— ¡Tía Tory!— gritaron las niñas al verme llegar del hospital.
— Hola mis amores— las abrace a ambas y les dí un beso a cada una.
— Tía Tory, mami se tuvo que ir con tío Blaise, tía Daphne y la abuela Katya...— dijo Lily con su carita triste.
— Lo sé mi amor, pero no se preocupen, ellos están resolviendo unos asuntos de adultos para que nos vayamos todos a Londres— ambas se me quedaron viendo asombradas y con sus ojitos brillantes.
— ¿Ustedes también irán?— preguntó está vez Amely.
— Vaya creó que arruine la sorpresa...— dije con una sonrisa— claro que sí pequeña, iremos todos como la familia que somos.
Con unas enormes sonrisas me volvieron a abrazar.
— Ahora vayan arriba a su habitación a jugar un rato en lo que le digo a Waly que les prepare algo de comer.
Asintiendo subieron y aunque sé que están felices, sé también que están preocupadas por la forma tan abrupta en la que se fue primero su padre y luego su madre.
— Oh Tory, ya estás aquí...— la voz de papá me saca de mis pensamientos— ¿y las niñas?— pregunta preocupado.
— Están en su habitación, ya las calme un poco, pero igual sospechan que algo malo está pasando.
— Lo sé, tú madre acaba de mandar una nota, dice que el señor Potter está en peligro de muerte y que sólo Pansy sabe como salvarlo— explica papá.
— ¡Por Merlín! Espero que todo salga bien— digo sincera— cambiando de tema, ya mandé la solicitud de traslado a San Mungo, dentro de tres días me dan la respuesta.
— Me alegro preciosa, estoy seguro que será una respuesta positiva, eres una gran medimaga— dice orgulloso— iré con las niñas, no quiero que se sientan muy solas— me da un beso en la frente y se va.
Lanzó un suspiro, yo también esperó que me den una respuesta positiva, estoy muy emocionada por volver a Londres, a mi hogar... En especial, para verlo a él de nuevo después de tanto tiempo...
Subo las escaleras hacía mí habitación para cambiarme de ropa e ir con las niñas y papá.
Aparecimos en las afueras de la mansión Parkinson, la gran verja con el escudo de la familia se alzaba imponente y al mismo tiempo tan oxidada y llena de enredaderas...
— Sanguis purus...— pronuncie la contraseña apuntando mi varita hacía la verja.
Con un crujido muy tétrico la verja se abrió de par en par, el camino de gravilla con setos a cada lado, estaba lleno de hojas secas y maleza que crujían con el pisar de nuestros zapatos.
Subimos las gradas que daban al pórtico, la puerta de madera de pino estaba semiabierta...
— Tengan listas sus varitas, puede que alguien esté aquí o allá estado anteriormente...— los chicos asintieron sacando sus varitas.
Al cruzar la puerta, el salón lucía oscuro, con una capa de polvo cubriendo cada superficie y las telarañas le daban el toque final a la imagen de una mansión abandonada hace muchos años...
— Bien, habrá que separarnos para que la búsqueda sea más rápida— explique— Blaise tú ve al despacho, Draco las habitaciones del tercer piso y yo iré a la que era de mis padres.
— Tengan cuidado— dijo Blaise dirigiéndose al despacho.
Lo perdimos de vista cuando su figura dobló al pasillo que llega al despacho.
— Pans, ten cuidado, no sabemos si el tal Maximus esté aquí...— asiento y comenzamos a caminar hacía las escaleras.
En el rellano es donde me quedó yo, mientras Draco sigue por las escaleras al tercer piso. El pasillo que tengo frente a mí, está igual de oscuro que abajo... Con un lumus iluminó mi camino a la primera puerta que veo, la habitación de mis padres...
Mis pisadas resuenan en el piso de mármol café, al ingresar a la habitación lo primero que veo es la gran cama de dosel, con una mesita de noche a cada lado, me dirijo a ellas para ver si ahí encuentro el libro...
Del lado en que mi madre dormía, no hay más que unas hojas de pergamino en blanco, sin embargo, en la siguiente gaveta encuentro una fotografía de ella cuando iba a Hogwarts.
Con su cabello negro moviéndose al compás del viento, con su uniforme impecable y el escudo de Slytherin en el, sus ojos azules brillantes y una ¿sonrisa? Es extraño ver a mi madre en ese estado de felicidad, desde que tengo memoria nunca la ví demostrar sus sentimientos.
Y si ver así a mi madre es extraño, más extraño es verla abrazada a un chico un poco más alto que ella, cabello castaño claro, ojos marrones y con el escudo de Hufflepuff en su uniforme...
Las expresiones del chico son el reflejo de las que tiene mi madre... ¿Será posible?
— Evan Tanner...— la voz grave resuena por toda la habitación— un sangre sucia— cada palabra pronunciada fue con asco— tú madre fue una tonta al pensar que en nuestra familia aceptaríamos a ese engendro, ella ya tenía pactado un contrato matrimonial con Perseus y yo no iba a permitir que ella se saliera con la suya...— mis ojos no dejan de observar la imagen de mi madre.
