LA BATALLA FINAL

La mansión Malfoy era un hervidero, todos iban de un lado hacia otro, ansiosos, por saber que órdenes iba a darnos el señor Tenebroso.

Tomé entre mis manos el colgante que Harry me regalo, tenía un mal presentimiento, estaba casi segura que la batalla final iba a iniciar muy pronto. Draco, Blaise y Theo me enviaron un mensaje hace unos días para avisarme que se encuentran bien.

Las puertas del salón se abren estrepitosamente, es el señor Tenebroso y no viene con buen humor...

— ¡Llegó la hora!...— comienza— prepárense mis queridos súbditos, llegó la hora de enfrentar a todo aquel que se interponga para cumplir nuestro objetivo... Esta noche Hogwarts caerá bajo nuestro poder...— un grito de júbilo se extendió por todo el lugar mientras yo sentía como el corazón comenzaba a latir fuerte y un escalofrío recorría mi espalda...


— Ya sabes que hacer...— pronunció Aberforth al retrato de su hermana Ariana.

— Gracias señor Dumbledore— agradeció Hermy y el mencionado sólo asintió.

— Alguien viene...— anuncia Ron luego de unos minutos.

El retrato se abre y de él sale...

— ¿Neville te ves...?

— Muy mal, lo sé, deberían de ver a Seamus está peor.

Dió un salto hacía el suelo y detrás de él aparecieron cuatro niños.

— ¿Son de Slytherin?— preguntó atónito Ron.

— Sí, es una larga historia que luego les contaré— comento Neville— Aberforth ellos son los últimos, deben ir a la casa de seguridad.

Los tres volvimos a observarlo, él sólo asintió y le hizo señas a los pequeños para que lo siguieran.

— Bien, vamos...

Neville se introdujo en el túnel iluminando con su varita, y nosotros procedimos a seguirlo.

— Me alegro de verlos chicos, aquí en Hogwarts no estamos tan bien que digamos, sobretodo bajo la disciplina de los Carrow.

— ¿Los Carrow?— pregunté.

— Son hermanos, mortífagos, maestros de la clase de Artes Oscuras y quienes imponen los castigos cuando alguien desobedece— explicó— ellos me hicieron esto— señaló su rostro— porque me negué a utilizar la maldición cruciatus en los niños que acaban de ver.

El jadeo de sorpresa que lanzó Hermione se escuchó como un eco ahí dentro del túnel.

Una vez llegamos a lo que parecía la salida, Neville hizo un movimiento de varita y una puerta se abrió ante nosotros...

— ¡Miren quienes aparecieron!— gritó haciéndose a un lado para que pudiéramos pasar.

Habíamos llegado a la Sala de Menesteres, habían colchones por todos lados, hamacas, y nuestros amigos con caras pálidas, sus ropas sucias y marcas visibles de golpes en sus rostros...


— Potter ha sido visto en Hogsmeade, traigan a todos los alumnos al Gran Comedor— ordenó Snape a los maestros que sólo asintieron y salieron del despacho del director.

— ¿Y nosotros qué haremos?— preguntó Theo.

— Ustedes deben reunirse con los demás en el Gran Comedor...— asentimos y procedimos a salir— sé muy bien lo que han estado haciendo— los tres detuvimos nuestros pasos.

— Según usted, ¿qué hemos estado haciendo?— dije de forma indiferente.

— Ayudando a los demás a escapar del castillo, que varios se esconden en la Sala de Menesteres... No soy idiota Draco, ahora largo y si van a ayudar en la batalla procuren que nadie los vea— dió por terminada la conversación sin lugar a que replicaramos algo.

— ¿Yo entendí mal o Snape nos dió carta libre para ayudar en la batalla?— rompió el silencio Blaise cuando ya estábamos fuera del despacho.

— No tengo ni puta idea— murmuró Theo.

— Lo que sea que eso haya significado, igual debemos ayudar, estoy harto de vivir en esta zozobra de no saber qué pasará o qué nos pueda hacer el señor Tenebroso si no cumplimos una orden. Vamos que debemos ir al Gran Comedor— los otros asintieron y seguimos nuestro camino.

Con la convicción de ayudar a que los buenos sean los vencedores aunque eso signifique que nosotros pasemos el resto de muestras vidas en Azkaban, pero la verdad, prefiero eso a que un loco mestizo con aires de grandeza nos gobierne...


— ¡Cobarde!— grito la profesora Mcgonagall, una vez que Snape se elevó en un nube negra y atravesó la ventana, había huido.

