Capítulo Veintiuno
Epílogo
Junio 2015
Ya hacía unos meses que había cumplido veintidós años, y mi tercer año de carrera había terminado. Conseguí mantener la beca con mis buenas notas, un año más y sería una graduada en economía.
La vida con Shaoran seguía siendo tranquila a la vez que emocionante, él ya tenía veinticinco años y estaba más guapo que nunca. Todavía no me había acostumbrado a mi nueva libertad, ni a disfrutar de sus caricias todos los días.
Encontré un pequeño trabajo dando clases particulares a estudiantes de instituto, no me quitaba mucho tiempo y me permitía tener algo de dinero para mis caprichos.
Mis padres ya se habían relajado y aceptaban la nueva situación, todo porque querían seguir manteniendo una relación conmigo. Iba a visitarlos pero muy poco, me resultaba incómodo porque siempre intentaban convencerme con sutileza de que volviera con ellos y dejara a Shaoran.
Podían seguir soñando, eso no iba a pasar.
Casi siempre que iba a Tomoeda me quedaba con Tomoyo en su nuevo piso, por estar en su último año de carrera una empresa de asesores fiscales la había contratado de becaria. Ella había decidido independizarse y empezar a vivir su vida, sabía que le esperaba un buen contrato con ellos en cuanto terminara los estudios.
Shaoran a veces me acompañaba a Tomoeda, quedándose con su hermana. Meiling lo echaba mucho de menos, no estaba acostumbrada a tener a su hermano tan lejos.
En verano volvería a ir a china con Shaoran, él pensaba hablar con sus padres para informarles de que nos íbamos a casar el próximo año.
A mí me daba pánico, no estaba preparada para enfrentarme a ese momento. No sabía si reaccionarían bien y a Shaoran le importaba mucho lo que ellos pensaran.
En cambio a mis padres se lo diríamos más adelante, me daba igual su opinión sobre el tema.
Cuando fui por primera vez a Tomoeda después de la propuesta de Shaoran, mis amigas se llevaron una gran sorpresa. No les había dicho nada para contárselo en persona, alucinaron al ver mi anillo y se entusiasmaron muchísimo con la idea.
—Tenéis que celebrarlo aquí en Tomoeda que podamos ir todos. Nada de celebrarlo en china —exigió Tomoyo.
—Claro, no te preocupes. Aún no hemos pensado nada, pero será aquí —respondí para tranquilizarla.
Yo no era la típica chica que sueña con su boda desde pequeña. Sinceramente no me atraía mucho nada de eso, no me gustaban las grandes celebraciones. Tampoco me gustaba ser el centro de atención y me tocaría pasar por todo eso en una boda... estaba dispuesta a hacerlo por Shaoran, si era lo que él quería lo tendría.
En unos días subiríamos al avión con destino China, Meiling también vendría en ese mismo vuelo. Quedamos en encontrarnos en el aeropuerto de Tokio.
Julio 2015
Fui durmiendo todo el vuelo, cuando me desperté ya habíamos aterrizado. Los tres nos dirigimos a la parada del autobús que iba a su pueblo.
Conforme nos acercábamos a la casa de su madre, empecé a sentir angustia. Meiling lo notó y se acercó a abrazarme.
—Tranquila Sakura, todo irá bien.
—Yo no estoy tan segura, tengo un mal presentimiento—respondí, algo temblorosa.
Shaoran puso los ojos en blanco y resopló.
Escondí mi anillo en el bolsillo y entramos a casa de su madre, Shaoran se lo diría en la cena. Sus padres no sabían nada de la boda ni de que estábamos viviendo juntos.
Meiling me había tranquilizado diciendo que su madre era muy comprensiva y lo entendería. En cambio su padre... sería un hueso más difícil de roer.
A la hora de la cena me temblaban las manos. Nos sentamos a la mesa, Shaoran se colocó a mi lado.
—Madre, tenemos algo que decirte—dijo, mirándola a los ojos.
A ella se le borró la sonrisa de la cara y Shaoran continuó.
—Le he pedido a Sakura que se case conmigo. Lo haremos el año que viene, cuando termine la universidad.
Su madre abrió mucho los ojos mostrando sorpresa, pero al momento una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Menos mal, pensaba que me ibas a decir que está embarazada.
Mi sonrojo al oír eso tuvo que llegar hasta la luna. Shaoran se empezó a reír, y al ver mi cara soltó una gran carcajada.
