Capítulo Cinco
Un pequeño malentendido
Mi ánimo cambió desde la conversación con Shaoran. Fui capaz de hablar con él sin sonrojarme demasiado y eso me gustó, podría seguir acercándome a él y conocerlo más.
Llegó el fin de semana, ese sábado íbamos a ir al cine para ver la película "Reflejos" a petición de Naoko, sus favoritas eran las de miedo. A las demás no nos gustaban tanto, pero la echábamos de menos y queríamos darle gusto.
Habíamos quedado en el centro comercial del centro de la ciudad. Cuando llegué solo estaba allí Naoko, al verla corrí hacia ella y nos fundimos en un abrazo.
—¡Naoko! Te he echado mucho de menos —murmuré, notando como mis ojos se humedecían.
Ella sonrió y me abrazó más fuerte.
—Yo también os echo a todas de menos, es raro no veros todos los días.
Nos quedamos así, disfrutando del momento. Había extrañado hasta el olor a flores de la colonia de Naoko. Ella estaba muy ocupada estudiando y con suerte la veíamos un par de veces al mes.
Nos sentamos en los jardines que rodeaban el centro comercial para esperar a las demás.
—Dime, ¿hay algo nuevo en tu vida, Sakura?
—No es muy interesante, pero tengo algo que contarte —respondí, notando que me sonrojaba.
Naoko me contempló con curiosidad mientras escuchaba todo lo que me había pasado con Shaoran, y lo que sentía cuando estaba cerca de él. Al terminar de hablar, mi amiga apoyó la barbilla en su mano de forma pensativa.
—Sabes... me acuerdo de Shaoran. La verdad es que es muy guapo.
Puse los ojos en blanco, suspirando.
—Lo sé, medio instituto está detrás de él —contesté, desanimada.
A lo lejos vimos llegar a nuestras tres amigas, nos levantamos para ir hacia ellas.
—Tú no te rindas, con el resto de chicas no habla tanto. Sigue así y hazte su amiga —me aconsejó Naoko, guiñándome un ojo.
Entramos al cine, compramos una montaña de palomitas saladas y nos sentamos al final de la sala.
Tomoyo se abrazó a mí nada más empezar la película, éramos las más miedosas de todas. Tuvimos una buena sesión de dar brincos, taparnos los ojos y soltar algún que otro grito cuando aparecían los fantasmas.
Las semanas pasaron y mi nueva rutina seguía funcionando.
Todos los días recibía mi sonrisa en el recreo. En el camino de vuelta a casa, Shaoran y sus amigos a veces se acercaban a nosotras y hablábamos un poco mientras caminábamos.
Un martes, en el recreo, estábamos con Eriol y sus amigos apoyados en la pared cerca de las gradas, hablando de los planes que teníamos para ese verano.
Me apoyé en Eriol y él pasó su brazo por mis hombros, contándome a dónde viajaría con su madre. En su aroma había algo diferente.
—¿Has cambiado de colonia? —pregunté, acercándome a oler su cuello.
—Siempre te das cuenta la primera —respondió entre risas.
De repente me empujó, separándome de él con brusquedad. Lo miré dolida, era la primera vez que me hacía algo así.
Eriol señaló algo con sus ojos y, al mirar hacia ese punto, se me heló la sangre en las venas. El grupo de Shaoran estaba cerca y él me estaba observando muy serio.
Escuché a Eriol maldecir en voz baja mientras se alejaban.
Cuando dejó de mirarme, me di cuenta de que había estado aguantando la respiración. Solté el aire y me giré hacia mi amigo sin saber qué decir.
—Creo... que ha pensado que me estabas besando en el cuello.
Mis ojos se abrieron como nunca al escucharlo.
—¡Pero si no he hecho nada! —respondí demasiado alto.
Tomoyo cogió una de mis manos y comenzamos a andar hacia nuestra clase.
—Lo sabemos, Sakura. Pero él no os conoce y puede haber pensado que estáis juntos.
Entramos en clase y en las siguientes horas me di cuenta de que Tomoyo tenía razón. Si viera a dos personas como estábamos Eriol y yo, también habría pensado eso.
Al terminar el día me sentía muy desanimada. Me despedí de Eriol en la puerta.
—Tranquila, lo arreglaremos —prometió antes de subirse en su moto.
Asentí con tristeza y fui hacia donde estaban mis amigas. Mientras esperábamos a la tardona de Rika, el grupo de Shaoran pasó por nuestro lado sin mirarnos.
Me mordí el labio inferior al verlo alejarse. Mierda, mierda y mierda.
Caminamos juntas hasta donde Rika y Chiharu se separaban, hablando de lo que había pasado.
—Tienes que intentar hablar con él —dijo Rika.
—Pero... ¿y qué quieres que le diga?
—Deja caer que Eriol y tú sois muy buenos amigos pero nada más —respondió Tomoyo.
Rika y Chiharu asintieron.
