Capítulo Nueve

La visita de Eriol


Al mirar la lista de llamadas perdidas, tenía tres de Eriol. Pulsé en su contacto y esperé unos segundos a que descolgara.

—No recuerdo ni quien eres, creo que hace mucho tiempo fuimos amigos —su voz sonaba trágica al contestar la llamada.

—No seas exagerado, que solo llevamos un par de días sin hablar —respondí entre risas.

Me contó que en menos de dos días se iba a Nueva Zelanda y que antes quería verme para despedirse. Estaría fuera del país casi un mes y medio.

—Ya sabes que estoy en las afueras de la ciudad con Tomoyo, pero puedes venir aquí si quieres.

Quedamos en que después de comer vendría en su moto.

A media mañana, estábamos nadando solas en la piscina cuando se acercaron Yukito y Yue con un balón.

—¿Queréis jugar un partido? —preguntó Yue.

—Claro, pero necesitamos más gente —respondió Tomoyo.

—Yo me encargo —dijo Yukito, alejándose en dirección a su casa.

Al rato volvió con Feimei, Fanren, Touya y Shaoran.

—Cuatro contra cuatro —comentó Yue, metiéndose en el agua.

Los demás también dejaron sus toallas y entraron en la piscina.

—¿Qué equipos hacemos? —preguntó Fanren.

—¿Chicos contra chicas? Queremos la revancha de ayer —propuso Yukito.

—¿Todavía está herido tu orgullo, primo? Pues como quieras, por nosotras perfecto —contestó Tomoyo, sonriendo con malicia.

Nos separamos y quedamos en que solo se podía meter gol por la parte de en medio, las esquinas no contaban.

Al pasar quince minutos, el partido estaba bastante empatado. Las hermanas de Shaoran eran más altas que nosotras y podían hacer mejores ataques, mientras que Tomoyo y yo nos turnábamos para proteger la portería y defender.

Acorralé a Yukito en una esquina y conseguí quitarle la pelota. Cuando estaba a punto de lanzar a portería alguien me sujetó por los hombros, haciendo que me hundiera y tuviera que soltar el balón.

Al liberarme, vi que había sido Shaoran. Me miraba fijamente con una sonrisa traviesa curvando sus labios.

Vale, si quería jugar... jugaríamos. A la próxima oportunidad iría a por él, y no tardé mucho en tenerla.

Escapó de Feimei, pero se encontró conmigo. Los dos agarramos la pelota y estuvimos forcejeando unos segundos, hasta que le di un mordisco en el brazo.

Eso le sorprendió lo suficiente como para soltar el balón. Se lo pasé a Fanren y me giré para mirarlo.

—Te lo debía.

Su cara de sorpresa cambió por una sonrisa malvada. Intenté alejarme pero en un par de segundos lo tenía encima, queriendo vengarse.

Me sujetó con fuerza, rodeándome la cintura con sus brazos, y escuché su voz cerca de mi oído

—Coge aire.

Un segundo después, los dos nos hundimos.

Debajo del agua aprovechó para hacerme cosquillas, me tenía atrapada y no podía escapar. Poco después, volvimos a la superficie riendo mientras Tomoyo venía hacia nosotros enfadada.

—¡Shaoran! ¡No puedes agarrar, eso no vale! —protestó con el ceño fruncido.

Él puso los ojos en blanco.

—Ha empezado ella, pero vale. No lo haré más —respondió antes de nadar hacia sus primos.

Cuando llegó más gente a la piscina terminamos el partido, al final nos ganaron por dos goles. Tuvimos que aguantar durante media hora a los cuatro chicos burlándose de nosotras por haber perdido.

—Madurad de una vez —dijo Fanren, haciendo una mueca.

Nos sentamos en las toallas para secarnos un poco antes de ir a comer.

—Tengo pista reservada a las seis, voy a jugar con Tomoyo y Sakura. ¿Quién más se apunta? —preguntó Touya, mirando a sus primos.

—Contad conmigo —respondió Shaoran antes de que los demás pudieran decir algo.


Después de comer, volvimos a salir al jardín con todos los hermanos de Tomoyo. Estábamos tumbados pensando en bañarnos cuando mi teléfono empezó a sonar.

—Estoy en la puerta de la urbanización —dijo Eriol cuando contesté.

Por el rabillo del ojo vi que Shaoran y sus hermanas estaban saliendo de su casa y caminaban hacia donde estábamos sentados nosotros.

Me levanté y corrí hasta la verja del fondo, Tomoyo me había dado las llaves. Eriol la atravesó, aparcando la moto en un lado. Se bajó y nos abrazamos.

—¿Cómo lo estás pasando?

Sonreí y le conté lo que habíamos hecho esos días y lo divertido que era estar con tantos hermanos y primos de Tomoyo.

Me fijé en que los ojos azules de Eriol miraba por encima de mi hombro.

—Creo que uno de esos primos está celoso —dijo en voz baja.

Cuando me iba a dar la vuelta para ver a quién se refería, me sujetó.

—No mires, deja que sienta celos —añadió mi amigo con una sonrisa malvada.

—¿Es Shaoran? —pregunté algo incrédula.

—Pues claro que es él, está muy serio y no nos quita la vista de encima —respondió Eriol, riendo entre dientes.

Le conté lo que había pasado entre nosotros, su mordisco y el abrazo con "ahogamiento" bajo el agua incluido de esa mañana.

—Veo que se está poniendo todo muy interesante. Aunque esté fuera del país, quiero que me cuentes lo que vaya pasando... ¿Vale, Sakura?

Prometí mantenerlo informado sobre todo lo que pasara con Shaoran. Nos despedimos con otro abrazo y esperé a que saliera para cerrar la verja.

