Capítulo Doce
Llamada nocturna
Después de la ducha, me estaba secando el pelo cuando escuché a Tomoyo llamarme. Al entrar en nuestro cuarto, ella había puesto encima de su cama mis tres vestidos.
La miré extrañada y ella sonrió.
—Tenemos que elegir lo que vas a ponerte esta noche.
Suspiré.
—Pensaba ponerme una camisa y mis vaqueros.
Tomoyo me miró muy seria.
—¿Así pretendes seducir a mi primo?
Fruncí el ceño, enfadada.
—¡Yo no quiero seducir a nadie!
Mi amiga puso los ojos en blanco y resopló.
—No me refería a eso... pero le gustas y querrás que te vea guapa, ¿no?
Relajé la postura y asentí, mirando hacia abajo.
—Si te ve con un vestido, se pondrá más nervioso —comentó mi amiga, sonriendo.
Me acerqué a mirar mi teléfono mientras ella recorría con sus ojos todos los vestidos de su armario, sacando uno de ellos.
—El rojo te sienta genial, Sakura. Ponte este mío que es nuevo.
El vestido era rojo coral, corto y ceñido hasta la cintura con detalles de encaje.
Yo estaba paralizada, con el móvil en la mano. Mi amiga se acercó a ver qué me pasaba.
Tenía dos mensajes nuevos.
Eriol: "¡Sakura! este sitio es genial, tengo poca cobertura porque estamos en mitad de la montaña. Estoy haciendo muchas fotos, te las enseñaré cuando vuelva. ¿Cómo te va con el celoso?"
Shaoran!: "¡Hola! Soy Shaoran. Cuando vengáis traed bebidas si podéis, que aquí nos quedan pocas, y prepárate que ya he pensado mi venganza"
Tomoyo empezó a reírse y me sacudió para que reaccionara.
—Ahora sí que tienes que ir preciosa esta noche —dijo, cogiendo su estuche de maquillaje.
Nos maquillamos un poco y me puse mi colonia favorita.
—A ver si cuando te vea así es capaz de llevar a cabo esa venganza suya —murmuró Tomoyo, sonriendo de forma traviesa.
Respondí a su sonrisa y me dio su vestido rojo. Me lo puse mientras ella se vestía con uno azul que destacaba sus ojos.
Al mirarnos en el espejo, no pude evitar sorprenderme.
—Realmente deberías dedicarte a algo relacionado con la moda, Tomoyo.
Mi amiga sonrió.
—Me lo estoy planteando.
Cuando llegamos a la casa de la familia de Shaoran, por la ventana vimos a sus padres y a los de Yukito y Yue dentro, cenando con los más pequeños.
El resto nos estaba esperando en el jardín de delante. Habían extendido en el suelo varios manteles de picnic y cojines para que nos sentáramos.
Tomoyo y yo llevábamos una pequeña nevera llena de bebidas frías. La dejamos en una esquina y nos sentamos cerca de Touya.
Yukito y Yue salieron de la casa con platos de comida, había de todo: fideos, empanadillas, una pizza...
Shaoran fue el último en salir, trayendo una bandeja con postres. Vi por el rabillo del ojo que se quedó parado un segundo al verme, pero siguió caminando y se sentó a mi lado.
Nos miramos unos segundos, hasta que él habló en voz baja.
—Estás muy guapa.
Aparté la mirada, sonrojándome violentamente.
Su hermana Feimei levantó las cejas.
—Es la primera vez que te oigo decir un cumplido a una chica, hermano.
Yukito y Yue empezaron a reírse y a Shaoran se le pusieron las mejillas coloradas.
—Callaos ya y comed —gruñó, carraspeando y cogiendo un trozo de pizza.
Yo cogí un cuenco con fideos y empecé a comer con los palillos, intentando relajarme.
Yukito estaba diciendo que al día siguiente podíamos hacer una especie de "campeonato" de tenis, él se iba a encargar de reservar las dos pistas para los ocho.
Unos minutos después, alargué mi mano a la bandeja de postres. Había un pastelito de chocolate que me llamaba mucho la atención. Otra mano se chocó con la mía, Shaoran también quería ese pastel.
—¿Lo compartimos? —me preguntó.
Asentí y lo partió en dos pedazos.
Me ofreció uno y, justo cuando iba a agarrarlo, movió rápido su mano y lo estrelló contra mi frente. Todos estallaron en carcajadas mientras yo cogía el pastelito aplastado y me intentaba limpiar con una servilleta.
—Ya estamos en paz —dijo Shaoran con una sonrisa malvada.
Tomoyo me ayudó a quitar los restos de chocolate que quedaban en mi flequillo mientras los demás seguían riéndose, Yukito incluso se había caído hacia atrás de la risa.
Cuando terminé de limpiarme lo miré, seguía con su sonrisa de triunfo.
Me comí lo que quedaba del pastel de un bocado y me giré hacia él
—Huye mientras puedas.
Cogí un lleno de zumo, él se puso de pie y dio varios pasos hacia atrás.
Estaba a punto de tirárselo por encima cuando le escuché hablar.
—Vale. Me rindo, pero no me tires eso.
Suspiré y los dos volvimos a sentarnos.
—Soy demasiado buena —contesté en voz baja, resoplando.
—A mí me hace eso y le tiro un cubo lleno de hielo por la cabeza —dijo Fanren.
—No me des ideas —murmuré y ambas nos reímos.
Eso del hielo me acababa de dar una mala idea.
Un rato más tarde, cuando ya se habían olvidado del incidente con el pastelito, cogí un hielo de la nevera con las bebidas disimuladamente, sin que nadie me viera. Hice como que me estiraba para quedar por detrás de Shaoran y, sin que se diera cuenta, aparté un poco el cuello de su camiseta, dejando caer el hielo por el hueco.
