Capítulo Dieciocho

Meiling


Llevaba más de una semana sin ver a Shaoran. Él también había vuelto, aunque me dijo que no tendría tiempo libre hasta el viernes. Eso me molestó un poco, pero no le dije nada. Total, yo no era su pareja y no tenía por qué quedar conmigo.

El jueves por la tarde, mis padres me pidieron que fuera al supermercado a comprar algunos ingredientes que necesitaban para la cena.

Accedí, me puse mi mochila y salí a la calle. Había una puesta de sol preciosa, todo el cielo estaba color anaranjado.

Ya mismo terminaría el verano. A partir de septiembre empezaba a refrescar en Tomoeda y no podría volver a usar mis vestidos.

Me puse los cascos para escuchar música mientras caminaba. Me gustaba imaginar que estaba dentro de un videoclip al pasear por la calle.

Después de comprar, decidí volver a casa por otro camino para pasar por el parque, que era mi lugar favorito de toda la ciudad.

Al llegar allí, todo estaba lleno de niños jugando en los columpios, con sus familiares atentos a cualquier tropiezo que pudieran dar.

Mientras mis ojos observaban a las personas que estaban sentadas en los bancos, sentí que mi corazón se encogía. En uno de ellos estaba Shaoran, con una chica.

Los dos estaban mirando la pantalla de su teléfono. Ella tenía su mano apoyada en la pierna de él y no paraba de reírse.

De pronto Shaoran levantó la vista y me vio. Aparté la mirada y seguí mi camino a paso rápido, queriendo alejarme de allí cuanto antes.

Lo escuché llamarme y empecé a andar más deprisa, casi corriendo. Shaoran me alcanzó, sujetando mi brazo derecho y forzándome a detenerme.

—Te estoy llamando. ¿No me oyes? —preguntó mientras recuperaba el aliento.

Se había dado una buena carrera para pillarme.

Me quité los cascos y me mordí la lengua antes de contestar.

—No te escuché. Bueno, me voy que tengo prisa.

Intenté que me soltara, pero Shaoran no se movió y me agarró de ambas muñecas.

—Me has visto y te has ido corriendo. ¿Qué te pasa?

—Tengo que irme, suéltame —gruñí, retorciéndome para librarme de su agarre.

Una sonrisa burlona apareció en su rostro.

—No me digas que estás celosa.

—¿Celosa de qué? Eres libre para hacer lo que quieras —contesté, mirándolo con odio.

Por más que lo intentaba no conseguía soltarme, y que él no dejara de sonreír me estaba cabreando. Empezó a tirar de mí para obligarme a volver al parque.

—Ven, te la voy a presentar —dijo, sin dejar de tirar de mis brazos.

—No quiero. Además, mis padres me están esperando —respondí, utilizando mi peso para hacer fuerza.

Syaoran tuvo que detenerse y sus ojos centellearon.

—No me obligues a llevarte a cuestas.

Resoplé y lo seguí hasta el parque. Él no me soltó en ningún momento.

Nos acercamos hasta el banco, desde donde la chica que había visto antes me observaba con curiosidad. Parecía ser unos años mayor que yo, su pelo negro le llegaba hasta la cintura y tenía los ojos rojizos con largas pestañas. La verdad es que era muy guapa y eso me molestaba todavía más.

Cuando llegamos, Shaoran soltó una de mis manos.

—Esta es mi prima Meiling, la hermana de Yukito y Yue.

Abrí mucho los ojos y la miré con más detenimiento. No se parecía en nada a sus hermanos.

Shaoran siguió hablando.

—Mei, ella es Sakura. Mi novia.

La sorpresa que había sentido antes no fue nada comparado con lo que experimenté al escuchar eso. Literalmente me quedé con la boca abierta mirando a Shaoran.

—Encantada de conocerte —contestó ella con una sonrisa.

Shaoran hizo presión en mi mano, lo que me ayudó a reaccionar.

—Eh... igualmente. Conocí a tus hermanos hace unas semanas —murmuré, mirando a Shaoran de reojo.

Ella asintió.

—Lo sé, Yukito me dijo que eres tan buena como yo al baloncesto. Acabo de volver al país, he estado estudiando en China varios años.

Claro, por eso ella no estaba con sus hermanos cuando los conocí.

—¿Eres la hermana mayor? —pregunté, aunque imaginaba la respuesta.

—Sí. Espero que los idiotas de mis hermanos hayan sido buenos contigo.

Meiling miró a Shaoran.

—¿Desde cuándo estáis saliendo?

Noté como me ponía roja mientras Shaoran respondía.

—Desde hace algo más de una semana.

—Entonces supongo que tus padres no saben nada —dijo ella, levantando las cejas.

Shaoran negó con la cabeza.

—No se lo he contado a nadie, ya sabes que no me gusta que se entrometan.

Y tanto que nadie lo sabía... ¡si no lo sabía ni yo!

Meiling asintió y volvió a mirarme.

—Espero verte más y que juguemos algún partido juntas —añadió muy sonriente.

—Claro, cuando quieras.

No estaba muy segura de lo que me había dicho, todavía estaba alucinando.

—Mei, espera aquí. Voy a acompañarla un momento —dijo Shaoran, volviendo a tirar de mi mano.

Me dejé llevar hasta que salimos del parque. Cuando Meiling ya no nos veía, aproveché para encararlo.

