Capítulo Trece

Sensaciones raras


—Llevo mucho tiempo queriendo hacer esto.

Sus palabras me hicieron sonreír, pero aparté la vista. No podía seguir mirándolo más, me daba mucha vergüenza.

Shaoran enredó sus dedos en mi pelo y con la otra mano levantó mi barbilla, obligándome a mirarlo. Tras levantar las dos cejas, acortó la distancia y volvió a juntar nuestros labios.

Me sentía como si mi cuerpo fuera a estallar en llamas en cualquier momento. Una de sus manos bajó por mi espalda, mientras la otra se quedó en mi mandíbula, acariciándome la mejilla con su dedo pulgar.

El beso empezó a volverse más intenso, me estaba devorando. Se acercó más a mí, hasta que nuestros cuerpos estuvieron completamente pegados.

De repente, recordé que justo encima teníamos la ventana del cuarto de los padres de Tomoyo. Sus besos habían hecho que olvidara dónde estaba.

Volví a separarme de él.

—Nos van a ver —susurré, señalando la ventana.

Shaoran se rio entre dientes y, sin soltar mi mano, me llevó caminando alrededor de la casa hasta la parte de atrás, donde no había ninguna ventana.

Temblé un poco al notar el aire que corría en esa zona.

—¿Tienes frío?

—Un poco, no tenía planeado salir esta noche y he olvidado la chaqueta —contesté, haciendo que se riera.

Se sentó en el suelo, apoyando la espalda en la pared. Volvió a mirarme y agarró mis dos manos, tirando y haciendo que quedara sentada de lado sobre sus piernas.

Me rodeó con sus brazos y su calor me envolvió. No podía creer que me hubiera besado, llevaba meses y meses deseando que pasara y por fin había ocurrido.

—Me gustas —susurró en mi oído, provocándome escalofríos con su aliento.

—Tú también me gustas.

—Entonces... ¿Ese chico que te gusta soy yo? —preguntó con voz divertida.

Lo miré de reojo, viendo una sonrisa traviesa en su rostro.

—No te hagas el tonto, ya lo sabías —contesté, sintiendo calor en las mejillas.

—Lo sospechaba, pero quería confirmarlo —respondió, rozando la curva de mi cuello con su nariz.

Me hizo girar la cabeza para besarme de nuevo, mucho más despacio y con ternura.

Sus manos recorrían mis brazos, dejando mi piel erizada por donde pasaban. Apoyé las mías en su pecho, notando lo acelerado que tenía el corazón.

De repente, Shaoran me mordió el labio inferior y mi cerebro se desconectó. Rodeé su espalda con mis brazos y esta vez fui yo la que profundizó el beso, torciendo un poco la cabeza.

Una de sus manos acariciaba mi brazo y la otra mis piernas mientras me besaba sin parar. Las mías estaban ocupadas recorriendo su espalda y su pelo, incluso me atreví a darle algunos tirones inofensivos a esas ondas chocolate que me volvían loca.

Noté como una de sus manos bajó por mi espalda, colándose por debajo de mi pijama y acariciándome la piel. Con mi mano izquierda le imité, yo también quería sentir su calidez.

No sabía cuánto tiempo llevábamos así, tampoco me importaba en ese momento. Solo podía pensar en que no quería que ese beso se acabara nunca, aunque me costara respirar.

Cuando finalmente nos separamos, abrí los ojos. El sol estaba empezando a salir y ya se notaba algo de luz en el ambiente.

Mierda, si se despertaban y veían que no estaba...

Shaoran tuvo que pensar lo mismo al ver mi cara de susto, porque se aclaró la garganta y habló.

—Creo que deberías volver dentro.

Nos levantamos y me acompañó hasta la puerta, que seguía entornada. Al abrirla y mirar dentro, todo seguía oscuro. Nadie se había despertado todavía.

Suspiré aliviada y sus manos rodearon mi cintura, girándome hasta que estuvimos cara a cara.

—Nos vemos luego —susurró, inclinándose mientras dejaba la llave en mi mano.

Me besó de nuevo unos segundos, dejándome sin aliento, y se marchó sin mirar atrás.

