Capítulo Once
Sorpresa en mi agenda
Después de cenar, salimos al jardín como las noches anteriores.
Tomoyo sacó varios juegos de mesa y yo llevé unas cuantas toallas de playa para sentarnos encima. Cuatro de sus hermanos vinieron con nosotras, entre ellos Touya.
Decidimos empezar jugando al trivial. Cuando apenas habíamos comenzado la partida aparecieron Yukito, Shaoran y Yue, así que empezamos de nuevo para que ellos también pudieran jugar.
Tras varias horas y muchas risas, nos empezó a entrar sueño. Los tres chicos nos ayudaron a guardar los juegos antes de marcharse.
Mientras estábamos entrando en casa los vimos volver, corriendo hacia nosotros.
—Se nos han olvidado las llaves y no podemos llamar, es muy tarde —dijo Yue, un poco agobiado.
Touya puso los ojos en blanco.
—Sí, mejor no despertar a nadie a estas horas. Entrad y quedaos en el salón.
Entraron con nosotros y Touya se despidió, subiendo a su cuarto.
Dos de las hermanas de Tomoyo los acompañaron al salón y se sentaron en los sillones.
—Podemos dormir aquí todos —sugirió Tomoyo, dejándose caer en uno de los sofás.
—Como cuando éramos pequeños —respondió Yukito, acercándose a ella.
Me acomodé en la esquina de uno de los sofás. Shaoran y Yue se sentaron en el mismo.
—¿Te molesta si me apoyo un poco en tus piernas? —susurró Shaoran.
Negué con la cabeza y él se tumbó a mi lado. Yue usó la otra esquina como almohada y nos quedamos en silencio.
A los pocos minutos, se oían las respiraciones tranquilas de todos. Ya se habían dormido.
Yo estaba demasiado nerviosa para eso, así que me dediqué a observar a Shaoran durmiendo. Poco a poco su cabeza se fue resbalando, hasta que quedó encima de mi barriga.
Ver tan cerca sus ondas color chocolate me tentaba demasiado. Estuve a punto de alargar la mano para acariciarle el pelo, pero me contuve.
Así pasaron varias horas, pero no fui capaz de cerrar los ojos. Era imposible con él dormido encima de mí y con su cuerpo tan cerca del mío. No podía dejar de mirarlo. Se veía tan relajado, con sus densas pestañas rozando sus mejillas... y olía tan bien.
Al final me resigné a cerrar los ojos, dedicándome a disfrutar del momento y de lo maravilloso que era sentirlo tan cerca. Ese sería un día difícil de olvidar.
Un buen rato después, sentí que Shaoran se movía. No abrí los ojos, haciéndome la dormida.
Se incorporó de golpe y contuve la risa, imaginando que le había sorprendido descubrir que estaba encima de mí. Se quedó sentado, con su espalda todavía un poco apoyada en mis piernas.
Un par de minutos después, cuando decidí abrir los ojos, lo pillé mirándome.
Me dedicó una sonrisa y habló en voz muy baja.
—¿Te he despertado?
Negué con la cabeza y me levanté despacio, sentándome yo también. Los demás se estaban empezando a despertar porque se oía ruido en la cocina.
La madre de Tomoyo entró en el salón, trayendo fruta y bollos para que desayunáramos.
Después de zampárnoslo todo seguimos un rato tumbados en los sofás. Todos estábamos cansados por haber dormido poco (sobre todo yo, que no había pegado ojo).
Tomoyo fue a ducharse mientras sus hermanas charlaban con sus primos.
Miré mi teléfono y vi que eran las nueve de la mañana. De repente, Shaoran me golpeó suavemente con un cojín.
Cuando lo miré con cara de odio puso su sonrisa torcida que tanto adoraba.
—¿Qué juegos tiene tu móvil?
—Que yo sepa solo uno de carreras, no he jugado mucho.
—¿Puedo probarlo? —preguntó, acercándose más a mí.
—Claro, es este. Me voy a la ducha —respondí, dándole mi teléfono y enseñándole dónde estaba en el menú.
Shaoran abrió el juego y puso una cara de concentración que me hizo gracia. Me levanté y subí al cuarto de Tomoyo, donde ella ya se estaba vistiendo.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo mientras estaba en la ducha. ¿Y si leía mis mensajes? En varios hablaba con Eriol o mis amigas sobre él.
Pensé en que no lo veía capaz de ponerse a cotillear y suspiré, empezando a vestirme.
Al bajar, seguían todos en el salón. Volví a sentarme en mi esquina y Shaoran me pasó el teléfono.
—¿Qué tal el juego?
—No está mal, pero es un poco complicado.
Miró a sus primos, y añadió —Será mejor que nos vayamos, ya estarán despiertos.
Yue y Yukito asintieron y los tres se fueron.
Tomoyo se tumbó conmigo en el sofá y sin darnos cuenta nos quedamos dormidas.
Me desperté cuando alguien me tocó la cara. Al abrir los ojos, la pequeña Cho sonreía y sus manitas me acariciaban.
La abracé y la tumbé a mi lado, pero ella no quería dormir así que al final nos levantamos. Ya casi era la hora de comer.
