EL CUARZO BLANCO

El ambiente se estaba tornando frío pues estábamos a unas semanas de que iniciará diciembre, sin embargo, el viento que golpea mi rostro no me molestaba en lo absoluto.

Llevó casi una hora sentada observando el Lago Negro y de vez en cuando el calamar gigante asoma sus tentáculos. Hace una semana que dejé de hablar con el tonto de Potter, tuvimos una pelea mientras hacíamos la ronda por el segundo piso.

¿El motivo de la pelea? Haberme hecho parte de la Brigada Inquisitorial que el sapo de Umbridge formó como parte de su plan de averiguar qué trama Dumbledore y Potter para desprestigiar al Ministerio.

Él y sus amiguitos se han andado perdiendo de vista de vez en cuando, y nosotros los vigilamos para ver dónde demonios se meten. Yo sí sé dónde se reúnen, la Sala de Menesteres...

Unos días antes de que se formará la Brigada Inquisitorial, Potter me la mostró fue algo tonto de su parte pues según lo que me contó ahí entrenan hechizos de defensa como una forma de prepararse ahora que Lord Voldemort ha vuelto.

¡Por Merlín! Potter puede llegar a ser muy ingenuo a veces... Mira que contarle eso a quien se supone es su enemiga, sé que lo hizo dándome un voto de confianza y así demostrarme que su amistad es sincera.

Y aunque sus palabras esa noche estaban cargadas de veracidad me dolieron hasta lo más profundo.

Tomó una piedra y la lanzó al lago, trato de que las lágrimas no salgan, porque he de admitir que extraño al idiota cuatro ojos de Potter...


Hoy por ser sábado no hay entrenamiento en la Sala de Menesteres, dejé hace casi una hora a los chicos en el sala común y salí en busca de Pansy...

Quiero disculparme con ella por mi comportamiento y las palabras que le dije la noche en que nos peleamos. Extraño tanto conversar con ella y ahora que hemos formado una amistad ya casi no me ha insultado ni a mí ni a mis amigos.

Sé que supone un gran esfuerzo de su parte el no hacerlo pues es lo que debe hacer, eso de los prejuicios de sangre es una mierda, todos somos iguales, sentimos y por nuestras venas corre el mismo líquido de color carmesí al que llamamos sangre.

Dirijo mis pasos a las afueras del castillo a ver si logro dar con ella...

Quince minutos después la diviso a la orilla del Lago Negro, está sentada sobre una manta, viendo hacia el frente. Su cabello negro un poco más largo que al inicio de curso se mueve debido al viento.

Comienzo a caminar en su dirección y cuando piso una rama que estaba por ahí, ella se levanta como un resorte con varita en mano, al ver que soy yo guarda su varita y comienza a recoger sus cosas para marcharse.

¡No te escaparas fácilmente de mí Parkinson!

Cuando pasa por mi lado la tomó del brazo haciendo que voltee su mirada verde como una fiera... Me encanta esa mirada...

¡Ya Potter concéntrate!

— Necesito hablar contigo.

— Tú y yo no tenemos nada de que hablar— dice en tono molesto— así que suéltame Potter.

— No...— le digo serio— vas a quedarte aquí para escuchar lo que tengo que decir.

Ella lanza una risa al tiempo que hace el intento de zafarse de mi agarre.

— Tú no eres nadie para decirme qué hacer cuatro ojos, suéltame o no respondo— comenta.

— Por favor Pansy, quiero disculparme por lo de la otra noche...— comienzo y al ver su rostro tiene una cara de sorpresa.

— ¿Cómo me-me llamaste?— pregunta tartamudeando un poco.

— Pansy...— y en ese momento yo también me sorprendo pues es la primera vez que la llamo por su nombre.


Mierda y mil veces mierda... ¿Acaso Potter me ha llamado por mi nombre? ¿Por qué carajos sentí que las piernas se me pusieron como gelatina?

El idiota también se asombro al darse cuenta como me llamó. Muy bien Pansy tranquila sólo es tú maldito nombre en la boca de tú enemigo...

— Ya por favor, suéltame no hay nada que hablar, me dejaste todo muy en claro la otra noche— le digo— somos enemigos ¿no? Soy una espía de los mortífagos, una serpiente rastrera que sólo piensa en el poder y los prejuicios de sangre...— levanta una mano en señal de que deje de hablar.

— Ya basta, por favor, todas esas palabras las dije porque estaba enojado, actúe sin pensar— me dice bajando la cabeza.

— No Potter no te equivoques, sabes bien que todo lo que salió de tu boca es cierto— le dijo y la voz me tiembla— yo jamás seré una buena persona, mi destino ya está escrito— vuelvo mis pasos donde antes estaba sentada.

Pongo de nuevo la manta y me dejo caer, le hago una seña para que haga lo mismo.

El silencio se instauró, el soplar del viento y el ulular de algunas lechuzas es lo único que se escucha. De pronto siento frío...

De pronto sentí un brazo rodeando mis hombros, y me deje acurrucar por sus brazos, otra vez...

— Discúlpame Pansy, en serio, todo lo que dije no es cierto— dijo acariciando mi brazo— toda está situación me tiene abrumado, nadie entiende por lo que estoy pasando— me aparto de su abrazo y el frío me dió una bofetada.

— Está bien, te disculpó, pero esta es la última oportunidad que te doy cuatro ojos— le digo dándole un golpe en el brazo— sé que es difícil pero confía en mí, a los Slytherin nos tachan de traicioneros pero somos leales con nuestros amigos.

— Te lo prometo— dice levantando la palma de la mano derecha— tengo un regalo para ti— y saca del jersey una cajita de terciopelo negro— mi padrino me lo dió antes de iniciar el curso.

Me entrega la cajita y yo de pronto me siento nerviosa.

Al abrirla me encuentro una cadena de plata con un colgante de cuarzo blanco incrustado en un marco de plata también. Sencillo pero muy bonito.

El lo toma y casi de manera automática me acomodo para que él lo ponga en mi cuello.

— Según me contó Sirius la piedra es de cuarzo y cambia de color dependiendo del estado de ánimo de quien lo porta— me dice mientras yo lo veo fijamente.

— Gracias, es muy bonito— y depósito un beso en su mejilla— ¿por qué me lo diste a mí? Digo pudiste habérselo dado a tu amiga Granger o a tu novia— le digo y el estómago se me revolvió al decir eso.

Me lleve una mano al colgante pues de pronto lo sentí caliente... La piedra se había tornado de un color morado oscuro.

¿Celos? No, no podía ser, dejé mi mano ahí para que Potter no viera que había cambiado de color.

— Pues primero no tengo novia y segundo pues quise dártelo a ti, mi nueva amiga— y un sonrojo tiñó sus mejillas.

— Bueno de nuevo gracias, creó que deberíamos entrar está haciendo más frío y ya va ser hora de la cena.

Él se puso de pie y me ayudó a hacer lo mismo, me entregó la manta y comenzamos el camino de vuelta al castillo.

Cada uno tomó su camino a nuestras respectivas salas comunes.

Una vez en mi habitación me dejó caer sobre la cama y sonrió al recordar que Potter dijo que no tenía novia en ese momento la piedra se tornó de un azul pálido...

Lo que ninguno sabía es que la piedra cambiaba de color sólo cuando quien regalaba el colgante tenía sentimientos por la persona que lo portaba.

Y Harry Potter tal vez en ese momento no sentía totalmente amor por Pansy Parkinson pero sí que sentía algo por la jovencita que estaba empezando a conocer.