—¿Por qué le has dicho eso? —pregunté, mirándolo a los ojos.

Él arqueó una ceja, apretando los labios.

—Porque es la verdad.

Aquello me confundió todavía más. Abrí y cerré la boca varias veces sin saber qué decir, y Shaoran se rio entre dientes

—Quedamos en que no queríamos ser solo amigos, ¿no? —añadió, arqueando sus cejas oscuras.

Pestañeé, intentando comprender lo que acababa de decirme.

—Yo... no saqué esa conclusión de la conversación que tuvimos.

Él dejó de andar, mirándome fijamente.

—¿Te ha molestado que le diga eso? —preguntó, frunciendo un poco el ceño.

—No, pero me ha sorprendido.

—Entonces te parece bien, ¿no? —insistió, acercándose más a mí.

Mi corazón empezó a latir más fuerte cuando sus brazos rodearon mi cintura.

—Yo... mmm...

No me salían las palabras, todavía estaba muy confundida.

Shaoran acercó sus labios a los míos y me perdí en sus ojos dorados.

—¿Me vas a hacer preguntártelo? —susurró, sonriendo y levantando una ceja.

—No... no hace falta. Me parece bien —respondí casi sin voz.

Me dio un beso rápido y se apartó.

—Corre o llegarás tarde, que antes tenías mucha prisa —dijo, sonriendo con malicia.

Puse los ojos en blanco y empecé a caminar. Al mirar hacia atrás, lo vi volviendo al parque.

Sacudí la cabeza, suspirando. Más me valía acostumbrarme a que con Shaoran nada iba a ser normal.


Después de cenar, me encerré en mi cuarto para hacer una llamada grupal.

Todas mis amigas alucinaron tanto como yo cuando les conté la curiosa forma usada por Shaoran para pedirme que fuera su novia, incluida Tomoyo.

—No puedo creer que le dijera eso a Meiling —dijo ella cuando terminé de hablar.

—Ni tú ni nadie —respondió Naoko.

Resoplé y mis cuatro amigas se rieron.

—Sabes, Sakura... Meiling es algo más que una prima para Shaoran, es su mejor amiga desde que era pequeño. Tal vez por eso se lo ha dicho a ella la primera —añadió Tomoyo.

—Es raro que nunca me has hablado de ella, también es tu prima... ¿no?

—Sí. Ella y sus hermanos son mis primos segundos, pero es prima hermana de Shaoran. Vivieron juntos en China hasta que sus familias se mudaron a Tomoeda.

—Entonces Shaoran es chino... interesante —comentó Chiharu, soltando una risita.

—Técnicamente sí. Nació allí, aunque sus padres son japoneses —contestó Tomoyo.

—Ahora entiendo lo de la espada —susurré sin pensar.

—¿Qué espada? —preguntó Rika con voz sorprendida.

Suspiré, eso no se lo había contado a nadie.

—Este verano lo vi entrenando con una.

—Sí, mi primo sabe manejarla y también practica artes marciales. ¡No me habías contado que lo viste! —dijo Tomoyo.

—No le di importancia. Además, él no me vio a mí.

—Así que lo estuviste espiando... —la voz burlona de Rika me puso nerviosa.

—Si hace tanto deporte seguro que tiene buen cuerpo, ¿a que sí, Sakura? —preguntó Chiharu.

Volví a escuchar risas.

—Ya vale, dejadme en paz —gruñí con molestia.

—Ten cuidado, a ver si te va a partir en dos con su espada —siseó Naoko

Una explosión de carcajadas me obligó a alejar el teléfono de mi oreja para no quedarme sorda.

—Si seguís diciendo tonterías, voy a colgar.

—Eso, dejad de hablar de la espada de mi primo —dijo Tomoyo, y las risas volvieron.

—¿Mañana le vas a ver? —preguntó Chiharu.

—Supongo que sí. Todavía no hemos quedado —contesté, y el corazón se me aceleró al pensar en estar con él.

—Qué novio más rarito te has buscado, amiga —murmuró Naoko, suspirando.

—No sé si es mi novio. Mañana hablaré con él sobre todo lo que ha pasado hoy —respondí, sintiendo una sensación incómoda en el estómago.

—Pues mañana nos tienes que volver a llamar —afirmó Rika.

Solté una risotada antes de contestar.

—Ni de broma, ya he tenido bastante con aguantaros hoy.

Mis amigas empezaron a protestar y me despedí con la excusa de que mis padres me llamaban.

Tras colgar, me senté en la cama y observé mi teléfono con mirada ausente. Nunca había sido yo la que le escribiera y tal vez había llegado el momento. Decidida, le envié un mensaje.

Sakura: "¿Vamos a vernos mañana?"

Fui al baño a lavarme los dientes y al volver tenía su respuesta.

Shaoran!: "Sí. Te espero en el parque de hoy después de comer"

Me tumbé en la cama y dejé salir un gran suspiro. Mi mente estaba hecha un lío, Shaoran tenía que explicarme muchas cosas.

¿De repente quería una relación conmigo, o era solo una forma de conquistarme para que cayera a sus pies?

No lo veía como un mentiroso, pero no entendía nada. Cuando habíamos estado juntos, no me había dado la impresión de que quisiera algo más serio.

Al día siguiente tenía que aclarar todas mis dudas.