Capítulo Dos

Comienza la obsesión


El chico rodeó la pequeña mesa y se sentó entre nosotras.

Cuando levanté la vista, mi corazón dejó de latir unos segundos y me quedé sin aliento. Tenía enfrente unos ojos ambarinos que me observaban con mucha intensidad.

—Encantado, me llamo Shaoran —dijo, sonriendo y ofreciéndome su mano.

La estreché y me esforcé en controlar mi voz.

—Yo soy Sakura —respondí, sintiéndome aliviada por ser capaz de hablar con normalidad.

Nunca lo había visto tan cerca. Nos habíamos cruzado por los pasillos un par de veces, y no me fijaba en él.

Por eso antes no había notado el color de ojos tan extraño y llamativo que tenía, ni conocía la sonrisa torcida que se formó en sus labios al saludarme. Pero lo que más me impactó fue la fuerza de su mirada, daba la impresión de que podía atravesarme y ver mis secretos más oscuros.

Tragué saliva y volví a enfocar la vista en mi libro, dejando que Tomoyo hablara.

—Gracias por ayudarnos, primo. Esto de las funciones nos cuesta bastante entenderlo.

—No te preocupes, seguro que hoy consigo que lo comprendáis —contestó Shaoran, con una de sus sonrisas torcidas.

Empezó a explicarnos paso a paso como unir dos funciones en una composición. Me esforcé por poner toda mi atención en lo que escribía y no despistarme con el tono grave de su voz.

Siempre me pasaba lo mismo. Me ponía un poco nerviosa cuando estaba cerca de un chico si me parecía guapo... pero nunca había estado tan cerca, podía oler su perfume y escuchar su respiración. Era la primera vez que me notaba tan alterada.

Intenté controlarme, pero varias veces me entretuve observando su cabello largo y algo ondulado de color chocolate. Le llegaba por las orejas y lo llevaba peinado hacia atrás, sujeto con una pequeña felpa de tela color negro.

No estaba acostumbrada a los chicos con el pelo tan largo, la gran mayoría solo se lo dejaba crecer unos centímetros. A pesar de ser algo poco común, le sentaba realmente bien. Incluso me gustaba como le quedaba la felpa.

—¿Lo has entendido, Sakura? —preguntó, mirándome a los ojos y trayéndome de vuelta al presente.

Asentí, sintiendo mis mejillas enrojecer.

—Yo no del todo, explícame esto otra vez —pidió Tomoyo, señalando su libreta.

Shaoran se acercó más a ella y empezó a escribir en sus apuntes. Otra oportunidad para observarlo sin ser vista.

Sus ojos realmente me inquietaban. De lejos parecían ser marrones, pero acababa de descubrir que eran más bien color ámbar, sobre todo cuando les daba la luz directamente.

¿Por qué no podía dejar de mirarlo? Ni que fuera el primer chico que veía en mi vida. Eriol era uno de los más guapos del instituto y nunca me había sentido así al tenerlo cerca.

De repente, noté la mirada de Tomoyo sobre mí. Aparté la vista de su primo, que seguía escribiendo, y al mirarla a ella me guiñó un ojo. Mierda, me había pillado.

El resto de esa tarde me concentré en no volver a mirarlo. Terminamos los ejercicios que nos dijo que hiciéramos delante de él y nos levantamos para marcharnos.

—Gracias, Shaoran. Ya nos vamos, que tú también tendrás mucho que estudiar —dijo Tomoyo mientras guardábamos los libros y nos dirigíamos a la puerta de su cuarto.

—Sí, muchas gracias por ayudarnos —añadí, volviendo a estremecerme cuando sus ojos se posaron sobre mí.

—Ha sido un placer —respondió él, mirándome fijamente.

Sentí su mirada clavada en mi espalda mientras nos despedíamos de su madre y salíamos del piso.

Cuando por fin estábamos en el ascensor, suspiré aliviada y relajé la postura. Escuché una risita a mi lado.

—Mi primo te ha puesto nerviosa ¿eh? —comentó Tomoyo, con cierta burla asomando en su mirada.

—Sí, lo mismo que me pasa con tu hermano y con todos los que son mayores que nosotras —respondí, encogiéndome de hombros para quitarle importancia.

—No, no estabas igual que con mi hermano. Esto ha sido diferente, a mí no me engañas —dijo ella, alzando una ceja.

Puse los ojos en blanco.

—Eres demasiado observadora, Tomoyo —contesté, dando un codazo a mi amiga.

Ella volvió a reírse mientras entrábamos en su piso.

Me despedí de su familia y me marché a casa. Habíamos estado casi tres horas con Shaoran y ya era tarde.

Cuando llegué a mi habitación, solté la mochila junto a mi escritorio y me tumbé en la cama boca arriba.

Dejé escapar un suspiro, observando el techo y frunciendo el ceño.

