me hubieran tirado un cubo de hielo por encima. Él soltó una risita.

—Te has puesto tan pálida como si hubieras visto un fantasma.

¿Le parecía divertido? Me daba pánico solo de pensar en la cara que pondrían mis padres al enterarse. Además, desde hacía unos meses mi madre solía decirme que debería ir pensando en casarme con alguien apropiado para la familia.

—Me van a matar —admití entre dientes.

—Esperaremos a que termines los exámenes y en verano te vendrás conmigo, no pueden impedirlo. Estaré contigo cuando se lo digas —respondió, intentando tranquilizarme.

—Creo que antes debería comentarles que tengo novio —murmuré, notando que Shaoran me agarraba más fuerte.

—Sí, tal vez sea una buena idea —contestó y los dos nos reímos.


Mayo 2014

Las semanas siguientes estuve muy nerviosa. En junio al terminar los exámenes me mudaría con Shaoran, ya había entregado todo el papeleo y mi expediente sería enviado a Yaita en cuanto tuviera las notas de mis exámenes.

Una noche, durante la cena pensé que no podía retrasarlo más, debía hablar con mis padres. Como si mi madre hubiera escuchado mis pensamientos, en ese momento decidió volver a preguntarme si estaba saliendo con alguien. Cogí aire despacio y respondí que sí. Los dos me miraron en silencio.

—¿Y cómo se llama? —preguntó ella.

Mi padre solo me observaba en silencio.

—Se llama Shaoran, es el hermano de Meiling —respondí, evitando sus miradas.

—Lo sabía —se limitó a decir mi madre.

Mi padre negó con la cabeza.

—Ese chico es algo pasajero, tú necesitas a alguien más importante.

Me encogí de hombros y seguí comiendo, prefería no discutir con ellos. Sabía que después me esperaban muchas preguntas.


Junio 2014

La época de exámenes llegó, como sospechaba mis padres no volvieron a dejar que durmiera en el piso de Meiling, aunque no me importaba. En un par de semanas me iría de casa, y podría dormir todas las noches con Shaoran.

Desde mayo no lo veía, habíamos quedado en que el quince de junio vendría a recogerme para ayudarme con la mudanza.

En esos exámenes, me esforcé más que nunca para sacar la mejor nota posible. Tenía que conseguir la beca para que Shaoran no tuviera que pagar mis estudios, ya era suficiente que costeara el piso y todos los gastos de vivir juntos. Y, aunque él no quería, cuando estuviera en Yaita pensaba buscar un trabajo que no me quitara mucho tiempo, para ganar algo de dinero.

Antes de que me diera cuenta ya era catorce de junio, los exámenes habían terminado y Meiling iba a volver a China hasta septiembre. Pasé la tarde con Tomoyo y Chiharu, ambas estaban tristes porque me iría a vivir lejos de ellas.

—Prometo venir a visitaros mucho —dije, y nos fundimos en un abrazo.

Esa noche no pude dormir de los nervios, por la mañana Shaoran aparecería en la puerta de mi casa con su coche y yo le diría a mis padres que me iba con él.


Al día siguiente, se me heló la sangre al escuchar un claxon. Cuando abrí la puerta Shaoran entró con varias cajas, las dejó en el suelo y se acercó a saludar a mis padres.

—¿Qué es esto? —preguntó mi padre al verlo.

—Mamá, papá... me voy de casa.

—Su hija ha decidido independizarse y venirse conmigo —soltó Shaoran.

Mis padres se quedaron con la boca abierta, Shaoran entró en mi cuarto y empezó a meter mis cosas en las cajas.

—¡No pienso permitirlo! —gritó mi padre, enfadado.

—Sakura, tú no vas a ninguna parte —añadió mi madre.

Puse los ojos en blanco.

—Legalmente no podéis detenerme.

La cara de mi padre se puso roja de furia.

—Si sales por esa puerta, no volverás a recibir ni una moneda de nosotros —dijo con rabia.

—No necesita su dinero, ahora me tiene a mí —contestó Shaoran, sacando mis cosas.

Me resultó muy divertido ver a mis padres tan sorprendidos y enfadados, era la primera vez en su vida que no podían controlarme. Nos observaron en silencio mientras recogíamos el resto de mis cosas y las cargábamos en el coche.

—¿Por qué no nos lo dijiste antes? —preguntó mi madre.

Shaoran ya estaba sentado dentro del coche, esperándome.

—Porque habríais buscado la forma de impedirlo, ya soy mayor y pensaba irme de todas formas. No quiero seguir viviendo aquí —respondí con calma.

—¡Ya volverás arrepentida cuando este niñato se canse de ti! Y te encontrarás nuestra puerta cerrada —gritó mi padre.

—Deberías casarte con algún hijo de los amigos abogados de tu padre como habíamos hablado, esto es una locura —añadió mi madre.

