Capítulo Veintiocho

Vuelta a la facultad


Mis sueños empeoraron en las siguientes semanas. Todo por culpa de haber dejado que se acercara a mí y me besara, pensando que estaba dentro de una de mis pesadillas. No podía haber sido más estúpida.

Ahora tenía que empezar todo el proceso desde cero, y tener cuidado de no volver a cruzarme con él.

Seguí evitando pasar por el parque. No podía arriesgarme y que él estuviera por allí otra vez.

Cuando llamé a Tomoyo para contárselo, se sorprendió mucho. No sabía que su primo había vuelto. Por lo que nosotras sabíamos, toda su familia seguía en China y todavía le quedaba un año más estudiando allí hasta que terminara la carrera.

Seguramente solo estaba de visita y ya se habría marchado.

Cuando llegó septiembre, volví a la facultad a empezar mi tercer año con pocas ganas. Estudiar en el mismo sitio en el que él estudió su primer año me dificultaba más las cosas ahora que no podía dejar de pensar en él... ni en lo increíble que había sido sentir sus labios otra vez.

En todo este tiempo, todavía no había entrado en la biblioteca porque me recordaba demasiado a él.

El primer día, tras las presentaciones de los profesores salí a la puerta a esperar a Eriol. Habíamos quedado en que vendría a comer conmigo.

Lo vi llegar y aparcar su moto al lado de la entrada. Nos abrazamos y entramos en el edificio.

—Necesito ir al baño un segundo. ¿Me esperas aquí?

Asentí y apoyé los brazos en la baranda que había en el centro del edificio, mirando hacia arriba. Desde ahí se podía ver las cuatro plantas y el gran péndulo, siempre en movimiento pasara lo que pasara.

Estaba distraída, observando el péndulo cuando escuché la única voz que no quería oír.

—Hola, Sakura.

No podía ser verdad. Me giré lentamente para encontrarme con la figura de Shaoran.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, enfadada.

—Esta también es mi facultad.

Volví a darme la vuelta, fijando la vista en el péndulo.

—No. tú estudias en China.

—Ya no.

Se me hizo un nudo en el estómago.

—¿Por qué no?

Lo miré de reojo y vi como suspiraba.

—He decidido volver y estudiar mi último año aquí.

Me giré para verle la cara. No me hacía ninguna gracia que este curso tuviera que estar evitando encontrarme con él por los pasillos.

—¿Y eso por qué? —pregunté, frunciendo el ceño.

—Irme fue un error.

Algo doloroso bajó por mi garganta y me revolvió el estómago aún más.

Shaoran dio un paso hacia mí.

—No he podido olvidarte. Lo he intentado, créeme, pero ha sido imposible.

Maravilloso, justo lo que necesitaba... que me dijera que se había acostado con cientos de chicas en China.

—¿Con cuántas has intentado olvidarme? Estoy segura de que has pasado dos años estupendos.

—Te equivocas. No te mentiré, he estado con algunas chicas, pero ni así conseguía dejar de soñar contigo todas las noches.

Me estremecí al escuchar sus palabras. ¿Él también soñaba conmigo?

Dio otro paso hacia mí y yo di uno hacia atrás. Mi espalda chocó contra la baranda y jadeé. De repente, Eriol apareció y se puso entre nosotros, mirando a Shaoran con mala cara.

—Estamos en un lugar público, si no te las verías conmigo... ¡Aléjate de ella! —exigió mi amigo.

Shaoran le lanzó una mirada de odio.

—Si quiere que me vaya, que me lo diga ella misma.

Me miró y yo desvié la vista al suelo. No quería verlo más.

—Vete —gruñí entre dientes.

Escuché unos pasos y el brazo de Eriol pasó por encima de mis hombros, acercándome a él. Al levantar la vista, Shaoran ya no estaba.


Después de comer, Eriol decidió saltarse las clases que tenía esa tarde para estar conmigo.

