Abrí los ojos con dificultad, sentía todo el cuerpo pesado, enfoque mi vista en el techo blanco y a mi mente vino el recuerdo de lo que pasó en la misión...
Traté de incorporarme pero un peso en mi antebrazo me lo impidió. Dirigí mi vista y una melena negra fue lo que alcancé a ver, con mi otra mano aparte un mechón de cabello que tapaba su rostro.
Era mi Orquídea que dormía tan tranquila y su respiración acompasada, una sonrisa surco mis labios al verla aquí junto a mí, a salvo... Acaricie su mejilla y ella se removió abriendo los ojos de a poco.
— Hola hermosa...— hablé con la voz ronca.
Ella se incorporó y me observó por un instante antes de hablar...
— Hola cuatro ojos, ¿te sientes bien?— preguntó y yo asentí.
— Quiero un poco de agua, por favor.
Estiro sus brazos hacía una mesita al lado de la cama y sirvió el agua en un vaso. Tomé todo pues sentía la garganta seca.
— Me preocupe mucho por tí cuando sentí una opresión en el pecho, yo estaba haciendo mis maletas para venir a Londres...— levanté la mano para que no siguiera hablando.
— ¿Maletas? ¿Londres?— pregunté confuso.
— Sí, he decidido volver para estar juntos— dijo con una gran sonrisa que yo le devolví feliz— oye creó que sería bueno avisar al medimago que despertaste— hizo el intento de levantarse pero se lo impedí tomando su brazo.
— No, eso puede esperar, ven aquí— le hice espacio en la cama para que se tumbará junto a mí.
Y así abrazados me sentí otra vez feliz de estar junto a la mujer que amó...
— Aquí está la forma en que debe darle la poción y la hinchazón del tobillo desaparecerá— extendí la hoja de pergamino.
— Muchas gracias Tory— agradeció la señora Trudy, su hijo Trevor había caído de su escoba.
— Y tú pequeño ten cuidado la próxima vez que montés tú escoba— el niño asintió con una sonrisa que le devolví.
Iban de salida cuando la puerta se abrió, era Kyle, se hizo a un lado y dejó pasar a madre e hijo.
— Hola Tory— saludo luego de cerrar la puerta.
— Hola Kyle, ¿a qué debo tú visita por está área?— el chico lanzó un suspiro con cara apesumbrada.
— ¿Has sabido algo de Pansy?— hice a un lado los papeles que estaba revisando y levanté mi vista hacía él.
— Sí, toma asiento— le indiqué la silla frente a mí— ella tuvo que irse de emergencia a Londres, el padre de sus hijas tuvo un incidente en una misión— sus hombros se hundieron y una expresión de tristeza se posó en su rostro.
Él está muy enamorado de Pansy, sin embargo, ella le dejó claro que sólo podían ser amigos.
— ¿Entonces ya no volverá a Irlanda?— preguntó y yo negué.
— De hecho, todos volveremos a Londres, a nuestro hogar— él asintió comprendiendo.
— Dile de mi parte que esperó sea feliz, se lo merece, y a ti se te extrañara mucho por aquí, en especial tus pacientes te extrañaran.
— Lo sé, pero desde hace mucho que quiero volver a Londres, tengo asuntos pendientes desde hace mucho— dije nostálgica.
Kyle se despidió con sus ojos tristes, esperó también que él pueda ser feliz con alguien que lo amé, es un buen chico.
Un picoteo en la ventana me indicó que venía correo, me levanté y abrí para que la lechuza parda entrará. Dejó un sobre con el sello de San Mungo en mis manos y emprendió el vuelo.
Volví a tomar asiento y procedí a romper el sello, desplegue la hoja de pergamino membretada...
Estimada señorita Greengrass;
Me complace en informarle que su solicitud de traslado a nuestras instalaciones ha sido aprobada.
Sus referencias y logros en el campo de la medimagia han sido extraordinarios.
En cuanto se encuentre en Londres, deberá presentarse en mi despacho para su recibimiento e instalación en su área de trabajo.
Saludos cordiales, Daniel Mccormick, Director general del Hospital de Heridas y Lesiones Mágicas San Mungo.
¡Por Merlín! ¡Me aceptaron! Y la respuesta llegó antes de tiempo, seguro todos se pondrán felices cuando se los cuente. Estoy muy cerca de volver al lugar que fue mi hogar y donde esperaba ver de nuevo al chico pelirrojo, ojos azules y pecas en el rostro...
— Muy bien, señora Malfoy, acomodose en la camilla— indicó la medimaga que me ha controlado lo que llevó de embarazo.
Comenzó a palpar mi vientre de seis meses de gestación y con una cinta mágica midió cuanto ha crecido desde la última revisión.
