Capítulo Cuatro
Llegando tarde
También empecé a volver a casa todos los días por el mismo camino que mis amigas, solamente para poder ver a Shaoran.
Me sentía como una acosadora, pero no podía evitarlo. Quería verlo, aunque fuera de lejos.
Las vacaciones de navidad llegaron y terminaron sin que me importara demasiado. Me pasaba los días pensando en esos ojos color dorado, y en lo mucho que quería volver a ir al instituto para verlos.
El primer día de clase, después de las vacaciones, me despertó la voz de mi padre.
—¡Sakura! ¡Vas a llegar tarde otra vez!
Abrí los ojos con pereza y miré mi despertador, marcaba las siete y media. No había sonado la alarma, y a las ocho tenía que estar en el instituto.
Me levanté y corrí por toda la casa a la velocidad de la luz, recogiendo mis libros y vistiéndome con el uniforme. Salí de casa sin desayunar y caminé a toda prisa por la calle. No podía llegar tarde otra vez, ya me habían puesto dos retrasos este curso.
En menos de cinco minutos pude ver el instituto al final de la calle. Dejé de correr y continué andando, intentando recuperar el aliento.
Escuché que alguien venía corriendo detrás de mí. Al menos no era la única a la que se le pegaban las sábanas.
Los pasos frenaron el ritmo al acercarse.
—Buenos días.
Sentí como mi rostro palidecía de la impresión. Aquella era la última voz que esperaba escuchar en ese momento. Al mirar a mi derecha, Shaoran andaba rápido a mi lado y estaba sonriendo.
—Venga que vamos a llegar tarde —añadió, dándome un pequeño codazo.
Echó a correr y lo seguí. Al entrar por la puerta del instituto, miré el reloj. Faltaba un minuto y todavía tenía que subir dos pisos hasta mi clase. Saltamos las escaleras de dos en dos a toda velocidad.
Su clase estaba justo enfrente de la mía. Antes de entrar, giró la cabeza para mirarme.
—Nos vemos luego —murmuró, desapareciendo.
Entré en mi clase y me senté, soltando un gran suspiro.
—Por los pelos, Kinomoto —dijo el profesor, que había entrado justo detrás de mí.
Enrojecí, escuchando un murmullo de risas a mi alrededor.
Las tres horas antes del recreo fueron un remolino de números y símbolos. No podía concentrarme, mi encuentro con Shaoran me había dejado atontada. Repetía sus palabras en mi cabeza como si fuera un loro... "Nos vemos luego".
El timbre que anunciaba el recreo me devolvió a la realidad. Tomoyo se acercó a mi mesa mientras yo guardaba mis bolígrafos.
—¿Qué te pasa, Sakura? Llevas toda la mañana distraída —comentó, poniéndose en cuclillas al lado de mi silla.
Comprobé que no teníamos a nadie cerca antes de hablar.
—Me encontré con Shaoran y entramos juntos al instituto.
Mi amiga negó con la cabeza, sonriendo.
—Tenemos que hacer algo, no puedes seguir así eternamente.
Bajamos las últimas escaleras y nos dirigimos a las gradas, donde ya nos esperaban el resto de nuestras amigas.
—Oye chicas, me ha dicho Naoko que este fin de semana vayamos al cine juntas. ¿Os apetece? —preguntó Chiharu cuando nos acercamos.
—¡Claro! Una tarde de chicas siempre apetece —respondió Tomoyo, haciéndonos reír.
Sentí como alguien me abrazaba desde atrás, y la cabeza de Eriol se apoyó en mi hombro.
—¿Cuándo vamos a ir al cine nosotros?
—Cuando quieras —contesté con una sonrisa.
—Realmente parecéis una pareja —dijo Rika, riendo entre dientes.
Eriol le dedicó una mirada de odio.
—¿Qué pasa? ¿No puedo abrazar a mi amiga? ¿Y no podemos ver una película? Pero tú si puedes abrazarla y podéis ir al cine juntas, ¿no?
Ella levantó las dos manos en señal de disculpa.
—Claro que puedes, pero sabes que no hay muchos amigos como vosotros.
—Ahí tengo que darte la razón, somos únicos —contesté, sonriendo.
Eriol me soltó, sentándose junto al resto de mis amigas.
Yo me quedé de pie, bebiendo el batido de frutas que había traído de casa mientras ellos hablaban de cuáles eran las mejores películas que había esos días en el cine. Por el rabillo del ojo podía ver como un grupito de chicas revoloteaba alrededor de los amigos de Shaoran.
De repente, Tomoyo se levantó y me cogió de la mano.
—¿Me acompañas a beber agua?
Asentí y empecé a caminar hacia la fuente que estaba cerca de la escalera, pero ella tiró de mi brazo, obligándome a caminar en la otra dirección.
—Quiero beber en aquella fuente —dijo, señalando el fondo del patio.
Se refería a una que había muy cerca de donde estaban su primo y sus amigos.
