Son las 2 am en Buenos Aires, Argentina, y acabo de escribir este primer capítulo cortito (ya vendrán más y mejores, esto es una introducción), inspirada por esta cuarentena obligatoria en la que estoy hace 12 días... al menos me llevó a escribir finalmente un fanfic Swan Queen xD

Este "virus" de la historia por el momento no es necesariamente el Coronavirus. Veremos...

Cuidate a vos y cuidá a los que te rodean. Si podés, quedate en tu casa.


Un nuevo mal acechaba a Storybrooke, altamente contagioso, y en algunos casos, mortal. No era magia oscura, no, era un virus. O eso se decía por el momento. Un hombre desconocido había ingresado al pueblo hacía una semana, y terminó internado por presentar lo que parecía ser un cuadro respiratorio. Murió a los pocos días.

Regina Mills, como alcaldesa del pueblo, tenía que tomar una medida urgente para evitar más contagios. Uno de los enanos – no recordaba cuál, pues para ella son todos iguales – que aparentemente había tenido contacto con este forastero, había contraído el virus y luego contagió a otro de los enanos; ahora estaban bajo observación, internados y aislados. Regina primero dudó si este virus sería algún tipo de magia oscura enviada por un enemigo desconocido, por lo que antes de tomar una decisión, se reunió con los Encantadores – a qué había llegado, pidiendo la opinión a los Encantadores. Emma Swan, por supuesto, le hizo saber que lo que estaba pensando no tenía sentido. Regina, no sé si en el Bosque Encantado todos gozaban de una perfecta salud y nunca nadie se enfermaba - le había dicho sarcásticamente haciendo que la morocha rodara los ojos – pero esto es claramente un virus. Todos debemos quedarnos en nuestras casas y evitar el contacto social, para no seguir contagiando, al menos por unas semanas.

Por supuesto, Regina primero desconfió de los conocimientos en materia de salud de la Salvadora - no era ese tipo de salvadora - así que consultó con el Dr Whale, quien aún no podía determinar la causa del mal pero sí una cosa: tenía síntomas como fiebre alta, dolores y problemas respiratorios y era altamente contagioso, por lo que el aislamiento sería necesario.

Así que Regina tuvo que tomar la polémica medida de ordenar una cuarentena obligatoria a todos los habitantes, prohibiendo que salieran de sus casas, y poniendo un hechizo protector alrededor de Storybrooke para que nadie pudiese entrar ni salir del pueblo. Indicó que la medida tendría una duración de veinte días en principio, a partir de esa misma noche, pudiéndose extender de ser necesario.

Desde luego, tal medida generó muchas opiniones contrarias en los habitantes de Storybrooke, siempre propensos al caos y a los debates acalorados. Leeroy – o el enano Gruñón, como Regina lo identificaba – fue uno de los primeros en protestar, alzando la voz, que qué iba a hacer veinte días metido en su casa con los otros enanos, que iban a volverse locos y a matarse con sus picos, que necesitaba trabajar e ir a Granny's a comer lasaña, y otras estupideces a las que se sumaron más y más voces. Blancanieves logró calmar a los ciudadanos molestos, asegurando que era la opción más segura para todos. Regina insistió en que sería muy severa con aquellos que rompieran la cuarentena. Sólo algunas personas podían trabajar, como los sheriffs, los médicos y enfermeros, y los mercados básicos para subsistir. Granny's estaba permitido también, pero sólo para hacer envíos a domicilios cercanos.

Mientras la muchedumbre comenzaba a dispersarse, Regina se acercó a Emma antes de que esta volviera junto a sus padres, con una cuestión que le surgió apenas se tomó la decisión de la cuarentena.

"Emma" llamó, pues ahora ya la llamaba por el nombre. Especialmente para lo que estaba a punto de decirle. La rubia se dio vuelta, quedándose frente a ella. "Debemos ver qué hacemos con Henry."

"¿Cómo?"

