Capítulo Tres
La nueva rutina
Cuando sonó el timbre, poniendo fin a la última clase, recogimos nuestras mochilas y salimos juntas a la calle.
Mis amigas vivían en la otra punta de la ciudad, pero algunos días me iba por el mismo camino que ellas para poder hablar y no volver a casa sola. Así tardaba veinte minutos más en llegar, pero no me importaba.
Caminamos juntas unos metros sin hablar, hasta perder de vista el instituto. Suspiré, sabiendo lo que me esperaba.
—Ya estamos lejos, Sakura. Empieza a hablar —me apremió Rika.
Mis tres amigas se colocaron a mi alrededor, esperando mi explicación.
—Yo... bueno... hace unos días Tomoyo me llevó a casa de su primo porque nos iba a explicar matemáticas.
—¿Pero no lo conocías ya? —interrumpió Chiharu.
—Solo de vista —respondió Tomoyo por mí.
—Bueno, continúa —dijo Rika, haciendo callar a las otras dos.
—No, no lo conocía. Estuvimos un rato con él y me miraba de una forma... tiene unos ojos muy bonitos, es simpático y... no sé... puede que me guste —reconocí, sintiendo como el rubor subía a mis mejillas.
—¿Por eso querías quedarte a verlo pasar? —preguntó Rika.
Pequeñas risitas siguieron a su pregunta.
—No seáis crueles, dejadme en paz —gruñí con molestia, lanzándoles una mirada asesina.
—Venga, Sakura... esto es muy gracioso —respondió Tomoyo, agarrándome del brazo.
—Además, yo te voy a ayudar—añadió en un susurro.
—¡Ni se te ocurra decirle algo a tu primo! —grité, asustada.
Las tres volvieron a reír.
Me sacudí con enfado para liberarme del agarre de Tomoyo y empecé a caminar más rápido, dejando a mis amigas atrás. No me gustaba que me tomaran el pelo.
—¡Sakura, espera! Perdónanos —dijo Rika, alcanzándome.
—No deberías correr tanto, mira quién hay delante —añadió Chiharu, poniéndose a mi otro lado.
Giré la cabeza siguiendo su mirada. Por la acera de enfrente iba Shaoran, andando con tres de sus amigos. Me paré en seco y mis amigas se detuvieron conmigo. Había olvidado que él también tenía que volver a casa por ese camino.
Tomoyo me obligó a seguir caminando.
—Tranquila, no nos han visto.
Sentí algo de alivio y me relajé. Chiharu y Rika se despidieron, ellas giraban a la izquierda. Yo acompañaba siempre a Tomoyo hasta la parada de autobús al lado de su edificio y desde ahí giraba a la derecha, para seguir caminando hasta mi casa.
Cuando nos quedamos solas, ella volvió a agarrarme del brazo.
—No le diré nada, Sakura... pero puedo intentar conseguir algo de información.
Negué con la cabeza.
—No hagas nada, no hay información que conseguir.
Mi amiga resopló fuerte, pero la ignoré. Nos despedimos y antes de irme pude ver la espalda de Shaoran, que estaba entrando en su urbanización.
Eran las cinco de la tarde cuando escuché por la ventana el inconfundible ruido de la moto de Eriol.
Me levanté de un salto de la cama y corrí hacia la puerta. Al abrirla, encontré a mi amigo quitándose el casco y sonriendo en mi dirección. Devolviendo su sonrisa, me aparté para que pasara.
—¿Y tus padres? —preguntó, dirigiéndose al salón.
—No vuelven hasta por la noche —respondí, siguiéndolo hasta el sofá.
Eriol se quitó los zapatos y se tumbó boca arriba, apoyando sus manos detrás de la cabeza. Me senté a su lado y él puso sus piernas encima de las mías.
—¿Estás cómodo, eh? —dije, alzando una ceja.
—¡Mucho! —contestó, y los dos soltamos una carcajada.
—Me tienes intrigado. ¿Qué me querías contar? —añadió, incorporándose un poco para verme mejor.
Suspiré, bajando la vista a mis pies.
—Antes promete que no te burlarás de mí.
—Nunca haría eso, ya lo sabes.
Lo miré y sus ojos me transmitieron la seguridad que necesitaba para empezar a hablar.
—¿Recuerdas que hace una semana fui a casa del primo de Tomoyo y nos estuvo ayudando con el examen?
Eriol asintió en silencio.
