Capítulo Catorce

Locuras en las sombras


El corazón se me iba a salir del pecho. ¿Otra vez quería que saliera a escondidas por la noche?

Pensándolo bien... esa era la única forma de que estuviéramos solos, durante el día siempre había familiares por todas partes.

Cuando Tomoyo entró en el cuarto, le enseñé el mensaje. Ella se tapó la boca con la mano y soltó una risita, levantando las cejas.

—Otra escapadita con mi primo, ¿eh? —susurró, dándome un codazo en las costillas.

—¡Ay! No creo que sea buena idea, estoy pensando en decirle que no —respondí, suspirando.

Mi amiga puso los ojos en blanco y me quitó el teléfono.

—Mañana es tu último día aquí y él te gusta desde hace mucho tiempo, tienes que ir.

Le dediqué una mirada de odio, asentí y me metí en la cama.

Tomoyo puso mi teléfono en la mesita de noche.

—Esta vez cuando vuelvas me despiertas.

Sonreí y apagué la luz. Las dos nos quedamos un rato en silencio, intentando escuchar al resto de su familia.

—Creo que están todos durmiendo. Escríbele —susurró mi amiga.

Decidí hacerle caso y cogí el teléfono.

Sakura: "Parece que ya están todos dormidos"

No tardó ni un minuto en contestar.

Shaoran!: "Nos vemos en la puerta, recuerda traer la llave"


Pensé en vestirme, pero si alguien me veía con ropa normal sería difícil de explicar, así que bajé a la entrada en pijama como la noche anterior.

Saqué la llave de la puerta y al abrir Shaoran se lanzó sobre mí, pillándome totalmente desprevenida. Me agarró por la cintura, alzándome y dejándome en la encimera de la cocina sin dejar de darme unos besos que parecían descargas eléctricas.

Mi conciencia se había ido de paseo, pero conseguí recuperarla al darme cuenta de dónde estábamos.

—¡¿Pero qué haces?! —exclamé, apartándolo de mí.

Sus ojos ámbar parecían arder.

—La culpa es tuya, me has estado provocando todo el día —respondió, acercándose de nuevo a mis labios.

Mi cara de sorpresa tuvo que ser enorme.

—¿Qué? Yo no te he provocado —contesté, manteniéndolo apartado con mis brazos.

Él me sujetó las muñecas.

—¿Dices que no? Si no has parado de morderte el labio mientras me mirabas.

Pestañeé varias veces, confundida. No recordaba haber hecho eso.

—¿Quieres que bajen tus tíos y nos encuentren aquí? —murmuré, negando con la cabeza.

Esa pregunta parece que le hizo reaccionar. Su rostro se volvió serio y dejó de sujetarme.

—Vale, vayamos fuera —aceptó, ayudándome a bajar de la encimera.

Salimos a los jardines y me llevó hasta un gran árbol. Se sentó en una de las raíces, haciendo un gesto para que me sentara encima de su pierna derecha.

Dudé un momento, pero le hice caso. Nos observamos en silencio unos segundos, Shaoran ya parecía estar un poco más tranquilo.

—¿Te puedo hacer una pregunta?

Él asintió.

—Cuando te dejé mi teléfono... ¿leíste mis mensajes?

El rostro de Shaoran se ensombreció y frunció el ceño.

—¿Crees que haría eso? —respondió, algo enfadado.

Aparté la vista y lo escuché resoplar.

—Lo único que hice aparte de jugar un rato fue guardar mi número, y llamarme para tener el tuyo.

Suspiré aliviada.

—Menos mal.

Al volver a mirarlo, él tenía una sonrisa traviesa.

—¿Qué habría encontrado si los hubiera leído?

Me ruboricé sin poder evitarlo, pero no contesté.

—¿Es que has hablado de mí con alguien? —insistió, rodeando mi cintura con sus brazos.

—Tal vez —respondí, haciendo que se riera.

—Entonces quiero leerlos —susurró, acercándome más a él.

—Eso es privado —contesté, intentando no mirar sus labios que parecían estar llamándome.

—Ya te convenceré... —dijo, dejando varios besos por mi cuello.