—¿Qué vas a hacer, Tomoyo? —pregunté, algo asustada.
—Tranquila, solo voy a saludarlo.
La miré con una ceja levantada, no muy convencida, y nos acercamos a la fuente.
Mi amiga bebió un poco de agua mientras yo evitaba mirar hacia el grupo de chicos. Cuando terminó, empecé a beber viendo a Tomoyo agitar su mano y sonreír. Un escalofrío me recorrió toda la espalda al ver que su primo venía hacia nosotras.
—¿Cómo estás, prima? —dijo, mirando a mi amiga.
—Como siempre, Shao.
Entonces, sus ojos se posaron en mí.
—¿Y tú que tal, tardona? —preguntó con una sonrisa burlona.
Me ruboricé al instante.
—¡No soy tardona! Se me olvidó poner el despertador anoche.
Se empezó a reír, rascándose la nuca.
—A mí me pasó lo mismo.
Tomoyo levantó las cejas y temí por mi vida.
—Ya tenéis algo en común —dijo, generando en mi interior ganas de asesinarla.
La miré con odio, mi sonrojo tenía que verse desde júpiter. En ese momento sonó el timbre del final del recreo y entendí la expresión "salvado por la campana".
—Bueno, nos vemos. Hasta luego, Sakura —respondió Shaoran, volviendo junto a sus amigos y andando hacia el edificio principal del instituto.
Caminé detrás, sin querer mirar a Tomoyo. No podía creer lo que había dicho.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Rika cuando nos acercamos a ellas.
—Tu amiga Tomoyo está loca y quiere morir pronto —contesté, subiendo las escaleras.
Tomoyo se rio, entramos en clase y nos sentamos. Esto me lo iba a pagar caro.
La parte positiva fue que no volví a distraerme ese día. Estuve muy atenta cuando empezamos a hacer ejercicios de formulación en química, incluso levanté la mano para salir a hacer uno a la pizarra.
Las clases de lengua e historia fueron largas y complicadas, teníamos que tomar muchos apuntes porque todo lo que veíamos en clase entraría en los exámenes.
A la hora de salir, recogí rápido mis cosas y abandoné la clase, sin esperar a nadie. Escuché mi nombre varias veces, pero no me di la vuelta.
Bajé las escaleras rápido y fui de las primeras personas en salir del instituto. Una mano me sujetó el brazo derecho. Al girarme, todavía enfadada, vi a Eriol.
—¿Por qué te vas así? Tomoyo te está llamando.
—No quiero hablar con ella ahora.
A lo lejos pude reconocer la oscura melena de mi amiga. Me quedé de piedra al ver que venía hacia mí, con Shaoran y sus amigos al lado.
—Sakura, te estaba buscando. Venga, vámonos —dijo Tomoyo, agarrándome del brazo.
Me dejé llevar por ella sin saber qué decir, Rika y Chiharu también venían con ellos. Eriol me guiñó un ojo y se marchó a buscar su moto.
Caminamos junto a los cuatro chicos hasta la parada de autobús donde me despedía de Tomoyo. Durante unos minutos, Shaoran se puso a mi lado y estuvimos hablando.
—¿Cómo te está yendo en clase? ¿Te resulta difícil? —preguntó con sus ojos claros taladrándome.
—Un poco, pero por ahora voy bien —respondí, notando que mi voz sonaba nerviosa.
—Pues a mí segundo me está costando más de lo que pensaba. Necesito un ocho de media para la ingeniería que quiero y no sé si lo voy a conseguir —dijo, dedicándome una sonrisa torcida que me aceleró el corazón.
Estaba segura de que él podía escucharlo.
—¿Qué ingeniería es?
—Ingeniería de caminos. Estaba dudando entre eso y arquitectura, pero ya me he decidido.
Asentí con la cabeza.
—Seguro que lo consigues, se te dan genial las mates.
Realmente lo pensaba, desde aquel día en su casa sabía que él tenía un cerebro privilegiado para el tema de los números.
—¿Y tú qué quieres estudiar? —preguntó, volviendo a mirarme.
Me encogí de hombros y le dije la verdad.
—No tengo ni puñetera idea.
Se empezó a reír.
—No te agobies con eso, el año pasado yo tampoco sabía qué hacer.
En ese momento, uno de sus amigos le preguntó algo y dejamos de hablar. Tomoyo se acercó a mí y nos paramos, ya habíamos llegado a la parada.
Al notarlo, Shaoran se dio la vuelta y me miró por última vez
—¡Hasta mañana!
Le respondí lo mismo y, mientras él se alejaba, me coloqué frente a Tomoyo.
—Gracias.
Ella me rodeó con sus brazos.
—¿Me perdonas por lo de antes?
—Claro, cuando quieres eres una buena amiga —respondí, y las dos nos reímos.
Nos despedimos y me marché a casa, mucho más contenta que esa misma mañana.
