Capítulo Ocho

Lucha acuática


Cuando llegaron hasta nosotros, pusieron sus toallas a nuestro lado, y Tomoyo llamó a los dos chicos que yo no conocía.

—Primos, ella es mi amiga Sakura —dijo, señalándome.

Me levanté para saludarlos.

—Encantado, yo soy Yukito y este es mi hermano Yue —respondió el chico de pelo gris.

—Igualmente. Cada día me sorprende más lo grande que es vuestra familia —admití con una sonrisa.

—Sí, tiras una piedra y aparecen primos por todas partes —respondió Tomoyo.

Sus primos soltaron una carcajada y se sentaron a mi lado. Ambos tenían unos ojos muy llamativos, Yue de color azul cielo y los de Yukito parecían grises.

Esta era la familia de los ojos extraños, aunque mis favoritos seguían siendo los ámbar de Shaoran.

—Las dos estáis en la misma clase y os queda un año de bachillerato, ¿no? —preguntó Yue.

Asentí.

—Yo llevo tres años en la universidad y Yukito va a empezar su segundo año —añadió él.

—Sí, ya estoy preparando las novatadas para cuando entre Shaoran en septiembre —contestó Yukito, dándole un empujón al mencionado.

Shaoran lo miró, entrecerrando los ojos con odio.

—No me vaciles, primo... sabes que puedo contigo.

—Eso no te lo crees ni tú —respondió Yukito, frunciendo el ceño.

Los dos se dedicaron una mirada retadora, parecía que estaban deseando pelear.

—Ya basta. Cuando queramos ver un combate, os lo diremos —dijo Fanren, una de las hermanas de Shaoran.

Feimei, su otra hermana, puso los ojos en blanco.

—Siempre están igual... —murmuró, suspirando.

—¿Te apetece que nos bañemos, Sakura? —preguntó Tomoyo.

Nos levantamos y ella se quitó su vestido. A mí me daba un poco de vergüenza delante de tantos chicos, pero me lo quité también.

No había nadie más en la piscina. El agua estaba un poco fría así que nos sentamos en el borde un momento para mojarnos las piernas, viendo como los demás seguían jugando a las cartas.

A los pocos minutos, Yukito se levantó y corrió hacia nosotras.

—¡Bomba! —gritó, tirándose al agua y agarrándose las piernas.

Su "onda expansiva" nos puso chorreando y nos metimos en la piscina con él, entre risas.

—¿No eres un poco mayor para hacer esas tonterías? —preguntó Tomoyo.

—Sólo tengo diecinueve, ni que fuera un viejo —respondió él, salpicándonos.

Empezamos una guerra de agua a la que se fue uniendo el resto de la familia. Terminamos todos en la piscina, menos Touya y Shaoran que nos observaban desde el césped.

Las hermanas de Shaoran estaban "ahogando" a las hermanas de Tomoyo, mientras Yukito y Yue nos perseguían a nosotras. Buceé intentando escapar, pero Yukito atrapó una de mis piernas.

Cuando salí a la superficie, me agarró de los brazos.

—Te pillé, Sakura —dijo con una sonrisa traviesa.

—¡Tomoyo, ayúdame! —grité, pero mi amiga estaba en la otra punta de la piscina, sin poder parar de reír y con Yue a punto de atraparla.

Yukito empujó mi cabeza debajo del agua y, aunque intenté escapar, no podía. Escuché el ruido de alguien cayendo a la piscina y de pronto las manos de Yukito me soltaron.

Al salir a la superficie, tosí y abrí los ojos. Tenía la espalda de Shaoran delante de mí.

—Déjala en paz. Si quieres pelea, ven a por mí.

Ambos se sujetaban de los brazos y empezaron a intentar hundirse el uno al otro. El resto de hermanas se unió a la lucha, junto con Touya.

Al final terminamos todos enredados en una bola de brazos y piernas, partiéndonos de risa.

—¡Las chicas ganaremos! —gritó Fanren, empujando a Touya bajo el agua con ayuda de su hermana Feimei.

Las tres hermanas de Tomoyo agarraban a Yue y Yukito mientras Tomoyo los torturaba con cosquillas.

Shaoran me miró con ojos felinos.

—Solo quedamos tú y yo.

Su voz era muy grave y sentí algo de miedo, sabía que él era más fuerte que yo. Se abalanzó sobre mí, pero conseguí esquivarlo y me colgué de su espalda, intentando hacerlo caer hacia atrás.

Tomoyo vino a ayudarme y sujetó los brazos de Shaoran, para que no pudiera defenderse.

—¡Ahora, Sakura! —gritó mi amiga, sin poder parar de reír.

Shaoran se sacudió, librándose de mí unos segundos, pero volví a sujetarlo del cuello.
De repente sentí sus dientes en mi mano y eso me dejó paralizada.

Con un último esfuerzo, le hice una zancadilla y conseguimos hundirlo.

—¡Sí! ¡Les hemos vencido! —chillaron Fanren y Feimei.

Los cuatro chicos salieron a la superficie, con las mejillas algo rojas.

—¡Mañana la revancha! —gritó Yue, señalándolas.