—Eres muy mal pensada, madre —murmuró, intentando parar de reír.
Ella seguía sonriendo.
—Hay algo más que no sabes. Sakura se vino a vivir conmigo hace unos meses, sus padres no la estaban tratando bien y ella quería marcharse de su casa, así que le ofrecí venirse a Yaita.
Su madre soltó un suspiro.
—La verdad es que lo sospechaba, estabas muy feliz últimamente—respondió, haciendo que Shaoran se sonrojara.
Después fijó la vista en mí.
—Será un honor que te unas a nuestra familia, eres muy bienvenida.
Le dediqué una amplia sonrisa.
—El honor es mío, señora Li. Muchas gracias.
Primera prueba superada, ahora faltaba lo más complicado... el señor Li. Al día siguiente comeríamos con él en un restaurante del pueblo y esa vez Meiling no estaría, prefería que habláramos con su padre a solas.
El nuevo día llegó.
Me desperté en el cuarto de Shaoran, su madre nos había dejado dormir juntos con la condición de que no cerráramos la puerta. Shaoran me había dedicado una sonrisa malvada cuando me metí en su cama con él.
—Nunca lo he hecho con nadie en esta cama— susurró en mi oído.
Todo mi cuerpo tembló al escucharlo.
—Y así va a seguir, ni se te ocurra tocarme.
Él se rio y me atrapó entre sus brazos.
—Intentaré ser bueno, pero no prometo nada— añadió antes de besarme.
Por suerte no pasó de ese beso, lo que faltaba es que su madre nos pillara haciendo algo indebido.
Llegamos al restaurante antes que su padre. Me coloqué el anillo en el dedo anular, estaba enamorada de él porque era bonito y discreto... perfecto para mí.
Su padre llegó a los pocos minutos. Ordenamos la comida y, mientras la traían, Shaoran decidió hablar.
—Padre, tenemos una noticia que darte —dijo, sujetando mi mano.
Su padre no podía estar más serio.
—Sakura y yo vamos a casarnos.
El rostro del hombre palideció unos segundos, pasando después a un rojo intenso.
—Creía que lo tuyo con ella no era tan serio... ¿cómo puedes siquiera plantearte unir tu vida a una persona así? ¡No puedes hacerlo, en esta familia no nos casamos con gente de clase inferior! ¡Necesitas a una mujer china influyente, no a una japonesa cualquiera! —gritó con enfado.
Me sentí como si me hubieran dado una bofetada, sus palabras me estaban haciendo daño.
—No hables así de ella. Yo no necesito a nadie mejor, quiero estar con ella —respondió Shaoran, también enfadado.
Yo me limitaba a observar el suelo, me estaban entrando ganas de salir corriendo de allí.
—Si lo haces, perderás tu herencia y te haré la vida imposible en Japón. Sabes que tengo muchos contactos y también sabes que siempre cumplo mis amenazas —dijo su padre, mirándome con mala cara.
—¿De verdad? ¿No te importa mi felicidad?- preguntó Shaoran con voz dolida.
No pude soportarlo más, me levanté y corrí sin mirar atrás. Las lágrimas rodaban por mis mejillas descontroladas, sabía que para Shaoran su familia era muy importante y no la podía perder por mí... no merecía la pena.
Meiling me miró con asombro al abrirme la puerta de casa de su madre.
Entré corriendo al cuarto de Shaoran para recoger mis cosas, tenía que marcharme de allí cuanto antes. Ella me preguntó unas veinte veces qué había pasado, yo solo negué con la cabeza, terminando de cerrar mi maleta.
—No quiero que Shaoran estropee su vida por mí. Me voy, Meiling. Te quiero mucho—dije, besando su mejilla antes de salir de su casa.
Ella intentó detenerme, pero conseguí escapar y subirme en el autobús del aeropuerto. Esa misma tarde salía un vuelo a Japón, por fin un poco de suerte.
Compré un billete y me senté a esperar. Saqué el teléfono, seis llamadas perdidas y dos mensajes de Shaoran. Tragué saliva, no quería que me impidiera volver a Japón.
Shaoran: "¡Sakura! ¡Vuelve! ¿Dónde estás?"
Shaoran: "He venido a casa y no estás, Meiling dice que te has ido a la aeropuerto. Voy en tu busca, no te vayas por favor... ¡contesta el maldito teléfono!"
