Comienzo a abrir los ojos y lo primero que veo es una carita de piel blanca y ojos azules muy penetrantes...
— Papi despertaste...— dice y una hermosa sonrisa adorna su angelical rostro.
Ella se aparta y yo me incorporo, estoy en una cama con sábanas blancas. Sentado puedo ver mejor a la niña que está sentada también en la cama. Su cabello de color rojo está peinado con una coleta de lado, sus ojitos azules me ven intensamente y viste el uniforme del colegio.
— Hola bonita, ¿cómo te llamas?— pregunto para romper el silencio.
— ¿No te acuerdas de mí nombre Papi?— pregunta haciendo un puchero y cruzándose de brazos— seguro es porque pasaste mucho tiempo viajando, ¿verdad?
— Sí princesa es por eso— un nudo se ha formado en mi garganta, al parecer Pansy les hablo de mí y yo no sabía nada de ellas.
— Mi nombre es Amely Potter Parkinson— dice orgullosa— tengo el nombre de la mamá de mami y tengo cuatro años.
— Tienes un bonito nombre igual que tú— le digo con una sonrisa— ¿y tú hermanita?
— Lily está con mami preparando algo de comer— comenta.
Los ojos se me han llenado de lágrimas que intento detener, mi otra hija lleva el nombre de mi madre. En ese momento, la puerta de la habitación donde estoy se abre y entra mi hermosa pelinegra y detrás de ella mi otra hija...
— Papi despertaste...— grita y corre hacia mí para abrazarme.
— Hola hermosa, si ya desperté— una vez se aparta de mi abrazo la puedo observar más detenidamente.
¡Por Merlín! Es la copia exacta de mi madre, con su cabello rojo sujeto en dos coletas y sus ojos verdes que parecen brillar.
— Muy bien niñas, es mejor que dejen comer algo a su padre, así que vamos afuera, que deben hacer sus tareas— ordena Pansy dejando en la mesa de noche una bandeja con comida.
Ellas protestan pero la pelinegra les lanza una mirada que no admite reclamos. Ambas salen cabizbajas y Pansy está a punto de salir pero la detengo.
— Pansy espera...— ella se detiene y voltea— gracias por haberles hablado de mí.
— No tienes nada que agradecer, eres su padre y ellas tenían el derecho de por lo menos conocer una foto de ti— dice seria.
— ¿Qué pasará con nosotros ahora?— pregunto, ella desvía la mirada.
— No lo sé...— dice en tono bajo— yo no sé si pueda volver a tener una relación contigo, he sufrido tanto por no tenerte cuando más te necesité.
— No fue mi elección, sabes la verdad, estaba bajo los efectos de una maldita poción, lo último que recuerdo es que tú te fuiste a vacaciones de Navidad con una hermana de tu madre, después de eso no hay nada— le digo un poco alterado.
De pronto noto que sus ojos están llenos de lágrimas, me levanto de la cama y me acerco a ella...
— ¿Qué pasa Orquídea? ¿Pasó algo más que no me estás contando?— pregunto acariciando su mejilla.
— Ahora no quiero hablar de eso, dame tiempo, para pensar y ver qué hacer, por favor— dice con la voz temblorosa— además, ¿cómo puedes estar tan seguro de que aún te amo?
En eso tiene razón, sin embargo, lo siento, en cada poro de mi piel, en las reacciones que tuvo cuando me vio por primera vez después de mucho tiempo...
— ¿Y tú estás segura de que ya no me amas?— pregunto acercándome más a ella.
Se queda paralizada sin decir nada.
— ¿Estás segura de que si te beso no sentirás nada?— sus ojos están fijos en los míos— ¿Estás segura de que ya no podré hacerte sentir lo que sentías cuando besaba tu cuello?— pasó mi dedo por la curvatura de su cuello, me acerco a ese lugar y aspiro su aroma, aún huele a rosas...
Me apartó y sonrió al ver el sonrojo en sus mejillas y el brillo en sus ojos...
Me da un empujón y sale de la habitación sin decir palabra alguna...
¡Maldito! Es un idiota...
Un idiota sexy...
Cállate estúpida conciencia...
¿Por qué? yo sólo digo la verdad...
Muevo mi cabeza para salir del aturdimiento en el que me dejó el cuatro ojos de Potter.
Lo peor es que sé perfectamente que si me hubiera besado en ese momento, me hubiese derretido como un helado al sol y esa caricia en mi cuello la sentí en cada parte de mi cuerpo.
Tuve que emplear un gran esfuerzo para no abalanzarme a devorar esa boca y probar ese cuerpo tan sexy que tiene...
Te lo dije es un idiota sexy... Canturrea mi conciencia.
Pongo los ojos en blanco y golpeó mi frente. Las niñas están en el salón haciendo sus tareas, me voy acercando a ellas...
