31 de Octubre 2005.

Las niñas están muy emocionadas por salir a pedir dulces y más porque Potter nos acompañará. En estos días he andado con la cabeza un poco revuelta, ver a Harry en su papel de padre me hace sentir contenta, pues se nota que las ama y que su objetivo es recuperar el tiempo que no estuvo con ellas.

Y ya ni se diga de las niñas, no caben de la felicidad, muchas veces cuando necesitan ayuda con algo lo llaman a él, admito que me siento un poco relegada, sin embargo, soy feliz al verlas sonreír cuando juegan o cuando las complace en algún capricho.

Estoy completamente segura de que lo amó, nunca lo dejé de hacer, pero el miedo me impide gritarle que quiero volver a su lado y que seamos una familia como debió haber sido desde hace mucho.

Él es igual de atento conmigo que antes, no hemos vuelto a tener un momento íntimo desde el beso que interrumpió Lily, aceptó que he sido yo quien lo ha evitado, y agradezco que él me dé mi espacio. Pero hay días que las ganas de lanzarme a sus brazos y que me besé son tan grandes, sentir sus manos recorrer mi cuerpo, su piel contra la mía...

Muevo la cabeza para disipar esos pensamientos...

Salgo de mi habitación rumbo a la cocina para tomar una taza de café y luego ayudar a las niñas con sus disfraces.


Harry el Ministro requiere tu presencia, hay una misión muy importante en Wiltshire.

Malfoy ya se encargó de que la chimenea de la mansión Greengrass esté conectada a la media noche para tu traslado.

- R.W

Dobló el pergamino y lo dejó sobre la mesa de noche. Suspiro y masajeo mis sienes, debo irme a la media noche.

No sé cómo vayan a reaccionar las niñas con mi partida, no quiero irme ahora que he pasado tiempo con ellas, las he llegado a conocer, jugar y reír juntos es una emoción indescriptible la que siento en mi corazón.

Las cosas con Pansy también han avanzado un poco, a veces conversamos por horas o sólo tomamos el té juntos en un silencio reconfortante.

Le he dado su espacio para que pueda pensar y así tomar una decisión, sé que tiene miedo yo también lo tengo. Miedo a perderla para siempre, que su decisión sea no retomar nuestra relación me asusta...

Debo hablar con ella y que de una vez por todas me haga saber lo qué pasará con nosotros.


En todo el día noté a Potter muy distraído y pensativo, no sé qué le pasará, antes del almuerzo trate de acercarme y hablar con él pero las niñas no lo dejaron ni un minuto a solas.

Incluso cuando las mandé a ponerse sus disfraces fue un gran trabajo que me obedecieran. Tal vez cuando vayamos a pedir dulces puedo hablar con él.

— Mami ya estoy lista— anuncio Lily.

— Te ves muy bonita princesa— Lily escogió un disfraz de hada, se ve tan tierna con su vestido y sus alas— papi está abajo, veré qué pasa con Amely— asiente y sale de la habitación.

Amely sale del baño cabizbaja y con sus ojitos tristes.

— Mi amor, ¿qué pasa?— pregunto mientras me arrodilló para quedar a su altura.

— Mi corazoncito me dice que Papi se irá, ¿Por qué siento eso mami?— quedó aturdida por lo que me ha dicho.

— Pues no sé pequeña, pero seguro no es nada, ya verás que tú papá no se irá— trato de consolarla pero siento que el pánico se quiere apoderar de mí.

¿Será por eso que Potter ha andado tan pensativo hoy?

— Ahora vamos, papá y Lily nos esperan abajo para salir por dulces— le regaló una media sonrisa y salimos de la habitación.

Luego de casi tres horas de caminar por las calles de Malahide pidiendo dulces, las niñas se rindieron y pidieron que las cargaramos de regreso a casa.

— Si que son incansables— comenta Harry.

— Ni te lo imaginas, cuando comenzaron a caminar era un arduo trabajo ir trás ellas— él ríe un poco triste seguramente queriendo haber estado para ver eso.

Subimos las escaleras hacía la habitación de las niñas, con mi varita les quitó los disfraces y les coloco sus pijamas. Las arropo y dejó un beso a cada una en su frente.

Al darme la vuelta puedo ver a Potter de pie en el umbral de la puerta.

— Necesito hablar contigo— dice serio.

— Está bien, vamos a mi habitación— asiente y se hace a un lado para que yo pasé.

Una vez dentro de la habitación, él se queda de pie y yo tomó asiento a la orilla de la cama.

— Bien te escucho...— lo instó a que hable.

