Desde que el abuelo había fallecido y como él había dejado de vivir ahí hace un tiempo, Sōta le había comentado a su madre la idea de mudarse, le preocupaba que ahora siendo ella mayor pudiera pasarle algo y él no estuviera ahí a tiempo.

Pero la Sra. Higurashi se negaba a irse, no podía. Había vivido ahí toda su vida, allí había criado a sus hijos, existía ya un vínculo muy fuerte entre ella y ese lugar.

"Puedes llamarlo cosa de viejos" Le decía a Sōta después de negarse en una nueva ocasión, "Pero no puedo irme, no quiero dejarlo…"

Era sábado y como de costumbre, Sōta visitaba a su madre en la vieja casa familiar, donde el árbol sagrado se mantenía erguido, luciendo más frondoso y vivo que nunca, como si los años no pasaran en él.

Sōta y Akiko habían pasado la mañana preparando la comida que llevarían a casa de su madre, normalmente ellos se encargaban de eso cuando iban a visitarla pero ella insistía en preparar algo igualmente, no quería ser descortés.

Habían acordado comer hoy al aire libre pues el día prometía ser agradable. El cielo pintado de nubes dejaba escurrir los cálidos rayos del sol sobre zonas específicas, el ambiente se sentía fresco, una leve brisa que recordaba la pronta entrada del otoño corría moviendo las copas de los árboles y el pasto. Excelente para un "picnic".

Akiko ayudaba a su suegra a acomodar los platillos sobre la mesa plegable mientras Sōta se dirigía a la bodega para traer las sillas. Para llegar a la bodega tenía que rodear la casa, pasando frente al templo. Antes de llegar a su destino decidió dar una pequeña ojeada al lugar. Normalmente no se acercaba a esa parte del terreno, pero esta vez, sentía una extraña necesidad de echar un vistazo.

Paseó por la entrada principal, le dio varias vueltas al árbol sagrado y finalmente, llegó al pozo, aquél por donde hacía muchos años atrás, habría cruzado su hermana a otro mundo para jamás volver. Recordar a su hermana mayor lo ponía nostálgico, recordaba esos días en los que sabía que volvería, cuando pasaba horas esperando y yendo una y otra vez para ver si ya había aparecido. Cómo disfrutaba oír todas las historias que Kagome traía consigo en cada visita y cómo en otras ocasiones no llegaba sola, sino que venía acompañada del "chico de las orejas de perro"…

Esbozó una sonrisa triste, extrañaba a su hermana. Por mucho tiempo se preguntó si algún día volvería a verla o si habría forma de comunicarse con ella, pero muchos años pasaron sin actividad en aquél lugar que indicara alguna posibilidad de ello. Al final, creyeron que el pozo se había sellado así solo o había perdido su poder. Sōta pronto perdió las esperanzas y dejó de fantasear con aquella idea.

Ahora, se encontraba de nuevo en ese lugar que tanto luchaba por ignorar. Se sentía atraído por una extraña fuerza que lo obligaba a mirar. Aún se encontraba a unos metros de la entrada cuando un estruendo se produjo dentro, sorprendiéndolo. "¿Habrá sido el pozo?" Pensó esperanzado y a la vez asustado. Sabía lo que ese lugar había sido por cientos de años, miles de monstruos, demonios y seres sobrenaturales habían encontrado ahí su fin, por algo era llamado el "Pozo Devorador de Huesos", era básicamente una tumba, llena de energía maligna.

Después de unos minutos y armándose de valor se dirigió a la entrada y abrió la puerta con cautela. No podía verse nada dentro, la luz apenas entraba por el pequeño espacio que él había abierto. Decidió abrir en su totalidad la puerta para ver mejor pero nada, sin contar el espacio cavado en el suelo, no logró ver nadas, excepto que… el pozo no estaba sellado, las maderas que cubrían su entrada y los pergaminos de protección se encontraban regados y despedazados. Unos momentos después logró escuchar algo, parecían sollozos… eran sollozos.

¿Debía entrar? ¿Por qué razón habría de oírse algo así dentro? ¿Algún niño se había perdido y terminado ahí por accidente? Bajó las escaleras tratando de no hacer ruido. Dio vueltas alrededor del pozo, buscando debajo de las tablas que formaban el piso superior. Cuando creyó que no encontraría nada, las vio… Nunca habría imaginado encontrar semejante cosa en aquel lugar: debajo de las escaleras, un par de niñas vestidas en ropas tradicionales, se acurrucaban lo más posiblemente alejadas de la vista de aquél hombre. Una de las niñas, de cabello blanco y un curioso mechón rojo, estaba de frente a Sōta, cubriendo con su pequeño cuerpo a su acompañante. Él trató de acercárseles pero las niñas, rápidamente tornándose defensivas, intentaron salir corriendo.

"Tranquilas, no pasa nada… no… no voy a hacerles nada" Les dijo inclinándose para quedar a su altura, "¿Cómo llegaron aquí?, ¿Dónde están sus padres?"

