Aparecimos a unos doscientos metros de la propiedad que era nuestro objetivo, a simple vista era una casa sencilla de un piso, ladrillos color rojo y tejado color café oscuro.

Podía sentirse la intensidad de magia que desprendía el escudo protector que rodeaba la propiedad. Sin embargo, los pocos muggles que transitaban por ahí no parecían sentir nada...

Esperamos pacientemente que las personas que salían por comida lo hicieran y así poder entrar nosotros. Cuando lo hicieron dimos un margen de tiempo a que se alejaran lo suficiente y no detectaran nuestra presencia.

Dí la señal de movernos y traspasamos la barrera sin ningún inconveniente, cada uno se movió en sincronía para formar un círculo alrededor de la casa.

Una vez hecho eso, un hechizo desilusionador fue realizado para que cuando ingresarán los que faltaban no nos vieran...

Yo había quedado frente a una ventana lateral del lado derecho, podía verse la pequeña sala con poco amueblado. Unos cuantos sillones y una mesa atiborrada de hojas de pergamino y un libro de tapa dura color negro.

En mi campo de visión apareció un hombre alto, cabello negro y de complexión delgada; vestía pantalón de vestir azul oscuro, zapatillas negras y una camisa color café.

Cuando tomó asiento frente a la mesa, pude ver su perfil, se me hacía conocido pero no encontraba de dónde...

— Maximus...— lo llamó otro hombre de estatura baja y regordete.

— ¿Qué quieres?— contestó molesto y su tono de voz grave hizo que el otro bajará la cabeza.

Ese tal Maximus era el líder.

— Ya está lista la poción que comenzaste ayer— dice en tono bajo.

— Bien hay que dejarla reposar una hora y luego la probamos— sin dilación el otro hombre salió de ahí dejando al hombre solo de nuevo.

Esté tomó el libro que reposaba sobre la mesa, lo abrió por la mitad y se sumergió en su lectura...

Casi media hora más tarde los demás integrantes de la pandilla volvían con bolsas de comida. Había llegado la hora de ingresar y terminar con está misión...


— Katya, Vladimir, ¿puedo hablar con ustedes?— pregunté a los padres de Daphne y Astoria.

— Claro cariño, toma asiento— dijo cariñosamente Katya.

— Bueno quiero hacerles saber la decisión que he tomado, elegí lo que dice mi corazón...— comenté dirigiendo mi vista a la que consideró una madre.

Ella me brinda una hermosa sonrisa y se levanta para darme un abrazo.

— Disculpen mi ignorancia pero qué sucede...— dice con cara rara Vladimir.

— Querido, nuestra Pansy, quiere decir que ha decidido volver con el señor Potter y formar una familia— explica una vez ha vuelto a su asiento.

— Claro ya entiendo— dice sonriendo— me alegro por tí Pansy, en verdad lo hago, espero seas feliz junto a él y esas niñas tan adorables que tienen— y ahora soy yo quien sonríe feliz animandome a levantarme y darle un abrazo a ese hombre que todo esté tiempo ha sido la figura paterna tanto para mí como para mis hijas.

— Muchas gracias, a ambos, por todo el apoyo y cariño que me brindaron todo este tiempo, los extrañaré mucho— digo triste.

— No señorita nada de extrañar, nosotros también nos trasladamos a Londres, a nuestra casa, no creerás que dejaré a mis niñas solas, no señor— Katya y yo estamos entre sorprendidas y felices por está noticia.

Sé perfectamente que si ellos se habían quedado en Irlanda era únicamente por mí y por mí bienestar...

Las niñas se pondrán muy contentas cuando les diga que ellos también irán con nosotras.

Mi corazón se ha llenado de felicidad y por fin puedo decir que estoy en paz.

— Hace mucho que Harry había comprado una casa para nosotros, y quería ver si podía irme a más tardar mañana para ver si hace falta algo.

— Claro, me parece bien, puedes decirle a Daphne y Blaise que te acompañen, mientras nosotros resolvemos los trámites del laboratorio y los trabajadores, Tori seguro deberá pedir su traslado a San Mungo, ella se pondrá también muy contenta de volver a Londres— dice Katya entusiasmada.

Los dejó en la terraza para buscar a los tórtolos y darles las nuevas noticias...