—Tu primo me ha mordido —le dije a Tomoyo mientras miraba a Shaoran con rencor.

Ella soltó una carcajada a la que se unió Shaoran.

—Venga ya, si no te ha dolido —murmuró él, sonriendo.

Le dediqué una sonrisa malvada, entrecerrando los ojos.

—Si quieres jugar sucio... prepárate.

Él se acercó más a mí.

—No me das miedo —susurró, mirándome a los ojos.

Sentí que me estaba ruborizando muchísimo, así que me di la vuelta y salí de la piscina. Me envolví en mi toalla y volví para sentarme en el borde, metiendo los pies en el agua.

Al mirar a Touya, este me dedicó una sonrisa misteriosa. Nunca era capaz de imaginar en qué estaba pensando el hermano de mi amiga.

Shaoran se acercó otra vez a mí, saliendo de la piscina y sentándose a mi lado.

—¿Te has enfadado? —preguntó, más serio de lo normal.

Negué con la cabeza, sonriendo.

—Sé que me has mordido de broma y de todas formas has perdido.

Mi sonrisa torcida favorita apareció en su rostro.

—Ya veremos quien gana mañana —murmuró antes de levantarse a por su toalla.

Después de secarnos, todos nos despedimos. Era la hora de cenar.

Ayudé a las hermanas de Tomoyo a terminar la comida mientras los demás preparaban la mesa del comedor.

No podía dejar de pensar en que Shaoran me había mordido... y en lo que me había gustado sentir sus dientes contra mi piel.

Tras la cena, fui al piso de arriba con Tomoyo para acostar a sus hermanos pequeños. Cuando ya estaban todos en sus cuartos, volvimos a bajar. Llegaron varios mensajes a su teléfono.

—Mis primos dicen que están fuera. ¿Salimos un rato?

—Vale.

Los vimos sentados enfrente, debajo de un roble. Nos unimos a ellos y nos dieron unos vasos para compartir el Umeshu de ciruela que habían traído.

—Este lo he hecho yo. No tiene casi alcohol, pero que las menores solo beban un poco —pidió Fanren, pasándonos la jarra.

—Tranquila, Fanren. Los adultos las cuidaremos —respondió Shaoran, sonriendo.

—¡Pero si tú todavía no tienes dieciocho! —le recriminó Tomoyo.

Él se encogió de hombros.

—Los cumplo en dos días, es como si los tuviera.

Pasamos varias horas charlando y Touya también salió para estar con nosotros.

—¿A tus padres no les importa que estemos fuera tan tarde? —pregunté a Tomoyo.

Escuché como sus primos se reían.

—Estamos en un sitio cerrado, nos podemos quedar hasta la hora que queramos —respondió mi amiga con una sonrisa.

—Sí, pero no podéis beber más —añadió Shaoran, quitándome el vaso.

Lo fulminé con la mirada y él me pasó un par de refrescos, todavía sonriendo.

Jugamos unas cuantas partidas de cartas, hasta que nos empezó a dar sueño. Tomoyo y yo nos despedimos y subimos a nuestro cuarto.


Al día siguiente, me desperté antes que mi amiga.

Decidí dejarla descansar y bajé a la cocina. Allí me encontré con Touya, que acababa de preparar varios litros de zumo de naranja.

—Puedes tomar un poco si quieres —comentó, señalando las jarras.

Asentí y me serví en un vaso. Fuera de la casa se escuchaban las voces de sus hermanos pequeños.

—Tengo ganas de jugar al tenis. ¿Tú sabes jugar por parejas? —preguntó él.

—Hace bastante que no juego, pero sí.

Touya alzó una ceja.

—Vale, pues voy a reservar para esta tarde. Seguro que Tomoyo también quiere jugar —dijo, saliendo de casa.

Lo seguí y me acerqué a la zona de césped donde sus hermanos estaban jugando. Me senté junto a ellos y me enseñaron los dibujos que estaban haciendo.

Era bastante temprano y no se veía a nadie más por la urbanización, la piscina aún estaba vacía. Estuvimos un rato tumbados, dibujando y disfrutando de los rayos de sol que se colaban entre las hojas de los árboles.

De repente un sonido metálico llamó mi atención.

Al buscar de dónde venía, pude ver a lo lejos a Shaoran en el porche de su casa. Llevaba puesto nada más que un pantalón corto y en la mano sujetaba una espada.

Estaba entrenando, haciendo movimientos muy rápidos con los ojos cerrados para concentrarse mejor. Noté como me ruborizaba al instante, menos mal que él no me había visto.

Bajé la vista de nuevo a los dibujos, tratando de no volver a mirar, aunque no me pude resistir a echar un par de vistazos más, intentando que no se diera cuenta de que lo observaba. Parecía practicar algún tipo de lucha asiática que yo no había visto antes.

Cuando miré por cuarta vez, ya no estaba. Suspiré y los pequeños se lanzaron encima de mí, empezando una guerra de cosquillas. Tuve cuidado de no estropear sus coloridas obras de arte o se pondrían tristes.

Tomoyo se acercó poco después, sonriendo al verme con sus hermanos.

—Sakura, tu teléfono no para de sonar —dijo, pasándome mi móvil.