— El tamaño es el adecuado para el número de meses que lleva— explicó— ¿quieren saber el sexo del bebé?— preguntó y yo dirigí mi vista hacía Draco que tenía los ojos iluminados por la emoción.
— Si queremos saber— contesté sabiendo que eso era lo que ambos queríamos.
La medimaga tomó su varita e hizo una floritura sobre mi vientre, de inmediato una pequeña bolita de color azul apareció flotando...
— Felicidades señores Malfoy tendrán a un varón...— sin que ninguno pronunciará palabra otra bolita apareció flotando está vez de color rosa.
— ¿Y eso qué demonios significa?— pregunto asombrado Draco.
— Eso señor Malfoy quiere decir que su esposa está esperando mellizos, serán un niño y una niña...— explicó con una gran sonrisa la medimaga.
Yo estaba entre sorprendida y feliz por la noticia, sin embargo, la reacción de mi querido esposo si que no me la esperaba...
— Tendremos dos niños...— y cayó desmayado.
¡Por Merlín! Si así se pone por saber que son mellizos no quiero imaginar como será el día del parto.
— Hola, ya llegué...— anuncié mientras me quitaba el abrigo— niñas, papá...— nadie contestó y comencé a asustarme.
— ¡Tía Tory!— gritaron las pequeñas saliendo de la cocina, todas llenas de harina parecían fantasmas.
— ¡Por Merlín! ¿Qué estaban haciendo?— pregunté y ellas rieron inocentes.
— El abuelo nos estaba enseñando a preparar unas galletas de chocolate y Amely tiró el paquete de harina.
— No es cierto, fuiste tú— dijo la ojiazul apuntando a su hermana con el dedo.
— Bueno ya, no comiencen a pelear, vayan a darse un baño, y luego bajan que tengo una buena noticia que darles— ambas asintieron y subieron las escaleras corriendo hacía su habitación.
Me dirigí a la cocina donde papá limpiaba el desastre con su varita.
— Hola fantasma...— salude riéndome pues él también estaba cubierto de harina.
— Hola hija, parece que mis dotes de maestro no sirvieron— comento riendo.
— Así veo, no te preocupes yo termino con esto, tengo noticias que contarles, a las niñas las mandé a darse una ducha, tú deberías hacer lo mismo.
Asintió saliendo de la cocina, yo terminé de limpiar, cinco minutos después ya me estaban esperando los tres recién duchados. Tomé asiento en el sillón.
— Ya me dieron el traslado a San Mungo, así que ya podemos viajar a Londres.
— Lo sabía, eres una gran medimaga hija...— dijo orgulloso.
— Ya podremos ver a mamá, papá, la abuela, la tía Daphne y el tío Blaise...
— Así es, ahora mismo mandaré una carta a la abuela para que sepa que vamos para allá.
Muy felices, las niñas se fueron al jardín a jugar un rato, mientras yo terminaba de empacar. Pronto estaríamos de vuelta a nuestro hogar.
Un carraspeó hizo que abriera los ojos de golpe, asustada me incorporé y si no ha sido por el brazo de Harry enroscado a mi cintura, caigo como costal de papas al suelo.
El idiota de Blaise estaba de pie frente a la cama tratando de disimular su sonrisa burlona.
— Querida ten cuidado, no vayas a caerte...— dijo en un falso tono de preocupación.
— ¿Qué quieres idiota?— pregunté en tono molesto.
— Venía a ver qué tal estabas, ya veo que muy bien— dijo moviendo las cejas— además llegó carta de Tory, que ya está todo listo para que se vengan a Londres, así que cosa 1 y cosa 2 estarán por aquí a mas tardar mañana.
— Perfecto, dile a Daphne que iremos a la casa que le comenté par ver si todo está en orden— asintió y salió dejándome sola otra vez con Harry, que aún dormía.
Me acerqué y le dí un beso en la frente, abrió sus ojos y de inmediato una bonita sonrisa se posó en sus labios.
— Hola Orquídea...— saludo acariciando mi mejilla.
— Oye tengo que irme...— sus ojos reflejaron temor— calma, debo ir a nuestra casa, las niñas llegan mañana y debo ver si la casa está en buenas condiciones.
Lanzó un suspiro de alivio y la sonrisa de antes se hizo mas grande.
— Yo mismo antes de ir a Irlanda a verte, la limpie, debes ver las habitaciones si son del tamaño adecuado para las niñas, haz lo que creas conveniente.
— Está bien, iré con Daphne para que me ayudé, vuelvo pronto— le dí un beso está vez en los labios.
Antes de salir la puerta se abrió y un medimago ingreso, explicando que le haría unas revisiones para ver si todo estaba bien.
