Capítulo Treinta y Dos
Pequeña venganza
Cuando volví del apartamento de Shaoran, fui directa al cajón prohibido de mi armario. Ahí seguía su colgante, bien escondido en el fondo.
Suspiré y lo saqué. Me miré en el espejo y una sonrisa apareció en mi cara al pensar en todo lo que acababa de vivir con él.
Me iba a costar un poco, pero sabía que volvería a confiar en Shaoran.
Me puse el colgante y suspiré. Cuando mis amigos me vieran llevándolo iban a entender lo que había pasado, y sabía que a algunos de ellos no les gustaría nada enterarse de que había decidido darle otra oportunidad a Shaoran.
Pensé en empezar por contárselo a Tomoyo, Chiharu, Naoko y Rika. Ellas me entenderían más fácilmente, no como Eriol y Rei.
Les mandé mensajes a mis cuatro amigas, citándolas para comer juntas al día siguiente. La respuesta de una de ellas no me sorprendió.
Tomoyo: "¡Sakura! Justo estoy ahora con Shaoran y me está contando lo que ha pasado... ¡Sabía que podíais solucionarlo! Prometo que mañana cuando lo cuentes pondré cara de tonta, como si no supiera nada"
Sakura: "Gracias, Tomoyo. Solo espero no estar cometiendo un error y que esta vez todo salga bien"
Tomoyo: "Estoy segura de que sí, mi primo no se atreverá a volver a fallarte... tendrías que ver cómo está hablando ahora mismo de ti, se le cae la baba. Ah, y me he partido de risa con su pelo"
Sonreí mientras negaba con la cabeza. Tomoyo nunca iba a cambiar.
Algo se removió dentro de mí al saber que Shaoran había ido a hablar con ella tan pronto. Eso significaba que estaba tan contento que no había podido esperar para compartirlo con alguien.
Como imaginaba, mis tres amigas (Tomoyo no contaba porque ya lo sabía) se sorprendieron mucho al saber que Shaoran y yo volvíamos a estar juntos. Tras explicarles todas las mentiras de sus padres, lo entendieron bastante bien y me apoyaron.
Pero me advirtieron que, como derramara una sola lágrima más por su culpa, Shaoran tendría que responder ante todas.
Lo que ellas no sabían es que yo tenía preparada una pequeña venganza.
Me sorprendí cuando, a los pocos días, Shaoran me dijo que ya le había contado a toda su familia que volvíamos a estar juntos. Quería hacerlo oficial muy rápido.
Yo todavía estaba buscando el momento para decírselo a Eriol y a Rei.
Esa misma tarde, quedé con los dos en el bar al que solía ir con Rei. Se lo dije a Tomoyo por si también quería venir.
Al entrar, mis tres amigos ya estaban allí, charlando entre ellos mientras me esperaban.
Cuando me acerqué, los tres me miraron muy sonrientes, pero vi cómo Eriol se fijaba en mi colgante se le borraba la sonrisa de la cara.
—¡No! —gritó.
Tomoyo le agarró del brazo e intentó calmarlo, susurrándole algo al oído.
—Dime que no es verdad —exigió Eriol con la voz llena de rabia y sus ojos fijos en los míos.
—Escúchame antes de nada —le pedí intentando tocarlo, pero él se apartó.
—¿Pero qué pasa? —preguntó Rei, confundida.
—Ese colgante se lo regaló el maldito de Shaoran —escupió Eriol entre dientes.
—¿Cómo? —gritó Rei, poniéndose de pie bruscamente.
Entre Tomoyo y yo, conseguimos sacarlos de allí antes de que montaran un escándalo. Con su ayuda, logré convencerlos para que me escucharan.
Estuve un buen rato explicándoles todo lo que había pasado y lo que realmente ocurrió cuando Shaoran se fue. Al terminar, Rei estaba bastante más calmada, pero Eriol seguía enfadado.
—Me da igual lo que digáis. Si lo veo, le partiré la cara —gruñó, apretando los puños.