— Oye Lil, ¿tú crees que Papi ya no se vuelva a ir?— pregunta de pronto Amely.
— Pues espero que no, yo no quiero que vuelva a irse de viaje— contesta su hermana— no te preocupes seguro que entre las dos lo convencemos de que no se vuelva a ir— la anima al ver su carita triste.
De las dos la que más a extrañado a su padre es Amely, gracias a su insistencia es que les comencé a hablar sobre él.
— Espero que así sea, yo tampoco quiero que se vuelva a ir— comenta— además si se queda el hombre ese que salió con mami el otro día no vuelve a acercarse— Lily asiente de acuerdo.
Ya sé por dónde va el asunto, Amely está celosa de que haya salido con Kyle.
Suspiro reanudando mi camino hacia ellas, me siento a su lado para ayudarles en sus deberes.
Entró a la floristería y comienzo a observar los diferentes ramos, flores y colores que hay. Una chica de cabello rubio, piel blanca y bonito cuerpo se acerca a mí.
— ¿En qué puedo ayudarle señor?— habla amable con una sonrisa.
— Quiero un ramo de rosas rojas, las mejores que tengan.
— Bien, sígame ahora mismo se lo hago— camina tras el mostrador y yo la sigo.
— ¿Alguna nota que quiera añadir?
Asiento y le dictó lo que debe llevar la nota. Pago por el ramo y el costo del envío, esperando que a la escultural pelinegra le guste mi presente.
El traslador deja de parpadear una vez Draco se ha ido, el rubio estaba desesperado por volver a su casa, con su mujer, está más paranoico de lo normal con eso del embarazo.
— Esa Granger supo como envolver con sus encantos a nuestro amigo— dice burlón Blaise.
— Tienes razón, el pobre babea por ella— lo secundo y ambos reímos.
— Oye, ¿y qué tal le va a Potter como padre?— pregunta luego de reír.
— Bien, las niñas están muy felices por tenerlo aquí— el moreno asiente.
— Se les nota la felicidad, no lo han dejado un minuto solo, en especial la cosa 2— le doy un golpe en el brazo.
— Imbécil, mi hija no es una cosa— le digo enojada— y sí, Amely está que no cabe de la felicidad, hoy en la tarde escuche como le preguntaba a Lily si ella creía que su papá se iba a quedar— le comentó.
— Y seguro cosa 1 la consoló diciéndole que lo iban a convencer que se quedará— asiento y le doy otro golpe en el brazo.
— ¿Y tú cómo sabes eso idiota?— me ve con mala cara sobando el lugar donde le pegué.
— Porque en este poco tiempo que llevo de conocerla sé que Lily tiene ese lado protector que tú tienes para con las personas que ama— asiento sorprendida.
— Vaya, al final no eres tan idiota como creía— ambos reímos nuevamente.
Un plop se escucha, es Waly que ha aparecido.
— Joven Blaise...— hace una reverencia— señorita Parkinson, han enviado estás flores para usted— me entrega un bonito ramo de rosas rojas y desaparece.
— Vaya, parece que el enamorado se hace presente— dice Blaise.
— Imbécil...— digo entre dientes.
Tomó la tarjeta que viene en el ramo y procedo a leerla.
Muchas gracias por la velada del domingo, espero se vuelva a repetir.
Besos.
- K.D
Dejó la nota a un lado junto con el ramo de rosas.
— Al parecer no le has comentado a tu enamorado que no te gustan las rosas— la voz de Potter me hace pegar un bote por el susto.
¡Mierda!
Me levantó para verlo, está de pie en la puerta que da al jardín, Blaise y yo estamos en un pequeño saloncito donde tomamos a veces el té, tiene un gran ventanal que permite admirar el hermoso jardín que Katya cuida con tanto esmero.
Él estaba jugando con las niñas en el jardín.
— ¿Es él la razón de no saber si reanudar nuestra relación?— pregunta al ver que no he hablado.
— Permiso, yo me retiro, voy con cosa 1 y cosa 2— dice Blaise levantándose y saliendo hacia el jardín.
Potter espera mi respuesta...
— Para mí es sólo un amigo, aunque no te deba ninguna explicación, te la estoy dando— digo seria— él no tiene nada que ver en la decisión que tomaré con respecto a nosotros.
— ¿Y él ya tiene claro que sólo pueden ser amigos?— pregunta acercándose hacia donde estoy.
— Si tanto afán tienes por saberlo, pregúntaselo tú mismo— digo enojada y hago el amago de irme.
Es un idiota se creé con derecho de reclamar lo que hago o no hago.
— ¿Y por qué no me lo dices tú misma?— me detiene del brazo.
— ¡Suéltame Potter!— digo demandante.
— No, ahora que te encontré jamás volveré a soltarte— dice al tiempo que me acerca a él uniendo nuestros labios.
Después de cinco años volví a probar lo que era sentirse estar entre sus brazos y besando sus labios...