Cerré los ojos y suspiré, si seguíamos así me iba a volver completamente loca. Levantó la cabeza y puso su dedo pulgar sobre mis labios.

—¿Ves como es culpa tuya? No soporto que hagas esto.

Me di cuenta de que me estaba mordiendo el labio inferior sin querer. Shaoran me observaba con ojos peligrosos.

—Lo hago sin darme cuenta —susurré, con la respiración agitada.

—No te creo —añadió antes de atrapar mi rostro con sus manos y besarme con ansiedad.

Sus manos subieron por mi espalda y me estremecí entre sus labios. Toda mi piel se erizaba con su contacto sin que pudiera hacer nada para evitarlo.

Empezaron a bajar hasta llegar a mis piernas mientras su lengua me invadía con violencia, rozando la mía. Su forma de besarme con tanta pasión era insoportable, y sentir sus dos manos recorriendo mis muslos no estaba ayudando. Me estaba quedando sin aire, así que me alejé unos centímetros.

—Me... me estoy mareando, Shaoran.

Escuché una risita y se movió para que apoyara la cabeza en su hombro. Pude escuchar su corazón latiendo muy fuerte.

—Perdona, hoy no me estoy controlando —respondió, abrazándome con suavidad.

Nos quedamos así unos minutos, mientras nuestras respiraciones volvían a la normalidad.

—Mañana es mi último día aquí —le recordé, para ver qué me decía.

—Yo me quedo dos semanas más.

Se me escapó un suspiro, esa no era la respuesta que quería. Tal vez yo solo estaba siendo su distracción para estos días.

Al escucharme, Shaoran movió su hombro y me hizo incorporarme.

—¿Qué te pasa? —preguntó, mirándome a los ojos.

Desvié la mirada al árbol de enfrente.

—No es nada.

No podía decirle la verdad.

Shaoran llevó su mano a mi barbilla y me obligó a volver a mirarlo.

—La semana que viene puede que tenga que ir a la ciudad para entregar unas cosas en la universidad. ¿Vas a querer verme? —preguntó, alzando una ceja.

Sonreí y asentí, sabiendo que me moriría de ganas de verlo.

Shaoran se aproximó más a mi rostro, hasta que nuestros labios se rozaron.

—¿Sigues mareada?

No encontraba mi voz para contestar.

—No mucho —respondí a duras penas, no muy segura de si me había escuchado.

Vi una sonrisa curvar sus labios y volvió a besarme. Noté que se estaba intentando controlar para que no volviera a marearme, pero poco a poco su control se fue a pique.

Mordisqueó y lamió mi labio inferior antes de forzarme a separarlos con uno de sus dedos. El beso se volvió más profundo y de nuevo mi mente se desconectó, dejando a mi cuerpo actuar por sí solo.

Una de mis manos se metió por debajo de su camisa y la otra se perdió entre su pelo. Sentí como se aceleraba su respiración mientras mis dedos exploraban su espalda.

Se alejó unos milímetros, jadeando.

—Será mejor que paremos o volveré a perder el control.

Asentí, intentando recuperar mi cordura. Con Shaoran me dejaba llevar demasiado y no sabía si eso era bueno o malo.

—¿Sabías que el verde de tu iris es muy bonito? —susurró, mirándome fijamente.

Sonreí.

—Sí, me lo han dicho alguna vez.

Él entrecerró los ojos.

—¿Quién es la creída ahora? —preguntó, y nos reímos en voz baja.

Era de locos como pasábamos de estar devorándonos a riéndonos en cuestión de un minuto.

—No entiendo lo que me pasa cuando estoy contigo —comentó, atrapando un mechón de mi pelo entre sus dedos.

—Yo tampoco —confesé con un largo suspiro.

—Es muy tarde. Te acompaño a la puerta, mañana seguimos hablando —dijo, empujándome suavemente para que me levantara.

Le lancé una mirada asesina.

—Como mañana te acerques a mí delante de alguien... te mataré.

Shaoran dejó salir una risa burlona mientras caminábamos hacia la casa.

—No me amenaces, es muy tentador —contestó, dándome la llave.

