Capítulo Treinta y Uno

La libreta


Shaoran se sentó a mi lado, suspirando.

—¿Estás bien? —preguntó, acariciando mi mejilla suavemente.

Lo miré, sonriendo para tranquilizarlo.

—Sí, no te preocupes.

Una sonrisa traviesa curvó sus labios.

—Entonces... ¿aún me quieres?

—Puede ser.

Sus brazos me atrajeron hacia él y me besó durante unos segundos, juntando nuestras frentes.

—Yo nunca he dejado de quererte —susurró entre mis labios.

Me estremecí y Shaoran me abrazó más fuerte. Nos quedamos así unos minutos, en silencio. Me dediqué a entrelazar mis dedos por su pelo y a disfrutar del aroma que tanto había echado de menos.

Una parte de mí seguía gritando que todo aquello no era real.

—Cuéntame que has hecho estos dos años en China, Shaoran.

—Ya lo sabes, Meiling te lo habrá dicho.

—Sí, pero quiero que me lo cuentes tú.

Shaoran suspiró.

—Han sido dos años bastante malos, sobre todo al principio.

Levanté una ceja.

—Por lo que parece, estuviste entretenido con la fauna local.

Shaoran me miró muy sorprendido y soltó una risotada.

—Menuda forma de decirlo, Sakura... no te voy a mentir, me acosté con otras chicas intentando olvidarte.

Fruncí el ceño al imaginarlo teniendo sexo con ellas.

—Pero no lo conseguí. Era imposible dejar de pensar en ti cuando estaba con ellas.

—Qué bonito suena eso —comenté con sarcasmo.

Shaoran se levantó sin decir nada y entró en lo que supuse que era su cuarto. Un minuto después, volvió con una libreta entre sus manos.

—Cuando llevaba dos semanas allí, empecé a escribir los sueños que tenía contigo.

Dejó la libreta en mis rodillas y mis ojos se abrieron mucho al verla. Había cientos de anotaciones.

—Estos son los días que estuve con esas chicas, y a partir de ahí los sueños cambiaron. Ya no eran felices, siempre pasaba algo malo —dijo Shaoran, señalando una de las hojas mientras observaba como yo leía lo que había escrito sobre sus pesadillas.

—Los míos siempre eran felices, pero luego al despertar todo era mucho peor al ver que no había sido real —murmuré sin dejar de leer.

Shaoran me rodeó con sus brazos.

—No puedo creer que a ti te haya pasado lo mismo.

Sonreí y cerré la libreta, dejándola sobre la mesa. No necesitaba leer más.

—Tal vez estábamos conectados de alguna forma.

—Yo también creo eso —murmuró Shaoran, asintiendo.

Nos quedamos mirándonos y mi corazón se revolucionó al ver sus ojos dorados fijos en mí.

—¿Me darás otra oportunidad?

Aparté la vista, resoplando. Llevaba más de dos años jurando que jamás volvería a acercarme a Shaoran, y mucho menos a estar con él... pero ya era demasiado tarde para echarme atrás, yo también seguía enamorada de él.

—De acuerdo, pero tendremos que ir despacio.

Shaoran sonrió y sus brazos rodearon mi cintura mientras volvía a besarme.

—Prepárate para cuando veas a Eriol o a Rei. No les va a hacer ninguna gracia y querrán asesinarte —susurré cuando nos separamos para respirar.

Una sonrisa torcida apareció en su rostro.

—No le tengo miedo al novio de mi prima, aunque tengo que reconocer que tu amiga me impactó cuando la vi.

Solté una risita al recordar el día que Rei me besó delante de él, y decidí que era el momento de confesar algo sobre su pelo.

—Shaoran, respecto a tu pelo...

—Prometo dejarlo así hasta que crezca —dijo, muy convencido.

Volví a reírme y él me miró con ojos confundidos.

—Verás... no soy tan mala como para hacerte eso. El tinte que te he puesto se va con los lavados.

Los ojos de Shaoran se abrieron mucho.

—¿En serio?

—Sí. Cuando lo laves cinco o seis veces volverás a tener tu color natural.

Lo vi suspirar, muy aliviado, y los dos nos reímos.

—Aunque... me gustaría hacerte un par de fotos para poder enseñarlas —añadí con una mueca burlona.

Él puso los ojos en blanco resoplando, pero asintió. Saqué mi teléfono y me dediqué a fotografiar su pelo fucsia desde todos los ángulos, hasta que quedé satisfecha.

—¿Y si imprimo estas fotos y las cuelgo por toda la facultad? —pregunté con malicia.

Shaoran se encogió de hombros.

—Puedes hacer lo que quieras. Empapela toda la ciudad si hace falta, me da igual mientras me perdones de verdad.

Sonreí y lo abracé, apoyando la cabeza en su pecho. Shaoran se removió algo incómodo y me moví un poco para mirarlo.

—¿Qué pasa?

—Sé que estuviste saliendo con un chico mayor que yo. ¿Te... te acostaste con él?

Suspiré al recordar a Kaito.

—Sí. Estuvimos casi un año juntos, pero no funcionó.

—¿Por qué no?

—Pues... porque yo no podía enamorarme de él.

Shaoran suspiró.

—Cuando me enteré de que tenías novio, pensé que te había perdido para siempre.

Me aparté, poniéndome de pie.

