UNA NOCHE DE HORROR

25 de Diciembre de 2000.

Decidí pasar la noche en casa de Draco e irme hoy mismo a casa de mí tía, entre menos tiempo pasará en ese lugar mejor. Ayer por la noche le mandé una nota a Harry avisando de mi decisión, por su parte, él ya estaba con los Weasley.

Me levantó al baño a tomar una ducha y luego bajar a desayunar.

Una vez lista me dirijo a la terraza donde ya se encuentran Cissy y Draco.

— Buenos días...— saludo mientras tomo asiento.

— Buenos días querida— me devolvió el saludo Cissy— ¿lista para irte hoy?

— Sí, dí mi palabra y debo cumplir, he estado pensando no quedarme todas las vacaciones ahí, hoy mismo me devolveré— comuniqué a ambos.

— Me parece lo mejor, no me da buena espina que te quedes tanto tiempo en ese lugar y con esas personas que no conoces tan bien— comentó mi rubio amigo.

Seguí con mi desayuno. Dándole vueltas en mi cabeza del porqué de esa invitación por parte de la hermana de mi madre, ni a Harry ni a los chicos les dije de mis dudas acerca de eso.

Y con eso que Draco ha dicho, me deja claro que no soy la única que piensa así. Por eso prefiero no quedarme más de lo necesario en esa casa.

A eso de las 19:30 hrs, bajé las escaleras ya lista para irme. Opté por un vestido color blanco, de tirantes anchos, y que llegaba un poco más abajo de mis rodillas, ceñido hasta la cintura y volado de la falda. Sandalias negras, un maquillaje suave y con mi cabello negro suelto con algunas ondulaciones.

— ¡Demonios! En momentos como éste quisiera no ser tu amigo...— dijo Blaise haciendo un puchero— y así poder cortejarte— hizo un movimiento de cejas y me guiño el ojo.

— Eres un imbécil, yo jamás caería con tu palabrería barata como las idiotas con las que te acuestas— terminé de bajar las escaleras.

— Me ofendes querida— se llevó una mano al pecho— yo soy todo un caballero, que ellas se hagan ilusiones no es mi problema.

— Eres un completo idiota...— le dije negando con la cabeza mientras reía.

Nos dirigimos a la sala donde estaban Draco y Narcissa para despedirse de mí.

— Cuídate mucho, y no dudes en volver de inmediato si no te sientes a gusto— comentó mi amigo.

— Claro, te lo prometo— Cissy me dió un beso en la mejilla y me dijo lo mismo que Draco.

Me introduje en la chimenea, tomé polvo flu y pronuncie mi destino... La mansión Rosier.


— ¿Harry estás bien?— la voz de Hermione me sacó de mis pensamientos— andas muy distraído— comentó pasandome los cubiertos para acomodarlos en la mesa.

— Lo siento...— murmuré y es que a esta hora Pansy ya debe estar en casa de su tía.

Una sensación extraña se instaló en mi pecho desde hace un rato. Me siento ansioso o preocupado, la verdad no sé, pero espero que no sea porque algo malo sucederá.

Entre la castaña y yo terminamos de arreglar la mesa, los invitados no tardan en llegar, y antes de eso subo a la habitación que comparto con Ron, posiblemente Pansy haya enviado una nota o quiera hablar por medio de la bola de cristal.

Llego a la habitación y me topo con el pelirrojo que iba de salida ya listo para la cena de Navidad.

— Harry, ¿ya llegaron todos?— pregunta.

— Aún no...— antes de que yo o él digamos algo más, se escucha el grito de la señora Weasley llamándolo para que ayude en algo.

Sin dilación mi amigo baja antes de que su madre vuelva a gritar.

Aprovecho que estoy solo y busco en mi baúl la bola de cristal, y cuando la encuentro, esta está brillando...

— ¿Pansy?

— Hola cuatro ojos...— saluda y su imagen aparece, se ve muy linda.

Con un maquillaje sutil y su cabello suelto.

— Hola Orquídea, ¿has llegado a casa de tu tía?

— Sí, estoy en las afueras de la mansión, quise llamarte antes de entrar y así avisarte que hoy mismo me devolveré a casa de Draco— explica— la verdad no creó soportar estar todas las vacaciones aquí— dice suspirando.

— Me parece bien, así podremos vernos en algún lugar muggle— ella sonríe feliz— te ves muy hermosa.

— Ya lo sé, gracias...— me guiña un ojo— debo irme, en cuanto esté de vuelta me comunicó contigo.

— Bien, cuídate y feliz navidad Orquídea.

— Feliz navidad cuatro ojos, te amo.

— Yo también te amo— ella sonrió y su imagen desapareció.

Guarde la bola de cristal, sin saber que esa sería la última vez que la vería...


