Capítulo Diez

El cumpleaños


Tras la cena dentro de casa, los más mayores salimos al jardín a pasar el rato, como la noche anterior.

Touya nos dio un cuenco con trozos de fruta a cada una y nos tumbamos boca abajo en la hierba a comer mientras charlábamos.

A los pocos minutos, escuché a alguien tumbarse a mi lado y me llegó el inconfundible aroma de Shaoran. Al girarme allí estaba él, con su mirada pícara que me hacía temblar.

—¿Puedo? —preguntó, y sin esperar respuesta se acercó más, cogiendo un trozo de sandía de mi cuenco.

Se lo metió en la boca sin dejar de mirarme. Tuve que volver la cabeza hacia Tomoyo, para que él no viera que me había puesto roja.

Respiré profundamente un par de veces, intentando tranquilizarme antes de volver a encararlo. Él me seguía observando con ojos divertidos mientras me quitaba más trozos de fruta. Tenía que mantener la calma para que no viera lo mucho que me afectaba.

Notando que mi sonrojo se había calmado un poco, me atreví a devolverle la sonrisa. Shaoran levantó las cejas y sus ojos centellearon.

Por suerte sus hermanas también llegaron, sentándose cerca, y no pudo seguir torturándome.

—¿Vamos un rato a la piscina? —preguntó Tomoyo.

—Pero ya es de noche. Nos van a regañar.

Mi amiga hizo una mueca.

—Venga, no seas aguafiestas.

Nos levantamos y los demás nos siguieron. El agua aún estaba caliente después de todo el día dándole el sol.

Nos bañamos intentando estar en silencio, aunque se nos escaparon varias carcajadas. Me dediqué a hacer largos bajo el agua, me gustaba más que nadar.

Alguien me agarró del pie mientras estaba buceando tranquilamente. Al salir a la superficie, era Shaoran quien me sujetaba.

—Todavía no te he perdonado por morderme —comentó sin soltar mi pierna.

—Pues ahora no podemos hacer ruido, así que suéltame.

Una sonrisa malvada curvó sus labios.

—Pues no grites —susurró, sujetando mis dos brazos.

Me arrinconó en una esquina, utilizando su fuerza. Nuestros rostros estaban tan cerca que el corazón se me iba a salir del pecho.

—Suéltame ya —protesté, retorciéndome para intentar escapar.

—Cuando me pidas perdón.

—Ni en tus mejores sueños.

Sus ojos eran como un imán y esta vez los tenía tan solo a unos centímetros.

—Estás muy roja. ¿Te pongo nerviosa?- preguntó con voz divertida, levantando una ceja

—Más quisieras —contesté, apartando la mirada e intentando que mi cuerpo se calmara.

Podía sentir su respiración en mi piel y eso me estaba provocando escalofríos.

Shaoran soltó una risita y noté que aflojó un poco su agarre. Aproveché para sacudirme de golpe, no se lo esperaba y conseguí sumergirme en el agua.

Me impulsé en la pared y me alejé lo más rápido que pude. Al salir, vi que él seguía en la esquina y me miraba fijamente. Le saqué la lengua y fui junto a Tomoyo para que me defendiera.

Él nadó hacia nosotras y le escuché hablar cuando pasó por mi lado.

—Ya te pillaré cuando estés sola.

Salió de la piscina, dejándome muy confundida.

¿A qué estaba jugando? ¿Disfrutaba provocándome o qué? No entendía nada y tenía un ataque de nervios.

Mi amiga me miró con curiosidad, pero sacudí la cabeza.

—Más tarde.

Ella asintió, comprendiendo que no era el momento de preguntarme.

Un rato después, Tomoyo y yo estábamos en su cuarto, tumbadas en nuestras camas. Le conté lo que había pasado en la piscina porque ella estaba hablando con sus primos y no se había dado cuenta.

—Creo que sabe que te gusta y te quiere hacer sufrir —dijo mi amiga con una sonrisa burlona.

—Pues no es divertido, lo paso fatal —respondí, frunciendo el ceño.

—Intenta hacer tú lo mismo, a ver como reacciona él.

Solté un suspiro muy largo.

—Eres malvada, Tomoyo.

Las dos nos reímos bajito y apagamos la luz para dormir.


A la mañana siguiente, después de desayunar, Tomoyo se sentó en el comedor con sus hermanos pequeños para ayudarlos a hacer los deberes que les habían mandado en el colegio. Tenían que entregarlos cuando volvieran a clase y todavía no habían empezado.

—Estaré un rato con ellos, Sakura. Mientras ve a nadar si quieres.

Asentí y me cambié de ropa.

Al llegar a la piscina, allí estaba Touya haciendo largos. Me senté en el borde y lo observé nadar, lo hacía muy bien.

Cuando paró y me vio, levanto una ceja en mi dirección.

—¿Y mi hermana?

Me encogí de hombros.

—Ahora vendrá.

Pasó muy cerca de mí nadando y volví a oír su voz.

—Sakura, Sakura... sé que no eres buena.

Abrí mucho los ojos muy sorprendida mientras él salía del agua.

—¿Por qué dices eso? —pregunté, sintiendo una pequeña presión en mi pecho.

—Ya lo sabes, no te hagas la inocente —respondió, confundiéndome aún más.