Sin dejar de llorar le contesté, mientras me dirigía a la puerta de embarque.
Sakura: "No vengas, ya estoy subiendo al avión. Es mejor que me vaya, tu padre no me quiere y tiene razón, tú deberías estar con alguien mejor que yo. No pienso permitir que renuncies a tu familia ni a tu herencia por mí. Siempre te querré, Shaoran"
Una vez en el avión, apagué el móvil y ocupé mi asiento.
El tiempo pasó volando, mientras yo pensaba en él y en que se merecía la oportunidad de intentar ser feliz sin mí. No podía olvidar sus palabras "no necesito a nadie mejor", me habían llegado al alma y aún me dolían. Significaban que había alguien mejor para él, pero creía que podía conformarse conmigo.
Seis horas después, ya estaba en Yaita. Era de noche, pensé en preparar un par de maletas con mis cosas y salir al día siguiente hacia Tomoeda.
Llamé a Tomoyo entre lágrimas y me ofreció quedarme con ella, hasta que encontrara algún trabajo y un piso donde poder quedarme. Todo el tema de la universidad iba a ser muy complicado, no sabía si conseguiría que me volvieran a trasladar a la universidad de Tomoeda, pero tendría que intentarlo.
Me acosté pensando en Shaoran. Se me rompía el corazón al imaginarme mi vida sin él, pero su familia era lo primero y tenía que respetarlo.
Me quedé dormida encima de la almohada, que estaba empapada con mi dolor.
Unas horas después me desperté sobresaltada, había oído un portazo. Al mirar por la ventana, vi que estaba amaneciendo. Todo estaba en silencio pero de repente escuché algo, parecían pasos.
Mi corazón empezó a latir más deprisa. ¿Sería un ladrón? ¿...y si era Shaoran?
La puerta del cuarto se abrió, y pude ver a un Shaoran furioso entrando en la habitación. Me acobardé al ver la ira que desprendían sus ojos.
Señaló las maletas que había preparado hacía unas horas y preguntó —¿Qué es esto? ¿Pensabas irte?—con esa voz enfadada que tan poco me gustaba.
Asentí en silencio. Él se llevó las manos a la cabeza, como si fuera a arrancarse el pelo.
—¡Estás loca, Sakura! —gritó, y salió de la habitación dando otro portazo.
Me quedé sentada en la cama, intentando volver a respirar con normalidad. Entendía que estuviese tan cabreado conmigo, me lo merecía por haber salido huyendo sin decirle nada.
Intentaría hablar con él en un rato, cuando se calmara.
Pasó una hora y no se oía ni a una mosca, decidí levantarme para buscar a Shaoran. Cuando llegué al salón ahí estaba, tumbado en el sofá con su cara hundida en un cojín. Me acerqué en silencio y me senté a su lado.
—Lo siento, no debí irme así.
Shaoran se incorporó y apartó el cojín. Pude ver que seguía furioso... y también vi la marca de algunas lágrimas en sus mejillas. Nunca le había visto llorar, eso me destrozó por dentro.
—No, no debiste hacerlo—dijo con voz ronca.
Otra vez había metido la pata, aunque esta vez lo había hecho por él.
—Con lo que dijo tu padre no podía seguir allí. Necesitaba irme, sé que para ti su opinión es muy importante y no quiero hacerte elegir entre tu familia o yo. Lo entiendo, Shaoran... tú mereces a alguien mejor que yo —murmuré sin mirarlo.
La única forma de evitar mis lágrimas era alejarme de sus ojos dorados.
—No puedo creer que seas tan estúpida— respondió Shaoran, con la voz llena de odio.
Eso me ofendió, estaba a punto de levantarme para marcharme cuando me agarró de la muñeca.
—Da igual lo que mi padre, mi madre o el mismísimo Buda opinen. La decisión de estar contigo es mía y de nadie más, Sakura. Nadie me va a separar de ti, entérate de una vez. Ah, y como vuelvas a decir lo de "alguien mejor", te juro que me voy y no me vuelves a ver — gruñó, furioso.
Apoyé la cabeza en su pecho, con lágrimas en los ojos.
—Otra vez te he decepcionado.
—Bueno... no ha sido todo culpa tuya, mi padre no debió decir eso.
Nos quedamos abrazados unos minutos sin decir nada, empecé a sentirme mejor y noté como Shaoran también se relajaba.
—Tengo una idea —dijo él de repente.