Después de almorzar, Tomoyo y yo dormimos una hora más para terminar de recuperarnos.
Cuando me despertó la alarma, mi intuición me dijo que mirara el móvil por si Shaoran había hecho algo. A lo mejor hizo alguna foto o cualquier otra tontería.
Revisando todo llegué a la agenda. Empecé a bajar por la lista de contactos, sin saber muy bien por qué, hasta que me quedé paralizada. Tenía un contacto nuevo llamado "Shaoran!".
Me había dado su número de teléfono. Instintivamente miré la lista de llamadas y vi que se había llamado a sí mismo... así que él también tenía mi número.
Me acerqué a la cama de Tomoyo para enseñárselo, con la respiración acelerada, y ella abrió mucho los ojos.
—Qué fuerte, Sakura. ¡Te ha dado su teléfono! —dijo en voz demasiado alta.
Me llevé un dedo a los labios, pidiéndole silencio. No era necesario que se enteraran todos sus hermanos.
—Perdona, ha sido la emoción.
Las dos soltamos una risita nerviosa.
—¿Y ahora qué?
Me encogí de hombros.
—No tengo ni idea.
Mi amiga se llevó la mano a la barbilla en un gesto pensativo.
—En cuanto salgamos le vas a ver, estarán todos en la piscina. ¿Le vas a decir algo?
Me levanté muy nerviosa y miré por la ventana. Efectivamente, estaban todos allí.
—No lo sé.
Realmente no sabía qué hacer.
Cuando llegamos a la piscina, Feimei nos hizo una señal para que dejáramos nuestras toallas a su lado.
—Me han dicho que esta noche apenas habéis dormido. Si lo llego a saber, me habría quedado yo también —nos dijo, poniendo cara triste.
—Prometo que la próxima vez os avisamos a todos —respondió Tomoyo con una sonrisa.
Mi amiga se metió en el agua, pero yo estaba demasiado nerviosa.
Shaoran y Yukito estaban echando una carrera para ver quién nadaba más rápido, aprovechando que había poca gente en la piscina y no molestaban a nadie.
Cuando terminaron, Shaoran apoyó los brazos en el borde de la piscina y me miró a los ojos, dedicándome una sonrisa que me hizo temblar. Todavía no entendía cómo me podía pasar eso con solo verlo sonreír.
Suspiré y me levanté, caminando hacia donde estaba Tomoyo.
Cuando entré en el agua, mi amiga me sujetó la espalda con un brazo y las piernas con el otro para que pudiera flotar. Me hizo girar mientras nos reíamos. Me encantaba esa sensación de no pesar dentro del agua y estar casi volando.
Alguien me salpicó y Tomoyo me soltó.
—Me toca, Sakura.
Me puse de pie y la sujeté a ella haciendo una mueca burlona en dirección a Shaoran, que era el que nos había salpicado.
Se acercó a nosotras, con ojos traviesos.
—Dejad ya de vaguear. ¿Todavía tenéis sueño?
Tomoyo cerró los ojos, sonriendo.
—Ya no, hemos estado durmiendo hasta hace un rato —respondí yo, observando el pelo oscuro de mi amiga moviéndose bajo el agua.
—Hemos pensado que esta noche vamos a cenar los primos solos en mi jardín. Os apuntáis, ¿no? —preguntó Shaoran.
—Claro, allí estaremos —contestó Tomoyo, removiéndose para que la soltara.
Me guiñó un ojo y se alejó nadando, dejándome a solas con Shaoran.
Casi todos los demás habían salido de la piscina menos Touya, que me observaba desde una esquina con su mirada misteriosa de siempre. Eso me hizo sentir muy incómoda, parecía que me estaba vigilando.
—¿Hasta qué día te quedas? —murmuró Shaoran.
—Hasta el domingo —respondí, evitando su mirada porque estaba nerviosa.
Él se dio cuenta de que su primo nos observaba y entrecerró los ojos en su dirección, hasta que Touya apartó la mirada.
—¿Echamos una carrera? A ver si eres capaz de ganarme —propuso, levantando una ceja.
Asentí y nos colocamos en la parte menos profunda.
—Ida y vuelta, ¿vale?
—Prepárate para perder —contesté, sonriendo.
Él me dedicó una sonrisa malvada y contó hasta tres.
Sabía que Shaoran era más rápido nadando... pero yo era mucho más rápida buceando, y no había dicho nada de que la carrera tuviera que ser en la superficie.
Cogí impulso y empecé a bucear. Llegué al final de la piscina en pocos segundos, salí a coger aire y volví a impulsarme.
Shaoran estaba tan concentrado nadando que no se dio cuenta. Llegué a la meta la primera y lo esperé, apoyándome en el borde y sonriendo.
Cuando llegó y levantó la cabeza, me miró con asombro.
—¡Has hecho trampa, tenías que nadar! —dijo, entrecerrando los ojos con odio.
Me encogí de hombros.
—No has dicho nada de que la carrera fuera nadando.
Vi un brillo peligroso en su mirada.
—Ya me vengaré —respondió en voz baja, dirigiéndose a las escaleras.
Yo también salí para secarme y Tomoyo se acercó con mi toalla.
—Venga, Sakura. Tenemos que ducharnos.
