Capítulo Veintitrés
Cazados
Llegó marzo, y en una semana especialmente fría decidí hacer algo para ayudar a mis dos mejores amigos a descubrir lo que sentían el uno por el otro.
Tomoyo estaba distinta desde que le insinué aquello sobre Eriol. A veces se sonrojaba cuando él se acercaba a nosotras en los recreos y, cuando mi amigo hablaba con ella, notaba que se ponía nerviosa.
Y había pillado a Eriol mirándola de reojo más de una vez.
Era el momento de actuar. Elaboré un plan muy sencillo.
Ambos recibieron un mensaje mío el lunes por la tarde, pidiendo que vinieran a los jardines donde entrenaba todas las semanas con Shaoran. Tras el ataque de Kloe, volvimos a practicar en cuanto me dejó de doler el cuerpo.
Mis padres quisieron que denunciara el ataque al ver mis moretones, pero Shaoran me había explicado que muchos jueces ven las artes marciales como si fueran un arma blanca. Por lo tanto, sería como si yo los hubiera atacado a ellos con un cuchillo... y acabaría siendo la culpable.
Por eso no pudimos denunciar nada, pero al menos me consolaba saber que ellos habían terminado mucho peor que yo.
Shaoran quería que llegara a controlar mi fuerza totalmente, para que fuera capaz de rechazar el ataque de varias personas si volvía a verme en esa situación.
Aunque los dos esperábamos que no volviera a pasar nunca.
Justo después de terminar nuestra sesión de golpes, patadas y algún beso, les envié el mismo mensaje a los dos.
Sakura: "Necesito hablar contigo, nos vemos en los jardines donde entreno. Voy de camino, me queda poca batería pero espérame, que llegaré"
Apagué el teléfono, sonriendo.
—Eres malvada —susurró Shaoran.
Los dos nos escondimos detrás de unos arbustos para esperar.
La primera en llegar fue Tomoyo porque vivía muy cerca de allí, al igual que Shaoran. La observamos mientras se sentaba en un banco y sacaba su teléfono para intentar llamarme, sin éxito.
Aprovechando que estábamos escondidos, las manos de Shaoran se colaron por dentro de mi ropa y me toquetearon por todas partes, sin cortarse. Siseé cuando me desabrochó el sujetador.
—Oye, para ya que nos van a pillar —susurré entre risas, intentando apartarme de sus brazos.
—Aquí nadie puede vernos.
Me dio tiempo de ver el brillo peligroso de sus ojos antes de que se abalanzara sobre mí.
Me dejé llevar por sus besos y acabamos tirados en el césped, con Shaoran apretándome más contra su cuerpo para que no pudiera alejarme ni un milímetro de él.
Estábamos a punto de hacer una locura cuando escuchamos el ruido de una moto.
Nos separamos, con la respiración acelerada, incorporándonos un poco para observar a través de las ramas.
Vimos a Eriol acercarse a Tomoyo y saludarla.
Ahora iban a estar a solas un rato y esperaba que la magia hiciera efecto.
—Si empiezan a salir juntos... ¿dejarás de sentir celos de Eriol? —pregunté en voz baja.
Shaoran entrecerró los ojos.
—Lo dudo mucho.
Me entraron ganas de reír, pero aguanté para que no nos descubrieran y los estuvimos observando en silencio. Los dos estaban charlando, sentados en el mismo banco.
—¿Crees que estaríamos juntos si el verano pasado yo no hubiera pasado una semana en aquella urbanización con vosotros?
Él me miró a los ojos antes de contestar.
—No lo sé. Habría sido difícil que pasara algo porque apenas nos hubiéramos visto por el instituto.
Escuchamos una risita nerviosa y nos giramos.
Eriol se había acercado mucho a Tomoyo, una de sus manos estaba sobre su mejilla y ella no podía estar más ruborizada. Me tapé la boca para no gritar de emoción cuando empezaron a besarse.
Me levanté muy despacio.
—Espera aquí. Ha llegado el momento de vengarme por todas las veces que me han hecho sentir incómoda esos dos.
Me acerqué a ellos lo más silenciosamente que pude, encendí mi teléfono y empecé a grabar un vídeo. Después de eso, activé el flash de la cámara y les hice una foto.
Mis dos amigos se separaron de golpe, con caras asustadas.
—Lamento interrumpir, pero necesitaba pruebas de esto para chantajearos. Ya me voy, nos vemos mañana en clase —dije con una sonrisa y me alejé, sin poder parar de reír.
Shaoran corrió hacia mí y salimos de los jardines, compartiendo risas cómplices.