Guardé la bola de cristal en mi bolso y emprendí el camino hacía la verja, que se abrió cuando estuve a unos pasos de ella.

El jardín estaba cubierto por una capa de nieve, una ráfaga de viento helado me revolvió el cabello y los vellos se me erizaron. De pronto sentí una sensación extraña, algo que me decía que diera la vuelta y me largara de ese sitio.

Me pegué en la frente mentalmente, tratando de alejar pensamientos oscuros, me hacía parecer una loca. Llegué a la puerta que estaba entreabierta...

— Hola...— hablé entrando a la estancia.

El recibidor estaba iluminado por una gran araña de cristal que colgaba del techo haciendo relucir el piso de mármol color beige.

Camine hasta la sala de estar donde había una gran chimenea y unos sofás de color verde oscuro...

— Hola preciosa, tanto tiempo sin verte...— quedé petrificada al escuchar esa voz.

Lentamente me dí la vuelta, ahí estaba de pie, con una cínica sonrisa y sus ojos amarillos escaneandome... Maximus Parkinson.

— ¿Sorprendida querida?— preguntó caminando hacía mí mientras yo daba un paso hacía atrás.

— ¿Qué haces tú aquí?

— Fue la única manera que encontramos para ponernos en contacto contigo, tus padres y yo hemos estado muy preocupados por tí— comentó poniendo una ridícula cara de supuesta preocupación.

— ¿Ellos están aquí también?

— Así es...— respondió mi padre saliendo de detrás de Maximus junto con mi madre— estamos aquí para llevarte con nosotros, así que vámonos— me hizo señas con la mano para que me acercará.

Por reflejo, retrocedí unos pasos más, negando con la cabeza... Yo no quiero irme con ellos, no dejaré atrás a Harry, mis amigos...

¿Para qué volvieron? No es que les importará, hubiera preferido no volver a verlos jamás...

— Vamos Pansy, no nos hagas perder el tiempo— habló Maximus— o sino el estúpido mestizo pagará las consecuencias— comentó mordaz.

— ¿De qué demonios hablas hermano?— preguntó extrañado mi padre.

— De nada— habló mi madre por fin.

Camino hacía donde estaba, no me moví pues luego de escuchar lo que Maximus dijo, el miedo se apoderó de mí haciéndome incapaz de hacer nada.

— Vámonos Pansy, sabes que él es capaz de cumplir su palabra— la voz de mi madre me hizo dirigir mi vista hacía ella.

¿Acaso ella también lo sabía?

Sus ojos me veían con miedo pero también con lástima, su mano estaba puesta sobre mi muñeca y me jalaba para que caminara.

— No...— dije en un susurro— no me iré con ustedes— me solté de su agarre.

— Eres una niña insolente, vas a ir con nosotros te guste o no— habló mi padre— así que vámonos ya...— se acercó y me tomó por un brazo haciéndome caminar a la fuerza.

— ¡Suéltame! Ya dije que no iré con ustedes— traté de zafarme pero no pude.

— ¡Crucio!— caí de rodillas sintiendo el dolor en cada parte de mi cuerpo— ¡He dicho que irás! Maldita sea, ¿por qué no tuve un varón por hijo? Eres una completa decepción— sus palabras dolieron más que el crucio— no sirves para nada, ni como hija, ni como mortífago, nos traicionaste, ¿dónde quedaron los principios que te enseñamos?— su mirada era de asco hacía mí.

Saber con certeza que tú padre no te ama, es un dolor que no le deseó a nadie, leer en sus ojos el asco y la decepción... Sentí como mis ojos se llenaban de lágrimas que reprimí pues no dejaría que me vieran llorar...

"Nada puede quebrarme... Nada puede quebrarme..."

— Vamos sobrinita, no hagas esto más complicado— habló nuevamente Maximus— sabes bien que yo cumplo lo que digo, ¿acaso quieres cargar con la culpa de ser la responsable de la muerte del asqueroso mestizo?

— ¿De qué hablas Maximus?— preguntó mi padre enfrentandolo.

— ¿No sabes que tu querida niña tiene una aventura con Harry Potter?

Mi padre me lanzó una mirada de sorpresa, que de inmediato pasó a una de rabia... La bofetada que me dió resonó por todo el lugar.

— ¡Eres una estúpida!— vocifero— Todo esto es tú culpa— señaló a mi madre— no supiste educarla... ¡crucio!— dirigió está vez la maldición hacía mí madre que cayó jadeando por el dolor— vámonos, no quiero volver a ver a esta niña estúpida, ella ya no es mi hija— tomó a mi madre de un brazo sin delicadeza y la arrastró hacía la chimenea.

— ¡Suéltame Perseus! No dejaré a mi hija, si ella no va, yo tampoco iré...— habló mi madre plantandose frente a su esposo.

