EL LLAMADO

01 de Septiembre de 1996.

Torre de Astronomía.

22:30 hrs.

Recargada sobre la barandilla con su uniforme de Slytherin, el cabello suelto y la luz de la luna dándole en el rostro.

Una exótica y elegante belleza...

— Hola Orquídea...— saludo.

Y sin decir palabra alguna, se da la vuelta y corre a darme un abrazo. Me reconforta absorber su aroma y sentir el calor de su cuerpo.

La aparto un poco de mí y depósito un beso en sus labios, ella se sujeta de mi cuello e intensifica el beso. Nuestros labios se reconocen el uno al otro demostrando que tanto nos extrañamos.

El beso termina por la falta de aire, ella me observa con los ojos brillantes, las mejillas sonrojadas y una sonrisa que la hace ver tan tierna...

— Hola Harry...— dice luego de un momento— ví que llegaste tarde al banquete de bienvenida, ¿qué pasó?— pregunta.

— Tuve un encuentro con tu amigo Malfoy— le comentó— y tú, ¿por qué te notó tan pálida?— cambio de tema— ¿acaso estás enferma?— pregunto preocupado.

— Estoy bien, no te preocupes— dice evitando mi mirada— te extrañé mucho en estás vacaciones— comenta y vuelve a abrazarme.

— Yo también te extrañé Orquídea...— digo acariciando su espalda.

Sé que miente, algo le pasó en vacaciones, lo pude sentir, sin embargo, no quiero presionarla. Quiero que sepa por ella misma que puede confiar en mí, que yo la ayudaré en todo lo que pueda.

Inexplicablemente me enamoré de ella y no permitiré que nada ni nadie la lastimé.


¿Cómo le explicó que fui marcada para ser un mortífago? ¿Cómo le digo que ahora representó a aquel que lo quiere muerto?

Fui marcada para ser la esclava de un ser que sólo quiere poder y muerte, soy la representación de la oscuridad que se avecina a nuestro mundo y al mundo muggle.

Así abrazada a él, aspirando su aroma y sintiendo la calidez de su cuerpo cerca del mío, me permito estar en paz aunque sea por un instante... Cierro los ojos e imaginó que en este mundo sólo él y yo existimos.

Lo amó y esa es la única verdad que debe saber...


Ya han transcurrido dos semanas de curso. Slughorn es nuestro nuevo profesor de Pociones y nos ha dejado una tarea sobre los efectos de la amortentia si no es elaborada correctamente.

Está clase para mí es una pérdida de tiempo, de igual manera debo terminar la dichosa tarea. Por la tarde me veré con Harry cerca del sauce boxeador casi nadie va a ese lugar así que nos viene perfecto para platicar y darnos unos cuantos besos sin que nadie nos vea.

Salgo de la biblioteca rumbo a las mazmorras para dejar los libros, los chicos se fueron a Hogsmeade a dar una vuelta, bueno la mayoría fue al pueblo por ser sábado.

Llegó a la entrada de nuestra sala común, digo la contraseña y pasó directo a mi habitación. Sobre mi cama encuentro una nota de parte de mi madre.

Dentro de una semana llegará tu vestido para la fiesta de compromiso, en cuanto lo tenga te lo haré llegar para que te lo pruebes.

Narcissa lo ha escogido especialmente para tí, así que por tu bien espero te comportes y le agradezcas el regalo.

- A.P

Suspiro y dejó la nota a un lado, perfecto, había olvidado la dichosa fiesta de compromiso que será en Navidad.

Tiró los libros sobre el escritorio y me recuesto un momento en la cama. No quiero casarme con Draco, somos amigos pero es algo inevitable, hay un contrato de por medio.


Hermy y Ron han ido a Hogsmeade, yo me quedé con la excusa de terminar la tarea que nos dejó Slughorn. Al no haber tantos alumnos aprovechó de ir a las cocinas y pedirle a los elfos que me den un poco de comida para el encuentro que tendré con Pansy.

Una vez tengo la comida en una cesta, me dirijo al lugar donde nos veremos, cerca del sauce boxeador.

Pongo una manta sobre el césped, la cesta a un lado y tomó asiento para esperar su llegada.

Una pequeña brisa sopla en el lugar, trayendo consigo unas cuantas hojas. El canto de algunos pájaros se escucha también.

El toque en mi hombro me hace sobresaltar.

— Hola, soy yo deja esa cara de susto— dice la pelinegra sonriendo.

— No te escuche venir, a veces eres muy sigilosa— le devuelvo la sonrisa, indicando que se siente junto a mí.

— Bueno ser sigilosa puede ser una ventaja— comenta encogiéndose de hombros— dime que en esa cesta hay comida, muero de hambre— dice acercando la cesta para ver lo que tiene.

Toma un sandwich y me da otro a mi, yo sirvo el jugo de calabaza en unos vasos y le pasó uno a ella. Comemos en silencio, disfrutando la compañía del otro y admirando el paisaje desde donde estamos.

Ella devora prácticamente en un instante su comida y luego toma una manzana que también traje.

