Capítulo Veinticuatro
Fin de la primavera
Ya era mayo y la primavera estaba terminando, pero los parques de la ciudad aún seguían oliendo a flores de cerezo.
Los exámenes finales estaban cerca, y después tendríamos que enfrentarnos a la temida prueba de acceso a la universidad.
Chiharu y Rika apenas salían de casa, tan solo para ir a clase. Estaban muy angustiadas, y la verdad es que todos nos sentíamos igual.
Tomoyo y Eriol empezaron a estudiar juntos en el piso de ella. Sus padres ya sabían que estaban juntos y se lo tomaron tan bien que permitían que mi amigo fuera por allí de vez en cuando.
A Naoko hacía bastante que no la veía. Ella era la que peor llevaba toda la presión que teníamos encima, necesitaba sacar la máxima nota posible para conseguir entrar en medicina.
Suspiré, pensando en que nos esperaban cuatro semanas muy feas hasta que todo hubiera terminado y fuésemos libres por fin.
Para empeorarlo todo, Shaoran llevaba unos días algo raro. Nos veíamos menos porque no tenía mucho tiempo libre, y ya apenas me pedía que fuera a estudiar con él a la biblioteca de su facultad.
Decidí no enfadarme. Seguramente estaba muy agobiado porque él también tenía sus exámenes finales a la vuelta de la esquina y, además, Tomoyo me había contado que sus padres le estaban presionando mucho. Mi amiga les había visto discutiendo muchas veces.
Un par de semanas después, habíamos terminado el instituto oficialmente. Ya solo nos quedaba preparar la prueba universitaria que tanto nos asustaba.
Esa vez conseguí aprobar todo sin problemas. Mis notas habían mejorado mucho con respecto al curso anterior.
Una tarde, Eriol y Tomoyo me acompañaron a la biblioteca para estudiar con Shaoran. Nos sentamos junto a él y empezamos a repasar el temario de historia en silencio.
De vez en cuando me dedicaba a mirar a Shaoran, que estaba a mi lado izquierdo. Él a veces me miraba de reojo, sonriendo, pero era una sonrisa extraña porque sus ojos parecían tristes.
—Estás muy raro últimamente. ¿He hecho algo que te haya molestado? —pregunté en un susurro, acercándome más a él.
Shaoran me dio unos golpecitos suaves en la cabeza, sin apartar los ojos de sus apuntes.
—Tranquila, no has hecho nada.
Resoplé. Eso no me tranquilizaba nada, pero decidí dejarlo pasar. Seguro que cuando sus exámenes terminaran volvería a ser el de siempre.
Me dolía un poco que hubiera dejado de ser cariñoso conmigo. Apenas me besaba cuando estábamos juntos y eso me molestaba.
Algo raro estaba pasando, pero no quería estresarlo más. Mejor hablar sobre ello cuando todos hubiéramos terminado con los estudios.
Al salir de la prueba de acceso, todos fuimos a celebrarlo a un bar que había en el centro de la ciudad.
Nos pedimos unas cervezas, menos Tomoyo que prefirió una copa de vino.
—¡Ya somos universitarios! —gritó Eriol, alzando su vaso.
Los demás lo imitamos y brindamos juntos, muy sonrientes.
—Todavía tienen que darnos las notas —susurré, dándole un codazo a mi amigo.
Eriol se encogió de hombros.
—A todos nos ha salido bien y vamos a entrar en la universidad —dijo, pasando su brazo por los hombros de Tomoyo y acercándola hacia él. Mi amiga se sonrojó.
Nos reímos y quedamos en ir todos juntos a echar la matrícula universitaria. En unos días ya podríamos hacerlo.
Finalmente me había decidido por ingeniería química. Era lo que más me gustaba de todo y mis amigos opinaban que se me daría de maravilla.
Además, eso significaba que estudiaría en la misma facultad que Shaoran.