Shaoran se partió de risa al escuchar eso.

—Esos son vuestros planes, no los míos. Si algún día me caso será por amor, no por dinero — respondí, antes de subir al coche y alejarme para siempre de esa casa que me traía tan malos recuerdos.


Septiembre 2014

Ya llevaba casi tres meses en Yaita, vivir con Shaoran era maravilloso. Nadie me vigilaba ni me daba órdenes, tenía libertad para hacer todo lo que quisiera y podía estar con él todos los días.

Mis padres no me dirigían la palabra pero no me importaba, yo era más feliz que nunca. Había conseguido la beca y los dos cursos que me quedaban de carrera ya estaban pagados. En clase me iba bien, seguía el mismo ritmo de estudio que tenía en Tomoeda y algunas tardes iba a estudiar a la biblioteca de mi nueva universidad.

—Hoy vamos a hacer una excursión, ponte ropa cómoda mientras yo preparo unos bocadillos —dijo Shaoran un domingo por la mañana.

Cerca de Yaita había varias cadenas montañosas donde nos gustaba hacer senderismo, el paisaje siempre era verde y, si teníamos suerte, encontrábamos algún río por el camino.

Mientras íbamos andando entre los árboles pensé en lo afortunada que era, ese chico que estaba a mi lado era increíble. Mis amigas me habían advertido que al vivir juntos podríamos cansarnos el uno del otro, pero había sucedido lo contrario.

Me encantaba verlo todos los días al abrir los ojos y dormirme escuchando su respiración. Tampoco me cansaba de poder besarlo y tocarlo cuando me apetecía, nuestra relación estaba mejor que nunca.

Después de tres horas caminando, los árboles empezaron a escasear dando paso a un claro donde pude ver un lago enorme. Estaba rodeado de vegetación y de algunos animales salvajes que pastaban tranquilamente. Me quedé maravillada observándolo todo, era lo más bonito que había visto en mi vida. Shaoran se acercó y me rodeó con sus brazos sin decir nada.

—Me encanta —susurré, intentando no romper la magia de ese lugar.

—Sabía que te gustaría —respondió en voz baja, sonriendo.

Nos sentamos en la orilla, dejando que el sol acariciara nuestras piernas y metiendo los pies en el lago. El agua fría era agradable y refrescante.

Comimos los bocadillos observando el paisaje y hablando de los ciervos, que nos vigilaban a nuestro alrededor.


Al terminar de comer nos tumbamos en la hierba para descansar, me podría haber quedado dormida allí de lo a gusto que estaba. Shaoran se incorporó y me miró a los ojos, esos iris ámbar que me hipnotizaban observaron los míos verdes durante un momento.

—Quiero darte algo —dijo, buscando en su mochila.

Me entregó una cajita exactamente igual a la que me dio cuando me regaló mi colgante, me incorporé para abrirla pero me sujetó las manos.

—Deja que la abra yo —susurró, abriendo esa cajita negra que me traía muchos recuerdos.

Mi cuerpo se petrificó al ver lo que escondía dentro. Un pequeño anillo con brillantes que formaban el símbolo de infinito estaba ante mis ojos.

¿Eso era lo que yo estaba pensando?

—Cuando termines tus estudios... ¿te casarás conmigo?

Otra vez mi voz había desaparecido, creía que ya no volvería a pasarme pero me equivocaba. Me lancé encima de él, haciéndolo caer de espaldas, y atrapé sus labios entre los míos.

Tras unos minutos, me obligó a alejarme.

—Tienes que responder —dijo, sonriendo.

Puse los ojos en blanco, provocando su risa.

—Pensaba que ya te había respondido... sí, me casaré contigo.

—Pero primero ya sabes, tienes que terminar la carrera. En cuanto acabes, te convertirás en la señora Li —dijo, alzando las cejas.

—Ya veremos eso del apellido —respondí con una mirada asesina.

Él sacó el anillo y lo colocó en mi dedo.

—¿Te gusta? Si no, podemos cambiarlo por otro —preguntó, señalando mi mano izquierda.

—No quiero cambiarlo —contesté, entrecerrando los ojos con odio.

Shaoran sonrió y me empujó hasta que quedé tumbada a su lado. Me abrazó y nos quedamos allí, mirando el nuevo anillo que había en mi mano.

—¿De verdad te ha gustado? —volvió a preguntar mientras descendíamos por la montaña.

Resoplé y lo atrapé entre mis brazos, besando su cuello.

—Es perfecto, no podía esperar otro anillo de un matemático —respondí y ambos nos reímos.


Espero que os haya gustado, esta es la primera historia que escribo. Falta el epílogo que lo terminaré pronto.

Sakura y Shaoran me encantan, tal vez escriba más sobre ellos.