Era la primera vez que veía así de segura a mi madre. Cuando ví las intenciones de mi progenitor de hechizar a mi mamá, me levanté y saqué mi varita...

— ¡Expulso!— el hechizo le dió de llenó haciendo dar contra la chimenea— ¡déjala desgraciado!— grité enfurecida.

Corrí hacía mí madre con la intención de escapar por la chimenea, estoy segura que Cissy la recibirá en casa con gusto...

Sin embargo, Maximus obstaculizo la chimenea...

— No irás a ningún lado preciosa... ¿Por qué eres tan estúpida? ¿en verdad crees que el imbécil de Potter te ama? Eres una débil, bajaste la guardia y ese te envolvió— habló.

— Tú no sabes nada sobre los sentimientos o el amor que nos tenemos...— dije enojada.

— Pobre niña ilusa— lanzó una risa irónica— me da asco escuchar esas palabras, el amor sólo sirve para hacernos débiles ante la otra persona, bajamos la guardia y cuando menos lo esperas te clava la puñalada por la espalda y estoy seguro que Potter lo hará, ¿crees que el héroe del mundo mágico te presentará ante todos como su novia?— siguió hablando y la duda comenzó a embargar mi corazón— ven conmigo pequeña, yo te salvaré de cualquier dolor que quiera causarte ese mestizo...— estiro su mano para que yo la tomará.

¿Será Harry capaz de algo así? ¿Todas las palabras, los sueños de estar juntos son mentiras?

No, me niego a pensar que Harry haría algo así, él me ama, ¿cierto? El corazón me latía muy rápido y sentí como una lágrima rodó por mi mejilla...

— Pansy no hagas caso de lo que dice, él no sabe nada del amor, es un ser sin corazón o sentimientos...

— ¡Avada kedavra!— se escuchó la voz de Maximus antes de que mi madre siguiera hablando.

Fue como si el tiempo hubiera ido más lento... El cuerpo de mi madre cayó a mis pies y las sus últimas palabras aún resonaban en mi cabeza...

Cerré los ojos y las lágrimas que tenía retenidas por fin salieron...

¡Fulgari!— de inmediato unas cuerdas luminosas me ataron de ataron de las manos.

Me removí tratando de quitarmelas pero cuanto más me movía más me hacían presión ocasionando un dolor fuerte...

Maximus se acercó a mí, me sentía muy pequeña al verlo desde el piso... Él se veía alto, imponente, malvado...

— Eres tan hermosa Pansy— se arrodilló junto a mí y comenzó a verme de esa forma lasciva y asquerosa.

— Ni se te ocurra tocarme— dije entre dientes.

— Haré contigo lo que se me dé la gana— su mano comenzó a recorrer una de mis piernas— suave... tal como la imaginé— se relamio los labios.

— ¡No me toques idiota!— grité sollozando, asqueada por sentir su mano sobre mí.

Se posicionó entre mis piernas, al ver sus ojos amarillos brillantes por el deseo, sentí miedo porque sabía perfectamente lo que quería hacerme.

Se acercó lentamente y cuando pude sentir su aliento sobre mi piel... Algo o alguien lo quitó de encima de mí...

Era Shadow, que estaba en posición de ataque, gracias a él las cuerdas que tenía desaparecieron. Un poco aturdido Maximus se puso de pie y Shadow se le lanzó encima, sin embargo, el humano fue más rápido y un chorro de luz verde salió de su varita...

Shadow había muerto también...

— ¡No!— grité sintiéndome impotente, sola.

Parkinson me jalo del cabello y me dió una bofetada, estaba furioso y comenzó a lanzarme crucios... Mi cuerpo dolía, quería cerrar los ojos, me sentía cansada...

Su olor me llegó a las fosas nasales, otra vez estaba entre mis piernas... Rasgó mi vestido, las lágrimas acudieron de nuevo...

Débil y sin saber qué hacer, me rendí ante lo inevitable...

— Déjala Maximus...— escuché la voz de mi padre, sentí como su peso dejó de estar sobre mí— ahora vete Pansy...— adolorida trata de moverme buscando mi varita.

— No permitiré que se vaya, así tenga que asesinarte Perseus.

— Hazlo si quieres, pero no permitiré que le hagas algo...— ambos al mismo tiempo comenzaron a lanzarse hechizos— ¡vete Pansy!— gritó mi padre.

Logré dar con mi varita, no quería dejar a mi padre solo, su hermano era capaz de asesinarlo, de eso estaba segura...

— ¡No te detengas por mí! ¡Vete lejos donde él no te encuentre! ¡Vamos niña, muévete!— con lágrimas en los ojos me decidí a desaparecer rumbo a la casa que Harry había comprado.

La última imagen que tuve de mi padre fue su cuerpo cayendo sin cabeza...