¿Qué había sido todo eso? Yo no era de esas que les gusta observar a los chicos a escondidas, de hecho esta era la primera vez que me pasaba algo así y no lograba entenderlo.

Tardaría varios días en darme cuenta de que esos ojos se habían quedado clavados muy dentro de mí.


Los días pasaron y el examen llegó.

Antes de levantarme para entregarlo miré a Tomoyo, que me dedicó una mirada cómplice. Nos levantamos a la vez y salimos al patio para disfrutar la media hora de recreo antes de la siguiente clase, sentándonos en las gradas de la pista de fútbol. Allí esperaríamos a las demás.

—¿Cómo os ha ido? —preguntó una Chiharu muy sonriente, corriendo hacia nosotras.

—Bastante bien —admití, correspondiendo a su sonrisa.

Tomoyo asintió, exclamando —¡Por fin hemos terminado los exámenes del primer trimestre!

Chiharu miró hacia atrás.

—Nosotras hemos tenido el de latín y Rika todavía no ha terminado.

Hice una mueca y negué con la cabeza, nuestra amiga siempre agotaba todo el tiempo disponible para hacer los exámenes. No le gustaba entregarlo hasta que la obligaba el profesor, por si encontraba algún error y podía cambiarlo.

Este curso nos estaban haciendo los exámenes la hora antes del recreo, para que pudiéramos tener más tiempo si lo necesitábamos.

A lo lejos vi salir a Eriol con dos compañeros más, se dirigían a la fuente.

—Ahora vuelvo —dije a mis amigas, levantándome y caminando hacia ellos.

Al acercarme, Eriol bebía agua mientras sus dos amigos me observaban con el ceño fruncido. Puse los ojos en blanco, poniéndome a su lado. Me cansaba que todo el mundo pensara que sentía algo romántico por él.

—Necesito hablar contigo —susurré cerca de su oído.

Eriol se incorporó y me miró con los ojos muy abiertos.

—¿Estás bien? ¿Te ha pasado algo?

—Sí, no ha pasado nada. Solo quiero saber tu opinión sobre algo —respondí, mirando de reojo a sus amigos, quienes nos observaban. No me gustaba hablar de mis cosas con él delante de los demás.

Al ver mi reacción, Eriol comprendió cómo me sentía.

—Vale, esta tarde me paso por tu casa después de comer —respondió, tocando mi mejilla.

Sus dos amigos pusieron los ojos en blanco ante ese gesto cariñoso y se acercaron a nosotros.

—¿Cuándo vais a reconocer que estáis juntos? —preguntaron con sonrisas burlonas.

—Cuando sea verdad —respondió Eriol, muy serio.

Él también estaba harto de que la gente nos juzgara por ser cercanos y cariñosos entre nosotros. Le di un beso en la mejilla y volví junto a mis amigas.

Rika ya estaba allí. Sonrió al verme llegar y me dio un batido de chocolate.

—Eres un encanto, Rika —murmuré, sentándome junto a ella.

Empecé a beber por la pajita cuando sonó el timbre, era hora de volver a las clases.

Los alumnos empezaron a entrar en el edificio mientras nosotras seguíamos sentadas, observando a nuestro alrededor. Siempre nos gustaba esperar un minuto para que hubiera entrado bastante gente y no tener que hacer cola por las escaleras.

Mis ojos cobraron vida propia y se dirigieron al final del patio. No sabía que estaba buscando, hasta que lo vi. Allí estaba Shaoran con sus amigos y se dirigían hacia nosotras, tenían que pasar justo por delante para entrar en el edificio.

Mis amigas hicieron el intento de levantarse, pero las detuve.

—Esperad un momento —les pedí con ojos suplicantes.

Se volvieron a sentar a mi lado y me miraron con curiosidad. Siguieron la dirección de mis pupilas y escuché un resoplido de Tomoyo al descubrir lo que estaba observando.

Cada vez estaban más cerca, con cada paso que daban mi corazón se aceleraba.

Sus amigos eran seis chicos, todos un año mayores que nosotras y de la misma clase que Shaoran.

Pasaron por delante sin prestarnos atención, pero él giró la cabeza y nos miró durante unos segundos. Me dedicó una de sus sonrisas y siguió caminando hasta entrar en el edificio.

—Me parece que tienes algo que contarnos, Sakura —dijo Chiharu, tirando de mi brazo para levantarme y que entráramos en clase.

—¿A quién mirabas? —preguntó Rika de forma inocente.

—A mi primo, Rika. No lo quiere reconocer, pero está que se le cae la baba con él —respondió Tomoyo, riendo.

La miré con odio y le di un codazo.

—No me mires así, es la verdad —añadió ella, sin dejar de reír.

—Después de clase nos cuentas, no te vas a librar —sentenció Chiharu cuando nos sentamos, justo unos segundos antes de que el profesor de lengua entrara por la puerta.

Nos callamos y atendimos en silencio. Me esperaba un interrogatorio a la salida.