— ¡Vaya! Si que tenías hambre— comentó, ella sonríe asintiendo.

— La verdad si, es que no desayuné— la veo preocupado.

Desde que entramos al curso, la notó pálida y ojerosa, a veces se le pasan las horas de comida. Y por las noches he sentido la sensación de dolor y quemazón en el antebrazo izquierdo de la otra vez. Suspiro dispuesto a preguntar qué pasa.

— Pans, ¿qué sucede, estás enferma?— comienzo y ella deja a un lado la manzana a medio comer— dime por favor, confía en mí, tú semblante me dice que algo te pasa y la preocupación me embarga a cada momento— ella me ve fijamente y luego aparta la mirada.


No, otra vez no, ver la preocupación reflejada en sus ojos hace que el corazón se me comprima. Sin embargo, no puedo decirle la verdad, no sé cómo vaya a ser su reacción al saber que soy un mortífago.

Apartó mi mirada de la de él, porque si sigo viendo esos ojos que parecen esmeraldas brillando con la luz del sol, estoy segura que verá la verdad que tanto quiero esconder de él.

— Ya te lo había dicho, estoy bien— digo tratando que no me falle la voz.

Él toma mi mano, su tacto con mi piel quema, pero es algo cálido que me da paz.

Sin embargo, la paz que llegué a sentir se esfumó en un instante, pues mi antebrazo ardió como nunca antes lo había hecho y juro por Merlín que dolió peor que una sesión de tortura con la loca tía de Draco.


Sentí como se tenso todo su cuerpo, apretó los dientes y jadeo llevando su mano al antebrazo izquierdo. Preocupado tomé su rostro entre mis manos, sus ojos estaban cristalizados por las lágrimas acumuladas y unas cuantas gotas de sudor perlaban su frente.

— Orquídea, ¿qué pasa?— pregunté alarmado.

— El llamado...— balbuceó.

— ¿De qué hablas?— en ese momento sentí un cosquilleo en mi antebrazo.

Levanté la manga de mi suéter y ví que el área estaba tornándose de color rojo. De inmediato hice lo mismo con la manga de la blusa que Pansy llevaba puesta.

La ví tan negra como una noche sin estrellas y palpitando cual si fuera un corazón... Pansy tenía en su antebrazo izquierdo la marca tenebrosa.

— La-la poción...— su voz temblorosa hizo que apartará mi vista de la marca.

Ahí noté que estaba más blanca que un papel y sus venas resaltaban oscuras en su piel. Unas cuantas lágrimas habían recorrido su rostro.

— ¿Qué poción?— pregunté casi en un hilo de voz al ver su semblante.

— Llévame a la sala de Menesteres, nadie puede verme así, en mi bolso tengo lo que necesito.

Junto a ella estaba un pequeño bolso color beige, la tomé en mis brazos y apresure mis pasos hacia donde me indicó tratando de que nadie nos viera.

La Sala me proporcionó una habitación con una cama, una chimenea, una pequeña mesa y lo que parecía ser un baño.

Coloqué el cuerpo de Pansy sobre la cama y ella se quejó seguramente por el dolor.

— ¿Y ahora qué debo hacer?— pregunté.

— Busca...— casi no podía hablar— busca en mi bolso un botecito color negro, es una poción que debo tomar— asiento y busco lo que me indicó.

Cuando lo encuentro, sostengo su cabeza y le doy de tomar la poción. Inmediatamente suspira de alivio, ya no se ve tan pálida y la marca ya no se ve tan negra como antes.


El alivio embarga mi cuerpo al instante en que trago la poción, cierro los ojos, maldiciendo porque al señor Tenebroso se le ocurriera convocar el llamado a está hora y lo peor que Harry lo presenció.

Cuando me siento con un poco más de fuerza, me incorporo para quedar sentada apoyada en el respaldo de la cama.

Harry tiene la vista en su antebrazo y veo que está rojo.

— ¿Tú también lo sentiste?— pregunto en voz baja.

— No tan intenso como tú— dice levantando su rostro hacía mí— ¿por qué no me dijiste?— pregunta dolido.

— ¿Y qué querías que dijera? Hola Harry, tengo nuevas noticias, fui marcada como mortífago— digo— no, no podía venir y soltar esto así como así, no sabía cómo reaccionarias— y al último la voz me falla.

— Y por eso escogiste esconderme la verdad, te amo Pansy, y si vamos a tener una relación, lo menos que espero de tí es confianza, tú misma me lo dijiste, que confiara en tí, ¿recuerdas?— dice tomando mi rostro para que lo vea a los ojos.

— Yo también te amo, pero entiéndeme tenía miedo de que te alejarás una vez supieras la verdad, está marca significa que somos enemigos declarados— digo señalando la marca.

El silencio luego de eso se asentó pesado e incómodo, debía dejarlo que procesará todo lo que había pasado.

Ahora él debía tomar una decisión, su amor por mí o sus principios.

Me levanté de la cama, tomé mi bolso y salí de ahí sin mirar atrás.