Cuando se fue, cerré la puerta con la llave y subí en silencio hasta el cuarto de Tomoyo.

Me tumbé boca arriba en la cama y me llevé una mano a los labios, donde todavía notaba un hormigueo por los besos de Shaoran.

Mi amiga seguía durmiendo muy tranquila, sin enterarse de nada. Al mirar el reloj, vi que ya eran más de las cinco de la mañana.

Me abracé a la almohada y suspiré. Tenía que intentar dormir un rato, aunque dudaba que fuera capaz.


Unas horas después, me desperté al escuchar ruido en el cuarto. Tomoyo se había levantado y se estaba vistiendo. Pestañeé varias veces, pensando en si había sido real o un sueño. Al tocar mis labios, sentí que todavía estaban algo hinchados y supe que de verdad había besado a Shaoran.

Me incorporé un poco y llamé a mi amiga, señalando mi cama para que se sentara conmigo.

—Tengo que contarte algo que no te vas a creer.

Ella se sentó en el borde y escuchó todo lo que había pasado unas horas antes. Sus ojos se fueron abriendo más y más, hasta que se cubrió la boca y dio un grito.

Mi corazón se había acelerado tan solo de recordarlo todo.

—¡Me tenías que haber despertado cuando volviste y contármelo! —protestó Tomoyo, fingiendo enfadarse.

—No me atreví, estabas, estabas durmiendo tan profundamente... —respondí, acariciándole el pelo que lo llevaba recogido en una larga coleta.

Tomoyo suspiró.

—¿Y ahora qué vas a hacer?

Me dejé caer en el colchón de espaldas y cubrí mi cara con la almohada, pensando en que me iba a morir de la vergüenza cuando viera a Shaoran.

Escuché a mi amiga levantarse y aparté la almohada para ver qué hacía. Tomoyo se acercó a la ventana.

—Está en la piscina con sus hermanas.

Se me revolvió el estómago y tragué saliva, muy nerviosa. No me sentía preparada, no sabía cómo actuar al verlo.

—Ponte un bikini y vamos a desayunar —añadió ella, lanzándome mi ropa.

Me vestí y bajamos a la cocina. Dos de sus hermanas estaban desayunando en el porche y nos unimos a ellas.

Un codazo de Tomoyo me hizo mirar a la piscina. Shaoran estaba apoyado en el borde y me estaba observando. Nuestras miradas se cruzaron unos segundos, hasta que aparté la vista al notar que me estaba sonrojando.

Después del desayuno, las dos nos sentamos en el filo de la piscina.

Feimei y Fanren salieron del agua para tumbarse en sus toallas a tomar el sol.

—Suerte —susurró Tomoyo y se puso de pie, yendo a tumbarse junto a sus primas.

Eso me dejaba sola con Shaoran, que estaba en una esquina y me miraba fijamente.

Inspiré lento un par de veces para tranquilizarme y me metí en el agua. Haciendo un gran esfuerzo mental, me acerqué más para saludarlo.

—Buenos días.

—Hola —respondió, y se asomó por encima del borde de la piscina para mirar a sus hermanas y a Tomoyo.

Las tres chicas estaban tumbadas boca arriba, con los ojos cerrados.

Volvió a sumergirse hasta el cuello y sus ojos centellearon. Un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando sujetó mis dos brazos.

—Te advertí de que te pillaría cuando estuvieras sola —murmuró, con el rostro demasiado cerca del mío.

Me quedé quieta, sin moverme. No sabía qué hacer.

—Ya sabes que te debo un mordisco- añadió, sin dejar de sonreír.

Se inclinó y sentí sus dientes en el cuello. Abrí mucho los ojos, sorprendida porque se estaba arriesgando a que cualquiera nos viera.

Cuando volvió a mirarme, mi cara tenía que ser todo un poema porque se rio en voz baja.

—Tranquila, no hay nadie mirando.

Yo estaba tan nerviosa que mi cuerpo temblaba.

—No... no te acerques tanto —le pedí, con la voz entrecortada.

Me dedicó mi sonrisa favorita.

—Solo un poco —susurró, besándome en los labios.