Le escribí un mensaje, contándole que ya habíamos terminado y que a partir de ahora era libre. A los pocos minutos recibí su respuesta.
Shaoran!: "Mañana es mi último examen. Podríamos vernos en el parque, tengo que hablar contigo"
No me dio buena espina leer aquello, pero tenía razón. Necesitábamos hablar sobre lo que había estado pasando entre nosotros este último mes. Esperaba que, a partir de ese momento, Shaoran volviera a la normalidad.
Cuando llegué al parque, justo después de comer, no había nadie por allí, aparte de un chico de ojos dorados que siempre estaba en mis pensamientos.
Me acerqué al banco donde estaba sentado e intenté besarlo, pero Shaoran giró un poco la cara y mis labios acabaron en su mejilla. Aquello me fastidió, se suponía que ya había terminado sus exámenes y no tenía ninguna razón para seguir comportándose así.
Me senté a su lado, muy seria.
—¿Se puede saber qué te pasa? Acabas de apartar la cara para que no pueda besarte.
Shaoran suspiró, sin mirarme.
—Tenemos que hablar.
Un escalofrío muy desagradable me bajó por la espalda.
-Claro que tenemos que hablar. Llevas semanas muy raro conmigo y no te he hecho nada para que estés así. Además, apenas nos hemos visto y, aunque entiendo que estabas muy estresado, no lo veo normal porque...
No pude seguir hablando porque una de sus manos me tapó la boca.
—Ahora quiero que me escuches —pidió, mirándome a los ojos.
Me crucé de brazos refunfuñando, pero asentí. Shaoran fijó su vista en el gran tobogán del centro del parque, y lo escuché suspirar otra vez.
—Me voy a China.
Fruncí el ceño.
—¿Y qué pasa porque te vayas a China? —pregunté, enfadada.
Él sacudió su cabeza, escondiéndola entre sus manos.
—Me voy a vivir a China y seguiré estudiando allí. Me marcho en dos días.
Me sentí como si me hubieran tirado un cubo de agua helada encima.
—¿Cuánto tiempo te vas?
Shaoran me miró unos segundos, pero volvió a fijar su vista en el columpio de enfrente.
—Mis padres tienen que volver allí por temas de trabajo, y a mí me han concedido la beca Shihaido. Es muy prestigiosa y solo se la dan al mejor. No podré volver hasta que termine la carrera.
Empecé a agobiarme y mi respiración se aceleró.
—Eso quiere decir que... ¿vas a vivir en China tres años?
Shaoran asintió, apoyando su espalda en el respaldo del banco.
—Bueno, pero... vendrás de visita de vez en cuando, ¿no? La verdad es que no me importa que nos veamos poco. Nos acostumbraremos y, si los dos nos esforzamos, funcionará.
Shaoran negó con la cabeza.
—No lo entiendes, Sakura... lo nuestro se ha terminado.
El corazón se me detuvo y mi cerebro no fue capaz de asimilar lo que acababa de escuchar.
—¿Esto es una broma? Porque no tiene nada de gracia.
—No estoy bromeando, lo digo muy en serio. ¿De verdad pensabas que estaríamos juntos para siempre? Tú solo tienes dieciocho años y yo en unos días cumplo diecinueve, somos muy jóvenes. Esta relación estaba destinada al fracaso desde el principio.
Un dolor punzante surgió en mi pecho y jadeé, pestañeando varias veces con confusión. Sus palabras no tenían sentido.
—No... no puedes estar diciendo esto en serio —susurré, sin poder moverme.
Shaoran me miró y me estremecí al ver lo fría que era su mirada.
—Si no es ahora, habría terminado en unos meses. Tú te habrías cansado de mí o yo de ti.
Sacudí la cabeza, apretando los puños.
—¿Desde cuándo piensas así? Me lo podías haber dicho antes.
—Quería esperar hasta que hubieras hecho la prueba de acceso, para que esto no afectara a tus notas.