Todos están preparados con varita en mano, esperando mi señal... Randall y Justin están a mi derecha, Ron y Peter a mi izquierda.

A los dos primeros les hago la señal de avanzar hacía la puerta y a los otros dos que avancen a la puerta trasera.

George, Róger y Thompson están del otro lado de la casa...

Randall abre la puerta con un alohomora que activa una alarma y los ocupantes de la casa se ponen alerta sacando sus varitas...

Justin desarma a uno fácilmente aturdiendolo, otro lanza un desmaius que Justin esquiva. Ron aparece por la parte trasera desarmando al hombre regordete que venía subiendo de lo que parece ser un sótano...

Mientras yo esquivo un impedimenta que un chico no muy mayor que yo lanza hacía mí... Lo extraño es que el tal Maximus está impasible, no se mueve, ni siquiera tiene la varita en sus manos.

Los tres hombres que habían salido yacen en el suelo desarmados y el regordete también... Al parecer no eran magos muy hábiles en combate, sólo eran peones que el líder utilizaba para sus propósitos.

— Vaya al parecer tus compañeros han vencidos a estos inútiles...— dice casi con asco.

Ahora que lo puedo observar de frente, un rostro atractivo para el público femenino, de largas pestañas tan negras como su cabello... Pero sus ojos son como los de un felino, de color amarillo, hipnotizantes, exóticos y malvados...

— Por fin nos vemos a la cara Potter...— lanza una sonrisa ladeada al ver mi cara de sorpresa— que falta de modales de mí parte no me he presentado... Maximus Parkinson...— dice haciendo una reverencia— veo que mi querida sobrina no te habló de mí— comenta indignado— muy mal de su parte no mencionar a su tío preferido...

— ¿Tú eres tío de Pansy?— pregunto incrédulo, él asiente— ¿Qué haces o qué quieres aquí?— la preocupación me ha asaltado pensando en que esté hombre quiera hacerle algo a Pansy.

— Sólo vine a saludar a mi sobrinita— dice aparentando inocencia— y por fin conocer al mestizo con el que se revuelca— sus ojos destilan odio.

— Es mejor que te entregues o las consecuencias serán peores para tí.

Su risa resuena en la estancia.

Ron me hace una señal de que lo atacará...

— Si tú amigo pelirrojo aprecia su vida, te sugiero que le digas que no me ataque...— habla sin siquiera haberse movido.

Peter sin embargo, hace caso omiso a lo que está pasando, lanza un hechizo que rebota en una especie de escudo que rodea al de ojos amarillos... El auror cae desplomado en el suelo.

Y así empieza una danza de hechizos de un lado a otro...¿Quién demonios es este hombre y por qué es tan poderoso? Esquiva con gran maestría nuestro ataque, ¿en que momento saco su varita?, ni idea, sólo sé que es un mago muy hábil, ataca sin siquiera dejar de invocar el escudo que lo protege.

Y su mente, está totalmente bloqueada.

Randall y Justin, caen al suelo cansados de lanzar ataques y tratar de protegerse...

— Thompson, llévate a Peter, directo a San Mungo...— ordena Ron.

— George, llévate también a Randall y Justin— el chico asiente y mentalmente le hago saber que pida refuerzos.

Ya sólo quedamos Ron, Róger y yo...

— Eres un libro abierto Potter...— comenta Maximus— para cuando los refuerzos lleguen, yo ya no estaré aquí— sonríe cínico.

— Eso es lo que tú crees— dice Róger— lacarnum inflamarae...— de la punta de su varita sale una bola de fuego que hace que el pelinegro trastabille más no cae.

¡Airless!— pronuncia y Róger de inmediato se lleva las manos al cuello como tratando de quitar algo que le oprime el lugar.

En ese momento en que bajo la guardia, Maximus vuelve a hablar, está vez apuntandome a mí con la varita...

¡Nigrum mortem!— un rayo de luz color amarillo como sus ojos impacta en mi cuerpo y él desaparece con una sonrisa de satisfacción en su rostro.


Mientras tanto en Irlanda la muchacha de cabellos negros, ojos verdes y con una sonrisa en sus labios, se lleva una mano al pecho al sentir que el cuarzo blanco está ardiendo como una brasa, tornándose poco a poco en color negro... El negro de la muerte.