Cogió su toalla y antes de irse se giró para mirarme.

—Ten cuidado, lo puedes volver loco.

Me quedé allí congelada, asimilando las palabras de Touya. ¿Se refería a Shaoran? Si era él quien me estaba volviendo loca, no al revés.

Me metí en la piscina y me dediqué a flotar para relajarme y pensar.

¿Shaoran había hablado de mí con Touya? Si eso era cierto... significaba que yo también le gustaba, ¿no? ¿O solo se divertía jugando conmigo?

Tal vez Touya se había dado cuenta de todo sin que nadie le dijera nada... era tan observador como su hermana Tomoyo.

Tras pensarlo un buen rato, seguía sin estar segura de si me trataba así porque le gustaba provocar a las chicas o porque sentía algo por mí.

Tendría que seguir el consejo de Tomoyo y hacer lo mismo, para ver si él se ponía nervioso como yo. Ese mismo día tendría una oportunidad, era su cumpleaños y toda la familia iría a comer a su casa para celebrarlo.


Después de ducharme y vestirme, bajé a la cocina.

La madre de Tomoyo, que estaba hablando con ella, me miró.

—¿Por qué no vais a casa de los Li? A lo mejor necesitan ayuda para prepararlo todo.

Yo asentí, pero Tomoyo sacudió la cabeza.

—Primero tengo que lavarme el pelo, pero Sakura se puede adelantar. En quince minutos estaré allí— dijo, subiendo las escaleras.

Su madre me dio algunas cosas para que me llevara y salí en dirección a la otra casa. Al llamar a la puerta me abrió Yelan, la madre de Shaoran.

—¡Sakura! Pasa, puedes dejar todo eso en la cocina —dijo, señalando una puerta.

Ella estaba ocupada sacando unas sillas a la mesa del porche.

Al entrar en la cocina vi que Shaoran estaba en una esquina, solo y tan concentrado terminando de preparar una tarta que no me había escuchado llegar.

Era el momento perfecto. Me acerqué en silencio, y no hablé hasta que estuve a unos centímetros de él.

—Hola.

Shaoran dio un brinco y la nata que estaba poniendo en la tarta salió disparada por todas partes.

—¿Qué haces aquí? —preguntó, mirándome con la respiración agitada.

Su ropa estaba llena de nata, otra ocasión para vengarme de él.

—He venido a ayudar —murmuré, cogiendo un poco de nata de su camiseta con un dedo y llevándomela a los labios.

Sonreí al ver que se ruborizaba. Yo también le podía poner nervioso.

Se alejó unos pasos antes de volver a hablar.

—Yo... voy a cambiarme de ropa —dijo, saliendo a toda velocidad de la cocina.

Sacudí la cabeza sin dejar de sonreír. Había sido muy divertido, aunque yo también me había puesto roja.

Limpié el desastre que había montado Shaoran, pensando en que era bueno que probara un poco de su propia medicina. Terminé de poner nata en la tarta y la metí en el frigorífico.

Al salir al salón me encontré con Fanren y Feimei, que me saludaron muy sonrientes.

Su hermano pequeño Mao, de diez años, también estaba allí. Era igualito que Shaoran, pero con el pelo corto y los ojos un poco más oscuros.

Les ayudé a preparar la mesa y a sacar los entrantes hasta que la familia de Tomoyo empezó a llegar.

Me aproximé donde estaba mi amiga y en voz baja le conté lo que le había hecho a Shaoran. Ella se tapó la boca mientras se reía al escucharme.

Vimos como su primo salía de la casa junto con Yue y me miraba de reojo. Se notaba que seguía nervioso.

Tomoyo me dio un pequeño codazo.

—Ataca otra vez.

Sonreí ante sus palabras, pero negué con la cabeza.

—No soy capaz, me ha costado mucho antes.

Ella puso los ojos en blanco

—Seguro que no lo has felicitado todavía.

Aquello me pilló por sorpresa, con todo el lío de la nata se me había olvidado.

Shaoran estaba sentado encima de la baranda del porche mirando a la piscina mientras los demás estaban sacando la comida y empezando a sentarse en las sillas.

Aproveché para acercarme a él, me apoyé a su lado y esperé hasta que me miró.

—Feliz cumpleaños.

Sonrió y volvió a apartar la mirada.

—Gracias.

Recordé el beso en la mejilla que él me había dado en mi cumpleaños. Apreté los puños e hice lo mismo. Sus ojos se abrieron más de la impresión y yo desvié la vista hacia los árboles para ocultar mi sonrojo.

—Ya sí eres mayor de edad —comenté, intentando pensar en otra cosa.

—Sí, ya puedo ir a la cárcel —respondió y los dos nos reímos.

Nos sentamos en la mesa y almorzamos todos juntos.

La comida se alargó hasta bien entrada la tarde. Shaoran recibió algunos regalos de su familia, abriéndolos y compartiéndolos con su hermano pequeño, que estaba muy entusiasmado. Cuando faltaba poco para la hora de la cena, los padres de Tomoyo se despidieron y nos fuimos con ellos.

—¿Has visto que no ha dejado de mirarte en toda la tarde? —susurró Tomoyo cuando entramos en su casa.

Asentí con una sonrisa.

Todo se estaba poniendo muy emocionante.