Mi mente se quedó en blanco los dos segundos que duró, y al separarnos la cabeza me daba vueltas. Shaoran sonrió, recorriendo mi mandíbula con su dedo pulgar.

—Relájate, me portaré bien.

Suspiré y me alejé un poco para apoyarme en la escalera, intentando recuperar el aliento.

Escuché su voz muy cerca.

—¿Echamos una carrera? Pero esta vez de verdad.

Asentí y nos colocamos en la parte menos profunda de la piscina.

Esta vez no hice trampa y nadé igual que él. Llegamos casi a la vez, me ganó por muy poco.

Shaoran sonreía con satisfacción.

—Eres un creído —dije, poniendo los ojos en blanco.

Escuché una risita y se acercó peligrosamente a mí.

—No deberías meterte conmigo.

Sentí su mano derecha subiendo por mi espalda, erizando mi piel por donde pasaba hasta llegar a mi cuello.

Aparté la vista, avergonzada, entrando en pánico al ver que Touya se acercaba a la piscina y nos estaba mirando.

—Tu primo —susurré, alejándome de él de un salto.

Shaoran miró de reojo a Touya, que estaba muy cerca de nosotros.

—Por mí no os cortéis —dijo al pasar por nuestro lado, sentándose al lado de Tomoyo.

La cara me hervía de la vergüenza y Shaoran soltó una carcajada al verme así. Le lancé una mirada asesina y me alejé para salir de la piscina.

Él me agarró de la muñeca para detenerme.

—No te vayas, te prometo que seré bueno.

Me giré para mirarlo a los ojos.

—Eso ya lo dijiste antes.

Shaoran me soltó, resoplando.

—Esta vez lo cumpliré, quédate un rato conmigo —contestó con voz dulce.

No pude negarme. Lo seguí hasta la parte poco profunda y nos pusimos de rodillas para hablar, con el agua llegando por nuestros hombros.

—Luego en el "torneo" de tenis tienes que jugar un rato conmigo —dijo, sonriendo.

—También quiero jugar contra ti, la otra vez te pasaste conmigo y quiero venganza.

Él alzó una ceja.

—Vale, pero que sepas que no voy a jugar más suave porque seas tú.

Negué con la cabeza.

—Te ganaré juegues como juegues.

Mi sonrisa torcida favorita apareció en su cara.

—Eso está por ver.


Aquella tarde jugamos al tenis durante dos horas.

Primero hice equipo con Tomoyo y vencimos a las hermanas de Shaoran.

Después jugamos en equipos mixtos y Shaoran se puso conmigo. Les ganamos a Touya y Feimei.

El último partido fue con Fanren, jugamos contra Shaoran y Yue. Me lanzó bolas rápidas, tal como me había advertido, pero ese día estaba preparada. Al final conseguimos un empate, que no estaba nada mal contra ellos.

Cenamos dentro de casa, con toda la familia de Tomoyo. Al terminar era temprano y todos sus hermanos salieron al jardín.

Me tumbé con ellos en el césped y Cho se colocó entre mis piernas.

—¿Me haces una trenza? —preguntó con su pequeña voz.

Asentí y empecé a peinar sus rizos.

Tomoyo y sus hermanos decidieron que jugaríamos por grupos a adivinar películas.

Media hora después, Fanren y Feimei se sentaron a mi lado. Di un respingo porque no las había escuchado llegar.

Shaoran, Yukito y Yue también se pusieron cerca. Su hermano pequeño, Mao, se sentó entre las piernas de Fanren y miró a Cho.

—Que trenza más bonita —dijo, tocándole el pelo.

La pequeña se sonrojó.

—Me la hizo Sakura.

Mao me miró con curiosidad. Realmente era igual que su hermano mayor, hasta en los gestos.

Seguimos un poco más jugando a las adivinanzas, hasta que los pequeños empezaron a quedarse dormidos.

—Hora de irse a la cama —murmuré, cogiendo en brazos a Cho.

Todos los demás se levantaron y nos despedimos. Shaoran me guiñó un ojo antes de irse.

Después de acostar a Cho, entré en el cuarto de Tomoyo para mirar mi móvil. Tenía un mensaje nuevo.

Shaoran!: "Avísame cuando todos se duerman"