Se le ve tan feliz, enamorada y libre... Fue en su juventud muy bella, sus ojos aunque penetrantes no tenían ese hielo que la hacían ver tan ruda. Y el chico, Evan, se veía enamorado, sus ojos marrones desprendían calidez...
— ¿Qué le hiciste al chico?— preguntó sabiendo de antemano que él estuvo detrás de cualquier cosa que le pudo haber pasado.
— Lo asesine...— dijo simplemente encogiéndose de hombros y una sonrisa cínica pinta sus labios— era una escoria que contaminaba nuestro mundo— da un paso en mi dirección e inmediatamente levantó mi varita en guardia— ¿vas a atacarme sobrinita?— pregunta en tono ofendido— no eres capaz de hacerlo, no lo hiciste aquella noche en que tus queridos padres murieron y no lo harás ahora, sabes porqué... Porque eres una débil, te dejaste ablandar por ese asqueroso mestizo— escupe con odio.
— Tú no sabes de lo que soy capaz...— digo comenzando a sentir como la rabia brota de mí.
— Eres igual de bella que tú madre e igual de estúpida al enamorarse, el amor es un sentimiento que te hace débil.
Mírate, me da asco saber que te enamoraste de un estúpido y debilucho Gryffindor, que pregona la valentía, la igualdad y el amor... Pensé que al venderle esa amortentia a la idiota de la Weasley lo alejaría para siempre de tí pero no el leoncito logró salir de los efectos, te buscó y te encontró, pero con ese hechizo que le lancé, desaparecerá de tu vida para siempre...
¡Maldito! Ya decía yo que la Weasley no era tan malvada para planear algo así.
— Eso es lo que tú crees, está vez no podrás arruinar mi relación como lo hiciste con mi madre. Si ella dejó que su vida fuera una maldita cárcel yo jamás lo permitiré. En estos momentos, ya deben estar aplicando el contrahechizo a Harry— abre los ojos sorprendido al tiempo que su mirada se vuelve fiera.
— ¡Imposible! ¡Eres una idiota! Si no puedes ser mía no lo serás de ese maldito Gryffindor... ¡Airless!— el haz de luz color celeste sale de su varita rebotando en el escudo protector que había convocado.
De inmediato, Maximus lleva sus manos al cuello tratando de quitar la opresión que impide el paso de aire a sus pulmones.
El cuerpo inerte cae al piso resonando como en un eco el último aliento que sale de su boca. Maximus Parkinson fue un mago oscuro muy poderoso, obsesionado con la pureza de sangre, hoy ha muerto por subestimarme, por creer que él era superior a cualquier otro...
La figura de Blaise aparece en el umbral de la puerta...
— Pans, ¿estás bien?— pregunta observando el cuerpo que está en el suelo.
— Si ya todo está bien, una escoria menos en nuestro mundo...— al darme la vuelta para cerrar la gaveta me doy cuenta de un sobre con mi nombre en él.
Es la letra de mi madre... El corazón me late rápido, la tomó con manos temblorosas guardandola en el bolsillo trasero de mi pantalón junto con la fotografía que encontré.
— Vámonos de éste lugar— camino hacía donde está Blaise.
— ¿Qué haremos con el cuerpo?— pregunta el moreno.
— Dejarlo... Que se pudra en está maldita mansión, esté lugar ya no es más mi hogar, nunca lo fue...— dirijo mis pasos hacía la salida.
Dejando atrás por fin un pasado doloroso y oscuro, dejando para siempre ese sitio dónde fui prisionera... Hoy soy libre por mí y por mí madre, seré feliz con él chico de cabello negro, ojos verdes y corazón noble...
Mientras estaba con Maximus, me comuniqué mentalmente con Draco, explicando que él estaba conmigo, yo lo mantendría ocupado mientras ellos buscaban el libro.
Blaise lo encontró en el despacho y Draco volvió a San Mungo para realizar el contrahechizo.
Blaise y yo aparecimos en las afueras del hospital, ingresamos y pasamos directo a la habitación de Harry.
Al llegar fuimos recibidos por un gran abrazo de Katya, aliviada porque no nos sucedió nada, y claro el moreno también recibió una sesión de besos y abrazos de parte de mi rubia amiga.
En ese momento, Draco salía de la habitación de Harry, expectante esperé para que hablará...
— El contrahechizo fue un éxito...— esas palabras bastaron para que una sensación de alivio se apoderara de todo mi ser— no tarda en despertar, creó que deberías entrar, así estarás al pendiente de él— me guiño un ojo y se hizo a un lado para que pasará al interior de la habitación.
Con pasos lentos, entre... Él estaba con sus ojos cerrados, sin los anteojos, con una bata del hospital. Su semblante tranquilo me indicaba que estaba fuera de peligro.
Tomé una silla y la acerqué a la cama, acomode mi cabeza sobre su antebrazo y el sueño llegó poco a poco... Como poco a poco el colgante volvía a su color original, el blanco, de la esperanza de un futuro mejor al lado del hombre que fue capaz de amarme por lo que soy...