Me levanté de golpe, respirando cada vez más deprisa. Aquello no podía ser real, tenía que estar dentro de una pesadilla.
—Esto no puede estar pasando —murmuré, mirándolo.
Shaoran se encogió de hombros y sus ojos se volvieron más fríos todavía.
—Créeme, es lo mejor para los dos. No puedo renunciar a esa beca por ti, es importante que tenga la mejor educación posible para poder seguir con los negocios de mis padres. Y tengo que marcharme con ellos, no podría quedarme ni aunque quisiera.
—Pero podríamos seguir juntos aunque estés lejos... tú me quieres, Shaoran.
En su rostro apareció una sonrisa triste.
—Eso no es suficiente... cuando esté lejos te fijarás en otros chicos enseguida y encontrarás a alguien mejor, no te preocupes —respondió mientras se incorporaba.
Yo no podía moverme. Se acercó a mí, poniendo sus manos sobre mis hombros.
—Espero que seas muy feliz, Sakura. Te prometo que dentro de nada ya ni te acordarás de mí, y será como si nunca hubiera pasado.
Shaoran me besó en la mejilla y se alejó, caminando hacia la salida.
—¡Espera! ¡No te vayas, Shaoran! ¡Tú eres el único para mí!
Vi como dejaba de andar y suspiraba.
—Te equivocas —dijo sin girarse, y siguió caminando hasta que su silueta desapareció.
Me quedé allí de pie sin moverme, mirando hacia la verja por la que se había marchado.
Reaccioné al escuchar el ruido que hacían unos niños acercándose al parque y volví a casa, intentando no llorar. Por el camino llamé a Eriol, y cuando llegué me estaba esperando en la puerta.
Me lancé a sus brazos, mojando su camiseta con mis lágrimas. Entramos juntos en mi casa y agradecí mis padres estuvieran en el trabajo porque no quería que me vieran así.
Eriol me llevó hasta uno de los sillones y nos sentamos. Le conté todo lo que Shaoran me había dicho y, al terminar la historia, mi amigo frunció el ceño.
—No me lo puedo creer —dijo, apretando los puños con rabia.
—Lo sé, yo tampoco me lo creo.
—Como le vea por casa de Tomoyo, le partiré la cara —gruñó entre dientes.
—En dos días ya estará en China.
—¿Tan pronto? Esto no tiene sentido... creo que ni Tomoyo lo sabe.
Me soné la nariz en un pañuelo y mi amigo me acurrucó entre sus brazos.
—No te preocupes, Eriol. No me encuentro muy mal —murmuré, apoyando la cabeza en su pecho.
—Eso es porque todavía no lo has asimilado.
—Puede que tengas razón —acepté en voz baja.
Cuando me tranquilicé, me lavé la cara para que mis padres no se dieran cuenta de que había estado llorando.
Eriol se despidió y me hizo prometer que le llamaría si quería hablar, o si me sentía peor.
Pasaron dos días y no supe nada más de Shaoran. Mi mente me seguía diciendo que todo eso no había pasado de verdad, que él no podía haberme dicho esas cosas.
Después de comer, recibí una llamada muy rara de Tomoyo.
—¿Sakura? Mis tíos están aquí y quieren hablar contigo.
—¿Tus tíos? —pregunté, extrañada.
—Los padres de Shaoran.
Algo doloroso bajó por mi garganta al escuchar su nombre.
—No sé lo que les pasa. ¿Puedes venir? Dicen que Shaoran se ha ido a China y que ellos se marchan en unos días. He intentado llamar a mi primo, pero tiene el teléfono apagado —añadió mi amiga con voz preocupada.
—Vale, voy enseguida.
Al colgar noté un temblor fuerte en mis manos, pero lo ignoré y salí a la calle.
No tenía ni idea de lo que querrían decirme los padres de Shaoran. Tal vez había sucedido algo malo y por eso se había marchado tan de repente, antes que el resto de su familia y sin que ni sus primos lo supieran.