—Ya basta, no quiero seguir hablando del pasado.

Shaoran asintió, levantándose también para rodearme con sus brazos.

—Te he echado mucho de menos —susurró en mi oído.

Sentí un nudo en la garganta cuando acercó su boca a la mía, lamiendo mi labio inferior.

—Esto no puede volver a pasar, Shaoran.

—No, lo prometo —murmuró él, con sus labios pegados a los míos.

Cerré los ojos y noté sus manos bajando por mi espalda mientras me besaba con ansiedad. Yo también le había echado demasiado de menos.

Mis manos se colaron sin control dentro de su camiseta, subiendo por su cuerpo. Shaoran me pegó más contra su pecho y lo escuché jadear.

—Shaoran... —susurré entre sus labios.

—Sakura —dijo él, sin alejarse de mi boca.

—Hemos dicho de ir despacio —respondí, casi sin voz.

—Sí... muy despacio —murmuró, atacándome con más besos.

Todo se empezó a volver más intenso y no fui capaz de seguir hablando.

Más de dos años deseando estar con él me estaban pasando factura. Mi cuerpo respondía con ansia a cada caricia, demandando más y más.

Era como si por fin volviera a tomar esa droga a la que siempre había sido adicta. Sus besos me daban escalofríos y el olor de Shaoran me nublaba la mente poco a poco.

Cuando me quise dar cuenta, estábamos enredados en el sofá con mucha menos ropa que antes.

Cada roce de sus dedos me provocaba descargas eléctricas por todo el cuerpo, y lo escuchaba suspirar con cada una de mis caricias.

Las ganas de tenerlo tan cerca me descontrolaron y le di unos cuantos mordiscos demasiado fuertes por el pecho, pero no protestó. Él también estaba fuera de control, incluso notaba que le temblaban un poco las manos.

Se deshizo de lo que nos quedaba de ropa y me estrujó más contra su cuerpo, sin dejar de atacar mis labios mientras nuestras partes más íntimas se rozaban.

Podía sentir su deseo, era el mismo que el mío. Los dos estábamos igual de desesperados por estar juntos.

Dejé ir lo poco que me quedaba de cordura y lo atrapé, rodeando su cintura con mis piernas para que no pudiera escapar. Nada más me importaba en ese momento, solo quería sentirlo lo más cerca posible.


Seguíamos tumbados en el sofá, mirándonos a los ojos mientras uno de mis dedos recorría la zona del pecho de Shaoran donde se podían ver las marcas de mis dientes.

—¿Te ha dolido?

Shaoran me regaló una sonrisa pícara y negó con la cabeza.

—Yo he tenido que controlarme mucho para no devorarte entera —susurró, dejando un beso profundo y húmedo en mi cuello.

Se me escapó una risita y sus brazos me estrujaron con fuerza, haciéndome jadear.

—No te rías, podría haberte hecho daño —gruñó, mirándome con fuego en sus ojos.

—Vale, te creo —respondí, uniendo nuestros labios un segundo.

Shaoran aflojó su abrazo y se tensó de repente. Lo miré con ojos interrogantes.

—Yo... no hemos usado nada, Sakura —murmuró, palideciendo.

Le dediqué una sonrisa traviesa.

—¿Crees que soy así de irresponsable? No tienes que preocuparte por eso.

—¿A qué te refieres? —preguntó, confundido.

—Tomo la píldora desde hace año y medio.

El color volvió al rostro de Shaoran, pero siguió estando serio.

—¿La empezaste a tomar para estar con Kaito?

Negué con la cabeza.

—Me la recetó el médico. Poco después de que te fueras mi periodo se volvió muy irregular, y con esto lo tengo controlado.

Él asintió y suspiró, aliviado.

—No me digas que estás celoso del pobre Kaito —comenté con voz divertida.

—Pues claro. Has estado con él, te ha tocado...

Shaoran dejó de hablar, dando un resoplido y desviando la mirada.

—Tampoco me ha tocado mucho, cada vez que intentábamos hacer lo que hemos hecho nosotros ahora... yo no podía.

Shaoran volvió a mirarme con ojos curiosos.

—¿Por qué no?

—Tú siempre aparecías en mi mente al tenerlo tan cerca.

Él sonrió.

—A mí me pasaba algo parecido.

Alcé una ceja.

—Pero tú si pudiste hacerlo, ¿no?

—No fue fácil, pero pensé que así dejaría de pensar en ti.

—¿Cuántas chicas fueron? —pregunté, algo molesta.

—Dos... y media. Con la última no pude —respondió, bajando la mirada a mis labios.

—Y después... ¿no hubo ninguna más?

Shaoran sacudió la cabeza.

—Me centré en los estudios y me olvidé de las mujeres... menos de ti.

Me estremecí entre sus brazos y atraje su rostro con mis manos para besarlo de nuevo.

Todavía necesitaba sentir más a Shaoran. No había tenido suficiente ni de lejos y, por lo que parecía, él tampoco estaba cansado.

Me atrapó con fuerza entre sus brazos y me levanto sin dejar de besarme, llevándome hasta su cuarto.

Cuando me tumbó en la cama, se alejó unos centímetros para mirarme a los ojos.

—Te quiero tanto, Sakura...

—Mejor cállate —respondí, atacando sus labios y besándolo con rabia.