Capítulo Veinte
¿Qué has dicho?
Dos meses después, llegó noviembre y trajo el frío a Tomoeda.
Los exámenes de antes de navidad se iban acercando, aunque este año llevaba todas las materias al día.
Además, siempre podía contar con la ayuda de un chico de ojos ambarinos para todo lo que no conseguía entender con las explicaciones del profesor.
Empezamos a vernos menos porque él también tenía cerca los exámenes, por lo que me pidió que algunas tardes fuera a estudiar a la biblioteca de su facultad.
A veces me acompañaba Tomoyo y otras iba sola. Shaoran siempre pasaba las tardes en esa biblioteca y al menos así podíamos estar un rato juntos... aunque estudiar con él a mi lado era toda una odisea. Le gustaba acariciarme las piernas cuando nadie nos miraba para ponerme nerviosa y eso me distraía muchísimo.
Eriol ya había decidido que iba a estudiar fisioterapia y Tomoyo se había decantado por enfermería. Chiharu, Rika y yo todavía no sabíamos qué elegir.
Aparte de Meiling y Tomoyo, la familia de Shaoran seguía sin saber nada de nuestra relación y yo lo prefería así.
Pensaba que era mejor no tener decenas de ojos pendientes de nosotros cada vez que coincidíamos en el piso de Tomoyo, que pasaba a menudo.
Pero las miradas que nos echaba Touya cuando estábamos los dos juntos me decían que él también lo sabía.
Un viernes por la mañana, en la hora del recreo, noté el teléfono vibrando en el bolsillo de mi pantalón. Al sacarlo, tenía un par de mensajes nuevos.
Shaoran!: "Este fin de semana mis padres y hermanos se van a ir fuera, pero yo me quedaré para estudiar"
Shaoran!: "Podrías venir hoy a cenar conmigo. Estaremos solos y tengo ganas de verte"
No le había cambiado el nombre, me gustaba mantenerlo como él lo puso cuando guardó su contacto.
Se me aceleró el corazón al pensar en que hacía mucho tiempo que no estábamos solos en su piso. Con sus tres hermanos y sus padres era complicado que no hubiera nadie allí, y en mi casa siempre estaban mis padres.
Eriol leyó los mensajes por encima de mi hombro.
—Llevas encima lo que te regalé, ¿verdad?
Le di un codazo, lanzándole una mirada de odio.
—Sabes que va a pasar pronto, no te hagas la ingenua.
Puse los ojos en blanco, pero sabía que tenía razón. Cada vez que estábamos los dos solos todo se volvía más y más intenso.
Tecleé en mi móvil una respuesta y lo volví a guardar.
Sakura: "Yo también tengo ganas de verte, dime a qué hora voy"
Cuando llegó la hora en que debía salir de mi casa, estaba demasiado nerviosa. Aunque ya llevábamos más de tres meses saliendo, siempre sentía las malditas mariposas (más bien eran avispas) cada vez que sabía que iba a verlo.
Después de ducharme, le di muchas vueltas y decidí estrenar el conjunto verde que había comprado unos meses atrás con mis amigas.
Shaoran ya me había visto sin camiseta una vez. De hecho, hizo algunos comentarios lascivos sobre mi sujetador de animalitos que hicieron que me sonrojara más que nunca.
Al contrario de lo que mis amigas pensaban, él lo encontró muy inocente y tentador.
Pero, si esta vez llegaba a verme, quería que fuera con su color favorito sobre mí, para ver qué tenía que opinar sobre eso.
A las seis en punto ya estaba tocando su timbre. Me gustaba ser puntual con él.
Salí del ascensor y él me estaba esperando en su puerta, como siempre. Mi sonrisa favorita apareció en cuanto me vio y nos fundimos en un beso, entrando en su casa sin separarnos.
Una vez dentro, me pidió el abrigo y lo dejó junto al suyo, cerca de la puerta.
Como ya hacía frío no me ponía vestidos, algo que no le gustaba a Shaoran porque prefería poder ver (y tocar) mis piernas.
Me llevó hasta el sofá y se sentó, colocándome encima de él con mis piernas a un lado.
Nos abrazamos y nos quedamos así un momento, sin decir nada. Esos ataques cariñosos que le daban de vez en cuando siempre me dejaban sin palabras.
Tenía la cabeza apoyada en mi hombro y jugaba con mi pelo, entrelazando sus dedos en un mechón. Yo simplemente me acurruqué en el hueco de su cuello y dejé que su aroma me embriagara.
