Capítulo Seis

Celos incontrolables


Llegó la hora del recreo y miré a Tomoyo con ansiedad. Ella me dedicó una sonrisa traviesa y se levantó.

—Vamos, ven conmigo.

La seguí hasta las gradas donde siempre nos sentábamos. Ella recorrió el patio con la mirada para ver si había alguien escuchando cerca.

—Vale, ¿preparada?

La observé extrañada y asentí. Nunca sabía qué esperar de ella.

—Shaoran estuvo ayer en mi casa y estuvimos hablando un rato. Me dijo que le pareces muy linda —susurró, tapándose la boca y soltando una risita.

Noté como el calor se empezaba a concentrar en mi rostro.

—¿Le preguntaste por mí? —dije en voz demasiado alta.

Mi amiga negó con la cabeza y me hizo un gesto para que me callara. Varios alumnos me habían oído y nos estaban observando.

—Él habló de ti sin que yo le dijera nada.

Alcé una ceja con incredulidad.

—Estoy diciendo la verdad —añadió ella, levantando una mano.

Suspiré, bajando la mirada al suelo.

—Está bien, te creo.

Al mirarla, Tomoyo volvía a tener su sonrisa traviesa.

—Ya mismo tendré que llamarte prima, ¿no?

Se me escapó una carcajada y le di un codazo. Ambas nos reímos mientras Rika y Chiharu se sentaban a nuestro alrededor, preguntando a qué venían esas risas. Cuando se lo contamos, empezaron a hacerme cosquillas.

—Y tú decías que era imposible que le gustaras, ¿ahora qué? —dijo Chiharu.

—Venga parad, dejadme respirar —respondí, con la voz temblorosa de tanto reír.

—¿Le vas a decir algo? —preguntó Rika, alzando las cejas.

—Ni loca, solo ha dicho que le parezco linda. Puede pensar igual de otras cuarenta chicas —contesté, haciendo que mis tres amigas pusieran los ojos en blanco.

Seguimos hablando hasta que noté como mis latidos cambiaban el ritmo, y eso solo lo causaba una cosa. Al girar la cabeza allí estaba él, mirándome mientras caminaba junto a sus amigos y varias chicas. Me regaló su sonrisa ladeada y siguió andando.

Sentí una pequeña punzada de celos al ver que estaba hablando con esas chicas. Ya las había visto más veces cerca de él.


Más días y semanas pasaron.

Me di cuenta de que en los recreos Shaoran solía tener a un par de chicas cerca, con las que no paraba de hablar. Los celos comenzaron a devorarme por dentro al saber que yo no era tan especial... ya que él hablaba con muchas más.

Seguía dedicándome sus sonrisas al pasar por mi lado, pero ya no las recibía con la misma ilusión que antes.

El día de mi cumpleaños, mis amigos me esperaban en la entrada del instituto con algunos regalos.

—¡Feliz cumple, Sakura! —chilló Rika, abrazándome.

—Ya tienes diecisiete, empiezas a ser una mujercita —añadió Eriol, acercándose y pellizcándome la mejilla.

Me ruboricé al recibir tanto interés por parte de mis amigos. No me gustaba ser el centro de atención.

En el recreo estuvimos charlando sobre la gran tarta que había comprado para que mis amigos se la zamparan conmigo esa tarde. Estaban invitados a venir a mi casa para celebrarlo.

—¿A qué hora quieres que vayamos? —preguntó Tomoyo.

—Me da igual, no pienso cortar la tarta hasta que lleguéis todos.

Los ojos de Rika y Chiharu se abrieron más de la cuenta, y no supe el motivo hasta un segundo después.

—¿Hoy es tu cumpleaños? —escuché detrás de mí.

Noté como toda la sangre de mi cuerpo se concentraba en mi cara y me di la vuelta para enfrentarme al chico de mis sueños. Sus ojos tenían un brillo travieso y parecía que se divertía.

—Sí —respondí con un hilo de voz, apartando la vista de sus ojos.

—Me lo tenías que haber contado —dijo, acercándose más a mí.

Mi corazón amenazó con explotar cuando sentí sus labios en mi mejilla.

—Feliz cumpleaños, Sakura —añadió, y tras mostrarme su maravillosa sonrisa se marchó al final del patio.

Mis amigas tuvieron que sacudirme para obligarme a reaccionar, me había quedado petrificada y con la mente en blanco.


Estábamos a mitad del tercer trimestre, pronto sería verano y comenzarían nuestras ansiadas vacaciones. Este curso había sido complicado y estaba deseando que terminara de una vez.

Eriol tenía la absurda teoría de que Shaoran hablaba con otras chicas para ponerme celosa y que yo reaccionara diciéndole algo, como había hecho él aquella tarde en casa de Tomoyo... pero su teoría se rompió una mañana, cuando Chiharu nos informó de los últimos rumores que había escuchado en clase.

