Capítulo Veintiuno
Limonada
Cuando me desperté, me abracé a la almohada muy sonriente. Todavía no me podía creer lo que había pasado el día anterior con Shaoran.
Aunque era sábado, la biblioteca de su facultad estaba abierta porque los universitarios estaban en periodo de exámenes. Por la mañana fui allí, para pasar un rato con él.
A la hora de comer, fui a casa de Tomoyo. Me invitó a almorzar con su familia cuando le dije que tenía algo que contarle.
Durante toda la comida me estuvo mirando con ojos ansiosos, y tuve que aguantar la risa hasta que pudimos estar a solas en su cuarto.
—¡Cuéntame, cuéntame todo ya! —susurró al cerrar la puerta.
Sonreí y le describí lo que había pasado la tarde anterior en voz baja, omitiendo algunos detalles que no necesitaba saber sobre su primo.
Casi pude ver estrellitas formándose en sus ojos.
—¡Suena muy bonito, Sakura! ¿Te gustó? ¿Notas alguna molestia?
—Estoy bien. Claro que me gustó, fue casi como lo había imaginado.
Mi amiga suspiró, dejándose caer en la cama con un gesto dramático.
—Yo también quiero un novio —dijo, mirando al techo.
Dejé salir una risita burlona.
—Si quieres, yo te puedo buscar uno.
Ella se levantó de golpe.
—¿En quién estás pensando?
Levanté las cejas y sonreí con malicia. Tomoyo se volvió a dejar caer en la cama.
—Ni de broma, Sakura.
—¿Por qué no? Creo que haríais buena pareja, y serías la primera que no se pondría celosa de mí.
Ella se incorporó, poniendo los ojos en blanco.
—Está demasiado experimentado para mí. Además, yo no le intereso de esa forma.
Me senté a su lado y le di un codazo.
—No seas exagerada, que tampoco ha estado con tantas chicas. Te lo digo yo que lo sé.
Ella me miró a los ojos.
—Aun así, no se fijaría en mí.
—Tal vez te podrías llevar una sorpresa —murmuré, alzando una ceja.
No podía decirle nada, pero Eriol llevaba más de un año pensando en Tomoyo de una manera diferente.
—Tú sabes algo y no me lo estás contando —dijo mi amiga, entrecerrando los ojos.
Hice el gesto de cerrar mi boca como si fuera una cremallera y ella se rio.
—De acuerdo, no me lo digas. Ya lo descubriré yo por mi cuenta.
—Sí, deberías investigar a Eriol a fondo —contesté con una sonrisa traviesa.
Me tiró la almohada a la cabeza y nos reímos a carcajadas, hasta que escuché mi teléfono sonar en la mochila.
Shaoran!: "Te echo de menos"
Se lo enseñé a Tomoyo y ella puso los ojos en blanco, haciéndome reír.
Sakura: "Pues estoy más cerca de lo que piensas"
Su respuesta no se hizo esperar.
Shaoran!: "¿Estás con Tomoyo? ¿Puedo ir?"
Mi amiga negó con la cabeza. Con toda su familia allí, Shaoran no iba a poder acercarse a mí sin levantar sospechas.
Sakura: "Mejor voy yo, en un rato estoy allí"
Tomoyo estaba segura de que su primo quería repetir lo del día anterior... y no se equivocó. Lo que ella no sabía es que yo también quería.
Cuando llegué, Shaoran cerró la puerta y vi que había una jarra de limonada en la mesa del salón.
—¿Te gusta, verdad?
—Me encanta —respondí mientras me servía un vaso.
Me abrazó desde atrás y escuché su voz en mi oído.
—¿Qué me vas a dar a cambio?
Me giré para mirarlo. Él estaba sonriendo, con una ceja levantada. Al ver mi cara, se empezó a reír.
—Eres una mal pensada, no me refería a eso —murmuró, torciendo su sonrisa.
Hice una mueca.
—Si soy mal pensada es por tu culpa —contesté, bebiendo un poco más.
Shaoran se acercó más, hasta que nuestros alientos se mezclaron.
—¿Es que tú no estás pensando en lo de ayer? —susurró, poniéndome los pelos de punta.
Las manos me empezaron a temblar, así que dejé el vaso en la mesa antes de que se me cayera al suelo.
Él me acorraló contra la pared, sus ojos siempre fijos en los míos. Colocó las dos manos en mis mejillas y empezó a bajarlas lentamente, recorriendo mi cuerpo. El corazón se me aceleró y se me olvidó respirar.
Rozó mis labios con los suyos, sin llegar a besarlos.
