Volver al lugar que fue mi hogar durante toda mi vida, es un poco extraño, tomando en cuenta que hice algo de lo cual ahora me arrepiento.

Hace tres años tomé mis maletas y dejé atrás mi hogar, mi familia y al hombre que creí amar...

Aparezco en los jardines de la Madriguera. Algunos gnomos saltan por ahí y la maleza está igual que siempre... Y esa estructura tan inestable pero que en su interior encontrarás comida, calidez y sobretodo amor.

Dirijo mis pasos a la entrada y antes de llegar, la puerta se abre...

— ¿Ginny?— pregunta papá, incrédulo de ver a su hija de pie frente a él.

— Hola papá— y sin poder evitarlo apuro mis pasos y me abrazo a él, aún con el temor de ser rechazada.

Lo extrañé tanto, a él, a mi madre, mis hermanos, mi hogar...

El alejarme no fue una decisión fácil pero fue necesaria.

— Arthur, querido dejas tu abrigo...— mamá deja de hablar en cuanto ve que estoy abrazada a mi padre.

Se acerca a mí y toma entre sus manos mi rostro, sus ojos me escanean y una pequeña lágrima resbala por su mejilla. Un nudo se ha formado en mi garganta.

— Hola mamá— hablo sorbiendo por la nariz para no llorar.

— Mi pequeña Ginny, volviste— me dice envolviendome en sus brazos.

Así mi padre nos conduce a ambas al interior de la casa, nos sentamos en el sofá sin despegarnos la una de la otra.

— ¿Cuándo volviste?— pregunta papá.

— Hoy mismo, vine directo acá- contestó— sólo vine a resolver un pendiente, el equipo sólo me dió dos días libres.

— ¿Tan poco tiempo?— pregunta mamá, triste.

— Luego de resolver ese pendiente prometo venir más seguido de visita— le digo con una sonrisa.

— ¿Ese pendiente tiene que ver con Harry?— pregunta papá un poco serio, y mamá lanza un suspiro.

— Sí... Vengo a firmar el acta de divorcio— anuncio, ambos están sorprendidos.

Seguro pensaban que volvía a querer retomar mi relación con él, hace tres años hubiera hecho hasta lo imposible por hacerlo pero ahora luego de pensar y darme cuenta que actúe mal, lo mejor es devolverle la libertad para que busque a su verdadero amor.

— En estos momentos debe estar en el Ministerio— dice papá— de hecho iba de salida para allá, si tú quieres vamos juntos.

— Está bien— acepto, rebusco en mi bolso la carpeta que contiene el acta de divorcio.

Unos seis meses luego de mi partida una lechuza del Ministerio llegó con ella, por ese entonces aún estaba cegada y no la firme, sólo estaba la firma de Harry.

Le doy un beso en la frente a mamá, diciéndole que cuando termine con esto, volveré a pasar el día con ella. Salimos de casa, papá me tiende su mano brindandome una sonrisa afable, y nos desaperecemos.


Potter, te espero en mi casa hoy por la tarde, necesitamos hablar.

- D.M

El hurón tan amable como siempre, espero no sean malas noticias. Dejó la nota a un lado y continuó con la revisión de unos informes.

Cinco minutos después tocan a la puerta.

— Disculpe señor Potter, tiene visita— anuncia mi secretaria.

— ¿Quién es? Recuerdo no tener ninguna cita para hoy— ella asiente.

— Es la señora Potter— por un momento no proceso la información hasta que un destello de cabello rojo entra en mi campo de visión.

Las palabras no salen de mi boca, estoy aturdido, intrigado por la visita inesperada. Con un asentamiento de cabeza le indicó que la deje pasar.

Cuando la secretaria se hace a un lado para darle el paso, la observó... Con su característico cabello rojo ahora corto hasta los hombros, su piel blanca con unas cuantas pecas... ¿Cuándo dejo de ser esa niñita tímida que a penas y me hablaba?

Parece que ha pasado una eternidad desde ese momento...

Una vez dentro la puerta se cierra trás ella, se nota lo tensa y nerviosa que está.

— Toma asiento— le indicó con la mano. Un poco titubeante lo hace.

— He traído el acta de divorcio para firmar— dice poniendo sobre el escritorio una carpeta color rojo vino.

Sin decir nada más, la abre, toma la pluma y estampa su firma.

Su mirada ha cambiado, ella ha cambiado... Sin vacilar ha hecho por lo que he esperado tres años.

— ¿Cuándo llegaste?— preguntó para romper el silencio.

— Hoy mismo, fui a la Madriguera y papá me ha traído al Ministerio— me dice viendo a cualquier lado menos a mí— yo quería pedirte disculpas por lo que hice, sé que actúe muy mal— comienza en voz baja— fue muy duro darme cuenta que tú jamás me amaste pero ahora que acepte mi culpa, quise devolverte tu libertad— termina con la cabeza hacia abajo.

Puedo ver que realmente está arrepentida.

— Acepto tus disculpas— le digo y ella levanta la cabeza, nuestros ojos se encuentran.

— ¿Es en serio?— pregunta incrédula.

— Sí, aunque lo que hiciste estuvo mal, sé que no eres una mala persona— una pequeña sonrisa se dibuja en su cara.

— Muchas gracias Harry, este tiempo me ayudó a darme cuenta que lo que hice fue más un capricho que amor, si te quiero pero como un amigo.

— El sentimiento es mutuo, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea— digo sincero.

Yo siempre la ví como mi pequeña hermana, a simple vista una niña frágil pero con un carácter fuerte, valiente y muy hermosa.

Así, como si el tiempo no hubiera pasado y nada hubiera ocurrido entre ambos, conversamos hasta casi el mediodía de sus planes, de como le ha ido en el equipo de quidditch en el que está y que vendrá más seguido de visita.

— ¡Por Merlín! El tiempo pasa volando— digo al notar que hora es.

— Cierto, mamá creerá que no volveré, es hora de irme— dice ella ya más calmada— nos vemos Harry, espero puedas encontrar a Pansy y aclarar toda la situación.

— Es lo que más deseo— suspiro— gracias por venir y saludos a la señora Weasley— me da un beso en la mejilla y sale de mi oficina.

En verdad me alegro que entre nosotros esté todo bien... Espero también poder arreglar mi amistad con Ron.

Apuró la revisión de los informes para poder ir a casa de los Malfoy, para saber de qué quiere hablar el hurón oxigenado conmigo.