Al volver donde estaban todos sentados, me di cuenta de que Shaoran todavía estaba un poco serio. Me senté a su lado, pero él evitó mi mirada.

Tomoyo, que se había dado cuenta de todo como siempre, me guiñó un ojo sin que nadie la viera hacerlo y carraspeó.

—¿Qué te pasa, primo?

Shaoran la miró, frunciendo el ceño.

—No me pasa nada.

Ella levantó una ceja.

—¿No será que estás celoso?

Sentí como me ponía roja y, al mirar de reojo a Shaoran, vi que él también se había ruborizado.

—¿Celoso? ¿Yo? ¿De qué? —respondió, demasiado alto.

El resto de primos miraban a Tomoyo muy sorprendidos. Intenté disimular, como si yo tampoco supiera de lo que estaban hablando.

—Serán imaginaciones mías —contestó ella.

Touya se incorporó, resoplando.

—Son casi las seis, vamos a por las raquetas —dijo, mirándome de forma rara otra vez.

Shaoran se levantó sin decir nada más, dirigiéndose a su casa.

Al subir a nuestro cuarto, Tomoyo cerró la puerta y me miró con ojos divertidos.

—No le ha gustado nada que abrazaras tanto a Eriol, se ha puesto muy celoso. Tenías que haberlo visto, Sakura.

—¿Tú crees?

Tomoyo puso los ojos en blanco.

—Estoy segura, estaba muy serio y no dejaba de mirarte.

—Eriol también me lo ha dicho.

Mi amiga dio un pequeño aplauso que me hizo reír.

—Bueno, vamos a jugar —dijo, cogiendo un par de raquetas.

Nos pusimos zapatillas de deporte y fuimos a las pistas de tenis. Los dos chicos ya estaban allí.

—Como Sakura lleva mucho sin jugar, yo iré con ella en el primer partido. ¿De acuerdo? —propuso Touya cuando nos acercamos.

Los tres asentimos y nos colocamos en nuestros puestos.

Ese primer partido fue difícil, Shaoran me lanzaba unas bolas muy rápidas y muchas se me escaparon, aunque Touya me ayudó mucho. Nos ganaron por cinco puntos.

—Ya que te gusta tanto aprovecharte de la que peor juega, ahora irás tú con ella —dijo Touya algo molesto, señalando a Shaoran con su raqueta.

Él se encogió de hombros y ambos cambiaron de campo, pero Shaoran seguía esquivando mi mirada.

Yo era buena al tenis, pero después de varios años sin jugar había perdido práctica. Aún así, empecé a mejorar y a Tomoyo le costaba seguirme el ritmo.

—Un descanso, necesito beber agua —pidió mi amiga.

—Yo también —dijo Touya, siguiéndola hasta la fuente que había fuera.

Me sentí muy incómoda al quedarnos a solas. Apoyé la espalda en la alambrada que rodeaba la pista para esperar a que nuestros dos rivales volvieran.

Shaoran se aproximó, apoyándose a mi lado.

—Hace un rato te vi con tu amigo. ¿Por qué ha venido?

—Se va de viaje y quería despedirse —contesté, encogiéndome de hombros.

Él me miró por primera vez esa tarde, con rostro serio.

—Te gusta, ¿verdad?

Negué con la cabeza, evitando su mirada. No podía creer que me estuviera diciendo eso.

—Dijiste que lo entendías.

—Es difícil, da la impresión de que os gustáis.

Puse los ojos en blanco antes de volver a mirarlo.

—Pues te equivocas.

Sus ojos me escudriñaron, intentando averiguar si mentía.

—Entonces... ¿te gusta otra persona?

Noté que empezaba a ruborizarme.

—Sí —admití en voz baja.

Su mirada ambarina me quemaba, por lo que aparté la vista con el corazón a mil por segundo.

—¡Oye, voy a sacar ya! —escuché gritar a Tomoyo.

Suspiré aliviada, mi amiga acababa de salvarme la vida.

Volvimos a nuestros puestos y terminamos el partido. Shaoran estuvo mucho más pendiente de ayudarme y conseguimos vencerlos por tres puntos.

—Has mejorado, Sakura —comentó Touya mientras salíamos de la pista.

—Sí, solo necesitaba recordar un poco como se juega —respondí con una sonrisa.

—Otro día repetimos que yo quiero ir con ella —pidió Tomoyo.

El resto de familia estaba en la piscina. Nos acercamos a las tumbonas donde estaban sus padres.

—¿Te quieres bañar? —preguntó mi amiga.

—Ahora no me apetece —contesté, sentándome al lado de su madre.

Ella, Touya y Shaoran se quitaron el sudor en las duchas, metiéndose en la piscina.

Unas pequeñas manitas se alzaron ante mí, pidiendo subir a mi tumbona. Cho, la hermana de cinco años de Tomoyo, era mi debilidad. Sus tirabuzones rubios y sus ojos color caramelo me volvían loca.

La senté entre mis piernas, ella apoyó su espalda en mi pecho y me sonrió. La rodeé con mis brazos mientras me contaba lo que había hecho esa tarde con sus hermanitos.

De pronto, sentí una mirada sobre mí. Al levantar la vista, ahí estaban los ojos de Shaoran clavándose en los míos. Me dedicó una sonrisa y se sumergió para bucear.

Cada vez que me miraba así me ponía nerviosa. Me removí un poco en la tumbona, intentando disimular.

Al menos, con la pequeña en brazos no había peligro de que se acercara a decirme algo que me sacara los colores. Estaba segura de que lo hacía intencionadamente porque le divertía verme pasar vergüenza.

Disfruté con Cho de lo que quedaba de la puesta de sol, hasta que nos levantamos para ir a cenar.