— Ron mandó un pergamino donde el Ministro solicita mi presencia en el Ministerio, debo irme hoy a media noche— anuncia y la noticia me ha caído como un balde de agua fría.

— ¿Y por qué requieren tu presencia?

— Hay una misión en Wiltshire y debo ir, soy el jefe del Departamento de Aurores— asiento sin saber qué decir— Pans antes de irme quiero saber cuál es tú decisión— sorprendida volteó a mirarlo.

Mierda, yo no sé qué hacer, una parte me grita que vuelva con él pero otra me dice que debo actuar con cautela, no quiero volver a sufrir por él. Aún hay algo que no le he contado y temo por cómo reaccionará...

— Orquídea...— su llamado me saco de mis pensamientos— yo quiero retomar nuestra relación, te amo, te he buscado por tanto tiempo, y ahora que te encontré no quiero perderte de nuevo, menos perder a mis hijas...— se ha puesto de rodillas entre mis piernas— por favor, no dejes que el miedo te impida ser feliz, ya nada ni nadie nos podrá separar.

— ¿Cómo puedes estar tan seguro de eso?— reclamo— ¿Cómo puedo estar yo segura que la Weasley esa no volverá a meterse entre nosotros?

— Ella ya no volverá, ya estamos divorciados, ella misma me entregó los papeles ya firmados— un alivio lleno mi corazón.

— Yo tengo algo más que contarte...— digo de repente.

— Por favor mujer, no salgas con más excusas...— pone su dedo sobre mis labios, callando cualquier cosa que salga de ellos.

Se incorpora y junta nuestros labios, de nuevo... Su calidez me embarga todo el cuerpo y eso es lo único que necesito para perder el control que he venido ejerciendo en estos días desde el beso que fue interrumpido por nuestra hija...

Sus manos pasaron de mis mejillas a mi cintura, mientras yo enredeba mis manos en su cuello y jugueteaba con su cabello... Igual de suave como lo recordaba.

— Déjate llevar por lo que tú corazón te dice...— habla una vez nuestros pulmones exigen aire.

Y lo hago, me dejó llevar, está vez soy yo quien junta nuestros labios, de una forma pasional y demandante... Mi piel arde en deseo por sentir su piel.

Poco a poco la ropa va estorbando y nos convertimos en un sólo cuerpo, en una sola alma, en un sólo corazón...

El fuego de la pasión devora cada centímetro de mi cuerpo, sus manos acarician lugares que sólo él ha conocido... Mis manos se mueven reconociendo su cuerpo y me parecen insuficientes para sentirlo...

El clímax llega como un torbellino de jadeos, vellos erizados y un te amo...

Me acomodo abrazada a él, escuchando como su corazón late al mismo ritmo que el mío.

Sus dedos acariciando mi espalda y un beso en la coronilla son suficientes para que el sueño me llevé extasiada, amada y por primera vez en mucho tiempo feliz...


Jugué con fuego, y salí quemado, pero lo haría mil veces más de ser necesario, con tal de quemarme con el fuego que ella desprende...

Volver a sentir sus labios y sus manos sobre mi cuerpo, fue como volver a probar agua luego de caminar por un desierto...

Y aunque no hubo una respuesta positiva de su parte, estoy seguro que ama como yo la amo a ella... Espero que esté tiempo que estemos separados comprenda que ya nada ni nadie estará en medio para impedir que seamos felices...

Me levantó con cuidado de la cama para no despertarla, me visto de nuevo y salgo de la habitación...

Antes de bajar pasó por la habitación de las niñas que duermen profundamente. Sigo mi camino y bajo las escaleras con mi maleta.

— Ahí estás Potter, la chimenea se activará en unos minutos— anuncia Zabini una vez ingreso a la sala— ¿te despediste de las niñas?

— No, de camino a la casa se quedaron dormidas, además no hubiera soportado verlas llorar con mi despedida— asiente comprendiendo.

— ¿Y Pansy?— pregunta cauteloso.

— En su habitación también dormida, ya le expliqué el porqué de mi partida, dile que en cuanto termine con la misión vendré a buscarla.

En ese momento, la chimenea se ilumina indicando que ya está activada para irme.

— Que tengas buen viaje Potter— dice el moreno palmeando mi espalda.

— Cuida de ellas Zabini, por favor.

— Con gusto...— sin más que decir me introduzco a la chimenea, tomó los polvos flu y digo mi destino.

— Ministerio de Magia, Londres— y las llamas verdes me tragan.

Antes de desaparecer por completo llegue a ver unos ojos verdes cristalizados por las lágrimas...