—Me han dicho que Shaoran se está acostando con esa rubia con la que tanto habla últimamente.

Algo pequeñito se rompió dentro de mí.

—Mi primo se ha acostado con medio instituto según los cotilleos. Yo no me lo creo —sentenció Tomoyo, muy seria.

Todas me observaron en silencio con ojos tristes.

—No os preocupéis por mí, estoy bien —dije para tranquilizarlas.

—¿Vas a dejar de hablarle? —preguntó Tomoyo.

—No, es tu primo y me cae bien. No lo voy a ignorar si se acerca a mí pero no quiero seguir hablando de él, será mejor que nos olvidemos de todo eso. Quiero empezar a ser realista.

Mis amigas asintieron y cambiaron de tema, lo que agradecí.

No quería pensar más en él, se acabó. Tendría que conformarme con ser su amiga y esperar a que mi cuerpo dejara de acelerarse cada vez que él estaba cerca... tal vez con el tiempo dejaría de pasarme.

Cuando le conté todo a Eriol, él solo me dijo una cosa.

—Puede que todo eso no sea verdad.

Me encogí de hombros, diciéndole que ya no me interesaba ni Shaoran ni lo que hiciera con su vida. Mi amigo levantó una ceja con incredulidad, pero no volvió a sacar el tema.


El curso siguió avanzando, hasta que llegó junio y empezaron nuestros últimos exámenes.

Tomoyo iba a volver a ir a casa de su primo para que le explicara matemáticas, pero rechacé acompañarla. Prefería no estar tan cerca de él, todavía no lo había olvidado.

Me estaba resultando difícil hacerlo porque Shaoran seguía mirándome en los recreos, y hablaba conmigo cuando coincidíamos en el camino de vuelta a casa después de clase.

Me había contado todo tipo de cosas, como que tenía un hermano pequeño y dos hermanas mayores que lo volvían loco. También me confesó que era adicto al chocolate y que le apasionaba dibujar. Yo le conté algunos detalles sobre mi vida, como lo controladores que eran mis padres o que adoraba la comida china.

Tenía que intentar conformarme con ser su amiga, aunque en el fondo de mi corazón sabía que siempre iba a sentir algo por él.

Eriol insistió en que para olvidarlo lo mejor era fijarme en otro chico. Lo intenté, pero nadie más me llamaba la atención.

Era rara la noche que no soñaba con esos ojos color ámbar que me tenían atrapada y condenada.


Los exámenes pasaron mezclados con una nube de ansiedad y nervios. Temía suspender por no haber estudiado lo suficiente.

A finales de junio, el día de recogida de notas, Tomoyo y Eriol me acompañaron para darme ánimos. Ellos ya tenían las suyas, todo aprobado y pasaban de curso, pero yo no estaba muy segura de si lo conseguiría.

Entré en clase y mi tutor me entregó el boletín muy serio.

—Espero que el próximo curso te esfuerces un poco más.

Asentí y salí en silencio al pasillo, donde me esperaban mis amigos.

—Miradlo vosotros, yo no puedo —les pedí, entregándoles mi boletín de notas sin abrirlo.

Eriol lo sujetó y los dos empezaron a leer. Una sonrisa se dibujó en sus labios, lo que me hizo soltar un suspiro de alivio.

—Todo aprobado, Sakura. Las matemáticas con un cinco raspado, pero todo aprobado.

Tomoyo me palmeó varias veces la espalda.

—Tranquila, no te vas a quedar sin verano por estar castigada —añadió ella, riéndose bajito.

Salimos del instituto sintiéndonos felices, otro curso más terminado. Ya solo nos quedaba uno antes de llegar a la universidad.

Eriol se despidió antes de subirse en su moto. Tomoyo y yo volvimos juntas a casa caminando, era un día de verano cálido y agradable.

—En julio voy a irme con mis padres a una urbanización a las afueras de la ciudad, mi abuelo tiene varias casas allí y nos va a dejar una. Hay un jardín enorme y piscina, pistas de tenis... podrías venirte unos días con nosotros, Sakura —dijo Tomoyo, sonriendo.

—Me encantaría, le preguntaré a mis padres. ¿Cabremos todos allí? —pregunté, devolviendo su sonrisa.

Ella se encogió de hombros.

—Es una casa grande, no te preocupes. Tendremos un cuarto para nosotras.

Esa misma tarde, tras entregarles las notas hablé con mis padres y les pedí permiso para ir con Tomoyo. Aceptaron que me fuera como máximo una semana.

La llamé para contárselo, dando saltitos de felicidad. Ella me dijo que nos iríamos pronto, pero que aún no sabía el día. Me llamaría en cuanto lo supiera.

Tocaba empezar a disfrutar de las vacaciones.