El pasillo del ala de maternidad era muy pequeño para tanta gente y más para gente nerviosa... Harry, Weasley y Draco caminaban de un lado a otro, muy pronto abrirían una brecha de tanto caminar.
Todos saltamos del susto cuando de pronto, se escucharon los gritos de Hermione.
Los recuerdos de cuando di a luz a mis niñas me invadió. Ese momento, estuvo lleno de tantas emociones; felicidad, nervios, amargura y soledad... Me hubiera gustado tanto haber estado rodeada de mis amigos, de mi familia.
Que Potter sostuviera mi mano y me brindará la seguridad que en ese instante necesitaba. Sentí el picor en mis ojos que indica que se aproxima el llanto, exhaló poco a poco el aire y parpadeo varias veces para alejar las lágrimas acumuladas.
Unas manos se posaron en mi cintura, su aroma se colo por mi nariz y su aliento me erizo la piel...
— ¿Qué pasa Orquídea?— preguntó en tono preocupado.
— Sólo estaba recordando el momento en que yo di a luz...— me di la vuelta y dejé que sus brazos me envolvieran.
Sí, hubiera sido tan maravilloso poder haber contado con él en ese momento, sin embargo, hoy estoy totalmente segura de que mi cuatro ojos estará conmigo siempre.
La medimaga que atendía a mí castaña, salió de la habitación, de inmediato me acerqué a ella...
— ¿Todo bien?— pregunté nervioso.
— Sí, todo bien, he venido a buscarlo para que acompañe a su esposa en el parto— anunció la sanadora.
Abrí los ojos sorprendido, pues no sabía qué hacer. La mano de mi madre tomó la mía y le dió un suave apretón.
— Sólo asegúrate de sostener la mano de tu esposa, tú presencia es más que suficiente para infundirle la seguridad que necesita— dijo mi madre con una sonrisa en los labios.
Asentí determinado a ayudar a mí hermosa castaña en la tarea de traer al mundo a nuestros pequeños. Procedí a seguir a la medimaga dentro de la habitación...
Me dió un traje azul y un gorro para que me lo pusiera, luego descorrio una cortina y sobre una cama estaba mi leona...
— Hola preciosa...— hablé acercándome a un costado de la cama y tomé su mano entre la mía.
— Hola amor...— su voz sonó bajita.
Se veía un poco pálida pero ví el alivio en sus ojos cuando me vió ahí junto a ella.
— Muy bien, señora Malfoy, las contracciones serán más seguidas y tendrá que pujar para que los bebés salgan...— explicó la medimaga— será bastante difícil pues son dos bebés, pero sé que podrá lograrlo, yo le iré indicando que debe hacer.
Hermione asintió, un poco temerosa.
— Aquí estoy, a tú lado— hablé y sus ojos marrones se empañaron por las lágrimas.
— Tengo miedo— dijo en un susurro.
— Yo estaré aquí, sosteniendo tú mano, podrás hacerlo, eres mi valiente sabelotodo...— ella sonrió un poco— te amo, amor mío y juntos veremos nacer a nuestros pequeños— y dejé un beso en sus labios.
Casi dos horas después... Habían visto la luz mis bebés, primero Scorpius y luego Etamin, ambos en buen estado de salud.
Mi esposa dormía plácidamente, exhausta por el esfuerzo del parto, mientras tanto, yo veía embobado a mis dos nuevos amores. De pronto, Etamin abrió sus ojitos y se me quedaron viendo, ese tono de azul, igual a los de mi madre, en ese momento tuve la certeza que esa mirada me haría claudicar ante cualquier petición que ella hiciera...
Ellos serían mi debilidad, mi felicidad y todo lo que siempre quise. Los protegería como mi padre no lo hizo, los amaría con la misma intensidad con la que amo a su madre...
Hoy estoy completamente feliz con la familia que tengo, ese es mi mayor tesoro...
Era una imagen hermosa la que veían mis ojos. Luego de un día entero de jugar con su padre, los tres habían caídos dormidos en el sofá...
Jamás imaginé volver a estar junto a él, me había hecho a la idea de haberlo perdido, que mis hijas nunca lo conocieran y que el amor que sentía quedaría olvidado.
Gracias a Merlín, él volvió a nosotras, somos una familia. Luego de tanto sufrimiento, puedo decir que soy feliz, con mi cuatro ojos y mis pequeñas pelirrojas...
Venecia, Italia...
Ron quito la venda de mis ojos y lo primero que ví fue un hermoso atardecer. Los últimos rayos del sol se colaban por entre las nubes y el viento hacia mover mi cabello.
Un beso en la curvatura de mi cuello me hizo erizar la piel...
— Por fin, estamos juntos señora Weasley...— habló al oído.
— Así es, señor Weasley— me di la vuelta para quedar frente a frente— gracias por esperarme, gracias por cumplir tu promesa— acaricie su mejilla.
— Gracias a tí por guardar tu amor para mí, gracias por hacerme feliz... Te amo Tory— y junto nuestros labios.
Esta sería la mejor luna de miel, porque la pasaría junto a él... El hombre que comencé a amar sin siquiera saberlo, el único que me hace sentir feliz, amada y protegida...
— Blaise por favor, ya no más cosquillas...— pedía sin poder aguantar la risa.
— Claro que no rubia, te dije que me dieras un beso o te haría cosquillas— prosiguió con el ataque.
— ¡Está bien! ¡Te daré el beso! Pero por favor, ya no más cosquillas— paró de hacerlo y se tiró junto a mí en la cama.
— Ven acá preciosa, quiero mi beso...— me jalo hacía él y nuestros labios se encontraron.
Amo con tanta intensidad a este hombre... En mis años de escuela nunca pensé que fuera posible que él, Blaise Zabini, el mujeriego, se fijará en mí... Y cuando mis padres decidieron no participar de la guerra fue un dolor tan grande dejarlo atrás.
Cada día vivía en zozobra, preocupada, pidiéndole a Merlín que no le pasará nada, que logrará sobrevivir a la guerra.
Ahora que estamos juntos y sé que me ama, estoy completamente segura de querer pasar el resto de mi vida junto a él, ser felices y formar una familia...
— Mamá, papá, él es Sean Duncan, el chico que conocí en Irlanda.
— Buenas tardes, señor y señora Weasley, es un placer conocerlos— el rubio estrecho su mano con papá y beso el dorso de la mano de mamá.
Sean es el guardián del equipo de quidditch de Irlanda. Alto, piel blanca, castaño, ojos azules. Carismático, cariñoso y muy amable...
Desde que nos conocimos en Irlanda, hubo como un click entre los dos. No estoy segura de que lo amo pero si lo quiero, es una gran compañía para conversar, me hace reír y me trata de forma respetuosa.
Ambos queremos ir poco a poco, conocernos más, salir, jugar quidditch y si Merlín así lo quiere, entablar una relación.
A mis padres les agradó y a mis hermanos ya ni se diga, Fred y George tienen un aliado más a la hora de hacer bromas. En verdad, espero tener un futuro con él...