Él dio un respingo al notar el frío bajando por su espalda. Me miró, entrecerrando los ojos con odio. Le respondí con una sonrisa y levantando las cejas.
Sacó el hielo por debajo de su camiseta y lo tiró al pie de un árbol. Pensé que me amenazaría con otra de sus venganzas, pero no dijo nada.
Al terminar de cenar, nos tumbamos todos a observar el cielo. Ya estaba muy oscuro y podíamos ver las estrellas, incluso se veía marte con su característico brillo rojizo.
Nos quedamos allí durante horas hablando de las estrellas, las galaxias y los extraterrestres.
—¿Tú también crees que hay más vida en el universo?
Giré la cabeza para mirar a Shaoran. Estaba tumbado a mi lado y sus ojos ámbar reflejaban la luz de la luna.
—Es demasiado grande, no creo que estemos solos —respondí, volviendo a mirar al cielo.
—Pienso igual que vosotros —dijo Tomoyo a mi otro lado.
Un buen rato después, Touya se incorporó.
—Ya son las tres, creo que deberíamos ir a dormir —nos dijo a Tomoyo y a mí.
Las dos asentimos y nos levantamos. Ayudamos a sus primos a recogerlo todo y nos despedimos.
—Mañana por la tarde no hagáis planes que jugaremos al tenis —nos recordó Yukito antes de que nos marcháramos.
Cuando llegamos a nuestro cuarto, nos pusimos los pijamas y nos tumbamos.
A los pocos minutos, ya se escuchaba la respiración acompasada de mi amiga durmiendo. Yo no tenía sueño, estaba ocupada recordando lo brillantes que se veían los ojos de Shaoran por la noche.
Sacudí la cabeza, intentando dejar de pensar en él. Me giré hacia un lado y abracé mi almohada.
Vi la pantalla de mi teléfono iluminarse en la mesita de noche. Levanté la cabeza extrañada y en la pantalla ponía "Shaoran!".
Contuve la respiración. ¡Me estaba llamando!
Quería responder, pero me daba miedo despertar a Tomoyo o a sus padres. ¿Cómo explicaría estar hablando por teléfono de madrugada? Y también me asustaba lo que me fuera a decir él.
Agarré el teléfono y fui de puntillas al baño más cercano. Cerré la puerta con sigilo y contesté la llamada.
—Hola —susurré, apoyando la espalda en la puerta.
—Hola.
Él también hablaba en voz baja.
—¿Te he despertado?
—No, no estaba dormida.
Mi respiración estaba muy agitada, esperaba que él no se diera cuenta.
—¿Puedes salir un momento? Estoy en la puerta y necesito hablar contigo.
Un escalofrío me bajó por la espalda, poniéndome la piel de gallina.
—No lo sé. Si los padres de Tomoyo me escuchan, se van a asustar.
—Baja despacio, no creo que mis tíos se despierten. Aquí te espero.
La llamada se cortó. Dejé el móvil sobre el lavabo y me miré en el espejo, tenía pelos de loca y las mejillas ardiendo.
Me peiné un poco con los dedos y salí del baño, entrando al cuarto para ponerme un sujetador (no quería que Shaoran me viera sin llevar uno puesto). Bajé las escaleras despacio, lo único que me faltaba era tropezar y despertar a todo el mundo.
Al acercarme a la puerta, giré la llave con manos temblorosas. La abrí lentamente para que no hiciera ruido y vi que Shaoran estaba en el porche, apoyado en una columna.
—Trae la llave por si se cierra la puerta —susurró.
La dejé entornada y me acerqué a él con la llave temblando entre mis manos. Al darme cuenta de que Shaoran tenía puesta la ropa de antes, me quise morir de la vergüenza. Yo llevaba mi pijama amarillo de tirantes y pantalones cortos.
—Pensaba que tú también estarías en pijama— murmuré, apartando la mirada.
Él sonrió.
—Da igual, te queda muy bien.
Me sonrojé más, si es que eso era posible.
Vi como su mano atrapaba la mía y me quitaba la llave, guardándola en uno de sus bolsillos. Tras eso, me sujetó las muñecas y tiró, acercándome más a él.
Pensé que mi corazón estaba a punto de sufrir un paro cardíaco, latía tan rápido que se me iba a salir del cuerpo.
Shaoran rodeó mi cintura con sus brazos y nos miramos a los ojos. Sus profundos iris ambarinos eran demasiado para mí, sentí que corría el peligro de derretirme en sus brazos si me miraba así más tiempo.
Su rostro se fue acercando al mío muy despacio. Me olvidé de cómo respirar porque estaba totalmente paralizada, no podría haberme movido ni queriendo.
Noté su aliento rozando mi cara y unos segundos más tarde sus labios estaban sobre los míos. Una sensación muy extraña recorrió todo mi cuerpo. Ya había besado antes a un par de chicos, pero nunca había sentido nada parecido.
Obligándome a mí misma a reaccionar, rodeé su cuello con mis brazos. Él aprovechó eso para apretarme más contra su cuerpo y profundizar el beso, separando mis labios con sus dientes.
Entre el aroma de Shaoran y lo que su lengua estaba haciendo con la mía me estaba empezando a marear.
Sus manos fueron subiendo, acariciando mi espalda, y yo enterré mis dedos en su pelo. Llevaba meses soñando con poder tocarlo, era tan suave como en mi imaginación.
No quería parar, pero no podía respirar bien. Me separé unos centímetros para coger aire. Él apoyó su frente sobre la mía. También tenía la respiración acelerada y sus ojos brillaban, sin dejar de mirarme.