—Si haces eso a mí me van a dar ganas de ayudarte —contestó Rei.
—Sabéis... tengo pensado algo para vengarme de él y que todos nos riamos un poquito a su costa.
Los tres me miraron, sorprendidos.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Tomoyo, un poco asustada.
—Vosotros estad en los jardines de siempre este sábado a las cuatro y lo veréis.
Rei levantó una ceja, extrañada, pero aceptó.
—De acuerdo, allí estaré.
Miré a Tomoyo.
—Dile a tus primos Yue, Yukito y Meiling que vengan también, ¿vale?
—¿Qué estás tramando, Sakura? —preguntó Eriol, cruzándose de brazos.
Me encogí de hombros y sonreí.
—Tendréis que esperar, pero hay algo que sí puedo enseñaros ya.
Dicho esto, les mostré las fotos que tenía donde se veía a Shaoran con el pelo rosa. Ninguno de los dos pudo aguantar la risa.
Unos días después, llegó el sábado y yo estaba esperando en los jardines a que llegaran todos.
Eriol y Tomoyo ya estaban allí, al igual que tres de sus primos, y también estaba Touya. Eso no me lo esperaba.
A lo lejos vi aparecer a Rei y sonreí en su dirección. Ella se sentó al lado de Eriol y pude ver que Touya la miraba fijamente, muy sorprendido.
Ya solo faltaba que llegara Shaoran.
Todos se sentaron en el césped a esperar. Yo no, porque estaba un poco nerviosa.
Escuchamos unos pasos y nos giramos. A lo lejos venía Shaoran, caminando tranquilamente. Por lo que me había contado, ya se había lavado el pelo unas diez veces. Todavía le quedaba algo de rosa en las puntas, pero ya apenas se notaba.
Se detuvo al vernos allí a todos. Se suponía que había quedado nada más que conmigo.
Eriol apretó los puños mientras él se acercaba a mí.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó cuando estuvo a mi lado.
Sonreí con malicia, intentando imitarlo.
—Lo que pasa es que les vamos a ofrecer un gran espectáculo.
Hice unos movimientos de Kung Fu con los brazos, dejando una de mis manos delante de mi cuerpo, y moví el dedo índice y corazón en su dirección, retándolo a que se acercara.
La cara de sorpresa de Shaoran fue increíble.
—¿Desde cuándo sabes hacer eso? —preguntó, incrédulo.
Alcé una ceja.
—Venga, intenta vencerme.
Su sonrisa torcida apareció.
—Será un placer —contestó, colocándose en posición de ataque.
Los demás nos observaban con la boca abierta, alucinando.
Le dediqué una sonrisa burlona. Shaoran no tenía ni idea de lo que le esperaba.
Me lancé a por él, dando un gran salto, y di tres patadas rápidas que consiguió parar con mucho esfuerzo.
Al volver a pisar el suelo, hice un medio giro y volví a atacarlo de forma intermitente con los brazos y las piernas. Shaoran se defendió de casi todo, frunciendo el ceño muy concentrado. Giré todo mi cuerpo y conseguí golpearlo fuerte con una pierna en la espalda, haciéndole caer.
—¿Qué pasa? ¿Ya te rindes? —pregunté mientras se levantaba de un salto.
—Eso nunca —contestó, y sus ojos centellearon con rabia.
Me estaba divirtiendo como nunca. Ahora era mejor que mi propio maestro.
Shaoran vino a por mí. Me intentó golpear con varios de sus mejores movimientos, pero conseguí pararlos todos y le respondí con otros.
Al esquivar uno de mis puñetazos saltó hacia atrás. Aproveché eso para dar una voltereta y atacarle rápido desde abajo, golpeando sus rodillas y haciéndolo caer de nuevo.
—No me lo puedo creer —murmuró Yue, y tras eso se escucharon varias risitas.
Me incorporé y lo miré a los ojos. Shaoran todavía estaba tumbado en el suelo, intentando recuperar el aliento.