Fuimos en su moto hasta un mirador que había en lo alto de una pequeña montaña, desde donde se veía toda la ciudad. Allí había algunos bares para que la gente pudiera tomar algo mientras admiraba las vistas.

Nos sentamos en una mesa y mi amigo pidió unas bebidas.

—¿Ya te encuentras mejor?

Asentí y él me observó con preocupación.

—Al menos ya has dejado de temblar. Antes he estado a punto de llevarte a rastras al hospital.

Suspiré.

—Eres un exagerado.

Él se cruzó de brazos y me miró con rostro serio.

—No estoy dispuesto a dejar que te pase otra vez lo mismo.

Sabía bien a lo que se refería.

Cuando Shaoran se marchó, los primeros días sin él estuve bastante mal. Se me cerró el estómago y apenas podía comer. Además, siempre estaba temblando, como si estuviera muerta de frío.

Adelgacé tanto que mis padres temieron que me hubiera vuelto anoréxica. Me llevaron al médico, pero simplemente mi estómago no me pedía que lo alimentara con regularidad.

Mis amigos tuvieron que intervenir para sacarme de aquel abismo. Recordaba a Tomoyo llorando sin parar y a Eriol tan enfadado que llegó a darme una bofetada.

Después de esa pelea con ellos, me obligué a mí misma a comer y me esforcé en intentar que mi vida volviera a la normalidad. Ahí fue cuando empecé a meditar, aunque los temblores me duraron unas semanas más, hasta que mis niveles de ansiedad bajaron.

No podía estar así de mal por alguien que se había ido sin mirar atrás y del que no había vuelto a saber nada.

Aparte de la meditación, aprendí a dejar fluir mi angustia escuchando música. Por eso empecé a aficionarme a las canciones de rock tristes y dolorosas que ahora tanto me gustaban. Gracias a eso aparentaba ser una chica normal, aunque los sueños con Shaoran no me dejaban descansar por las noches.

Cuando conocí a Rei, todo empezó a mejorar. Conseguí dejar de revolcarme en mi desgracia y salir de esa espiral sin salida. Ella me ayudó a centrar mi atención en otras cosas, a divertirme y dejar de pensar en él. Mi felicidad no podía depender de otra persona, tenía que aprender a ser feliz por mí misma.

Guardé todos mis sentimientos por Shaoran en una cajita y la escondí en un rincón de mi mente, bajo llave.

Por fin volví a ser feliz. Cuando conocí a Kaito y él se interesó por mí, pensé que tal vez había llegado mi oportunidad para enamorarme otra vez.

Pero, tras casi un año con él, mis pesadillas no desaparecieron, y por Kaito no sentía nada más que cariño y algo de atracción.

Fui una idiota al pensar que a lo mejor mis sentimientos por él aumentarían si nos acostábamos, pero no contaba con que el rostro de Shaoran aparecería en mi mente cada vez que Kaito me tocara.

Entonces supe que nunca podría amarlo. No me quedó más remedio que romperle el corazón y dejarlo ir. No era justo para él estar conmigo, se merecía a alguien que lo quisiera de verdad.

Y por lo que sabía, Kaito había encontrado a esa persona especial. Y me alegraba mucho por él.

Después de eso y de mi charla con Eriol unos días después de la ruptura, decidí que no volvería a acercarme a ningún hombre hasta que olvidara completamente a Shaoran. Tardara lo que tardara, no tenía prisa.

Y así había pasado los últimos seis meses, siendo feliz con mis amigos y mis estudios hasta el maldito día en el que me crucé con el dueño de mis pesadillas.

Pero ya no era aquella chica ingenua de dieciocho años. No dejaría que me volviera a pasar lo mismo, no permitiría que ver a Shaoran me afectara.

—Te prometo que no volverá a pasar. Ahora soy más fuerte —aseguré, estrujando la mano derecha de Eriol.

Él asintió.

—Lo sé. Además, él no se merece ni una lágrima más.

Sonreí mientras mi amigo me acariciaba la mejilla con su mano.

—No existe mejor amigo que tú.

Eriol me dedicó una sonrisa triunfal.