—A mí no me engañas, tú también quieres.
Sin dejar de mirarlo, me mordí el labio inferior. Todo su cuerpo se tensó al verme hacer ese gesto que tanto le gustaba.
No pude aguantar más, rodeé su cuello con mis brazos y lo besé.
Su lengua invadió mi boca, haciéndome suspirar, y me empujó más contra la pared. Los dos jadeamos al sentir nuestros cuerpos tan pegados.
Levantó mi jersey y me lo quitó, lanzándose a morder mi clavícula.
Mis manos estaban debajo de su camiseta y me pedían más. Con suavidad se la fui levantando, hasta que Shaoran se detuvo para tirarla al suelo.
Siguió mordiendo y besando mi cuello, bajándome los pantalones con sus manos. Yo hice lo mismo con los suyos.
Unos minutos después, ya no nos quedaba nada de ropa puesta.
Sus besos fueron descendiendo por mi cuerpo, hasta que se quedó mordisqueando mis caderas.
Mientras sus dientes marcaban mi piel, noté como sus dedos empezaban a acariciarme un poco más abajo. Los suspiros escapaban de mis labios sin que pudiera evitarlo. Empecé a temblar y Shaoran tuvo que sujetar mis piernas para que no perdiera el equilibrio.
Cuando estaba a punto de estallar en llamas, sus labios volvieron a subir hasta los míos. Sus ojos centellearon al mirarme.
—Si algo no te gusta o te molesta, dímelo.
Asentí y le agarré del cuello para besarlo otra vez, pero él se apartó y me obligó a dar media vuelta, hasta que su pecho estuvo contra mi espalda.
—¿Qué haces, Shaoran? —pregunté en un susurro.
Uno de sus dedos se presionó contra mis labios, pidiéndome que me callara. Sus brazos me rodearon y sus manos empezaron a moverse, acariciándome por todas partes.
Apoyé las mías en la pared y, aunque me sentía un poco rara, me dejé llevar.
Sus dedos llegaron hasta la parte baja de mi abdomen y se quedaron en mi entrepierna, haciendo de las suyas mientras sus labios recorrían mi hombro dejando un camino de besos húmedos. Intenté controlarme, pero se me escapó algún que otro gemido.
—No te muevas, vuelvo en un segundo.
Escuché como abría mi bolso y cerré los ojos, suspirando. Shaoran me estaba volviendo loca.
Antes de que me diera cuenta ya estaba de vuelta, rodeándome con sus brazos otra vez.
—Ponte de puntillas —susurró en mi oreja.
Le obedecí y ahogué un gemido cuando entró en mi interior.
Sus dedos siguieron trazando círculos en mi punto débil mientras él se movía, sus dientes y sus labios marcando mi espalda cada pocos segundos.
Pensé que iba a desmayarme en cualquier momento.
Al terminar, Shaoran me llevó en brazos a su cama y, tras dejarme allí, volvió al salón para traer lo que quedaba de la limonada. Los dos estábamos muy sedientos.
Se sentó, apoyando la espalda en su cabecero, y me acomodé entre sus piernas, dejando la cabeza sobre su hombro y oliendo su aroma, algo salado al estar mezclado con sudor.
Me acercó mi vaso y bebí un poco, sin dejar de mirarlo. Él inclinó la cabeza para poder mirarme a los ojos, rodeándome con sus brazos.
—¿Ha sido demasiado raro para ti?
Bajé la vista, avergonzada, y escuché su risa.
—Al final me vas a volver una pervertida.
Puso un brazo alrededor de mi cuello y me atrajo hacia él para besarme.
—Entonces seremos unos pervertidos juntos — respondió, con nuestras frentes juntas y sin dejar de mirarme.
Solté una risita, sacudiendo la cabeza, y terminamos de beber lo que quedaba de limonada. Después, Shaoran trajo toda nuestra ropa y nos vestimos.
Nos sentamos en su cama y él carraspeó.
—¿Cuándo te vas a quedar a dormir conmigo?
Me encogí de hombros.
—No lo sé. La próxima vez que te quedes solo lo intentaré, pero tienes que avisarme con tiempo.
Él soltó un resoplido y se levantó para coger un libro. Me estuvo enseñando su nueva asignatura, que lo tenía fascinado.
—Me das envidia, yo también quiero estar en la universidad.
Shaoran sonrió.
—En unos meses lo estarás. ¿Ya has pensado qué quieres estudiar?
—Todavía no estoy segura. Estoy dudando entre biología y química.