Unos días después, estaba otra vez en los jardines esperando a Shaoran para nuestra sesión de entrenamiento cuando lo vi llegar con sus primos Yukito y Yue.
Me extrañó mucho porque se suponía que, aparte de Tomoyo y Meiling, nadie más sabía que estábamos juntos.
Había jugado más de una vez partidos de baloncesto con Tomoyo y todos sus primos. Meiling y ella siempre me lanzaban miradas burlonas al verme cerca de Shaoran, pero los demás no sabían nada... a excepción de Touya, claro. Ese hombre siempre parecía saberlo todo pero nunca decía nada, lo que me provocaba escalofríos.
Los dos chicos me saludaron muy sonrientes y Shaoran se acercó a mí.
—No me mires así, ellos ya lo saben.
—Lo sabe toda la familia. La madre de Shaoran se ha encargado de difundirlo —añadió Yue.
—¿Qué? —respondí casi gritando.
—Se dieron cuenta cuando fuiste herida a su casa. Feimei dice que la forma en que Shaoran te miraba le delató —añadió Yukito con una sonrisa traviesa.
—Lo mejor de todo es que tus padres no están nada contentos, ¿verdad, Shaoran? —susurró Yue, pero pude oírlo.
Shaoran puso los ojos en blanco, resoplando.
—Es mi vida, me da igual que les parezca bien o no.
Suspiré, esperando que todo eso no me trajera problemas.
—¿A qué habéis venido, chicos? ¿A burlaros de cómo peleo con Shaoran? —pregunté, haciendo una mueca.
Los dos hermanos me dedicaron una sonrisa misteriosa.
—Nada de eso. Han venido a retarte —dijo Shaoran.
Me quedé helada, intentando comprender sus palabras.
—A... ¿retarme? —repetí, confundida.
—Ya te he enseñado todo lo que sé y es hora de ponerte a prueba.
De repente, los tres se colocaron en posición de ataque.
—Mis primos no saben tanto como yo, pero conocen las artes marciales. Intenta librarte de nosotros —añadió Shaoran, con una sonrisa malvada curvando sus labios.
El primero en lanzarse a por mí fue Yue. Reaccioné a tiempo y conseguí detener su patada con el brazo derecho. Agarré su pierna y giré, haciéndolo caer, pero Yukito me golpeó en el costado y tuve que alejarme unos pasos.
Yue me miraba desde el suelo con ojos furiosos, mientras que Shaoran se reía al ver la cara de su primo.
Di un salto para esquivar una patada de Yukito y conseguí golpearlo en el pecho, haciéndolo retroceder. Los dos hermanos miraron a Shaoran.
—Bien... es mi turno —dijo él, y sus ojos centellearon.
Me coloqué en posición defensiva y esperé a que se acercara a mí. Él conocía bien mi forma de moverme y por eso nunca había conseguido vencerlo.
Paré su primera patada con las dos manos. Cuando intenté girar para tirarlo, como había hecho con Yue, Shaoran me esquivó con un movimiento rápido y me golpeó la pierna, haciéndome caer de rodillas.
Aproveché para girar las piernas en el suelo y le di en uno de sus pies, consiguiendo que se tambaleara.
Tras incorporarme de un salto me lancé a por él. Intenté golpearlo, pero paraba todos mis ataques.
En un descuido, me golpeó en el brazo y tuve que retroceder. Shaoran me dedicó una sonrisa de triunfo.
Utilicé esa distracción para poner las manos en el suelo y levanté las piernas, girándolas y dándole una patada en el costado. Eso no se lo esperaba y estuvo a punto de acabar en el suelo.
Shaoran recuperó la postura de un salto y yo me coloqué de nuevo en posición de ataque. Nos miramos fijamente un momento y se abalanzó sobre mí. Esquivó mis puñetazos y me agarró por la cintura, atrapando mis brazos con los suyos.
—Creo que podemos decir que tenemos un empate —murmuró, con su rostro muy cerca del mío.
El corazón se me aceleró cuando inclinó la cabeza, besándome mientras me estrujaba entre sus brazos.
—Ya basta, iros a un hotel —escuché decir a Yukito con voz burlona.
Shaoran me soltó y se acercó a sus primos.
—No habéis podido con ella —comentó, levantando una ceja.
Yo también caminé hasta donde estaban ellos.
—Técnicamente, tú tampoco has podido.
Sus primos y yo nos reímos mientras Shaoran nos miraba, apretando la mandíbula y torciendo los labios hacia abajo.
Le dediqué una sonrisa burlona y su rostro se oscureció. Él odiaba perder, y yo lo sabía.