—Es cierto, has tenido mucha suerte conmigo.

—Tienes razón, pero que no se te suba a la cabeza.

Él soltó una risita y se acercó más, abrazándome.

—Yo tampoco podría encontrar a una amiga mejor que tú.

Cerré los ojos y lo apreté más entre mis brazos. Realmente era muy afortunada.


Los días pasaron. Poco a poco descubrí las zonas de la facultad por las que Shaoran se movía y me resultaba fácil evitarlas.

Aun así, a veces lo veía a lo lejos, observándome.

Un miércoles por la tarde, salí de la facultad y escuché una voz femenina gritar mi nombre. Giré la cabeza, extrañada, y vi a Meiling apoyada en la verja que rodeaba el edificio, haciéndome gestos para que me acercara.

Se me hizo un nudo en el estómago. Desde que Shaoran se fue, no volví a tener relación con ella. Cuando nos habíamos visto me saludaba con una sonrisa, pero no habíamos hablado ni una vez.

Me acerqué, sin saber bien lo que me esperaba.

—Me gustaría hablar contigo —dijo ella cuando estuve a su lado.

Abrí mucho los ojos, sorprendida.

—¿Sobre qué?

Vi como miraba con nerviosismo hacia las puertas de la facultad.

—Mejor vamos a otro sitio.

Empezamos a andar en silencio, hasta que llegamos al parque que tanto evitaba. Estaba bastante cerca del campus universitario.

Meiling se sentó en un banco y me invitó a sentarme junto a ella. Aquello me daba mala espina, pero me senté a su lado.

—Verás... creo que hay ciertas cosas que deberías saber.

Mi cuerpo se tensó. No quería saber nada de Shaoran.

—Solo escúchame, ya verás como te interesa.

Dejé salir un resoplido y asentí con gesto serio. Cerré los ojos y respiré profundamente, relajando mi cuerpo y mi mente.

—No tienes ni idea de por qué se tuvo que ir. Desde que se enteraron que estabais juntos, sus padres estuvieron intentando convencerlo de que, para poder dirigir la empresa familiar, era necesario ser el mejor y terminar de estudiar en China, en la misma facultad que estudió su padre. Si no lo hacía, Shaoran no estaría preparado para hacerse cargo y tendrían que venderla. Lo presionaron para que pidiera la beca Shihaido, es muy exclusiva y solo se la dan al mejor estudiante de Japón. Cuando se la concedieron, ni Shaoran ni yo no nos lo podíamos creer. Era casi imposible, pero ocurrió. Y la sede china de la empresa de sus padres empezó a tener problemas, por lo que toda la familia decidió marcharse del país.

Apoyé la espalda en el banco sin decir nada y seguí escuchando, recitando mi mantra mentalmente. Nada de lo que Meiling dijera podría alterarme.

—También le decían que tú eras demasiado joven y que en realidad no estabas enamorada de él, que si se marchaba tú romperías la relación a los pocos meses, y que nada era tan importante como su futuro. Tenía que renunciar a estar contigo por el bien de su familia, no podía rechazar la beca y quedarse en Japón.

Noté que empezaba a enfadarme.

—Él me conocía muy bien, Meiling. Debería haberlo hablado conmigo en vez de creer todo lo que le dijeron sus padres —murmuré entre dientes.

Meiling asintió.

—Tienes razón. No debió creérselo, pero estuvieron meses sembrando esas dudas en su mente y al final le afectó. Mi primo no tenía experiencia en relaciones... tú fuiste la primera chica a la que quiso de verdad.

Resoplé, desviando la mirada.

—Él dijo no estar seguro de si me quería, pero eso ya no importa. ¿De verdad era tan importante que estudiara en China? —pregunté con curiosidad.

Ella negó con la cabeza.

—No, eso es lo peor. Era una excusa para alejarlo de ti, sus padres querían que tuviera una novia más... con mayor clase social. Tardamos mucho en descubrir que la beca Shihaido la controlan unos amigos de sus padres, por eso se la dieron a él tan fácilmente. Y sus negocios en China iban bien, todo fue una excusa para ir con él y controlarlo, para vigilar que no volviera a ponerse en contacto contigo.