—Si estudias química, estaremos en la misma facultad.
Levanté las cejas, sorprendida.
—¿Qué otras carreras hay en tu facultad?
Shaoran se tocó la barbilla con gesto pensativo.
—Ingeniería de caminos, ingeniería química... también hay industrial y mecánica.
—De esas, solo me interesa la química.
Él me dedicó una sonrisa torcida, abrazándome.
—Todavía tienes tiempo para pensarlo. Sigue dándole vueltas y ya en junio eliges lo que más te guste.
El lunes, tras las clases me fui con Eriol a su casa. Al día siguiente teníamos examen de historia y queríamos repasar juntos.
Al llegar comimos con su madre Sayuri y, tras ayudarla a recoger la mesa, nos encerramos en su habitación.
Nos tumbamos en la cama boca abajo, con los codos apoyados en el colchón, y abrimos el libro.
Empezamos a recitar las diferentes etapas de la segunda guerra mundial hasta que llegamos al conflicto con Rusia, que era lo que más nos costaba.
Eriol suspiró, cerrando el libro.
—Mejor descansamos un momento.
Asentí y nos tumbamos boca arriba. La cabeza estaba empezando a dolerme.
—Este examen está siendo una pesadilla.
Él resopló con fuerza.
—Pues prepárate para el de acceso. Tendremos que estudiar el libro completo.
Nos quedamos en silencio, pensando en lo que nos esperaba en menos de seis meses.
—Después del fin de semana que has tenido con Shaoran, no sé cómo eres capaz de concentrarte.
Le di un codazo y él se rio entre dientes. Sayuri abrió la puerta del cuarto y nos miró.
—Voy a hacer la cena. ¿Te quedas a dormir, Sakura?
Eriol me miró de reojo.
—Quédate, podemos volver a repasar todo antes de dormir.
Solté un bufido.
—Menuda noche tan divertida nos espera.
—Voy a llamar a tus padres para avisarles —añadió su madre, sonriendo y saliendo del cuarto.
Tras la cena, nos encerramos en la sala de estudio de Eriol. Allí tenía un sofá-cama donde yo solía dormir cuando me quedaba.
Lo abrimos y nos tumbamos de nuevo, con el libro entre nosotros. El zumbido de un mensaje llegando a mi teléfono nos interrumpió.
Shaoran!: "¿Cómo llevas tu examen? ¿Estás estudiando con Tomoyo?"
Tecleé la respuesta y vi como Eriol alzaba una ceja al leerla.
Sakura: "No, estoy en mi casa. Lo llevo bien, mañana nos vemos"
—¿Le mientes? —preguntó mi amigo.
Suspiré.
—Se enfadaría si supiera que estoy contigo y que voy a dormir aquí. Prefiero no decírselo.
Eriol puso los ojos en blanco y resopló.
Cuando me desperté, tardé un momento en reconocer donde estaba.
Al girar la cabeza, me encontré con el rostro de Eriol a pocos centímetros. Nos habíamos quedado dormidos sin darnos cuenta mientras estudiábamos. No era la primera vez que pasaba ni sería la última.
Al girar la cabeza, vi el libro de historia en el escritorio junto a las gafas de Eriol. Seguro que su madre lo puso todo ahí cuando entró a apagarnos la luz.
Sacudí suavemente el hombro de mi amigo, que abrió sus ojos azules y sonrió al verme.
—Nos quedamos fritos, ¿no?
Asentí y nos reímos.
Me levanté para ver la hora en mi móvil. Faltaba una hora para que empezaran las clases.
—Menos mal que me he despertado porque no pusimos alarma.
Eriol también se puso de pie.
—Voy a ducharme.
Media hora después, nos subimos en su moto para ir al instituto. Íbamos con el tiempo justo, pero no dejé que acelerara más de la cuenta.
Nos encontrábamos con todos los semáforos en rojo y Eriol se estaba poniendo de los nervios. Estando parados en uno de ellos, le escuché resoplar con fastidio.
—Tranquilo, llegaremos a tiempo —murmuré, apretando más mis brazos alrededor de su cintura.
Al mirar hacia la acera, palidecí al ver que unos ojos ambarinos me observaban con frialdad. No me dio tiempo de reaccionar, el semáforo se puso verde y Eriol salió disparado.
Unos minutos después, aparcó y nos bajamos de la moto.
—Shaoran nos ha visto, Eriol.
Mi amigo puso los ojos en blanco mientras guardaba nuestros cascos.
Entramos en el edificio corriendo y llegamos a la clase justo unos segundos antes que el profesor.