Un mes después, en abril, Tomoyo y Eriol estaban juntos oficialmente.
No podía alegrarme más por ellos. Se les veía felices y me encantaba que por fin Eriol estuviera con alguien que entendía mi relación con él.
Cuando me abrazaba o besaba delante de Tomoyo, a ella nunca le molestaba. Incluso le parecía bien que me quedara a dormir con él en su casa para estudiar todas las veces que quisiera. En cambio, a Shaoran eso seguía sin hacerle gracia.
Hacía unos días que había cumplido dieciocho años y él me había invitado a cenar en su piso para celebrarlo. Su familia se había ido de viaje y había vuelto a quedarse solo, con la excusa de los estudios.
Aquel día por fin podríamos dormir juntos. Eriol me cubría las espaldas porque supuestamente me quedaba en su casa.
No pude evitar ponerme nerviosa cuando llegué a la puerta del piso de Shaoran. Era muy raro que no estuviera esperándome, apoyado en el marco.
Llamé y a los cinco segundos me abrió. Ya era casi de noche y el interior del piso se veía muy oscuro.
Entré y sus brazos me rodearon, empujándome suavemente y llevándome hasta el comedor. Allí me esperaba una mesa llena de platos con mis comidas favoritas. Casi todos los muebles tenían velas, que iluminaban toda la habitación.
Me quedé muda de la impresión.
—Feliz cumpleaños —susurró cerca de mi oreja, erizando la piel de mi cuello.
Sonriendo, me di la vuelta y lo atraje hacia mí con los brazos, dándole un beso bastante intenso. Al separarnos, pude ver llamas en los ojos de Shaoran.
—Es una ocasión especial, por lo que me voy a controlar y no te voy a arrancar la ropa ahora mismo... pero no te acostumbres —murmuró, abrazándome más fuerte y apoyando su frente sobre la mía.
Me llevó hasta la mesa y nos sentamos uno al lado del otro. Empezamos a comer, todo estaba delicioso y me parecía increíble que él pudiera cocinar todas esas cosas sin ayuda de nadie.
De repente, me fijé en una caja de madera que había en la mesa.
Shaoran siguió la dirección de mis ojos.
—Cógelo, es tu regalo.
Lo que vi al abrirla me dejó sin palabras. Era una cadena de plata de la que colgaba una especie de llave, con una estrella en medio de un círculo y dos alitas pequeñas a los lados.
—Yo... esto es muy bonito, Shaoran —dije con la voz entrecortada.
Shaoran me la quitó de las manos y la colocó alrededor de mi cuello, cerrando el broche.
—La vi y me recordó a ti —susurró, tocando la pequeña llave mientras me miraba.
—Me encanta. No me la pienso quitar nunca.
Sentí varios escalofríos cuando su mano soltó la llave y empezó a trazar formas sobre mis hombros.
—¿Tienes más hambre? —preguntó, con su rostro cada vez más cerca.
Tragué saliva, negando con la cabeza.
Una sonrisa maliciosa curvó sus labios.
—Entonces ha llegado la hora del postre.
Sus labios chocaron contra los míos y me levantó con sus brazos. Me llevó hasta su cuarto, sin parar de besarme ni un segundo. Cuando me soltó en la cama, los dos estábamos sin aliento. Allí también había varias velas repartidas por sus estanterías.
No pude evitar reírme y Shaoran frunció el ceño, extrañado.
—¿Qué pasa? ¿Quieres ahorrar electricidad? —pregunté, reprimiendo una carcajada.
Shaoran entrecerró los ojos y se acercó a mí, levantándome la falda con furia.
—Cállate. Intentaba ser romántico —refunfuñó sobre la piel de mi cuello.
—Lo siento, no estoy acostumbrada —murmuré, tirando de su camisa hasta que cayó sobre mí.
Los dos nos reímos, pero aquello dejó de resultar gracioso cuando Shaoran apartó mi pelo, inclinando la cabeza al tener mejor acceso a mi cuello y llenándomelo de mordiscos.
Las manos me empezaron a temblar, pero conseguí abrir su camisa. Él reclamó mis labios mientras me bajaba las medias, tan bruscamente que las escuché romperse, pero no me importó.
Mi ropa voló por los aires y la temperatura del cuarto fue subiendo sin control. Shaoran rompió el beso y escuché que abría un cajón.
Me levantó hasta que acabamos sentados sobre su colchón, mis piernas a ambos lados de su cuerpo. Sus labios siguieron devorando a los míos mientras yo me movía y nos fundíamos en un solo ser.
Aquella noche sería muy larga.