Pestañeé varias veces, tragando saliva. Eso no me lo esperaba.

—Tampoco sabes como han sido estos dos años para Shaoran. Lo ha pasado bastante mal —añadió Meiling.

Fruncí el ceño.

—Para mí tampoco ha sido fácil.

—Lo sé, pero déjame que te lo cuente.

Durante un buen rato, Meiling se dedicó a explicarme cómo había sido la vida de Shaoran en China. Ella lo sabía todo porque habían hablado casi a diario durante los dos años que estuvo viviendo allí. Shaoran la llamaba cada tarde, desesperado, y ella siempre intentaba animarlo.

Durante sus primeros meses en aquel país, siempre le dolía la cabeza. Casi todas las noches soñaba conmigo y eso lo torturaba el resto del día, en sus clases y a la hora de estudiar.

Fue aprobando sus asignaturas, esforzándose mucho. La primera navidad, se acostó con varias compañeras de su universidad que iban detrás de él, creyendo que así dejaría de pensar en mí. Pero lo único que consiguió fue que sus sueños conmigo fueran más intensos.

Al darse cuenta de que lo único que había conseguido era empeorarlo, se encerró en sí mismo. Solo vivía para sus estudios y tan solo salía de su cuarto en la residencia para ir a clase o a los exámenes.

Cuando terminó el primer año, Meiling intentó convencerlo para que regresara a Japón, pero sus padres le seguían presionando para que siguiera allí con la beca. Además, Shaoran se había enterado de que yo estaba saliendo con Kaito y eso le deprimió todavía más.

Pensar que ya lo había olvidado convirtió sus sueños en pesadillas, donde cada noche me perdía una y otra vez.

Meiling decidió ir a China un mes para estar con él y ayudarlo a sentirse mejor, pero Shaoran se pasaba los días furioso y sin querer hablar con nadie.

A mediados del segundo año, Meiling escuchó a escondidas varias conversaciones entre los padres de Shaoran, donde decían cuánto se alegraban de haberlo alejado de mí gracias a la beca y a sus mentiras. Después hablaron de las hijas de algunos de sus amigos empresarios, ahora Shaoran podría encontrar a una chica que estuviera a su altura y casarse con ella en cuanto terminara la carrera.

Cuando Meiling le contó a su primo todo lo que había escuchado, y que Shaoran podría haber seguido estudiando en Japón sin ningún problema, él estuvo a punto de abandonar sus estudios.

Ella lo consiguió convencer para que terminara ese curso y después volviera.

En cuanto hizo el último examen, Shaoran preparó todo el papeleo para su traslado de vuelta a la universidad de Tomoeda sin decirle nada a sus padres. Alquiló un apartamento donde poder mudarse con el dinero que su abuelo le había dejado como herencia.

Antes de coger el avión, fue a la casa de sus padres en el centro de Hong Kong. Les dijo que renunciaba a sus derechos en la empresa familiar y que se olvidaran de él para siempre, guardó todas sus cosas en varias maletas y se marchó. Desde entonces, no había vuelto a ver a sus padres ni quería hacerlo.

Cuando Meiling terminó de hablar, yo tenía la respiración agitada. Mi meditación no había sido suficiente.

—Como puedes ver, las cosas no son como tú pensabas —añadió antes de levantarse.

No pude responder. Me había quedado sin habla, aunque tampoco sabía qué podía decir.

—Solo te voy a pedir una cosa, Sakura. No hables con nadie sobre esto, Shaoran me matará si se entera de que te lo he contado —murmuró Meiling.

Tras una sonrisa se marchó, dejándome sola en aquel parque mientras intentaba asimilar toda esa información.

¿Todo había sido mentira? ¿Le habían obligado a marcharse sin motivo, solo para separarnos? Y lo peor... ¿Shaoran todavía me quería?