Se apartó un poco para mirarme y preguntó —¿Me quieres?
Asentí.
—¿Sigues queriendo casarte conmigo?
Asentí de nuevo.
—Pues vístete, nos vamos a Tomoeda. Voy a llamar a mi abogado —dijo, levantándose y yendo a por su teléfono.
—¿Qué vas a hacer? —pregunté, temerosa.
No quería que hiciera nada contra su familia.
—No te preocupes y prepárate —respondió con una sonrisa.
Eso me tranquilizó.
Me cambié de ropa mientras lo escuchaba hablando por teléfono y subimos al coche.
Cuando llegamos a Tomoeda, me di cuenta de que se dirigía al piso de Tomoyo. Al llegar, ella y Meiling estaban esperando en la puerta y se subieron al coche con nosotros, muy sonrientes.
—Buenos días, tortolitos —dijo Meiling.
—¿Qué hacéis vosotras aquí? ¿Qué estás tramando, Shaoran? —pregunté, con los nervios a flor de piel.
Los tres se rieron, pero ninguno me respondió.
Después de unos minutos Shaoran aparcó y nos bajamos, estábamos en la zona de negocios de la ciudad. Caminamos hasta un edificio, donde Chiharu nos esperaba junto a la puerta con una gran bolsa colgando de su brazo.
Todo eso era muy raro. ¿Por qué estaban todas mis amigas ahí?
Al entrar, pude ver un cartel enorme donde ponía "Notaría". Me quedé helada al comprender lo que Shaoran quería hacer, él se acercó a mí y rodeó mi cintura con sus brazos desde atrás al ver que me había dado cuenta.
—Hoy nos casaremos y nadie nos lo impedirá—dijo, besando mi mejilla.
No sabía qué decir.
—Estás loco—susurré, con una risa nerviosa saliendo de mi garganta.
—Por ti —respondió Shaoran, haciéndome reír.
Meiling me agarró del brazo y me llevó al baño de empleados. Una vez allí, mis tres amigas empezaron a sacar todo lo que había en esa bolsa sospechosa.
Tomoyo me dio un vestido corto blanco de encaje muy bonito para que me cambiara, mientras Meiling empezaba a maquillarme un poco y Chiharu me peinaba, formando trenzas alrededor de mi cabeza.
—¿Cuándo has llegado a Japón, Mei? — pregunté a mi amiga.
—Vine en el mismo avión que Shaoran, cuando te fuiste él ya tenía en mente algo como esto para que mi padre no pueda hacer nada contra vosotros... y no pensaba perdérmelo.
Al salir nos esperaba Shaoran, él también se había cambiado de ropa. Llevaba un traje negro y se notaba que había intentado peinarse sin éxito, su pelo era indomable.
A su lado estaba Eriol, supuse que lo habría avisado para que viniera. Nos dirigimos a una sala, donde un notario nos formuló una serie de preguntas para ver si estábamos allí por voluntad propia.
Nos pidió tener a dos testigos, elegimos a Meiling y a Tomoyo. Ellas firmaron unos papeles, jurando que nos conocíamos desde hacía tiempo. Tras eso nos tocó firmar a nosotros.
—Ya sois marido y mujer—dijo el notario, dándonos la mano para felicitarnos.
Cuando se fue, Shaoran sacó una caja donde tenía dos anillos.
—Los compré cuando me dijiste que sí—dijo con una sonrisa, y me puso el mío.
Yo coloqué el suyo en su dedo y nos besamos. Nuestros amigos aplaudieron, y decidimos ir a la terraza del mejor hotel de Tomoeda para celebrarlo. Desde allí se veía toda la ciudad, incluso el campus universitario que me traía tantos recuerdos.
Comimos los seis juntos y brindamos con champán.
—Ya nadie podrá separarnos, Sakura —dijo Shaoran mientras me abrazaba.
—Pero, ¿y la gran boda con todos tus amigos que tú querías?
—Siempre podemos celebrarla más adelante, pero ya serás mi mujer —respondió, guiñándome un ojo.
Sí, ya no había vuelta atrás. Estaríamos juntos para siempre, ni sus padres ni los míos podían impedirlo. Juntos nos enfrentaríamos a ellos y a todos los problemas que nos surgieran por el camino. Con Shaoran a mi lado, todo saldría bien.
FIN
Ahora si, ¡se acabó! Gracias a todos los que han leído esta historia por su apoyo