La peli blanca retomó su postura protectora, enderezándose y levantando la cara, intentando verse amenazante. "No lo sé" Fue todo lo que dijo.

"¿Dónde se metió? Sólo tenía que ir a la bodega…" Akiko terminó yendo a buscar a su marido después de que este no regresara con las sillas que le había encargado.

Al no encontrarlo en la bodega, se encaminó hacia el otro lado del patio, donde se encontraba el templo. No había señales de él por ningún lado, estaba empezando a preocuparse. Mientras se decidía a volver o seguir buscándolo, Sōta ya había salido del templo, pero no venía solo. Lo acompañaban dos niñas pequeñas, de no más de 6 años, caminando junto a él tomadas de la mano.

La escena confundió a Akiko de sobremanera, no encontraba qué decir, sólo pudo atinar a preguntar, "¿Ellas… qui-quiénes son?"

"Towa y Setsuna".


"¿No te has preguntado de dónde venimos?..."

La pregunta tomó por sorpresa a Towa, ¿a qué venía en este momento aquella cuestión? Pocas veces se había dedicado a pensar en ello, le causaba un gran pesar conocer su realidad y no haber sido capaz de cambiarla. No necesitaba preguntarse lo que Setsuna, ella lo sabía, sabía de dónde venían, sabía que este no había sido el lugar que las vio nacer.

Por alguna razón, sólo ella lo recordaba. Cuando fueron acogidas en la familia Higurashi, Towa había tenido dificultad para aceptar todo lo que había pasado, le fue difícil acostumbrarse, pero Setsuna se acopló bastante bien y muy rápido.

Unas cuántas investigaciones en internet y algunas preguntas a profesores después, había concluido que su gemela se había refugiado del trauma suprimiendo todo recuerdo anterior a aquél día. Setsuna había elegido seguir con su actual realidad, mientras que Towa no podía dejar ir su pasado.

En muchas ocasiones, intentó hablar con ella sobre ello, hacerle recordar quiénes eran en realidad, lo que habían pasado y cómo habían llegado a este mundo, pero no tenía el corazón, no quería destruir su felicidad y tranquilidad.

"¿Preguntas eso por alguna razón en particular?" Tenía que ser cautelosa, no quería revelar nada si no era necesario.

"Bueno, he querido contarte sobre algo hace mucho, pero no creía que fuera importante" Le respondió Setsuna, "Este proyecto me hizo recordar cosas que me había preguntado por mucho tiempo, y también, sobre mis sueños…"

"¿Qué sueños?"

"No sé qué signifiquen, ni si quiera sé por qué conozco esas cosas que veo".

"Bueno, ¿por qué no me cuentas y lo averiguamos?"

Después de terminar con los platos, se despidieron de sus padres y subieron a su habitación. Setsuna sabía que podía confiar en su hermana, que ella sabría cómo calmar su angustia. No sabía realmente lo que quería oír de ella, pero lo que sí deseaba era no seguir en la penumbra, deshacerse de esa incertidumbre.

Hablaron largo y tendido, pasaron de la media noche, al día siguiente no tenían clases por lo que no se preocuparon por la hora. Towa escuchó con atención los sueños de su hermana, las descripciones de los lugares que veía, las voces que escuchaba y lo que le decían, los rostros… Allí estaban, en lo profundo de su mente, tratando de salir, sus recuerdos. Aquellos que le permitirían conocer la verdad.

"Setsuna… todo lo que has visto… es real".

"¿A qué te refieres?"

"Esas personas que mencionas, esos lugares… existen, nosotras provenimos de ahí".

Lo sabía, allí estaba la pieza que faltaba en su rompecabezas. Setsuna no dijo ni una sola palabra más mientras su hermana le explicaba lo que tanto había querido saber. ¿Cómo era posible que hubiera olvidado todo?, no pudo evitar sentirse culpable, por haber olvidado a aquellos que tanto amaba y que ahora parecían sólo inventos suyos.

A la mañana siguiente, ambas despertaron compartiendo cama, había sido una noche larga, llena de información aún por procesar. Se alistaron para tomar el desayuno y bajaron a la cocina.

Setsuna aún no sabía cómo reaccionar a todo aquello, a pesar de ahora conocer la verdad, seguía pareciendo insuficiente. Ahora no podía pensar en otra cosa más que en aquel mundo de donde Towa le había comentado, habían salido. Quería volver. De repente, su casa le pareció desconocida, las personas que la esperaban en el comedor, ya no parecían encajar con las palabras "mamá" y "papá".


Bueno pues, siempre digo algo y termino haciendo lo contrario. Dije que en esta parte acababa todo pero terminé escribiendo más de lo planeado, qué vueltas da la vida. Espero ahora sí en la tercera parte acabar esto…

No quise elaborar sobre el cómo las hermanas terminaron en la época actual porque la verdad aún no me he puesto a pensar ello, esperemos mejor a que nos digan en el Anime xD

Espero este capítulo sea de su agrado

¡Muchas gracias por leer y comentar! :D