—Es la primera vez que me enamoro.
Abrí mucho los ojos y levanté la cabeza para mirarlo, sin poder creer lo que acababa de escuchar.
—¿Qué has dicho? —pregunté, queriendo confirmar que mis oídos no me engañaban.
Shaoran desvió la mirada con un pequeño sonrojo en sus mejillas, lo que me hizo alucinar más todavía.
Escuché un suspiro.
—Estoy enamorado de ti.
Me quedé helada sin saber qué decir mientras él seguía evitando mi mirada.
—Pero... ¿y esa chica? ¿Y las otras que te gustaron antes?
Al mirarme, sus ojos eran más profundos que nunca. Eso hizo que un doloroso escalofrío me bajara desde la nuca hasta los dedos de los pies.
—Con las otras no pasó nada, solo nos dimos un par de besos... y con ella no llegué a sentir amor, por eso terminé la relación.
No pude evitar sonreír. Busqué sus labios y lo besé, acariciando sus mejillas con los dedos.
—Sabes que yo también te quiero —susurré sin separarme de él.
Shaoran asintió y me abrazó más fuerte.
—¿Tú ya te habías enamorado antes?
Negué con la cabeza y él también sonrió. Se me escapó una risita y Shaoran levantó una ceja.
—Me cuesta creer que te hayas puesto rojo. Mañana se lo contaré a Tomoyo para que ella también alucine —dije, tocándole la punta de la nariz.
Él entrecerró los ojos con odio.
—Si haces eso me vengaré, y sabes que llevas las de perder.
—Hace mucho que no me das miedo —respondí, volviendo a reírme.
—Pues deberías temerme —siseó y me empujó hasta que caí en el sofá.
Se colocó encima de mí y me besó de forma violenta. Le devolví el beso de la misma forma. Sus manos se colaron por debajo de mi jersey mientras que yo levanté un poco su sudadera para poder acariciar su espalda.
Se me escapó un gemido cuando nuestras lenguas se rozaron y la intensidad subió.
Sin dejar de besarme, me quitó los zapatos y me levantó el jersey casi hasta el cuello, tocándome por todas partes.
Me estremecí y, sin pensarlo, tiré de su sudadera para quitársela. Dejamos de besarnos unos segundos y Shaoran la tiró al suelo, junto con su camiseta.
Iba a besarme de nuevo, pero se detuvo al ver mi sujetador. Era verde oscuro, de encaje y con unos toques de negro.
Alzó una ceja y, con una sonrisa traviesa, bajó unos centímetros mis pantalones para ver el resto de mi ropa interior.
—Ahora me dirás que no intentas provocarme —murmuró, mirándome a los ojos.
Notaba toda mi cabeza arder mientras él me seguía observando, esperando una respuesta.
—Al menos hoy no lo niegas —susurró antes de volver a besarme.
Un minuto después, mi jersey y mi camiseta también estaban en el suelo.
Sentir su piel contra la mía me provocaba unos extraños retortijones. La temperatura de nuestros cuerpos iba subiendo y mi respiración era cada vez más irregular.
Shaoran dejó de besarme y empezó a dejar mordiscos en mi cuello, mientras yo intentaba permanecer cuerda.
Sus manos bajaron hasta mi cinturón y lo desabrocharon en menos de dos segundos.
Cuando intentó bajar mis pantalones, todo mi cuerpo se tensó. Él lo notó y levantó la cabeza para mirarme.
—¿Qué te pasa?
—¿Estás seguro de que no van a venir tus padres?
Me daba pánico que alguien pudiera entrar y me viera con él en esa situación.
Shaoran dejó salir una pequeña risa y me acarició la mejilla.
—Tranquila, se han ido con mis hermanos y no volverán hasta el domingo.
Suspiré y llevé las manos hasta su pecho, siguiendo la forma de sus músculos con los dedos.
Él cerró los ojos mientras lo tocaba y, cuando los volvió a abrir, vi que estaban ardiendo.
—Si no te sientes preparada, tenemos que parar. Puedo esperar más.
Quería decirle algo, pero me daba vergüenza. Tiré de él, hasta que tuve su oreja cerca de mis labios.
—Caperucita ya está lista.
Me miró muy sorprendido y se le escapó una risa nerviosa.
—¿De verdad?
Asentí y le atraje más hacia mí para poder besarlo.