Abrí la puerta y él entró detrás de mí. Me asusté, pensando que iba a volver a atacarme como cuando salí.

Él sonrió al ver mi cara de pánico.

—Tranquila, no voy a hacer nada —susurró, rodeándome con sus brazos.

Nos quedamos así, mirándonos en silencio mientras sus ojos me quemaban otra vez. Bajó la cabeza y me besó unos segundos, tras lo que dio media vuelta y se marchó.

Me quedé quieta con cara de tonta un instante, hasta que reaccioné y cerré la puerta.

Al entrar en el cuarto, desperté suavemente a Tomoyo para contárselo todo. Ella se restregó los ojos mientras me escuchaba y alucinó con el ataque de su primo cuando abrí la puerta.

—Esto está subiendo de nivel muy deprisa —dijo en voz baja cuando terminé de hablar.

Asentí y suspiré, sin saber qué decirle.


Mi último día allí fue bastante tranquilo, pasé la mañana con Tomoyo y sus hermanos pequeños en la piscina. Shaoran no apareció.

Después de comer, estábamos tumbadas en la misma cama charlando cuando llamaron a la puerta.

Entraron Fanren y Feimei, se sentaron en la otra cama y nos dijeron que los varones de la familia estaban en la pista de baloncesto, comprobando quién era el mejor encestando.

Decidimos levantarnos para ir a verlos con ellas. Allí estaban los cuatro, retándose entre ellos.

Touya esquivó a Yue y metió canasta.

—Te gano por seis, mejor lo dejamos aquí.

Yue murmuró unos insultos entre dientes y se alejaron de la pista, mientras Yukito y Shaoran se ponían en posición.

El ladrón de mis suspiros me vio y me guiñó un ojo con descaro.

Empezaron a jugar y estaban bastante empatados, Shaoran solo ganaba por un punto. Esquivó a Yukito y lanzó el balón, pero rebotó en el aro y llegó botando hasta nuestros pies.

—Les podrías vacilar un poquito, Sakura —susurró Tomoyo, pasándome la pelota.

Le dediqué una sonrisa cómplice y me puse de pie, con la pelota entre mis manos.

Caminé un par de pasos hacia ellos.

—¿Por qué estáis jugando nada más que los hombres?

Yukito puso los ojos en blanco.

—Porque vosotras no sois buenas en los deportes.

Sonreí con malicia, era la respuesta que esperaba. Junté los pies y apunté al aro. Estaba bastante lejos, pero era toda una experta en meter triples.

Lancé y encesté, dejando a Yukito con la boca abierta. Shaoran también estaba sorprendido y me dedicó una de sus sonrisas torcidas.

Me volví a sentar al lado de Tomoyo y chocamos las manos, satisfechas.


Cenamos en el porche con todos sus primos.

Los padres de Tomoyo entraron en casa con los hermanos más pequeños, y los demás nos quedamos fuera.

Tomoyo sacó algunas cervezas y vino sin alcohol para nosotras. Me serví una copa y me apoyé en la baranda, observando la luna llena que había esa noche. No me apetecía nada volver a mi casa, estaba demasiado a gusto allí.

Shaoran se acercó y cuando habló fue como si me hubiera leído el pensamiento.

—¿No te puedes quedar unos días más?

Negué con la cabeza y se sentó a mi lado.

—¿Podemos vernos más tarde? —susurró cerca de mi oído.

Me estremecí al recordar las dos noches anteriores.

—Claro.

Él sonrió y me acarició el antebrazo con uno de sus dedos. Me puse tensa al instante.

—Vale, no me mates —dijo, dejando de tocarme.

Nos quedamos allí hablando un buen rato, y después nos sentamos a la mesa con el resto de primos.

Una hora después, nos despedimos y todos se marcharon mientras Tomoyo y yo recogíamos la mesa.

En cuanto ella entró en casa, unos brazos me rodearon el cuello y sentí el aliento de alguien en mi oreja.

—Nos vemos en media hora —dijo una voz grave y los brazos desaparecieron.

Al girarme, vi a Shaoran alejándose.