En ese momento la siseante voz de Voldemort se escuchó por todo el Gran Comedor...

— Sé que quieren luchar, pero yo lo único que quiero es que me entreguen a Potter, y prometo que nadie saldrá herido...

— ¡Atrapenlo!— gritó una chica de Slytherin.

Haciendo que de inmediato los de la Orden y varios alumnos de Gryffindor y de las otras casas me rodearan para protegerme.

Filch hizo su aparición y Mcgonagall le ordenó que llevará a los alumnos de Slytherin al calabozo, sin embargo, lo que dejó sorprendido a todos fue que Malfoy, Zabini, Nott y cuatro chicos más de su casa se negaran a acatar la orden.

— Nosotros queremos pelear, somos mayores de edad y ya podemos decidir por nosotros— nadie sabe qué decir, estábamos como bajo un petrificus totalus.

— Ellos deben pelear— dijo Neville y todos nos volvimos a verle— ellos fueron los que me ayudaron la primera vez que los Carrow querían torturarme, además, ellos me dieron la idea de escondernos en la Sala de Menesteres...

La sorpresa fue general pero la profesora Mcgonagall salió de su trance y les permitió quedarse para luchar con nosotros.

La puerta apareció luego de pasar tres veces pensando en que es lo que deseo. Abrí y me introduje para buscar la diadema de Rowena Ravenclaw.

Ron y Hermione fueron a la Cámara de los Secretos a buscar colmillos de basílisco y así poder destruir los horrocruxes.

Los maestros, la Orden y los alumnos que se quedaron a luchar, se dividieron para resguardar el castillo y poner hechizos protectores para retrasar la entrada de Voldemort y su ejército.

Sólo ruego a Merlín que mi Orquídea esté bien y no se presente en la batalla.

La protección que rodeaba todo el castillo comenzó a caer poco a poco, todos a mi alrededor estaban ansiosos por lanzar hechizos a quien fuera.


Los más jóvenes portabamos las máscaras de mortífagos y las túnicas negras...

— ¡Ataquen!— ordenó el señor Tenebroso y todos comenzaron a volar en dirección al colegio con ayuda del velo negro.

Yo hice lo mismo tratando de buscar un lugar donde esconderme para poder ayudar desde las sombras. No tenía idea de dónde estaban Theo, Blaise y Draco.

¡Por Merlín! No sabía tampoco dónde demonios estaba el cuatro ojos, sólo espero que no lo encuentre primero el señor oscuro.

Descendí muy cerca de la entrada principal donde unos cien dementores acechaban... Invoque mi patronus indicándole que ayudará alejando a los dementores y los mortífagos.

Corrí más allá tratando de que ningún hechizo me golpeará... El cielo completamente negro era iluminado sólo por los múltiples colores de los hechizos que iban y venían.

Mi objetivo era introducirme al castillo y buscar a Harry. En mi camino traté de lanzar hechizos protectores hacía los de la Orden, maestros y alumnos que me encontraba...

De pronto la tierra comenzó a retumbar, un gigante troll se aproximaba...

— ¡Incarcerous!— unas gruesas cuerdas salieron de mi varita y ataron fuertemente al troll.

Muchos de los alumnos que estaban cerca se sorprendieron al ver que un mortífago les ayudaba. Seguí corriendo y cuando casi lograba llegar a la entrada un gran estruendo se escuchó.

Una de las paredes del castillo comenzaba a caer, y cerca del derrumbe estaban tres de los hermanos de la comadreja, luchando con Rabastan Lestrange...

— ¡Umbraculum!— el chorro de luz celeste rodeo a los tres Weasley— avada kedavra— la maldición asesina salió para dar directo en Rabastan Lestrange que cayó inerte.

Los pelirrojos se me quedaron viendo como idiotas...

— No se queden ahí parados, ayuden al frente que vienen más mortífagos— les grité haciendo que salieran de su estado de sorpresa.


Ya habíamos destruido la diadema y la copa, el último horrocrux que nos faltaba era Nagini la serpiente de Voldemort.

Él se encontraba en la casa de los gritos, donde creyendo que asesinando a Snape la varita de saúco le pertenecería totalmente...

Me arrodille, tratando de detener el flujo de sangre que brotaba del cuello del profesor. Sus ojos negros se me quedaron viendo y con dificultad habló.

— Tomalas— señaló sus lágrimas— tomalas y llevalas al pensadero— Hermy sacó un pequeño frasco de su bolso.