Intenté desabrochar su cinturón, pero estaba muy nerviosa y no lo conseguí. Shaoran se alejó unos centímetros y rozó mi nariz con la suya.
—Mejor vamos a mi cuarto para que estés más cómoda.
Sacudí la cabeza de un lado a otro y él sonrió.
—Te he llevado por el mal camino —murmuró con voz divertida.
Me sujetó entre sus brazos y me llevó hasta su cama, sin hacer caso de mis protestas.
No sé cómo lo hizo, pero cuando me soltó él ya no tenía los pantalones puestos.
Me sonrojé al verlo en ropa interior y mi corazón se aceleró. Él se acercó a mí, sin dejar de sonreír.
—Lo justo es que tú estés igual —susurró, tirando de mis pantalones para quitarmelos.
Se sentó a mi lado y se mordió el labio inferior, recorriendo mi cuerpo con sus ojos.
No pude soportar más la vergüenza. Bajé la vista y me encogí, apretando las piernas contra mi cuerpo para intentar taparme. Él se acercó más y me abrazó.
—Eres preciosa, no tienes nada que no me guste.
Cuando nuestros ojos se encontraron, vi que los suyos estaban muy brillantes.
—Si me miras así, yo...
—Vale, no me quedaré mirándote —dijo Shaoran, entendiendo lo que quería decir.
Apagó la luz y se acercó a mis labios para besarme. Poco a poco quedamos tumbados uno encima del otro. Con el roce de nuestros cuerpos y sus besos se me estaban nublando los pensamientos.
Sin apenas darme cuenta, mi ropa interior desapareció junto con la suya. No podía imaginar algo mejor que sentir todo su cuerpo contra el mío.
Nos separamos un momento para coger aire. Le iba a hablar sobre lo que tenía en mi cartera, pero vi que tenía uno en la mano derecha. Al fijarme mejor, me di cuenta de que era igual que los que me dio Eriol.
Levanté las cejas y Shaoran se rio.
—Lo encontré en tu bolso.
Lo miré sorprendida, pensando en preguntarle cómo sabía que yo tenía eso ahí, pero negué con la cabeza y resoplé al entenderlo. Maldita traidora.
—Sí, hace mucho que Tomoyo me contó lo que te habían regalado.
Puse los ojos en blanco y Shaoran soltó una carcajada.
Al volver a besarme, empecé a temblar sintiendo sus caricias por todas partes. Mis manos también estaban recorriendo su cuerpo, explorando todo lo que encontraban.
Shaoran notó mis temblores y llevó sus labios a mi oído.
—Intenta relajarte —susurró, empezando a descender por mi cuello dejando besos húmedos por el camino.
Siguió bajando más. Cuando me di cuenta de dónde me estaba besando, me cubrí la cara con las manos.
—No te escondas, Sakura.
Ahogué un grito, me acababa de morder en el muslo.
Escuché su risa y volvió a subir por mi cuerpo para mirarme a los ojos, rozando mis labios con la punta de su lengua.
Ya no pude controlarme más y me perdí entre sus besos.
Era imposible que nuestros cuerpos estuvieran más pegados. Unas pequeñas descargas eléctricas hacían hormiguear mi piel con cada roce y cada beso de Shaoran.
Hubo un momento que sentí una punzada de dolor y él también se dio cuenta. Se detuvo, acariciando mis hombros y apretándome más entre sus brazos.
—Te quiero.
Sentí que me derretía al escucharlo.
—Yo te quiero más.
Shaoran sonrió, negando con la cabeza.
Poco a poco el dolor se fue y me sumergí en un mar de nuevas sensaciones junto a él.
Cuando todo terminó, él seguía tumbado a mi lado. Sus dedos recorrían mi piel desde el cuello hasta las rodillas mientras me miraba.
Yo tampoco le quitaba los ojos de encima y le tocaba las cejas, la nariz, los labios... como si quisiera aprenderme de memoria su rostro.
—Ojalá te quedaras a dormir conmigo.
—Me encantaría, pero no puedo.
No se me ocurría ninguna excusa para dormir fuera ese día. Mis padres esperaban que volviera después de cenar.
Se acercó para darme un beso lento y dulce.
—Tengo la comida preparada para ti, y después te acompañaré a casa.
Asentí y nos levantamos. Tardamos un rato en recoger nuestra ropa, que estaba desperdigada por todas partes, y en vestirnos.