—No sé si tendré alguna ocasión para decirle eso —murmuré, suspirando.
—Claro que sí, la próxima vez que habléis le preguntas por sus amigos y le hablas de los tuyos —sugirió Rika.
—Lo intentaré.
Shaoran no me miró ni una sola vez el resto de la semana. Eso confirmó a Eriol su teoría de que creía que éramos pareja y le había molestado.
—Ahora sí que estoy seguro de que le gustas, esto es la prueba definitiva —dijo mi amigo el viernes.
Me encogí de hombros y dejé escapar un suspiro. De todas formas ya daba igual, parecía que él no iba a volver a acercarse a mí.
A la semana siguiente, fui a pasar la tarde con Tomoyo porque los exámenes finales del segundo trimestre se acercaban. Cuando entré en su piso, me extrañó no ser atacada por sus hermanitos.
—¿Dónde están los demás? —pregunté, cerrando la puerta.
—Touya en la universidad y el resto en el parque, jugando —explicó mi amiga, encogiéndose de hombros.
—Es muy raro que tu casa esté tan silenciosa —respondí y las dos nos reímos.
Nos sentamos en la mesa de la cocina y sacamos los libros de física. Estábamos subrayando la teoría cuando sonó el timbre de la puerta.
Tomoyo fue a abrir mientras yo seguía señalando lo más importante, y escuché una voz grave que conocía demasiado bien.
—Hola, prima. Mi madre me manda para recoger unos libros.
Al levantar la vista, me encontré con los ojos ambarinos de Shaoran. El corazón se me aceleró como si se hubiera vuelto loco.
—Pasa un momento, voy a buscarlos.
Tomoyo pasó por mi lado en dirección a su habitación, mirándome con intención. Era mi oportunidad para hablar con él.
—Hola, Shaoran —le saludé, sonriendo.
Él apenas me devolvió la sonrisa y se sentó enfrente.
—¿Qué estáis estudiando?
—Física, tenemos el examen en una semana —contesté, pensando en cómo sacar el tema de Eriol.
Nos quedamos en silencio unos segundos y seguí subrayando.
—No me habías contado que tienes novio —dijo de repente.
Abrí los ojos muy sorprendida y volví a mirarlo. Estaba algo serio y con el ceño un poco fruncido.
—¿Qué? Si no tengo —contesté con voz chillona, maldiciéndome en mi interior.
Él se cruzó de brazos, apartando la mirada.
—Te vi muy cariñosa con un chico el otro día.
Vaya, sí que le había molestado.
—Sería con mi amigo Eriol, es como un hermano para mí —murmuré, haciendo énfasis en la palabra "hermano".
Shaoran volvió a mirarme con sus ojos más abiertos de lo normal y relajó la postura, apoyando las manos en la mesa.
—¿Y él no siente nada por ti? —preguntó, sorprendido.
Negué con la cabeza antes de responder.
—Que va, es como si fuéramos familia. Nunca podría verlo como algo más que un amigo.
Shaoran sonrió y apoyó la cabeza sobre sus manos.
—Yo nunca he tenido una amistad así con una chica.
Me encogí de hombros, sonriendo.
—Sí, es bastante raro. Casi nadie lo entiende —comenté, volviendo a mirar mi libro.
—Mmm... no sé si yo soy capaz de entenderlo, puede que sí.
Al mirarlo, me dedicó mi sonrisa favorita y un escalofrío me bajó por la espalda.
Tomoyo apareció y se acercó a su primo.
—Aquí tienes, creo que son estos —dijo, dándole tres libros.
Shaoran los cogió y se levantó.
—Gracias. Me voy, que no quiero molestaros.
Tomoyo lo acompañó a la puerta y él volvió a mirarme antes de salir y marcharse. Tras cerrar, ella volvió a mi lado y me preguntó de qué habíamos hablado.
Cuando se lo conté, dio un gritito de alegría.
—Te dije que tenías que hablar con él... ¡esto avanza! —chilló muy contenta.
Me uní a su alegría, sonriendo.
—Mejor no hacernos ilusiones, tal vez solo quiere ser mi amigo.
Tomoyo puso los ojos en blanco.
—Te equivocas, pero bueno... lo averiguaremos pronto —sentenció, dándome un codazo mientras se reía.
A partir de ese día, Shaoran volvió a hablar conmigo cuando nos cruzábamos por los pasillos o en el patio.
Yo seguía esperando todos los recreos con mis amigas a que él pasara antes de volver a clase, y él todos los días sonreía en mi dirección.
Una mañana, cuando me senté al lado de Tomoyo, la escuché susurrar algo.
—Tengo que contarte una cosa.
La miré con curiosidad, pero ella se llevó un dedo a los labios.
—Después de clase.
Resoplé, pensando en que le encantaba dejarme siempre con la intriga mientras el profesor de historia nos decía por donde teníamos que abrir el libro.