—¿Has tenido suficiente?
Se levantó con la respiración muy agitada.
—Una vez más —dijo, apretando los puños.
—Como quieras, pero es inútil. No vas a poder conmigo —contesté, levantando las cejas.
Sonrió de forma malvada y me atacó otra vez.
Esta vez puso todo su empeño y pudo golpearme en un hombro, pero usé su propia fuerza para atraerlo hacia mí y lo hice tropezar con una de mis piernas, consiguiendo que volviera a caer sobre el césped.
Escuché a Tomoyo reprimir un grito mientras con otro movimiento me colocaba sobre él y lo inmovilizaba, acercando mi rostro al suyo.
Las carcajadas de sus primos nos rodearon.
—Esto te lo debía por todo lo que me has hecho pasar —susurré, sin dejar de sonreír.
Shaoran dejó de intentar escapar y suspiró, dejando caer su cabeza en la hierba.
—En ese caso, me lo merezco —contestó, mirándome a los ojos.
Me acerqué más a él, dejando un beso rápido en sus labios.
—Quedas perdonado del todo, pero no vuelvas a decepcionarme —le advertí, soltándolo.
Nos levantamos y él resopló.
—No lo haré —dijo en voz baja.
Al acercarnos a los demás, las risas continuaron.
—Qué pasada, Sakura. No sabía que supieras hacer todo eso —dijo Rei, muy impresionada.
Miré a Eriol, que estaba muy sonriente y levantó un pulgar en mi dirección. Le había encantado ver a Shaoran por los suelos.
—Eres la primera persona que consigue derrotarlo —murmuró Meiling, poniendo una mano sobre mi hombro.
—Lo he grabado todo en vídeo, ha sido increíble —comentó Tomoyo, enseñándonos la pantalla de su teléfono.
Shaoran puso los ojos en blanco.
—Prefiero que no difundas eso por ahí.
—No te preocupes, yo me encargaré de que lo vea todo el mundo —dijo Eriol, riendo entre dientes.
Shaoran resopló y las risas aumentaron.
Sentí una mano en mi hombro y giré, encontrándome con los ojos oscuros de Touya.
—Oye, Sakura... ¿me presentas a tu amiga?
Levanté una ceja, extrañada, y le hice un gesto a Rei para que se acercara.
Un poco más tarde, nos despedimos de todos y nos marchamos, caminando juntos con las manos entrelazadas.
Antes de salir de los jardines, miré hacia atrás y vi que Touya seguía hablando con Rei. Nunca lo había visto charlar tanto con alguien, después tendría que interrogar a mi amiga.
Cuando estuvimos solos en su apartamento Shaoran me abrazó desde atrás, apoyando su barbilla en mi hombro.
—¿Cuándo has aprendido todo eso?
Como siempre, un escalofrío me recorrió la espalda al sentirlo tan cerca.
—Estos años he seguido practicando con Eriol en secreto, y por mi cuenta he aprendido cosas nuevas.
—Me gustaría ver ahora a Kloe y sus amigos atreviéndose a intentar tocarte —susurró, apretándome entre sus brazos.
Me reí y di media vuelta para quedar cara a cara.
—Ya no podrían hacerme nada —dije con una sonrisa malvada.
—No conozco a nadie que luche mejor que yo. Bueno, no conocía a nadie hasta hoy —respondió Shaoran, apartándome un mechón de pelo de la cara.
—Eriol quería darte una paliza, pero creo que ha quedado satisfecho con que te la haya dado yo —murmuré, rozando su mandíbula con mi nariz sin dejar de sonreír.
—¿Crees que me odiará siempre?
—No, pero va a tardar más tiempo que yo en perdonarte.
Shaoran acercó sus labios a los míos.
—A mí solo me importa lo que pienses tú.
—Pues estoy pensando que te quiero —susurré, rodeando su cuello con mis brazos.
Me mordió el labio inferior antes de besarme con mucha intensidad.