— Tienes los ojos de tú madre...— comento Snape antes de exhalar su último suspiro.

La voz de Voldemort se volvió a escuchar, ordenando a sus súbditos que se retirarán y dándome un plazo de una hora para ir a su encuentro en el Bosque Prohibido...


— ¿Entonces cuando el momento llegué el muchacho debe morir?— preguntó Snape en el recuerdo y Dumbledore sólo asintió— lo criaste como un cerdo para el matadero...

— No me digas que le has tomado afecto...— dijo el viejo director y varias imágenes desde que llegué a Hogwarts aparecieron.

— Expecto patronum...— y de la varita de Snape salió una cierva que brincoteo y luego salió por la ventana.

— Lily...— susurro Dumbledore— ¿Después de tanto tiempo?

— Siempre...— dijo sin una pizca de duda.

Snape era espía de la Orden, estuvo toda su vida cuidándome en honor al amor que le tuvo a mí madre y yo soy un horrocrux.

Debo morir para que Voldemort vuelva a ser mortal y así poder asesinarlo...


La retirada fue general, nos apostamos en el Bosque Prohibido, no pude quedarme en el castillo pues Maximus logró encontrarme luego de la orden del señor oscuro...

Ahí en un claro en medio del bosque, Voldemort esperaba por la llegada del niño que vivió. Debía mantener mi máscara de indiferencia para no delatarme delante de nadie, incluso tuve que concentrarme completamente en mantener cerrada mi mente pues mi querido tío trató de introducirse.

De pronto, sentí que el colgante se ponía tibio y se tornaba en el verde esmeralda de siempre cuando él estaba cerca... El corazón comenzó a latirme un poco más rápido.

"Nada puede quebrarme..."

Repetía internamente, tratando de calmar mis nervios. Unos segundos después, Harry apareció...

— El niño que vivió a venido a morir...— dijo el señor Tenebroso— ¡avada kedavra!— reverbero su voz y el chorro de luz verde impactó en el azabache.

Y sentí como mi corazón dejó de latir...

Voldemort con su asquerosa sonrisa celebraba la muerte de Harry Potter, todos los que lucharon en la batalla estaban sorprendidos, tristes y resignados a que serían súbditos o cadáveres si no seguían a Lord Voldemort...

En ese momento, pude ver a mis tres idiotas, estaban sucios, con algunos rasguños pero vivos, eso trajo un poco de consuelo a mi corazón...

Longbottom dió un discurso al que no le puse atención, yo sólo quería irme y poder llorar a mi querido Harry, había muerto y ni siquiera pude despedirme de él...

— ¡Está vivo!— el grito de quien haya sido me sacó de mis lúgubres pensamientos.

¿Quién demonios está vivo?

Volví mi vista hacía donde estaba el semi gigante quien era el que cargaba el cuerpo de Harry... Está vivo... El alivio y la alegría fue inmediata.

La batalla se reanudó y está vez todos verían quien era realmente la persona detrás del patronus del lobo... Invoque a mi hermoso Shadow, y el grito de traidora se escuchó de parte de todos los mortífagos...

Muchos mortífagos huyeron al ver como su señor era reducido hasta quedar hecho polvo, había muerto y con él la oscuridad en la que había sumido al mundo mágico.

Entre los que escaparon estaban mis padres y Maximus. Admito que tengo miedo de que ellos vuelvan a buscarme, sin embargo, está vez no me dejaré amedrentar por ellos, está vez estoy dispuesta a luchar por mi libertad.

Aún la sorpresa de saber que era yo quien ayudaba a las personas en las redadas estaba presente, pero también una sensación de paz nos embargo a todos. Sí, hubieron pérdidas, irresponsables, pero la esperanza de un nuevo comienzo nos da el consuelo por las muertes que no fueron en vano...

Draco y Blaise pudieron salvar de una muerte segura a quien fuera nuestro maestro de DCAO, Remus Lupin. Los chicos lograron estabilizarlo luego de que un mortífago le lanzará una maldición.

Theo salvó a Nymphadora la prima de Draco, desviando la maldición asesina que Bellatrix había lanzado hacía ella.

Y ahora que la batalla finalizó supe que los tres Weasley que salvé eran Percy, Fred y George...

Ahora sólo restaba esperar cual iba hacer nuestro destino, Azkaban o la libertad por habernos arrepentido del camino que nuestras familias habían escogido por nosotros...