—Pues desde ese día no puedo dejar de pensar en él, no sé que me pasa —confesé, notando que me sonrojaba.
Mi amigo levantó una ceja, con una sonrisa pícara en su rostro.
—Sí lo sabes, Sakura.
Aparté la mirada y me cubrí el rostro con las manos.
—Mierda, no me puede gustar tanto ese chico.
Escuché como Eriol se levantaba para sentarse a mi lado, y rodeó mi espalda con su brazo.
—¿Por qué no? Tú puedes conseguir al chico que quieras.
Resoplé con incredulidad, volviendo a mirarlo.
—Venga ya, Eriol. Él es uno de los chicos más populares y yo soy muy normal, no llamo la atención.
Eriol puso los ojos en blanco y suspiró antes de darme un codazo.
—Seré tu amigo pero no soy ciego, Sakura. Eres muy guapa y, aunque tú no lo creas, hay muchos chicos que se fijan en ti.
Negué con la cabeza.
—Eso no es cierto, y aunque lo fuera... él no es uno de ellos.
Eriol me sacudió con suavidad.
—Créeme, he visto cómo te miran algunos. Tienes que decirme quién es y me fijaré en él a partir de ahora.
Abrí mucho los ojos, sorprendida.
—¿Le vas a vigilar?
—Solo quiero ver su forma de mirarte, así puede que sepa si le interesas —respondió con una sonrisa.
—Vale, mañana te digo quién es, pero no puede darse cuenta de que lo observas.
—Tranquila, no lo hará.
Se llevó una mano a la barbilla y entrecerró los ojos de forma maliciosa.
—Tal vez podríamos probar a darle celos, a ver como reacciona.
Me empecé a reír ante la idea.
—Seguramente no le gusto, ¿Cómo va a ponerse celoso? No digas tonterías.
—Ya lo veremos —contestó él, riendo suavemente.
Al día siguiente, Eriol y sus amigos salieron con nosotras al patio en el recreo. Nos sentamos en las gradas y él se puso a mi lado. Los demás hablaban entre ellos sin prestarnos atención.
—¿Dónde está? —susurró en mi oído.
Señalé el fondo del patio con la mirada. Eriol observó al grupo de chicos que estaba allí unos segundos.
—Es el más alto de todos —murmuré, con cuidado para que solo él me escuchara.
Eriol me miró de reojo, sorprendido.
—¿El chico con el pelo un poco largo?
Asentí mientras le daba un mordisco a mi bocadillo.
—Sabes, he oído rumores sobre él —dijo Eriol.
—Yo también.
—Tal vez no sea cierto lo que dicen —susurró mi amigo, sin dejar de mirarlo.
Me encogí de hombros, levantándome para tirar el envoltorio de mi desayuno. Al volver a sentarme, sonó el timbre que anunciaba el fin del recreo.
—Bien, veamos ahora qué hace al pasar por aquí —añadió Eriol, entrecerrando los ojos.
Yo me observaba las manos, sin querer levantar la vista.
—Ya viene, Sakura —susurró Chiharu cerca de mi oreja.
Al levantar la mirada, su grupo de amigos estaba justo delante de nosotros. Mis ojos se encontraron con los de Shaoran. Me dedicó una sonrisa como el día anterior y dirigió su mirada a Eriol un segundo, ya sin sonreír.
Una vez que habían pasado de largo, me di cuenta de lo acelerado que tenía el corazón. Todos nos levantamos para seguirlos y entrar en el edificio.
—¿Has visto cómo me ha mirado? —preguntó Eriol.
Asentí con la cabeza.
—Creo que le gustas, Sakura. Seguro que se ha preguntado quién soy yo y por qué estaba tan cerca de ti.
Solté una risotada y palmeé su hombro.
—Menudas películas te montas, Eriol.
Mi amigo sonrió de forma misteriosa mientras entrábamos en clase.
—Ya verás como al final tengo razón.
Tocaba ciencias de la tierra, él y yo siempre nos sentábamos juntos en las asignaturas específicas.
Las siguientes semanas, empecé a tener la rutina de esperar a que Shaoran pasara por delante de nosotras antes de volver a entrar en clase.
Siempre nos sentábamos en las gradas y no nos levantábamos hasta que él y sus amigos habían entrado en el edificio. Todos los días nuestras miradas se cruzaban, y él me regalaba una sonrisa torcida que me daba escalofríos.