"Por la cuarentena. Yo no podré salir de mi casa, y Henry no va a poder ir de una casa a la otra. No quiero estar veinte días sin ver a mi hijo."

"Yo tampoco." Contestó rápido Emma, probablemente pensando que Regina exigiría que Henry volviera con ella.

"Lo sé." La frenó Regina, mirándola a los ojos. Ya no le pediría que dejara de ver a su hijo. Esa Regina había quedado atrás. "No puedo creer lo que voy a decir pero…" dudó unos segundos, mientras los ojos verdes de Emma la miraban expectantes. Tomó una respiración profunda, y lo dijo: "Podríamos quedarnos los tres en mi casa."

Emma se quedó en silencio, con cara de no entender, o de haber escuchado mal. Regina esperó unos segundos, pero la rubia seguía sin responder, mirándola con los ojos como platos.

"¿Emma?"

"¿En tu casa? ¿Henry, tú y yo…? ¿Por veinte días?"

Regina tuvo que contenerse para no rodar los ojos.

"Sí. Es la única forma en la que ambas podremos estar con Henry durante esta cuarentena."

Emma dudó unos segundos, ahora frunciendo el ceño.

"Pero no voy a poder ver a mis padres, y Henry tampoco…"

"Swan. " Interrumpió Regina con un suspiro. "Imagino que no pensarás que vamos a convivir tus padres, Henry, tú y yo bajo un mismo techo por veinte días… Ya es hora de que vueles de ese nido, de todas maneras."

Emma sí rodó los ojos esta vez.

"¿Y vuelo a tu nido?" preguntó sarcástica, haciendo que Regina se pusiera a la defensiva.

"Bien, si te parece tan insoportable la idea de convivir conmigo que prefieres no ver a nuestro hijo por veinte días, haz lo que quieras. Yo no voy a dejar a Henry."

Regina se dio la media vuelta para irse, ofendida, pero frenó en seco al sentir la cálida y firme mano de Emma alrededor de su muñeca.

"Regina, espera."

Si bien se detuvo seguía dándole la espalda, por lo que Emma tiró suavemente de la muñeca, haciendo que finalmente se diera vuelta para mirarla.

"No dije que no." Respondió Swan, buscando las palabras que decir. Regina entonces miró su mano, que seguía agarrando su muñeca, y levantó una ceja. Emma lo notó y soltó rápido la mano, llevándosela a la nuca. "Me tomó por sorpresa, nada más… Pero sí, creo que es la mejor idea. Especialmente para Henry."

Regina asintió. El vínculo entre las dos, si bien no era lo que se dice una amistad, ya no era tampoco la enemistad y competencia de hacía pocos años. Habían aprendido a dejar su rivalidad de lado, por Henry. Y Emma incluso le había demostrado interés en ser amigas. Se había preocupado por ella en varias ocasiones, y había confiado en ella en varias otras.

Y Regina, en el fondo, muy, muy, muy en el fondo, le había empezado a tener un poco de cariño a Emma Swan. No que lo fuese a admitir, claro que no.

"Bien" dijo, aliviada de haber llegado a un acuerdo. "Prepara tus cosas y las de Henry, los espero a las ocho."

"¿Quieres que lleve algo para comer?" ofreció la rubia "¿Lasaña de Granny's?"

Regina bufó. Sabía que intentaba ser amable, pero eso era casi un insulto.

"Déjame que te haga probar una verdadera lasaña, señorita Swan."

Emma rodó los ojos, pero no pudo evitar una pequeña sonrisa.

"Nos vemos a las ocho" se despidió, dándose la vuelta y yendo hacia su Wolkswagen amarillo.

Si alguien le hubiese dicho a Regina, años atrás, que le propondría a Emma Swan vivir bajo su mismo techo, probablemente se hubiese reído un largo rato… y luego le hubiese lanzado una bola de fuego a quien se haya atrevido a decir semejante idiotez.